viernes, 5 de febrero de 2016

GUSTAVO ROMERO BORRI [18.064]


Gustavo Romero Borri

Poeta, escritor, guionista y gestor cultural nacido en la ciudad de San Luis, Argentina el 11 de diciembre de 1962.

Libros publicados:

Los ámbitos (poesía. Editorial Universitaria. Universidad Nacional de San Luis. Año 1981)
Notas del escriba (poesía. Fondo editorial sanluiseño. Año 1990)
Ley oscura (poesía. Ediciones del Dragón Azul. Buenos Aires. Año 1992)
La otra parte (poesía. Ediciones del Dragón Azul. Buenos Aires 1993)
Mirada natal (poesía. Edición del autor. Año 1997)
Iluminados por el fuego (en coautoría con Edgardo Esteban. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Cuatro ediciones 1993, 1994,1999, 2005)
Cartas a la montaña (poesía. Editorial Universitaria. Universidad Nacional de San Luis. Año 1996.
Ecce puer (poesía. Ediciones La Marca. Buenos Aires. Año 2000)
Cárcel de luz (poesía. Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. Año 2009).
El viaje del poema: Mapa documental de la poesía puntana (2013). 

Libros inéditos:

Emeterio Pérez: Autor del primer poemario puntano
Berta Elena Vidal de Battini: Su poesía.
Vivir es ver volver: César Rosales, poeta de la añoranza.
Textos de ocasión: miradas sobre el San Luis literario (en prensa)
Antonio Esteban Agüero: el sueño del destino feliz.


Herencia

Dejo mi soledad enamorada
y mis palabras como frutos cortados
antes de madurar.
Dejo mi luz y su penumbra opuesta
posada en la intemperie.
Dejo el azul y su sinfín de estrellas:
la huella de mi pie sobre la roca.
Dejo el ahora y el allá y el punto
donde se unen las cosas abrazadas.
Dejo papeles como piedras labradas.
Dejo mis tardes límpidas,
hebras de luz oriundas de la noche.
Les dejo las mañanas repetidas
y les dejo el mañana.
Les dejo lo que vi.
Mi adiós es absoluto:
Un colibrí asfixiado
por la luz que lo nutre.



Dolor

Está donde la noche nos pregunta
de qué luz somos hijos.
Está donde se estrecha la intemperie
hasta volverse túnel o remanso sin fondo.
Es presencia tenaz
de lo que ya no está
o lo que no ha venido todavía.
Dolor:
Certeza muda.
Algo mío se llevan las noches sobrehumanas
que envejece la luz del otro día.
Alguien sopla cenizas usurpadas
a un fuego que se extingue
y más allá no se
no me conozco.
Estos rastros recientes
van desapareciendo en la distancia
como si fueran de otro
y son mis rastros.
Puntual abro los ojos a las claras mañanas:
Constato que es extraño mi amor cuando despierto.
Dolor:
Te miro fijo
como a un enemigo descubierto
mientras devora lo que más deseo.



Cárcel de luz

Cárcel de luz
Traslúcida morada
Para el viajero de las llagas antiguas.
Hogar de transparencias estalladas
Para el vagabundeo de un anhelo
Disuelto en lo desnudo.

Astillas de una voz
Que erraron su destino
Su punto
De llegada
Pedacitos de mí
Murmuraciones
Huyendo en la dispersa claridad como un manto
De fronteras sutiles.

Como de sal los días en el agua disueltos
Como de mar los ojos que no buscan ya nada
Que no sea un sostén para el naufragio.
Como de agua los días para el pez deslizándose
Entre la realidad pero sin ella.
Cárcel de paz venida de mí mismo:
Entre gentes extrañas consiento en distraerme
Y extraño es que no sea -entre tantos-
Alguno de esos rostros el tuyo.

Tanto sol!
Tanto enorme
Desparramo de piedras y raíces!
Y tanto azul ardiente
Haciéndole un lugar a la mirada.
Tanto desorden mineral emergiendo
Entre raros dibujos vegetales
Aristas y fisuras entre las cosas mudas
Como después de algún desastre.

Y aún se cumple un orbe en el paisaje:
Laborioso el azar une las partes
De un nombre quebrantado.

Cárcel de suavidad imperturbable
Donde el único límite
Es la redonda lejanía expandida.

¿Quién te atrapa si toda la distancia
Cae a tus pies rendida?

Para el que huyó creyéndose salvado
De violentas penumbras
Para el que renegó de lo sabido
Para el que dijo no y salió a lo abierto
Para el que desconfió de sus refugios
Y desató los nudos
Estas quietas montañas en sus manos
Descansan.

Habrá que desbrozar
Quitar malezas
Dejar “la cosa” limpia.
Que todo lo que sobra se deshaga en el aire
Vuelva a él:
Caerá
Por su peso
Lo que impida su vuelo.

Como un ojo que no quiere dormirse
Se desnuda mi dolor:
Aspira ver el centro de la luz no el reflejo
Del sol sobre los mundos.

¿Dónde se inicia y dónde se termina
Ese lugar que habita mi sueño
(que es también el tuyo) más amado?.

También acá la vida
Su promesa,
Sus dulces tiranías.
También acá su más allá,
Su vuelo de una mano tendida
Y su obstáculo de una mano cerrada.

Tanto pasar así con el instante
Como brasa encendida quemando mi palabra:

Mi palabra nacida de un silencio anterior
A todo esto.



Letanía y elogio del río fundador 

Un cauce quebradizo deja que tu agua humilde
Discurra inadvertida en su certeza de agua.
Huraña es tu corriente como un dios alejado
Rozando, memoriosa, tus orillas agrestes.
Tu cauce es un tatuaje grabado en la intemperie
Un tajo que divide la ciudad donde habitas.
Ajeno a los progresos solamente te alienta
Atender, obstinado, tu destino de río.
Te ha lastimado el viento en los crueles inviernos
Y el abrazo quemante del sol en los veranos.
Te parieron sequías tan duras como piedras
Pero tus aguas buenas perseveran, airosas.
Berta Elena se apiada de tu alcurnia sufrida
Y Agüero en su inventario de ríos ni te nombra.
Por años fuiste un triste confín de desperdicios,
Una frontera en ruinas hacia lo no querido.
Ni una leyenda cuenta tu presencia de siglos,
Tus aguas, en voz baja, maldicen ese olvido.
Testigo insobornable de la ciudad crecida
Que en las noches te olvida, y en los días te ignora.
Allá en los tiempos idos te nombraron Río Seco
Fundando la rutina de dejarte de lado.
Pero también guardabas un nombre soterrado
Unido a la ciudad que nació a tu costado.
Río San Luis exacto fervor desatendido,
Mensajero de un tiempo anterior a los relojes.
Río desconocido por un cielo que finge acariciarte
Con su amplitud de estrellas o su luz borroneada.
Tu orgullo es el orgullo de quien no necesita
Mendigar por su sed en los viejos desiertos.
Tu rumor es tan hosco como si un desacuerdo
Entre el cielo y la tierra te hubiera bautizado.
Si hablaras tu argumento lo entendería el viento.
En tu silencio gritan su nombre los olvidos.
Tus aguas pensativas resguardan una pena:
La inolvidable ausencia del venado primero.
Desde tu lecho rudo se avistan casi azules
Las sierras donde nacen las auroras puntuales.
Inalcanzablemente tu pasado se acerca:
Leyenda y sentimiento, porvenir, cosa cierta.
Río San Luis fundante pensamiento perdido
Que tímido persiste, como si la fragancia
De una flor extinguida perdurara en el aire.
Tus aguas conmemoran la memoria del agua
El altivo regreso del sol sobre tus pastos.
En todos tus ayeres están nuestras mañanas
Y el intacto mañana que nos hace puntanos.



Cordillera

La montaña perfora mi mirada
Hasta rozar lo inerte que me habita:
También mi cuerpo es templo
De soledad, de piedras, de silencios y miedos,
De escarcha acariciada por el cielo
Y de vientos en fuga.

La montaña es lo otro…
Pulveriza tu voz para que un hilo
De tu voz se haga cielo:
Cielo para medirte
Con todo lo que siendo territorio del ojo
Huye hacia las estrellas alejadas
Ajeno a la semilla
Y la paloma.

Estas piedras están sobre la tierra
Atadas por su peso.
Su vocación es abrazar el cosmos
No el efímero soplo
De lo humano.

Soy un breve latido
Que un breve tiempo acuna.
Frente a tus grandes aguas
Paridas por tus piedras como úteros
Soy apenas la sed:
Soy la pequeña sed de un labio enorme
Llamado Humanidad.

Soy esta inmensidad que me levanta
Abandonándome.
Soy apenas el Hombre,
Hijo de un parto enorme
Engendrado en la noche más noche de mi especie.

Soy un grano de arena entre tu piedra
Donde livianamente
Viaja la eternidad.

Al pie del Cerro Mercedario, 4500 mts. de altura.




Los otros

Ellos aman al pájaro por pájaro y lo odian por ajeno.
Adoran su manera de adueñarse de los ritmos del aire,
Su virtud elegante de esquivar las tormentas
Y encontrarle a lo leve su cadencia.
Ellos quieren que sangre todo lo que en el mundo
Tiene forma y destino de horizontes sin muros,
Que todo lo liviano descienda devorado
Por todo lo pesado,
Como si un escarmiento como ley se cumpliera.
Ellos quieren que todo lo que brilla se disuelva en el barro,
Que el pájaro apacible caiga en su red,
Se asuste,
Y que la sangre tibia que da impulso a las alas
Se enfríe,
Se atenúe.
Ellos están alertas.
Su atención es un nervio que se tensa:
Una cuerda que nunca dará música.
Ellos odian
                   que vuele
                                        lo que vuela.



Ritual

He mirado la luna inagotable
Hasta saciar mi asombro de blancura.
He mirado las grietas de la piedra
Hasta hacerme silencio en sus heridas.
He visto un campo entero
Encenderse de flores
Salvajemente breves
Ante la indiferencia de una tarde:
¿ Para quién eran bellas?
Todos los días cruje en el aljibe
La roldana oxidada,
Y el mismo Hombre regresa con sus baldes
Mientras retorna sobre el patio la luna
(milenaria y reciente )
Como un sueño
                              Sin fin.









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