domingo, 19 de abril de 2015

YOLANDA ARRIETA [15.673]


Yolanda Arrieta Malaxetxebarria 

Nació en Etxebarri (Bizkaia) en 1963. Ha cursado Magisterio y, además, estudios de Teatro y Antropología Social y Cultural, aunque su mayor actividad, a la que más tiempo y con mayor profundidad se ha dedicado ha sido la literatura, tanto como creadora como conduciendo talleres literarios e impulsando el gusto por la literatura y la lectura. En este último apartado, son dignas de mención sus sesiones con padres y profesores para acercar la literatura a los niños pequeños.

En cuanto a la producción en este campo, podemos destacar: los relatos Jimiren laguna (1990) y Luisa (1991) publicados en la revista Susa, y la obra de teatro, premiada con el premio Legazpi en 1995 y publicada por Egan, Noiz baina!. Son suyas, además, la obra de teatro para escolares Lekurik bai? (1996) y el texto del espectáculo de teatro, danza y poesía Bihozkadak (revista Egan. 1996-1).

En 1998, tras recibir el premio Ciudad de Irun, la Fundación Kutxa publicó la novela Jostorrotza eta haria que tres años más tarde la editorial Alberdania reeditó, renovada, en su colección juvenil, y, finalmente en 2005, se publicó en edición bilingüe en la editorial Atenea de Madrid.

Hay un doble juego en la novela Jostorratza eta haria; se ha descrito como una obra lírica, pero el texto se teje -y se cose- en el intento de componer la narración, recurriendo a la metáfora que desde la Grecia clásica se ha utilizado para referirse al hecho de crear literatura (Kortazar, 2000: 284). Por tanto, se trata de una obra meta literaria sobre la composición de la literatura y unida al constructivismo.

La obra muestra claramente su tendencia simbólica, puesto que el eje de la narración, que nos presenta la historia de una familia, se estructura a modo de manual de costura. La narradora salta en el tiempo para relatarnos lo ocurrido desde el pasado hasta el presente. En ocasiones, el aspecto simbólico y la ficción son evidentes; en otras, la autora se muestra más ligada a la realidad. Así, comenzando por la primera labor de costura realizada por la mujer prehistórica, prosigue un viaje a través del tiempo y la historia. La autora entreteje suavemente este fragmento ficticio, sin ninguna pretensión de verosimilitud, con el relato de la familia actual, más ligada a la realidad y con la historia reciente de la narradora, sin soltar para ello el hilo de los símbolos. Por otro lado, la madre-narradora dirige la narración a la hija que está a punto de nacer, en una suerte de testamento vital. En esta herramienta de vida no faltan las explicaciones y consejos en primera y tercera persona, y también en la forma deíctica de la segunda persona.

En la primera edición, el índice presenta un texto de estructura firme que evidencia los avances del tejido literario. En la segunda, sin embargo, hay algunos cambios: por un lado se añade una pequeña introducción explicativa de la esencia y las claves de la obra, además de la intención de la narradora y la autora al componer el texto. Por otro lado, en la primera edición cada capítulo se organizaba en subcapítulos que mostraban el camino recorrido por la autora, en tanto que en la segunda, aun manteniendo los cinco capítulos principales, el índice no muestra señal alguna de los subcapítulos. De algún modo se han intentado mostrar con mayor claridad las partes principales de la estructura de modo que la lectura se realice de forma guiada. Velando la estructura y subestructura que la autora intentaba presentar, se refuerza la indefinición del texto que queda en manos del lector. La estructura rígida se hace evidente en la simetría de la estructura interior de los capítulos. A pesar de todo, la relación entre la introducción y la historia posterior no es siempre clara, aunque, en algunas ocasiones la autora desee en efecto hilar el hilo de transmisión de la memoria colectiva, claramente y sin posibilidad de equivocación.

Escritora, en el Biltzar des Écrivains del 1-04-2002 de Sara (Lapurdi). Foto Gartxot Allende
Así pues, la memoria colectiva sería esa que han transmitido las mujeres, la de transmisión oral. La historia analizada científicamente, escrita, está estrechamente unida al tiempo, sucede en el Cronos. Pero no ocurre de este modo en el texto que nos ocupa, pues, aunque son abundantes las menciones al tiempo, este no se determina en ninguna ocasión; hay algunos datos, pero poco definidos en la mayor parte de los casos. A menudo la falta de continuidad cronológica se suple con la mención de las generaciones, como en los pueblos que conservan su historia de forma oral. Más aún, se utilizan fórmulas propias de los relatos. Si a esto último y a la sucesión de las generaciones familiares añadimos que en toda la novela los nombres de los personajes se repiten, se intensifica la idea de indefinición y la sensación de que la narración se recorre en un sendero en espiral y sin fin.

La fuerza simbólica es, sin embargo, superior a todos los procedimientos. La intención de la autora es clave: la identidad es la senda que subraya desde el comienzo de la novela. El relato intenta unir realidad y ficción, estructurado en tres niveles de narración que acercan cuatro voces al lector: la narradora extradiegética y tres narradoras intradiegéticas que relatan a nivel de acción.

En Jostorratza eta haria son evidentes, al menos, dos características de la postmodernidad: por un lado, se trata de una obra compuesta a pequeños retazos, fragmentaria; por otro, es una narración "construida", que podemos situar en el constructivismo. El fragmento se menciona habitualmente en la obra, pero a esa misma característica fragmentaria se le añade la falta de crítica, los sucesos, relatos, e historias se amontonan en una especie de pastiche, como ocurre a veces en el discurso identitario. El hilo del título, el hilo de la oralidad, teje el lienzo de una identidad que se desea construir. El lirismo de la narración se mezcla a menudo con lo épico cuando se añade un matiz de realidad a la historia de la colectividad. La mezcla pues, va unida a la utilización de voces diferentes y a los puntos de vista de las narradoras.

En el ámbito del ensayo Arrieta ha publicado Gatzaren atzetik. Emakumeen irudia euskal ipuin herrikoietan: Mari-xor en 2005, auto editado con la colaboración de Emakunde. En 2008 publicó Uretan lez y Off-on en 2009 en la editorial Erein.

Ha participado además en proyectos colectivos como el libro de relatos Gutiziak (Txalaparta, 2000) y Lauaxeta. Idazleek idazleari Omenaldia (EHUko Argitalpen Zerbitzua, 2005).

No podemos olvidar tampoco la aportación de la autora en el subgénero de la Literatura Infantil y Juvenil: Begigorritarren erlojua (S.M. Baporea, 1992), Badago ala ez dago? (Eusko Jaurlaritza. Kultura Saila, 1992 y 1998 Aizkorri), Hegaldiak (S.M. Baporea, 1994), Denboraren kanta-kontuak (S.M. Baporea, 1995). Nola bizi, zazpi bizi (Desclée de Brouwer, 1996). En palabras de la autora en esta última ocasión "bizitzaren zikloa erakusten du liburuak katakumeen bidez (...) bizitzaren zikloa bukaerarik gabeko zerbait bezala" [el libro muestra el ciclo de la vida a través de los gatos (...) el ciclo de la vida como algo sin fin](Arrieta, 1996). Escoge a menudo los animales, en la idea de que en la distancia lo cercano se ve mejor. Sin ánimo de aleccionar, de forma divertida y recuperando la senda perdida en la utilización de los animales para mostrar las vivencias cotidianas publica el relato Izar bat erori da zerutik lurrera (Baigorri-Gara), Groau! (Aizkorri, 2004), Astebeteko kontuak (Aizkorri, 2005), Oinutsik jauregian (Ibaizabal, 2007), Ametsetarako hitzak (Lea-Artibaiko Hitza, 2007), Agur ama! (Ibaizabal, 2009), Nitaz ahaztu dira (Erein, 2010), Itzalpetik (Erein, 2010), Iurretako ermita (Markina-Xemeingo Udala, 2011), Amaren urteak (Aizkorri, 2011), ABCD berri bat (Mezulari, 2011), Basajaun eta Martin (Erein, 2012) y Ai, ai, ai! (Mezulari, 2012) y en colaboración con otros autores, Zazpi pertsonaia istorio bila (Aizkorri, 2008) y Amarunen alamandrea (Gero-Mensajero, 2009).

Ha creado además otra serie de productos tomando como eje la literatura: la "Sección de literatura" de algunos libros de texto, calendarios de juegos, postales, libros para colorear, álbumes de familia... Son reseñables así mismo los recursos ideados para revivir en los niños el interés por el teatro: Eskola-antzerkirako gida para la Asociación de Escritores y la Consejería de Educación del Gobierno Vasco, las introducciones Testua: Hasteko lau puntu (1992) y Eskola Antzerkira bidean (1995) para la revista "Eskola antzerkia 3 eta 4?.

Ha colaborado en prensa con columnas y artículos para Berria, Deia y la revista Argia entre 2005 y 2007. En los medios audiovisuales ha participado en guiones y como correctora lingüística en los guiones de Bihozkadak (1993-1996), como guionista de plató y correctora de euskara de la teleserie de ETB Hasiberriak (2000-2002), guionista en el programa Baietz gogoratu! en (2002) y guionista de plató y correctora de euskara en la teleserie piloto Jon eta familia (2004). Finalmente, compuso cinco cantos y el guión del espectáculo Isla(da)k (2003), en el que se fusionan poesía, teatro, danza y música y canto en directo desde la perspectiva de la mujer.

Cabe destacar que recibió el Premio Max 2006 por Groau! (Aizkorri, 2004) y su álbum ABCD berri bat resultó ganador del certamen Peru Abarka 2011 (Mezulari, 2011).

Yolanda Arrieta ha desarrollado el trabajo literario en su sentido más amplio. Además de su trabajo como creadora, ha cuidado siempre la relación con el lector incidiendo siempre en el esfuerzo a favor de la lectura.

Web personal de Yolanda Arrieta:   http://www.nitikgura.com/es



CREO

Todo está dentro de tí; el brote que fuiste de pequeña, el fruto que serás de mayor. 
Todo está a tu alrededor; el sonido de las palabras cercanas, el eco de los seres de más allá. 
Todo está en tu piel; la espuma y el ánimo de lo que se esfuma, el aliento y la huella de lo que vendrá. 
Todo está en tu mano; coser las letras, bordar las palabras, teñir los sentidos y dotarlos de latidos, porque para mí eso es crear.



SORTU

Dena dago geure baitan; txikitan izan ginen kimua, handitan izango garen fruitua.
Dena dago geure inguruan; gertuko esanen doinua, urrutiko izanen oihartzuna.
Dena dago geure azalean; doanaren bitsa eta arnasa, datorrenaren hatsa eta lorratza.
Dena dago geure eskuetan, letrak josi, berbak brodatu, zentzuak tindatu eta taupadez busti, horixe baita niretzat sortzea.



ESCRIBO

Al principio, fue la necesidad de saber. Después, llegaron los sonidos. Luego, las acciones y los signos. Al final, se juntó todo y comencé a escribir. Y, al mismo tiempo, a leer.
Y, entonces, la necesidad de saber del principio se convirtió en expresión.
O, acaso, ¿fue al revés?



IDATZI

Aurrena, jakin-nahia izan zen. Gero, hotsak etorri ziren. Ondoren, keinuak eta zeinuak. Azkenik, denak elkartu ziren eta idazten hasi nintzen. Eta, batera, irakurtzen. 
Eta, orduan, hasierako jakin-nahia esanahi bihurtu zen. 
Ala, alderantziz izan zen, ba?



Aguja e hilo

Supongamos que yo soy tu madre y tú
mi hija. Supongamos que aún no has 
nacido y que en el año 2012 cumples 18 
años. Supongamos que te hacemos este 
regalo. 
Supongamos eso... 



Hay un tiempo para cada momento, 
y hay un tiempo para cada cosa bajo el sol: 
un tiempo para nacer y un tiempo para morir; 
un tiempo para plantar y un tiempo para sacar
lo plantado. 
Un tiempo para matar y un tiempo para sanar; 
un tiempo para destruir y un tiempo para edificar. 
Un tiempo para llorar y un tiempo para reír; 
un tiempo para lamentarse y un tiempo para danzar. 
Un tiempo para lanzar piedras y un tiempo 
para recogerlas; 
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse. 
Un tiempo para buscar y un tiempo para perder; 
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar. 
Un tiempo para rasgar y un tiempo para coser; 
un tiempo para callar y un tiempo para hablar. 
Un tiempo para amar y un tiempo para odiar; 
un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz. 

Antiguo Testamento. Cohelet



Cuando cosamos los jirones
de nuestro corazón
nuestro cielo estrenará
un vestido nuevo. 

(Poema recosido de Paul Eluard)


¿Qué somos? ¿Lo que por naturaleza traemos con nosotros, o lo que hacemos a lo largo de nuestra vida? ¿Una mezcla de los dos, tal vez?

Estas son las preguntas que me han servido de base a la hora de escribir Aguja e hilo; porque por un lado, somos un cúmulo de historias que vamos cosiendo; pero, al mismo tiempo, las semillas de dichas historias nacen ya con nosotros, como nuestros ojos, nuestras piernas, nuestros brazos y nuestro corazón.

Ésta es, pues, la esencia: la historia que cuenta una madre a su hija que está a punto de nacer. Una historia en doble sentido, porque, aunque parte de una base real, Aguja e hilo es ficción en un 99%. Por otro lado, y aunque está construida a trozos y filtrada por un tamiz personal, Aguja e hilo hace un recorrido a través del último siglo.

La madre soy yo. La amama es mi madre y la abuela es la madre de tu padre.

La madre coserá las ramas familiares de la amama y de la abuela, y anudará los hilos que unen su niñez con el momento de nacer su hija. Contará sus vivencias en Jostunetxe , la casa familiar, y todo lo que ha oído de boca de la amama y de la abuela. También hablará de tu padre. Utilizará la primera persona y aunque se le noten guiños de la amama o de la abuela, ella usará frases más cortas.

La amama desenredará los hilos de su juventud y de su época adulta, desde que se casó y se marchó a vivir a Jostunetxe hasta nuestros días. Con estos hilos nos dará a conocer a tu aitita. Hablará también en primera persona, pero con las palabras de su tierra.

La abuela devanará sus historias de ciudad y nos hablará de tu bisabuelo, de tu abuelo y de tu padre. Lo hará en primera persona, en un lenguaje urbano con guiños de su pueblo natal.

Además de estas mujeres, aparecerá una cuarta voz. Esa voz lo coserá todo, como si fuera una aguja de verdad, pero lo hará con la ayuda del hilo sin fin, que es el tiempo. Utilizará la tercera persona y un lenguaje parco y escueto.

Por lo demás, las herramientas cotidianas de costura irán disfrazando los acontecimientos de cada momento. Así mismo, un trozo de cuero, una tela o un vestido negro irán apareciendo a medida que finalice un ciclo y comience otro. A pesar de lo dicho, no te olvides de una cosa: esta historia de ficción no es la historia real de nuestra familia.

Porque todo lo que hemos tirado a la basura, trozos de tela, hilos, agujas, patrones y tizas, eso también es historia.

...Y también son historia los bolsillos, parches, botones, cinturones, cuellos y mangas que hemos dejado en el costurero para cosérselos a otro vestido...

...Así como la camisa, los pantalones y la txapela del muñeco de la noche de San Juan...

...Y esos apuntes de costura de la amama que han quedado para otra ocasión...

...Y el vestido rojo que tu abuela recordó mientras me contaba sus historias de cuando cosía...

...Y los trajes marrones y azules que aparecen en las fotos de tu aitita y tu abuelo...

...Y los cuentos de Ojal pequeño y Botón Grande que te contará tu padre cuando salgáis de paseo...

...Y el patrón que hemos creado para escribir esta historia...

...Y los remiendos que nos han quedado por coser en el corazón...

...Y los hilvanes que han quedado en nuestra cabeza a la espera de su propia puntada...

...Y las palabras-puntadas que estoy cosiendo-escribiendo en este momento para dar comienzo a esta historia...

Porque la Historia y el Tiempo son dos telas sin borde.

Que tienen su comienzo al final y su final en el comienzo.

Sin cortes, sin esquinas. 


Al principio

Al principio todo estaba desnudo. El pueblo parecía un solar sin tierra y el barrio, una casa sin paredes. La calle, un cuerpo sin vestido.

Alguien creó la tierra, pues era menester un lugar donde posar.

Otro construyó las paredes, pues era preciso un lugar para guarecerse.

El tercero juzgó necesaria la ropa, para que no se ahuyentaran las almas.

Y se pusieron a coser.

Entonces, se dieron cuenta de que los ropajes, además de cubrir almas, servían para esconder vergüenzas, tristezas, alegrías y todo tipo de emociones.

Y que también servían para calentarse...
O para resguardarse...
Para adornarse...
Para hacer regalos...
O para recordar...
Hasta que un día vieron que tenían los armarios llenos de vestidos.

...Pero ya no recordaban lo que era coser... 


Tres palabras

Supongamos.

Supongamos que Txomin es el primero.

Y Mari, su mujer.

Supongamos que nos hallamos al principio de la Prehistoria. Los hombres y las mujeres trabajan la piedra, cazan y recogen los frutos.

Txomin es joven y alto. Y también es fuerte. Como Mari.

Txomin está contento y orgulloso. Hoy se ha levantado temprano y ha salido a cazar. Mari se ha quedado en la cueva.

Mari vino anteayer a vivir con Txomin. Para ello, la madre de Mari le prestó a Txomin el vestido de su difunto marido, y, en ese instante, Txomin se convirtió en el marido de Mari.

Es por eso por lo que hoy Txomin está contento. Porque Txomin es ya un hombre, y porque lleva la piel de jabalí más hermosa del bosque, y porque esa piel, además de darle la fuerza del jabalí al que pertenecía, lo impregnará del espíritu de quien la vistió. Mari ha recibido como herencia los colmillos del animal. Se los dio la madre, en memoria de su padre, para que la sombra de la negra tormenta no le hiciera ningún daño. Mari se los quiere colgar del cuello, como un collar. No sabe aún que está a punto de crear una joya que se usará como adorno miles de años después. Para Mari ese colgante hecho de venas y colmillos de jabalí no es más que una protección, un amuleto, un talismán.

Mari está en ello cuando entra Txomin en la cueva. Trae la mejilla izquierda cortada y el sayo de piel de jabalí rasgado de arriba abajo:

—¡Camisa rast crasc! —pronuncia tres vocablos, respira agitadamente y muestra a su mujer la piel rasgada.

—¡¿Camisa rast crasc?! —repite Mari los tres vocablos, mitad pregunta, mitad exclamación, las manos a la cabeza y un gran temblor en el corazón.

Txomin deja en el suelo el jabalí recién muerto que traía a hombros. Después, pasa la mano por la húmeda mejilla y comienza a representar cómo lo cazó como si con ello quisiera recibir el perdón de Mari. Poco a poco, el ceño de ella comienza a relajarse.

Txomin acaba con sus explicaciones y se quita la camisola. Mari recoge del suelo la piel que perteneciera a su difunto padre y mira la cara de su hombre. Da tres pasos y se acerca a él. Lame su herida, y, de paso, limpia también la sangre, ya seca, que recorre su cuello.

Los lamidos se vuelven mimos, los mimos caricias, las caricias gritos, y, de pronto, se olvida el dolor.

Después de yacer con su mujer, Txomin se levanta del suelo y comienza a despellejar y trocear con un hacha el jabalí recién cazado. Por si no fuera suficiente con haberlo matado, lo golpea una y otra vez, como si con cada golpe quisiera castigar al culpable de sus heridas. Duele, de nuevo, la mejilla. Duele, también, la sombra del sayo.

Mari calla. El búho ulula. Viento. Estrépito. La mujer comienza a hacer fuego.

Un palo y dos manos. Mari frota y frota el palo con sus manos. Y del palo sale la chispa. Y de la chispa la llama. La llama hace crecer el fuego. Del fuego nace la luz. La luz ilumina la negra cueva.

Mari mira las dos pieles, la vieja y la nueva. Las coloca una junto a otra. ¡Si hubiera algún modo de unirlas!

Mira a su alrededor. Necesita algo. Necesita algo pero aún no sabe exactamente qué es. Su hombre duerme. Los trabajos con el hacha y otra clase de trabajos lo han dejado exhausto. Mari observa a su alrededor y se lleva la mano derecha al cuello. ¡El amuleto! ¿Dónde está?

¡Ah! Enseguida lo recuerda. Estaba justamente atravesando los colmillos con el hilo de vena en el momento en que entró Txomin en la cueva. Lo recuerda bien, porque los colmillos tenían dos agujeros pequeñitos. Parece que su imponente amo sufría de caries. Mari remata su trabajo y atraviesa fácilmente el agujerito de uno de los colmillos. Luego hace lo mismo con el segundo.

Más tarde, coge una antorcha y dirige sus pasos al exterior de la cueva. Lleva uno de los colgantes al cuello y el otro en la mano. Y va al otro barrio. Donde otra vecina. Donde otra Mari.

Y llega.

Mari primera ofrece a Mari segunda el amuleto que lleva en la mano. A cambio, Mari primera pide con gestos a Mari segunda el hueso de pescado que tiene en el suelo. Mari segunda entiende enseguida lo que le propone la primera. Y lo acepta.

Ahora, Mari primera vuelve a su cueva con la raspa de pescado en la mano.

Al llegar, coge la vieja piel rasgada. Hace unos pequeños cortes en la esquina con el hacha de su hombre. Hace lo mismo con la nueva. Después las pone una junto a otra y va pasando la raspa con la vena por cada uno de los agujeros de ambas pieles.

Y cose.

Cinco utensilios

Tu madre me ha pedido que te enseñe los utensilios para aprender a coser. Ya le he dicho que para cuando crezcas lo suficiente no querrás ponerte más que un trapo viejo y que para eso no hace falta aprender costura. Pero ella nada, erre que erre, que te enseñe y que te enseñe. Vale, pues. He aquí los principales. Son cinco. Hay más, pero, bueno, creo que será suficiente con éstos.

Dedal

Parece ser que fue una antigua amama la que inventó la costura para poder arreglar la camisa de un antiguo aitita. Dicen que estuvo toda la noche, dale que dale, inventando la aguja y el hilo. En aquellos tiempos adoraban a la luna y a la tormenta y aquella amama tenía que arreglar la camisa de su marido antes de que saliera el sol, no fuera a ser que el Gran Señor de la Noche se la llevara consigo. Por eso estuvo Mari toda la noche arreglándola, y por eso se le hizo un agujero del tamaño de una lenteja en la punta de su dedo medio. ¿Por qué? Porque la pobre no conocía el dedal.

Ahora ya lo sabes: póntelo antes de empezar a coser. Elige uno ligero, de plata o de plástico, da igual; uno que entre sin apretar en el dedo del medio. No dejes de utilizarlo hasta darte cuenta de que coses mejor con él que sin nada.

Cinta métrica

Pasaron muchos años y nacieron muchos Txomines y muchas Maritxus en los alrededores. Al hacerse mayores, pasaron a llamarse Txomin y Mari. Dejaron las cuevas y comenzaron a vivir en cabañas. Un día, una de aquellas Maris estaba cosiendo, por supuesto con dedal, a la luz de la lumbre de su cabaña. Al día siguiente celebran la fiesta de la primavera y tenía que arreglar el traje de su marido. El hombre pensaba ponerse la piel de jabalí de sus antepasados. Dicha piel tenía, al parecer, una parte más oscurecida que otra. El marido de Mari decía que el doble color obedecía a que llevaba consigo el invierno y la primavera, la muerte y el nacimiento. Al menos eso le dijo su madre al regalársela. También le dijo que de vez en cuando había que coserle un parche nuevo a fin de que no muriera su linaje. Y en ello estaba nuestra Mari cuando llegó el mediodía.

—¡Maritxu! —llamó a su hija—. Llévale la comida a tu padre.

Arrieta, Yolanda. Aguja e hilo, Centro de Lingüística Aplicada Atenea, Madrid, 2005
Traducción: Yolanda Arrieta





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