sábado, 30 de abril de 2016

VESELKO KOROMAN [18.591]

Foto Z. Kršul

VESELKO KOROMAN

(Radišići, Ljubuški, Bosna y Herzegovina, 1934) - escritor e historiador de literatura; poeta, novelista, cuentista,  escritor de crónicas de viajes, crítico literario.



Traducción: Željka Lovrenčić

DESDE MI CAMINO 
(S mog puta)

Que vuelva al monte, allá,
de vez en cuando, enojado, le grito al Sol,
a la inteligencia atrevida. Porque veo, aquello
que no entiendo cuida mi juicio
apoyando a mi ser de todas partes.

Puedo encontrarme así contigo y
Con tus niños pequeños, donde quiera.
Sin dudar de mis actos.
Igual que tú que, misteriosamente curado,
puedes soportar el crepúsculo.



DE LAS PUPILAS MISTERIOSAS
(Iz zjena otajnih)  

Centelleando desde allá, ¿quién sabe
 cuándo?, una onda de luz, joven,
que se mueve como el viento
de izquierda a derecha alrededor de las cosas,
todavía está de camino.

Y no llegará mientras sus
bellas hermanas mayores,
no me lleven detrás de esta piedra
de trescientos colores, allá

donde está el tiempo.


  
A FINALES DE JULIO
(Koncem srpnja)

Como la gata, me siguió, hasta
el olmo, en el norte. Aún
consciente, Sol del cielo, de todos
querido. Y luego, en noviembre,

igual que yo, se cansó de la luz, ya
demasiado viva, cien pasos delante de él.
Pero, en realidad, ¡¿cómo no cansarse?!
Desde que él, sin ojos, arriba vaga,

por misericordia por nosotros arde. En medio
de todo, ciego blanco al que riño
cuando empieza en mi espíritu la tarde,
aquella anterior, después de él
no sé cómo es ni de quién.



SOBRE MI PALABRA
(Nad mojom riječi)

Ahora, y cuando me vaya, quién quiera qué seas
Que sea siempre clara 
tu pupila. Y que no te entregues, conmigo
a rumores aledaños, tristezas matutinas.  

Lleno de anhelos, pido sólo eso.

De este barranco donde me arremete la tentación
de llamarte; ¡ya! hacia mí.
Con la voz del pico de un pájaro, con el eco
de mis estremecimientos en la tierra.

Para no estar solo.



POR MI CUERPO
(Po mom tijelu)

Crece el cabello allá donde ayer
no había; en un crepúsculo fraternal,
nuevo, en el cuello del león.

Y allá, entre las estrellas,
un sembrado, campo
 limpio, donde irrumpe
 lo que hasta ahora no se oyó.

Si pudiera, pienso,
en tales rayos ir de caza,
llegar donde alguien, antes de acostarme.

 En la reunión vespertina, allá.
No ahora queridos míos. Es tarde para
cuentos. Mañana hay que levantarse

de nuevo.


¿ES UNA ALUCINACIÓN?   
(Je li privid?)

¿O es una realidad sin fin,
turbia como el miedo?, que en realidad
pienso y grito de dolor - es
poco importante, en verdad, ahora.

Y aún menos que La Tierra
y el hombre en ella pronto no existirán.
Ni las obras de él, de los tiempos suyos,
ningunas.


En este momento es poco importante,
en verdad, que el Universo completo,
también muera y con él,
por fin,
 la misma muerte.

Lo que es importante, hasta la inconsciencia,
es el por qué de alguna manera se encuentre algo,
en algún sitio o tiempo.
Que tiene que existir y para nosotros,
si locos no estamos, aquel que lo sabe.


DIGO OFENDIDO
(Velim uvrijeđen)

Si el desorden, la noche gobiernan,
 tengo que sacar en seguida de sí energía
sonora, compuesta por la ira
comprimida en un tambor
más sonoro que
un silbido increíble. .

Y con ella destruir, en chillido salvador,
lo que me, sin voz, silenciosamente,
en sí recibe. 

Basta de prisa por hilos extendidos
aquí y allá, hasta los bordes perdidos.
Qué explote en seguida este artefacto
de estallidos amargos, si el caos,
la noche, gobiernan. 

De la colección poética: Yo, el viajero/Ja putnik 



(Traduzione di Suzana Glava)

 ESTRATTO DI BELLADONNA   


OVUNQUE INTORNO ALLA VIA

Sono agitati stanotte gli animali minuti,
che mai una volta ho guardato negli occhi. E
nessuno di essi ormai se ne cura, sebbene
fra loro di certo vi sono delle sante del bosco
che sulla fronte metterebbero tre, quattro
fili d'erba ignoti - per trarne fuori
un dolore assai disumano, causato dal sonno.

Gli animali minuti, qui, intorno alla via,
sono del tutto simili a quelli dal corpo grosso,
che disinvolti girano la testa dall'altra parte quando
li incontro. Non sono loro come il gatto e il cane,
la pecora o il falco, che per il cibo rinunciano
all'indifferenza verso di noi e 
ai meravigliosi luoghi selvaggi.

Ma gli animali tutti, ovunque intorno alla via,
come pure noi quando siamo disperatamente affamati, uccidono
fratello e sorella per dettato del proprio ventre,
o li amano fino alle lacrime, li spulciano e lisciano
con ipocrisia per tutto il giorno.

E questo per me è così insostenibile qui,
che dovrei ammutolire. Questo flusso
di materia: da dentro a fuori, da fuori a dentro.
E questo scambio orrendo: del corpo in una stalla,
per la nebbia sul cammino.



PRESENTENDO LA TEMPESTA

Devo voltarmi a sinistra, a destra. Subito,
in questo momento. Ed ecco che mi sto voltando, ecco
che mi sono voltato. Io, qualcuno. Una creatura
qualunque che batte la tramontana da dietro, che
getta l'ombra verso est. Eccomi su una strada
spolpata fino all'osso, dai mutamenti, dalle orme
antiche. E corro, sparando oltre la spalla.

E ora mi devo fermare. Subito. E infossarmi
alla meglio finché sono in tempo. Devo. Subito.
Perché così vorrebbe che facessi in una disgrazia
simile la mia defunta madre. Perché con ciò farò felici
i miei figli. Perché è questo che brama il mio cuore
impazzito…Che io scavi, che almeno graffi le pupille
a questa calamità, a non so cosa, a questo dinosauro
alle mie spalle, che ora è dinanzi a me.

Invoco perciò l'ira, le memorie perdute:
che ritornino. Subito. Da ogni ferita. E mi 
soccorrano nella lotta per un minuto ancora. O per una sera,
un anno intero! Ne ho abbastanza di lacrime stupide
in riva al mare, sul campo delle fanciulle. Condotto a
casa propria, senza poter dire da dove, né perché,
devo far resistenza da ogni finestra, o morire.
Subito. In questo momento….Mentre rabbrividisce il frutteto
asperso di sudore. Mentre irrompe l'acquazzone nel cortile.


SE OCCORRE

La brina materiale dietro il monte che all'uomo
da sola si mostri quando ne sarà giunta l'ora,
se potrà,
dico ad essa - io che le posso fare.

Ne ho abbastanza, fin troppo, poi le
dico, del mio seme che semino
per il biancume
dove l'erba, da lontano, si erige.

Per le gocce gelide sgorganti da essa ch'io
non abbia un momento in più,
né una lettera,
ma che canti, come essa, scorrendo via.

Perciò all'uomo essa sola si riveli quando
ne sarà giunta l'ora, se occorre,
se potrà,
dico ad essa - io che le posso fare.






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