lunes, 2 de noviembre de 2015

DAMIÁN LAMANNA GUIÑAZÚ [17.340]




Damián Lamanna Guiñazú

Nació en Buenos Aires, Argentina allá por el 85, se crío en Ramos Mejía y vive en Haedo rodeado de artistas que andan en bici y toman helado de la Flores. Se reconoce fundamentalista de Thom Yorke, Roberto Arlt y Juan Román Riquelme, de quienes afirma son tres de los mayores creadores de la historia gracias a su carácter ciclotímico. En 2011, sus compañeras poetas de rojoaloeste.blogspot.com le editaron un librito artesanal llamado Dormir en la espalda de la lengua. En noviembre de 2013 presentó “después de la superficie” por la Editorial Simulcoop, su segundo primer libro.




“después de la superficie” Editorial Simulcoop



obligaciones

de chico soñé que dibujabas
y escribíamos una historia larga
sobre ninjas que peleaban contra un cerebro
adentro de una cápsula

pero el micro caía a destino
y los animales nos esperaban
para arrancarnos la comida de las manos

(después no me atreví a los concursos
a ver si perdía)
por las dudas te solté la mano 
al final de una merienda, el golpe
con el nudo del buzo
te fuiste llorando
maricón, nadie
me enseñó cuáles son los pasos de estos versos
pero sí que el mundo se hace fácil
si se lo piensa fuerte

furiosamente en blanco




camino de cintura

hay cuerpos blandos
adentro del teléfono
llamo y venís
para sentir por un rato
todavía te gustan los hombres
de este mundo
hablamos de poesía
del amor que tenés por ella
y el padre sin brazos
que tanto te elogiaba las piernas
afuera se escuchan algunos camiones
golpes de metal que corren
por la sangre de los obreros
inventamos una precisión para tocarnos
en una cama que se hunde
y nos saca a flote
en la paranoia de la muerte
pero sin hijos

desde una copa
el hornero
inventa su mundo
a base de barro y agua
sin querer volverse un dios


*

la última vez
te habías sacado la remera
para pegar
y que te dieran
pero hoy te vi bajar del auto
en la puerta de un local
atrás de un cochecito
con un bebé todo rojo

traté de fijarme
si tu mujer
se parecía a ella
pero nada más le vi la espalda
me hubiera gustado decirte
que ese reloj te queda enorme
demasiado vistoso



tierra plana

te invité a pasar a la pieza
para escuchar que me odiabas

no fue la forma de tocarte
ni el olor de otro recuerdo entrometido
en la región más sucia de tus piernas
fue la palabra pieza
sus dos sílabas infantiles
como fragmentos de una totalidad
al borde del desmoronamiento

fue mi lengua de niño libre
el recorrido premonitorio
que partió del primer beso
se volvió tierra plana
y acabó en un túnel vacío
junto a los bocetos de tantos hijos


con que poblamos los rincones




Después de la superficie, de Damián Lamanna Guiñazú (Poesía)
Por Pamela Neme Scheij.


“No hay animal que no tenga 
un reflejo de infinito; / 
no hay pupila abyecta y vil 
que no toque/ el relámpago 
de lo alto, a veces tierno 
y a veces feroz”. 
Víctor Hugo, La leyenda de los siglos

Las realidades pueden rasparnos, adentro o afuera, en su polo positivo o en el más aparente negativo. Después de la superficie, primer poemario de Damián Lamanna Guiñazú, también raspa, aunque bien adentro y a la vez bien afuera de los seres y su medio, desde la metáfora más pura, al sentido más sensorial del verbo “raspar”. Editorial Simulcoop entendió este libro y le puso tapas con lija, lija ríspida, grabada bellamente, una raíz que sube, una flor que baja. El resto de los lectores debemos hacer ese mismo esfuerzo al leerlo, si deseamos entrar en la particular verdad de sus palabras. 

Mi idea de reseña supone inevitablemente la cita; entonces, aquí debería contarles mi perspectiva de Después de la superficie y anotar versos a modo de comprobación de mis dichos. Pero, ¿cómo se hace cuando todo te resulta indispensable? Leo, releo, subrayo, entro en un coma poético, releo otra vez y me asalta la idea de regalarles cada poema de las cuatro partes, incluso los grabados de las páginas que me atravesaron las retinas sin permiso. 

Entre la necesidad grandilocuente y las dudas, atajo la perplejidad como puedo y les cuento que de este poemario me impresionan ciertas miradas de pecho alto: 


“yo soy un pueblo lleno de limbos 
que por ahora no se calla 
lo que digo está enumerado en una pared 
lo que digo está adjudicado a una cosa
y una cosa es una fantasía errada
que puedo escribir en un abdomen 
o en el páncreas de una paloma de oro
pura superficie”. 


La intimidad, el objetivismo y la crueldad de la existencia en ocho versos. 


También, quedo en una sonrisa de goce con imágenes como 


“arrugado un río 
desde el ojo lleva paisajes
de sangre y nenes 
que antes jugaban juntos” 


o bien, 


“tengo miedo 
y esa canilla se empeña 
en desafinar sobre las horas 
podría cortar
todas las cuerdas
o despertarte con un beso 
de hierro en la entrepierna”. 


Este libro me reafirma que el sentir y el pensar no se divorcian y que las palabras, siempre y cuando ganen terreno al automatismo, como aquí se logra, pueden, conscientes de su potencia, hablar de las realidades que transitamos y encarnar esas realidades mismas. 

“El hambre (…) es ponérsela sin forro a una desconocida 
y después hacerle el amor a tu novia 
mirándola a los ojos (…) es el miedo a que tu mamá 
trabaje limpiando casas
un vaso amarronado en la cocina 
exclusivo para la soda tibia de tu propia limpiante (...) 
es usar la poesía para coger 
el hambre es usar la poesía
y tirarla y no sentirla nunca
pero hablar de amor en público”.



En los poemas de Después de la superficie hay células vivas, células llenas de intención y de conciencia de quién se es, o se puede ser; de lo que pretendemos al hacer los días, de lo que buscamos al decir como acción plagada del mismo consentimiento y desdén con que nos rasuramos zonas de nuestra piel, sabiendo que el vello volverá a crecer en el corto plazo.

No puedo poner fin a estos párrafos sin antes afirmar que Después de la superficie alberga uno de los más hermosos poemas que leí desde que fui alfabetizada. Les tiro el dato, se llama “Balance”.


Editorial Simulcoop.
Publicado en 2013.





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