jueves, 7 de abril de 2016

SILVIA RENÉE MELLADO [18.382]


Silvia Renée Mellado 

Nació en Zapala, Argentina en 1977. Publicó los libros de poemas Celuloide, Colección chicas de bolsillo N° 6, (La Plata, Edulp, 2005), Acetato (Neuquén, Educo, 2009), Moneda Nacional (edición de la autora sobre papeles de perfil del petróleo, 2012) y Pantano seco (Neuquén, ediciones Con Doble Zeta, 2014).

Integra, entre otras, las siguientes antologías: Antología Federal de Poesía. Región Patagonia (Buenos Aires, Centro Federal de Inversiones, 2014); Lof sitiado. Homenaje poético al pueblo mapuche de Chile (Santiago de Chile, LOM ediciones); Antología I, Narrativa. Patagonia Ficción (Trelew, Tela de Rayón, 2010); Última poesía argentina (Buenos Aires, Ediciones en Danza, 2008) y Los umbrales imposibles (de la Patagonia al caribe anglófono: muestra crítica de textos) (Laura Pollastri sel, pról. y ed. General Roca, Publifadecs, 2014).

Ha participado en diversos encuentros de escritores y organizado espectáculos colectivos en torno a la poesía y otras artes. Entre sus publicaciones sobre literatura se encuentra el libro La morada incómoda. Estudios sobre poesía mapuche: Elicura Chihuailaf y Liliana Ancalao (Publifadecs 2014).



30 Imágenes movimiento. Poesía en rollo.

1.    volver
más adentro
a escarbar el propio desierto.



2.    A las siete vi hombres borrachos 
zigzagueando entre la ruta y la banquina cada
tantos metros también vimos aparecer mujeres
que hacían dedo en las encrucijadas esperaban
el transporte destartalado con hombros cediendo
a la gravedad llenas de hijos manifiestos del arte
enfermo ellas emergían como ese relieve extraño
que se forma en la corteza de un árbol una obra
raramente hermosa salida de un cáncer,
la defensa bella de algún lacerado.



3.    La boca de la cantera desde el mirador
tiene el tamaño de un pomelo pero es oscura
no hay una fruta grandota renegrida
que se le compare, que dé miedo.
Qué ironía que la cantera de oro se llame
como mi pobre abuela pobre.



4.    Su nieta me contaba que caminaba por
los túneles miedosa llevando la vianda para el padre
y sus hermanos
y que una vez entregado el manjar
corría a la salida con miedo de derrumbe
con alientos siguiéndole los pies
en esa gran garganta
que ya está muerta.



5.    Cierro los ojos para transportarme
hacia ese agujero y caerme de espaldas infinitamente
con esa sensación de borracha que recorre
en cada una de sus dimensiones el espacio de la silla
al suelo. Cuando llego rozo el pelo de mi madre fino
que apenas se mueve aparecen gotas de sudor en sus
mejillas y la encandila el sol, a la salida, la rescata de la
ceguera temporaria la mano de mi abuela
cansada de ofrecerla como becerro al sacrificio.



6.    Más tarde bordeé las lagunas
solitario casi inmóvil
extendés el brazo en una tanza que corta el aire
y dibujás curvas invisibles, burlás, desde la orilla
la gula del cardumen.
Yo hablo y tengo manos
y el deseo, también, me cose la boca.



7.    Vi la punta de un zapato negro viejo y a medio enterrar
entre piedras lajas fragmentadas.
Luz de día a dos mil metros de altura. Sopla brisa enérgica
que no lo mueve. Es fácil imaginar
el rostro que lo precede y lo sucede,
sea el del que una vez lo dejó, el del que lo encuentra ahí,
blasón de lo escabroso
que resulta
transitar.



8.    Para viajar tenés que primero salir de casa
Lo Leí en cada grieta marrón oscura del iris de mi madre.
Me coartaba
con esa mínima cámara filmadora
la huida
retrasada
pero un día me animé y compré boleto
para cruzar esa puerta.



9.    No voy a hablar de la ciudad
de ninguna
atolladas en la boca
de la misma manera que unas piedras en el riñón
izquierdo
rebalsan una biblioteca



10.     y al nombrarlas corro el riego de caer
descontextualizada
como esas piedritas recogidas en el camino
y que, pasado un tiempo,
no fuimos capaces de recomponerles
su espectacularidad.



11.     Pero volví y ahora miro todo, como puedo,
contra la impertinencia del sol entrando
tan de madrugada en el bar de siempre
en el que estamos
todavía
con la borrachera a cuestas



12.     (la última vez que lo hice
ella estaba en la puerta que daba a la calle
con un gato en la mano
acariciaba el calor de ese pelo)



13.     Ahora miro y, mientras,
los continentes
se siguen desplazando
(hace millones de años este pueblo era una playa)
y nada cambia demasiado pues sigue siendo
el doble de una ribera
el lugar
que propende
al espejismo.



14.     (y esa mano que se entrecruzaba en las suyas
y la llevaba
a cuidarle los hijos que despiadadamente
le hizo
mientras yo no estaba)



15.     Volver al bar
antes
que a la casa materna
(el cráter de la lengua y de la leche)
ese puerto de capitanes de navíos sin agua



16.     cantina de narradores olvidados
por el mercado
poetas canonizados por el porro y el vino barato
borrachos
buscadores del arca en pleno desierto.



17.     Este de cierto
que no se inunda más que de sequía
y de palabra.



18.     Han remodelado la casa tirado abajo una pared.
El lugar en el que él se emborrachaba y anunciaba
su muerte es el mismo en el que ahora habríamos de
sentarnos a hablar civilizadamente del tiempo
y de los viajes.



19.     La ventana sigue siendo la pantalla plana
con parsimoniosos documentales
aparece la pachicho atravesando el plano
pelo teñido arrollado nunca fue ni ex snob ni ex burguesa
nunca pronunció pañuelo con una ñ decente



20.     fue pariente paciente del hermano y de los golpes y
también de los hongos
de los niños bien
que nos querían mal.



21.     Ahora estás en la cocina
ese camisón se agranda sobre tu cuerpo viejo
no hace falta que me digas nada
cuando la pesadilla queda en los ojos y los hincha
apenas se puede mirar



22.     te es imposible sortear esa montaña de piel inflada y de
pestañas
para descubrir un horizonte de algo,
todavía peinás angustias
con manos mecánicas de muñeca averiada
y eso que ya no somos los hijos que tomarían la leche tibia del desayuno
haciendo de nuestros capricho el mundo.



23.     mami: hay algo del pasado que no está resuelto
y lo he heredado creo que en tu vientre
es eso que hay que buscar y que me echa afuera
un bicho que me muerde si estoy en estos sillones arrellanados
la misma sensación de antaño cuando mirábamos la tele y detrás
nuestro
emergían chispas tormentas ruidos de cuernos
pequeñas tauromaquias domésticas.



24.     Hace unos días las sábanas tapaban mi pierna,
simulaban una amputación.
Había algo del orden de lo simbólico
en eso que me faltaba
que dejé
que fue comido.



25.     ¿Alguna vez te sentaste frente a la playa?
Allí los hombres ejercen su mirada de mar
aquella que se suspende
en un punto fijo
y ansían llenarlo
con otras cosas.



26.     Y Las mujeres se toca las axilas
las miran casi las huelen
en gesto de gato que se limpia
se enroscan por poco
entre sus propios brazos
y el cielo se oscurece
de una lluvia que rara vez cae.



27.     Cada uno de todos ellos
son un pequeño universo aislado
ninguno
parece
acceder
a los ruegos del otro.
Antes rogaban más –todos– al sol y a los apus y la alegría de servir, dicen, los iluminaba illu ulla becerro –decapitado–  illa luz.



28.     Ahora es Yllariy ¿Seguís coleccionando cantos?
La línea se enrosca en espiral
sobre y desde la piedra
un fósil tallado por nadie
¿quién lee la sucesión de edades
los rituales los canibalismos?
¿sólo el que está de paso
el eterno migrante?



29.     ¿Aquel que no entiende
y decodifica lo que le parece
explotando la ambigüedad
de las palabras la invención
del lenguaje?

Los cantos se han apagado
tu voz era fina
¿olvidaste las canciones?
apenas un murmullo
y ese sonido 
cuánto 
decía



30.     Caminamos
sobre restos a los que ningún edificio disimula
– ni tumbas –
tal es la fatiga
de tanta arenga.



Pero abajo están los cantos,
las piedras talladas
eso que persiste y esconde
la copla
el temblor de tu voz
dejándome su huella
para volver
más adentro
y volver



Pantano seco, Ediciones con doble zeta, Neuquén, 2015.



no conocemos el mar a menos que hagamos cientos miles de kilómetros
a quién le importa el mar
si hace millones de años este pueblo era una playa
y nada cambia demasiado pues sigue siendo
el doble de una ribera
un lugar
que propende
al espejismo






y los que van al mar
vuelven al bar
antes
que a la casa materna
el cráter de la lengua y de la leche
ese puerto de capitanes de navíos sin agua
cantina de narradores olvidados
por el mercado
poetas canonizados por el porro y el vino barato
borrachos
buscadores del arca en pleno desierto

este, de cierto,
que no se inunda más que de sequía
y de palabra





las de su misma clase la culparon 
cuando ahogó al niño en la letrina 
y es que donde nacimos 
nunca hubo un mísero azulejo art nouveau

por eso tampoco tenemos caché para matar recién nacidos

pero fijesé que lo mismo nos ordeñan nos miden los fluidos
                                       [es por eso del líquido que nos leen

y siempre hay 
un flujo una agüita 
una sangre devenida en combustible invisible 
para una sociedad ajena
al mundo que habitamos





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