viernes, 12 de junio de 2015

LAYLA ALLUSH [16.250] Poeta de Palestina


Layla Allush

La poeta Layla Allush, nació en 1948, en Jerusalén, nacida el mismo año de la creación del Estado de Israel, siempre ha vivido en su tierra bajo ocupación, y su poesía está iluminada por una tenue fe en un resurgimiento y una victoria inevitables. Editora de al-Bayadir. 

Su primera colección fue Buhar ‘ala al-Jurh al-Maftuh (Spices on the Open Wound, 1971), seguida por Years of Drought, My Heart (1972), & Awaal al-Mawwal Ah (The song starts out with Ah, 1975). Poems inc 'The Path of Affection' (on a trip from Jerusalem to Haifa, watching the efficient working of alien technologies such as fertiliser & sprinklers, & feeling inner turmoil: the recent nature of the Zionists' conquest, in comparison to her own rootedness), ‘A New Creation’ (her birth was the time of death, so awaits the dawn).

En “Senda de afecto” Laylà camina hacia Hayf~, ahora israelí, destacando la pervivencia de Palestina en su tierra usurpada por los judíos; y, a pesar de los cambios, del deslumbrante progreso aparente, la tierra palestina sigue sonriendo al paso de esta mujer árabe, su auténtica heredera, mientras que a los judíos siempre los siente como extranjeros:



Senda de afecto

En la sorprendida calle, cogida por la garganta con las nuevas noticias.
En la sorprendida calle, cogida por los aretes de este siglo
que llegan hasta el cuello ensangrentado.
En la sorprendida calle, cogida por mi viejo Jerusalén,
y a pesar de la alienación de los rótulos, las tiendas y los cementerios,
reúno los fragmentos de mi ser
para encontrarme con mis parientes en la nueva Hayf~.
Los que me acompañan en nuestro calmo viaje en minibús
no saben nada de mi sufrimiento.
Pero yo tengo un rostro bien arraigado, auténtico,
mientras sus siete rostros son extraños, ajenos.
Esta tierra aún es la vieja tierra,
a pesar de los árboles de las laderas, confiscados,
a pesar de las nubes verdes y las plantas fertilizadas
y los aspersores de agua que tan eficazmente giran.
En la sorprendida calle, cogida por la garganta con las nuevas noticias,
los árboles me iban sonriendo con afecto árabe.
En la tierra sentía una disculpa por las heridas de mi padre,
y en todos los puentes
la forma de mi rostro árabe
tenía un eco, allí, en los altos álamos,
en las espirales de anillos de humo.
Todo es aún árabe, a pesar del cambio de la lengua,
a pesar de los enormes camiones, de los tractores extranjeros.
Cada alameda y naranjal de mis ancestros
reía para mí, Dios mío, con afecto árabe.
A pesar de los cambios, despidos y revisiones,
a pesar de las modernas canciones,
aspectos comerciales para impactar a los visitantes,
a pesar de los mares de luz desbordante, a pesar de la tecnología,
de los muchos salmos, de los muchos clavos,
y de todo el ir y venir de pueblos extranjeros,
la tierra sigue cantando una afectuosa melodía árabe.
Incluso con propaganda ondeando en el aire
en lenguas que se multiplican y mezclan
en torno a extrañas excrecencias
de edificios modernos,
la tierra lo desafiaba todo, suavemente.
(Oh, abuelos! Incluso a la poderosa luz de la luna,
brillaba la tierra roja
con modestia árabe,
y cantaba, creedme,
con afecto.

(Jayyusi, 1992: 106-107; trad. de C. Mª Thomas).




En “Una nueva creación”, escrito tras la derrota de junio de 1967, evoca su nacimiento en 1948, confiando en que, a pesar de la opresión del presente, la ocupación acabará y la tierra volverá a los palestinos. La derrota no ha hecho sino despertar sus ansias de resistir:




Una nueva creación

Nací en Junio.
Y por eso mi frente está marcada con espinas.
Y por eso estoy a la espera de una aurora
que despeje la penosa noche de mis ojos.
Nací en Junio.
Y por eso el verdugo aguarda,
tratando de cambiar mi nombre.
Atusa sus mostachos y refuerza
las rendijas de mi prisión
dejando libre el campo abierto para las bestias
que anhelan mi carne.
Nací en Junio.
Y por eso ellos construyeron un centenar
de espantapájaros que clavaron
en mis vestidos robados,
en mis zapatos,
en mi abrigo
empalándolos con flechas envenenadas
en mi tierra,
ocultando la espada de mi abuelo
vendiendo sus despojos
ante mis ojos.
En Junio nací yo.
En Junio volví a la vida de nuevo.
Y por eso espero el alba
con nervio,
carne
y ojos.
Y por eso
aún engendro hijos.
Para defender mi hogaza de la bolsa de la bestia
en la noche tortuosa,
es por lo que
mi antigua rama de olivo
ha despertado, al cabo de veinte años,
con estremecimiento de creación, y se ha tornado
en látigo de fuego en mi mano.

(Jayyusi, 1992: 107-108; trad. de C. Mª Thomas).




The Path of Affection

Along the amazing road seized from the throat of recent dates. . .
by the amazing road drawn from this century's earrings
reaching the bloodied neck,
on the startling road seized from my old Jerusalem
and despite the hybrid signs, shops and graveyards,
I gather my fragmented self together to meet the kin of New Haifa.

My companions on our smooth trip in the minibus
know nothing of my suffering.
But I am an authentic face, well-rooted,
while their seven faces are alien.

This land is still the old land,
despite the mortgaged trees on the hillsides,
despite green clouds and fertilized plants
and water sprinklers spinning so efficiently.
On the startling road seized from the throat of new accounts,
the trees were smiling at me with Arab affection.
In the land I felt an apology for my father's wounds
and on all the bridges,
the shape of my Arab face
echoed there in the tall poplar trees,
in the winding rings of smoke.
Everything is Arab still, despite the change of tongue,
despite the huge trucks and foreign tractors.
Each poplar and my ancestors' solemn orange grove
were smiling at me, I swear, with Arab affection.

Despite all that had been dismissed and revised, 
despite the modern tunes, 
the flooding seas of light, despite technology,
the many psalms, the many nails
and the goings and comings of foreign peoples, 
the land continued to sing an affectionate Arab song.

Even with propaganda wavering in the air,
languages mingling, multiplying,
around the strange outgrowths of modern buildings,
the land was gently defying it all.
Oh my grandparents, even in the stark light of noon,
the red soil was shining
with Arab modesty
And singing, believe me,
with affection.



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