domingo, 17 de enero de 2016

MARÍA ÁNGELES LONARDI [17.926]


MARÍA ÁNGELES LONARDI

Nació en Larroque, Provincia de Entre Ríos, Argentina, en 1970. Es Profesora y Escritora. Realizó varios Talleres Literarios en Entre Ríos y en Buenos Aires. Participó en varios Encuentros de Escritores Nacionales e Internacionales y obtuvo varios Premios literarios en Argentina y España. Integra varias Antologías con otros autores a ambos lados del océano Atlántico. 

Fue socia fundadora de la Sociedad Argentina de Escritores en su ciudad (S.A.D.E Gualeguaychú) y se desempeñó como Secretaria de la misma.

Publicó su primer libro de poemas “Amores” y el Poemario “Entre calamidades y milagros”.

En el 2002 se radicó en Almería. Integra la Antología “Nueva Literatura Almería” editado y publicada por la Junta de Andalucía junto a dieciséis escritores almerienses.

Fue invitada por el Centro Andaluz de las Letras para el ciclo “Tardes con las Letras”. Ha participado en Reci¬tales Poéticos, Encuentros de Escritores y en varias Jornadas Literarias organizadas por la Diputación de Almería. Ha colaborado en Presentaciones de otros autores, con el Programa de la UNED, con la Asociación Levantisca de Carboneras y con MECA Mediterráneo Centro Artístico en varias Exposiciones, ARS VISIBILIS I, II y III y el Museo Arqueológico de Almeria.

Ha sido convocada como  Jurado por cuarto año consecutivo del Concurso de Cuentos Interculturales organizados por la Diputación de Almería como especialista en Interculturalidad. 

En noviembre de 2014 el Instituto de Estudios Almerienses publica el libro “Cuatro poetas” que incluye su libro “El jardín azul” junto a otros tres autores almerienses.

Es parte de varias Antologías de la Editorial Playa de Akaba “La narrativa tenía un precio”, “Por un puñado de poemas”, “Mujeres sin Edén”, Premio Internacional de Aforismos “Encarnación Sánchez” y “Cuentos de Navidad”.

Forma parte  de la Antología “Ciudad Celeste. Homenaje a José Ángel Valente” junto a 45 autores, editada y publicada por el Instituto de Estudios Almerienses.

Forma parte y coordina la Antología “Mas allá del sur” de 30 autores nacionales, del grupo Poetas del Sur que en breve será editado por Letra Impar. 

Comparte el Número tres de la Revista literaria “Con luz y poesía” dedicado a un especial de mujeres,  de Ediciones Ibernón, Murcia.
Publica en varias Revistas digitales, Sur (Málaga), Agora arte gramático, Puerta Purchena, Revista luz cultural, Con luz y poesía, La galla ciencia (Murcia) y Tqplusart.

Es miembro del Departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses, miembro del Centro Andaluz de las Letras e integrante del Circuito “Ronda andaluza”. 

Es miembro del Movimiento Poetas del Mundo, miembro de REMES Red Mundial de Escritores, Miembro del Movimiento “Humanismo solidario” y Firmante de su Manifiesto universal. Además, colabora con la Asociación Cultural Celia Viñas y desde enero 2015 es integrante del colectivo “Poetas del Sur” y presenta los “Velorios Poéticos”.

Puede verse su trayectoria en letras-sobre-papel.blogspot.com.es



(Del Libro “Entre calamidades y milagros”, Editado por “La luna Que” Buenos Aires Argentina, 2005)                           


Crisis

La verdad se ha escondido
               bajo un manto de color infame
                     y el discurso es el mismo...
                           el tan repetido hasta el hartazgo.
La vergüenza ha cedido su trono
                    y ya no es vergüenza, es dolor.
La incoherencia ha rasgado sus vestiduras
                 y se entrega inerme
                                 a los brazos de la estupidez.
La dignidad ha rodado por la vereda
             víctima de una nueva violación
                          a la que ha sido condenada 
                                           por los hombres sin fe.
La educación ha sido sacrificada
             en beneplácito de los dioses...
                       porque ya no importan los cerrojos. 
La paz ha resbalado por la pendiente impuesta
                y es inevitable que estalle 
                            la irrefrenable ira de la gente.
La memoria ha cerrado sus ojos...
    sólo pretende convivir lujuriosa con el olvido.
La muerte a diario nos sorprende...
          y hoy, ha dejado su hábito colgado
               tras la puerta.
La inconsciencia ha salido a pasear por las calles,
semidesnuda
                     y se ha llevado la virtud...
           nos ha dejado míseros, inseguros, solos...
La fe también se ha marchado.
         El ánimo tiembla
                     y cada día somos menos
                los que podemos estirar los brazos,
                los que podemos, otra vez, levantarnos...
¿Qué más habrá de irse?
¿Qué puede doler más que la herida 
                               causada por el propio daño?
La justicia se levanta la venda cegadora
  para espiar la desventura de nuestros artificios...
La humanidad devastada,
                                       llora de rodillas,
                   mientras unos pocos 
 se quitan la máscara y pretenden libres ver el sol. 
El resto sigue caminando,
               oliendo a tierra mojada por la mentira.
                                       
   

Desde la orilla

Hoy
tal vez el cuenco de una mano desconocida
         deje caer la arena precisa
                  para cubrir mi cuerpo 
                           y enterrarlo para siempre.
Tal vez como un reloj de arena
                           marque el instante preciso.

Tal vez el mar se apresure
     y la marea arrastre mi nombre
                                y borre la huella fresca.
Sólo la brisa se atreve y me sostiene
                         y mi suerte pierde urgencia.

El mar aún conserva su pudor y baja la mirada
       quizás porque sabe más de la cuenta.
Ya no puedo contenerme...
me atrapa su insistencia
                    y propone el alivio ante la espera.

Tal vez hoy me lleve el mejor recuerdo
           y casi sin aliento deje el último respiro.
Tal vez deje mis pecados y mis culpas
      abandonados en la orilla
              y descansen mis ropas huérfanas
                  hasta que la arena borre mi destino.

El valor huye despavorido.
Las fuerzas no me asisten
                                     y el instante es eterno.

Estoy exhausta al borde del abismo
 y tal vez mis pasos, ya sin prisa
                  puedan al fin tener rumbo preciso.

El mar viene a buscarme...
La sal cicatriza las heridas
         y las olas arrastran mi mirada
               más allá del horizonte
                                      hacia lo desconocido.

Por primera vez no tengo miedo.
No hay testigos...
atrás queda el tiempo, la orilla...
atrás queda mi sombra, mi cuerpo desnudo
           y todo lo que unas vez, fue mío.



Nada nuevo bajo el sol 

¿Hasta dónde tirarán las cuerdas
que ciñen a los exiliados del paraíso?
Sólo sabemos de idénticas noticias
de cazar, sin ser cazados:
eligiendo con cuidado la presa...
de rehusar la salvación, 
la manta mística, y consolarnos
con plegarias fraccionadas
antes de morir indefensos.

Pero más acá, surge tenue
el brillo del mensaje desoído
en los ojos trapecistas de un niño
en la sonrisa que se erige augural
en el pedestal de la esperanza.

Larga la enfermedad no se disipa...
Hoy transitamos juntos
la más feroz agonía
sin éxtasis permitido ni soñado...
hasta que la luz nos enceguezca
y a medias podamos ver la verdad
para volver una y otra vez
a lo que creímos válido,
inventar nuestra esfinge,
persistir en la entrega
y buscar nuestra perdida dignidad
y la discreción
que nos rescata y humaniza.

Las calamidades
marcan laderas abriéndose tras la fatiga
sin embargo, al escalar la cuesta
en cada gesto flota lo elemental
ajeno a nuestra identidad decadente,
a nuestra descomposición,
silente, detrás de todos los espejos...

aunque sólo nos atrevamos a morder
los talones del horizonte.



La niña de los sueños
                                    
El mar la mira mientras viaja en sueños
                        sola ...acompañada
                                  desde fuera hacia adentro.
Tan sólo una niña devuelven los espejos.
Hilos invisibles de ilusión
            tejen el destino 
                  guardado, en cofre de taracea,
                                             en un lugar secreto.
El jardín aguarda su regreso
y una remota ciudad muerde su corazón:
       mágica alquimia para la niña de los sueños.
Letras sobre papel
dibujando el destino sin tiempo,
                        atravesando siglos en azul intenso.
Una inquieta certidumbre
paraliza sus huesos y de pronto está allí
           frente a los símbolos del amor
                       alimentando la búsqueda
donde queda atrapada el alma heredera del viento.
Al filo de la realidad
           la vida extraña y misteriosa
                       se hace vértigo feroz y la sorprende.
El universo es la fuerza del deseo
                                            que impulsa su destino.
Sin saberlo,
regresa a su jardín vestido de infancia
            con perfume de azahar
                 en verde mítico como en los cuentos.
En viaje sideral describe elipsis placenteras
         de acogedoras vivencias...
desveladas aguas quietas que la impulsan a seguir.
Un poema abre la puerta y descifra los signos.
El sueño se ha cumplido
                                        y la niña feliz
                                                              despierta.



Promesa

Haré un cuenco con mis deshilachadas manos
para traerte el agua de los mares.
Me pondré las alas de Ícaro
para traerte los rayos del sol.
Cerraré los ojos por ti
para atrapar todo el azul del cielo.
Subiré a lo alto para llevar conmigo
el viento de la montaña.
Detendré mi paso para capturar
la suave brisa de la mañana.
Me desnudaré,
me quitaré la piel, para regalártela.
Te traeré una mariposa para que sonrías.
Clausuraré mi boca
para guardarme en el alma las mejores palabras.
Traeré unos trozos de bosque a la casa 
para que conozcas el bendito silencio
y dejaré mis huesos
sembrados como estacas,
marcando la cruz de mis lamentos.
Guardaré todo, para ti...
Y será por más de nueve meses
un lecho de mi sangre el cobijo de tus días
hasta que:
tomes de esa agua,
vueles conmigo, te duermas al sol,
te bebas el cielo,
disfrutes de la brisa y te subleves con el viento,
tengas tu propia piel,
un brillo angelical en la sonrisa,
hables con sabiduría y crezcas en silencio,
levantes tus huesos del suelo
y extiendas tu mano
hacia mi,
devolviéndome el aliento.




(Del  Libro” El jardín azul” incluido en el Libro “Cuatro Poetas”, Editado por el Instituto de Estudios Almerienses, 2014)

Eros está aquí

He visto caer angelical una pluma
         que incendió mi silencio
                y pude comprender
                       es cierto: el duende existe.

Eros acaricia mi espera
y yo, que he buscado por tanto tiempo:
unos ojos espejos del alma,
una boca ebria de rocío,
manos creando lo que tocan
esa piel que invita al desenfado,
un cuerpo que levante admiraciones
siento, al fin
                      y la tentación me golpea...

Un monólogo de protesta mueve mis muros
                               y me remite a mí misma.
Sigilosa, recojo el rastro del amor
y súbitamente
                      sé, que la espera ha terminado.

Los dioses se devanean entre risas a lo lejos
   y yo sólo tengo un signo entre mis manos.



En las lindes del jardín

Te vi llorar en las lindes del jardín
                                                          extraviada.
Perdida en tu intimidad infinita
                            alejada de la mano de Dios…
Y vi las estatuas del parque temblar
                                      movidas por la piedad.
Contemplaban atónitas 
cómo resbalabas tristeza abajo
                                                    despeñándote.
Hasta que una pluma
                       anunció el vuelo de los ángeles.
                      Seguramente venían a buscarte.

Te vi temblar en las lindes del jardín
                                sin poder decir tu nombre.
Y las golondrinas generosas
          te trajeron un nombre nuevo
             perfumado de azahar y magnolias
                   para que todos te envidien…
                   Para que no pueda volver a dormir
                     sin recordarte
                        con el aliento del viento
                            besándote la piel desnuda
                                e infinitamente
                                                         deseable.
Te vi llorar lejos del jardín
sin saber si alguien era capaz de reconocerte
                                               de saberte amiga.
No podías mirar atrás.
No podías verme.

Y sin decir adiós 
                                te marchaste
                           antes de convertirte en piedra.



El jardín de los recuerdos

Múltiples siluetas se deshacen en verde y negro
       mientras leves rayos de sol
         juegan a las escondidas con los recuerdos.
                   Y el viento mece los sueños...

Asisto sola a su encuentro
                      sin saber de lo que seré testigo.

Las almas libres caminan descalzas
por el jardín
                   en la eternidad de cinco minutos.

Nadie pregunta por ti, ni por mí,
                              pero todos nos conocemos.

Los helechos duermen pletóricos
       y los nombres juegan al escondrijo.
         El embrujo se adueña de todo
               y los pasos del regreso
                      me despiertan del sueño profundo.

Tú también puedes despertar 
                                      y ver lo mismo que yo...

Sólo se trata de atreverse,
de mirar la otra imagen en el espejo,
de enjugar la lágrima que nos marcó
                           en este absurdo tiempo,
de levantar los ojos y encandilarse con el sol
      entre los enmohecidos edificios y el miedo,
de ser uno mismo, aunque te sientas ángel caído
                      porque aún, no estamos muertos.

Pero ¿a quién le importa?
                si sólo somos pasajeros...
       Viajeros insospechados de un sueño eterno.

Quizás el musgo que cubre la piedra
                                algún día desvele el secreto.

Mientras tanto, abandonada a mi suerte
     sin temor al oráculo ni a mi misma,
           siempre vuelvo al jardín de los recuerdos
                     y al quitarme los zapatos,
          entre el olor a hierba fresca y a duraznero
                       la memoria,
                                            hace el resto.



Dormir en el jardín

Vamos a dormir en el jardín
             tendidos a la sombra de una cúpula
                                                           de estrellas.
Para quedarnos con los olores
                                     habitantes de la memoria.
Toda una historia se muestra allí
      aunque no sepamos leerla
      aunque no podamos descifrar
                                             códigos y signos…
Constelaciones y pensamientos
    se entrelazan y danzan lentos,
                                                    minúsculos. 
Una equivalencia abstracta
            resulta rotación completa
                      del ser
                      que descansa
                                        del esplendor distinto
                                        excesivo, 
                                        después de la tormenta.
Enamorado del silencio
              rodeando tu cuerpo desnudo
                            me descubro.

Y no hay más…
Señalan los puntos cardinales
                  los extremos extasiados
                              después de todas las caricias.


            
Más allá del jardín

Más allá del jardín
                   fui testigo mudo
                             de entierros cotidianos
                                  con mirada de luna
                                         que se esconde.
                    Con temblor de luz que se apaga.
                    Con el mutismo
                              de los helechos mustios…
y paradójicamente
   la vida brota
      en las raíces nuevas
           como si nada hubiera pasado
                                             irremediablemente.
Más acá del jardín 
       las miradas se entrecruzan
            y tejen la urdimbre
                   de una identidad única
                         salvaje y primitiva
aunque el día sucede a la noche sin demora,
aunque la brisa se desvanece y se hace aire,
aunque los latidos
                                 se acompasan e improvisan
                               y al fin, temerosos gorgotean
                                    la canción del recuerdo.

Entonces la vida se renueva
          y la muerte se va a pasear
                    sola, para que nadie la vea
                                              ni la entretenga…
Los pies descalzos no pueden resistir
              la demora en el jardín
                                               de los días felices.

          
Tómate tu tiempo

Deja que crezca la hierba donde existe la piedra.                                                                                                                                               
Deja que brille el sol
                    sobre los hombres
                                       y desnude su pequeñez.

Mientras el viento mece las horas 
                       el paisaje reverdece, 
                                                cuando te nombra.

Deja que sea hoy el mejor de los días...
               ...que sueñe con el paraíso...
...que envuelva el hechizo a los incrédulos...
Estamos en el tiempo de existencias fugaces
               y el último cansancio
                                                 acudirá a nosotros.

Después del gran salto,
todo permanecerá allí, intacto.

Sólo deja que te arrastre una sonrisa,
                  una hora desheredada y única,
                                           ataviada de eternidad,
                                                              pero tuya.
Tómate tu tiempo…
            contempla el jardín
                   con mirada de luna que todo ilumina.

     



(Del Libro “Letras sobre papel”, Inédito).

Balance

Qué ha sido hasta aquí
si no, una suma de intentos vanos
sobre papeles blancos,
manotazos inciertos
                      y espigas de miradas cautivas.
Qué ha sido hasta ahora
sino una montaña de ropa azolada de inviernos.
Un montón de recuerdos
sobre el sillón, la cama
                                       y los huérfanos libros.
Una mancha en la pared que no me abandona.
Una opresión en el estómago
                                            ceñido por el grito.
Y qué ha sido hasta ahora
sino una suma de intentos 
                                      en perfecto equilibrio...
Un sueño sujeto al cielorraso
         y la ilusión aprisionando el mejor destino.
Un puñado de nostalgia
y la pimienta derramada en la mesa de cada día.
Mañanas ataviadas de luces,
tardes vestidas de durazno romántico
y noches dispuestas en círculo por la memoria.
Un apartar de los hombros
la pesada cruz para seguirte
en busca del sitio donde ocultar
                              esta llama que se extingue...
Muecas clandestinas,
palabras dichas y las no dichas también
   ...esa aquilatada inseguridad que nos domina.
Y qué ha sido hasta ahora, 
puertas adentro,
sino el sacrificio de las horas
                           en el umbral de una sonrisa.


    

(De la Antología Nueva Literatura Almeria, editada por Junta de Andalucía 2004)

            
Escrito el lunes

Descalza me encontró la tarde
y pude recordar
cuánto me gusta la lluvia del domingo.
Ese destello evanescente
bañó el paisaje dormido
dueño de una quietud infinita
siervo de su propio destino...
Silente mapa que se dejó poseer
por arcos de euforia y erotismo.
Un sutil temblor gobernó desde adentro
y estremeció la piel callada
hasta reír, cargada de ironía.
Y fue serena poesía, dulce mueca
irreverente y despreocupada
la pausa merecida.
Pude salir y disiparme
y en difusa ceremonia, armonizar
con su algarabía.
Mis huesos exhalaron nostalgia,
pude estar conmigo misma...
mi ser se dejó besar
hasta el cansancio
y fui feliz
cuando su acróbata tesitura
humedeció el páramo
y fue el alivio...
cuando crispados de emoción
mis sentidos fueron llanto,
en el remanso azul
que trajo ayer,
a las dieciocho y veinticinco.



Nocturno

La noche enigmática
                                  no ha dejado huellas.
     No se ve ninguna luz...
Se ha dormido el resplandor
                            de tus ojos claros,
                                        en la desnuda reja.
Nadie camina en las calles
                      cubiertas de baches inmorales.
Verdes somnolencias despiertan
               en mis noches circulares
                       y las vaguedades se suman
                                   atrevidas y extenuadas.
Mis pasos fríos se suceden
                                    y las dudas,
                                                       me asaltan.
A veces quiero despertar...
Otras veces,
                  espero encontrarte dibujada
                       en un  improvisado charco
                            o leerte en una letra escarlata.
Y estremecerme una noche
           para habitarte definitivamente,
                                para sustantivarme
                                              con tus iniciales...
y dormirme en tu retina azul,
                     cargada de imágenes
                                                      amantes
                                                    y perseguidas.


           
Pacto

Abre tu corazón.
Sacude la alfombra de tus pensamientos
y bajo tu epitelio
           deja que dancen libres los huesos.
Al fin podrán habitar las palabras,
           la urdimbre asolada
                     de los instantes inconfesos...
esos que guardas bajo la piel
                                    entre tus deseos.
Exilios y sepulturas conviven
en la memoria sin destino y sin tiempo.
Y yo te lo he dicho,
aún antes de haber nacido, de ser yo, 
de ser reflejo...
aún antes de habernos perdido.
No hemos despertado del sueño
aunque sea el desamparo,
         aunque duela el sinsentido,
                 aunque reine el desconcierto.
Y yo te lo he dicho,
mientras existan los instantes
maduros de recuerdos
arderá mi voz
para incendiar hasta el inaudito silencio.





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