martes, 15 de diciembre de 2015

DIANA SÁNCHEZ BARRIOS [17.773] Poeta de Colombia


Diana Sánchez Barrios

Colombia, 1989. Diana es diseñadora y estudiante de Maestría en Diseño en la Universidad de Los Andes. Enfoca su trabajo en la intersección entre el arte, la poética y la tecnología.

Fue parte de la Segunda Clase de School for Poetic Computation en Nueva York en la primavera de 2014 y participó en el III Taller de Poesía del Fondo de Cultura Económica dirigido por Federico Díaz-Granados.

Poemas suyos han sido publicados en la revista Errantio de los estudiantes del departamento de Lenguajes y Estudios Socioculturales de la Universidad de los Andes y en las revistas digitales colombianas Otro Páramo y Literariedad.

EL SILENCIO INCESANTE

En los poemas de Diana Sánchez Barrios hay una búsqueda de silencio incesante que no encuentra puerto porque, en la oscuridad que se realiza, el amor es un cuchillo, un fósforo que se enciende para que un asesino pueda desnudar la espalda de la poeta. Versos todos que conforman un arte poética, la del recuerdo quizá o la del olvido imposible. Versos situados en ese lugar que Oscar W. L. Milosz llamaba un país color de silencio y de tiempo.

Albeiro Montoya Guiral



SIN TÍTULO

Una docena de gotas nuevas
golpean la ventana
resbalan igual que el tiempo,
se resisten a caer.

Una a una
me saludan
y dicen:
Nunca conocerás lo eterno.

Una docena de gotas nuevas
Que golpean la ventana.
Digo docena,
para ponerle un nombre a la infinitud
de lo que no comprendo.



DEJO CONSTANCIA

No queda nada de mí en mí.
Tampoco queda una palabra dentro de esta palabra.

Y sin embargo he venido a dejarlo todo
quiero dejar la cuenta saldada
en este testamento en donde en vez de dar pido.

A la vida,
por si este dolor era una trampa que no pude esquivar:
pido perdón por abrir los caminos y acortar la mirada,
vengo de estar rota, nunca pude regresar.

Tracé cartografías sonoras en el palacio de mi memoria
y me incline en el suelo para defender con la mirada lo más pequeño,
siempre hice cosas interminables, bellas, que la realidad no soportaba,
pero siempre fuí un lugar para irse,
y mientras yo aprendí a ser puerto
todo el mundo aprendió a ser mar.

Guardo un inventario de canciones y palabras
de los que me olvidaron,
a ellos se las regreso,
aunque ya no me recuerden.

Tú: encontrarás entre líneas tu nombre,
sentirás que al cruzar el puente la lluvia te mojará el costado,
y un brillo en el agua te resultará conocido.
No recordarás mi cara,
y seré para siempre la que transita tu sueño
sin amor, ni nombre.

Ya no seré semilla ni canto,
no me engaño, estoy presta a partir.
Las palabras no son suficientes
y la vida intraducible:
Seré luego un recuerdo incompleto,
que es preciso poner por escrito
pues nos queda mucha vida al final del sueño
y mucho sueño al final de la vida.

Para los que aún me saben, no me olviden:
dejo mi mirada andando en sus ojos.

Pero si eso es como la muerte, inevitable
y deben olvidarme,
dejo constancia aquí,
dejo constancia de que he vivido.

Aunque no quede nada de mí en mí,
y tampoco quede una palabra

dentro de esta palabra.



NOSOTROS

Teníamos miedo,
y no sabíamos que escribíamos
para resistir a la muerte.

Nos gastábamos el tiempo
que después iba a faltarnos.

Ahora buscamos una palabra
que nos salve de olvidarnos.



10. Otras Palabras

Habrá que inventar unas pieles,
otras pieles nuevas
que no tengan la memoria de la tierra
que puede recordar sus huellas.

Y habrá que inventar una memoria,
otra,
que no se desgaste ni sangre,
que no me recuerde que yo misma soy un lugar
a donde no puedo volver.

Habrá que inventar otras palabras
que no quieran herirnos de muerte
que no nos obliguen a pronunciarlas.

Unas palabras que puedan bautizarnos
con nombres que desconocemos.

Y habrá también que inventar otra nada
donde nadie sepa que existe esa palabra.



17. Quizás debimos concedernos el silencio

Quizás debimos concedernos el silencio,
regalarle a la palabra una tregua
para que se volviera canto
de una voz que sale de la boca
solo para darse a luz en otra.

Canto,
de cuerpos que se llaman
para que la vida
le ceda a la muerte un instante:
Deseo
inevitable de no ser borrados de la tierra,
canto de la sangre latiendo sobre la sangre.

Quizás debimos concedernos el silencio,
digo quizás, para que la certeza no venga a matarme.

Siento mucho que estas sean también,
solo palabras.

El poema necesario

El poema necesario
habría sido entonces
uno que comenzará en mi boca
para acabar
en tu cuerpo

Pero lo entiendo
aunque mienta
y me quedo con tus ojos
despojados de llanto
con todos los mares que brotan
de tu sangre.




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