martes, 1 de septiembre de 2015

NENA CANTILLO ATUESTA [16.966] Poeta de Colombia


Nena Cantillo Atuesta

Poeta cartagenera, sus textos han sido publicados en diferentes revistas y suplementos literarios de la costa colombiana y fuera del país. Colaboradora activa en la organización del Festival Literario off-off, Festival 2007, en Cartagena. Se desempeña en distintos oficios, ya que ha iniciado tres carreras que aún no concluye, ni concluirá. Actualmente adelanta estudios de producción de radio y televisión, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Cartagena, y trabaja en la preproducción de un proyecto cinematográfico. Hace parte del taller literario, La Urraka, de la Generación Fallida. Su producción poética y narrativa se encuentra recogida en su libro inédito: De princesas retorcidas y mujeres inconvenientes.

Nena Cantillo Atuesta es una poeta que sabe utilizar muy bien las líneas largas, también llamadas de poesía mayor en sus poemas. Y las combina con cortas, para facilitar el ritmo y la dicción misma del poema. Igualmente, utiliza una gran diversidad de ritmo de pies en unos y otros versos, con lo cual facilita la lectura y le da musicalidad rítmica a las líneas largas, muy lejos de ser prosa. En toda esta complicada dicción poética incorpora el ritmo anfíbraco, tanto corto como largo, con lo cual podemos escuchar el tambor ancestral africano y la danza de los pies poéticos, desde la superficie misma del poema, para enfatizar sus bien utilizadas imágenes y el mensaje de sus poemas. 




Retrospectiva

La estoy reconstruyendo,
está en aquel jardincito que más tarde desaparecería por un escupo de asfalto,
está triste
(siempre fui triste).

Está triste y se quiere suicidar,
a tan corta edad la vida ya le pesa a la niñita,
realiza su juego diario de haraquiri occidentalizado:
un plato, un tenedor y un cuchillo desechables
(esos desechables que sobraron de alguna lejana fiesta),
la cosa es que ahí está con las ganas del sacrificio
y la poca voluntad para pasar el cuchillo por las venas,
presiona el supuesto filo dentado contra la lánguida muñeca
izquierda.
Cierra los ojos para imaginar que por fin lo ha hecho
y sobre el plato ahora cae rauda y calientita
su sangre,
se le acelera el corazón
y esa tristeza se hace infinita en su pecho tan pequeño,
es entonces cuando la atormentan las ganas de llanto,
a la niñita de ánimo suicida una mano la golpeó,
abre los ojos
y descubre sin asombro que ha sido su hermano
(ese que hasta para saludar golpea),
para disimular, arranca hojas de las matas de croto
y comienza a picar una ensalada,
mientras la estelita rosada en la muñeca izquierda se va borrando.






¡Chiquita!

Si te hubieras visto en este ahora,
entre facturas y desamores,
no habrías vacilado en hacerte el favor
con un cuchillo de verdad.




Turrón de chocolate

Tú lo sabes, Raúl,
tú debes saber quien dijo: «Como hierba fui y no me arrancaron».
Entonces, ese árbol que te crece por la boca, con raíces enredadas en el cielo,
lo expresó mejor diciendo: «Como yerba fui, y no me fumaron».
¿Qué te diré de mí, Gómez Jattin?
¿Qué diré de la empleadita de BlockBuster,
la meserita de discoteca, la secretaria del corrupto, la impuntual, la madre soltera?

¿Ah?
Yo no podría decir: chocolate fui y no me comieron (mentiría)…
¿Me entenderías si te digo que me estoy derritiendo, y las hormigas me llevan de
a poquitos?
Y mi centro, Raúl,
ese centro líquido… ¿Quién lo probará algún día?






Princesa retorcida

No pretendas visualizarme idónea.
Las virtudes hace mucho tiempo las dejé a mitad de camino.
Estafo hombres incautos
vendiéndoles un romántico sueño virtual,
hombres de lejanas tierras
que terminan soñando noches apasionadas
con una cándida muñequita mulata y frágil,
hombres que lloran y maldicen
al caer de culo de esta nube,
al verse desfalcados y sin realizar su sueño de amor.
Ofrezco a los halagos de los lobos
mi falo invisible y erecto apuntando hacia ellos.
No es una sonrisa mi amor,
tengo delirio de hiena.
No pongas tu corazón en mis manos,
terminaré por hacerlo útil en mi descenso.
Como la aurora, la maldad aumenta en mí,
mientras te regalo una mirada dulce, analizo dónde te podrá doler más,
la vida es un excelente boxeador
y yo no he tenido más opción que unírmele en su oficio salvaje.
No indagues por quién soy.
Soy muchas y ninguna.
Digo verdades aberrantes con cara de payaso,
por ello nadie las cree.
Soy la princesa amada de mi Padre,
que se dice dueño de todo cuanto existe.
Y, sin embargo, permite que aparezca en DataCrédito.
Mira a otra parte si te doy la espalda y me contoneo.
No caigas tú.
Y por último:
no pretendas visualizarme idónea.






Colorín colorado

Y fueron felices para siempre.
Fin.
Y una mañana
cuando la miel de la luna se les había agotado)
se sorprendieron con el rostro hinchado.
Desgreñados
y con mal aliento,
a la princesa le aparecieron estrías,
un par de llantas y celulitis.
Ya no se interesaba tanto por
lucir de corsé y peinado súper chic;
olía a grasa de cocina
y se desvivía por la novela de las dos de la tarde.
El príncipe fue perdiendo gallardía,
por sobre su barriga crecida eructaba truenos a cualquier hora
y liberaba flatos letales en el lecho matrimonial.
Qué decir de su obsesión por las chicas de veinte
aunque le costaran casi el sueldo entero
y las lágrimas de la que una vez fue la princesa… ahora por cariño Mija.

Los grandes autores nos mintieron.






Carta a Laura

Los cazadores escasean.
Las caperucitas aún existen, solo que no se cubren de llamativo rojo,
Laura, prefieren descubrir el torso y echarse mucho lápiz labial.
Los lobos feroces abundan.
Frescos e incipientes. O viejos ya;
apoltronados en el piloto de sus carros carísimos.
De lobos, conservan la mirada, el diálogo y las intenciones.
Algunos huelen a Giorgio Armani.
Me ha tocado ver cosas…
… lobos con garras entrecruzadas, sentados desde el otro lado del escritorio,
observándola a una con mirada delatora, Laura.
¡Garantizando que el camino que señalan es el más fácil para llegar a destino!
–ellos no saben que cuando sonríen, solo distingues caninos y sus
ganas babeantes–
queda sonreír y creerse Scherazade.
Los lobos.



Antología de mujeres poetas afrocolombianas
Alfredo Ocampo Zamorano y Guiomar Cuesta Escobar







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