martes, 22 de septiembre de 2015

JO MI HEE [17.117] Poeta de Corea del Sur


JO MI HEE

Nació en Seúl, Corea del Sur, 1961. Reside en Buenos Aires desde 1991. Poeta, Traductora, profesora de lengua y literatura coreana. Graduada de la Seoul Cultur Arts University y del National Institute of KoreanLanguage. Publicó los libros de poemas: El eco colgado en la luna creciente(2008), Che Guevara y brownies (2015). Obtuvo los Premios: Asociación de Escritores Coreanos (2006), Overseas Korean Foundation(2007), nuevos talentos de literatura en ‘Peace Broadcast newspaper’, Corea(2008). Organizó el festejo de los 50 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Argentina y Corea(2012) publicando el libro de poemas. Organizó los libros Antologías de la literatura Coreana para el marco de los 50 años de la inmigración coreana en la Argentina(2015). Lectura Jueves 3 de septiembre de 2015 Sala León Benarós, 19 hs Mesa Internacional: Amarendra Khatua (India), JO Me-hii (Corea del Sur), Fredy Yezzed (Colombia)



Che Guevara y Brownies
de Jo mi - Hee
Editorial: Bajo la Luna
Publicación:24/07/2015 


La poeta coreana (residente en Argentina desde hace más de 20 años) Jo Mi-hee junto al recientemente publicado "Che Guevara y brownies" (traducción de Sun-me Yoon).



Bichitos de luz

Vi bichitos de luz,
vi estrellas que vuelan.

En una humilde noche de verano cargada de estrellas, 
una media luna dorada como un pan bien horneado
contemplaba desde lo alto nuestra cena
como si acabara de llegar después de ofrecer su mitad a alguien.

Después de poner el asado en el plato,
cortábamos la grasa que es como una confesión vana
y la pasión demasiado quemada,
cuando habló mi padre:
“Miren junto a la luna. Hay una estrella que brilla y luego desaparece”.

Esa noche cinco pares de bichitos de luz sobre la mesa
fueron cortando y comiendo a trozos las palabras de mi padre
mientras esperaban la estrella
y limpiaban el camino de la media luna.



Las escamas del pez de madera

El ayer y hoy se quitan la piel
y tiran a la basura una bolsa llena.
Es el peso de anotaciones imposibles de reconstruir.
Cuando pusieron contenedores más altos que un niño en cada rincón del barrio, las escamas atrofiadas de la ciudad comenzaron a ponerse nerviosas.
El enorme contenedor de basura
que se traga la última cucharada de comida es el almacén de provisiones de la tierra.
Después que el botellero se lleva los peces más grandes en una red rala,
un niño colgado de una carreta saca las botellas vacías usando su cuerpo como red y los ojos del mochilero miran de reojo entre la pobreza y la vergüenza.
Atardece en el orden silencioso que lleva la sangre hasta los nervios periféricos de la urbe.
El contenedor es un criadero de peces de madera de tamaño no reglamentario.
En los dormidos dedos de los pies de la ciudad
los últimos rayos de sol forman un charco.
Esa fuerza capaz de abrazar ese olor que no es de perfume
viene del pecho vaciado del pez de madera.
El contenedor con su tapa de nube que se abre y cierra como un rumor enorme
es un manantial que crece cuanto más se derrama.
¿Seguirá Evita ajetreada dentro y fuera de la pobreza?
Si tenemos algo que vaciar es porque estamos vivo.
Ahora me urge buscar algo más para tirar.



Trátese con cuidado

“¿Por qué me tratás de vos? Yo también tengo más de cuarenta...”
Una mujer que cruzaba el umbral de esta edad se tropieza con las palabras.
La madurez se deja tentar fácilmente por el tuteo y las palabras.
A veces el corazón
es una esquirla autodestructora
que se quiebra fácilmente y se incrusta profundamente. 
Las palabras afiladas suenan a un golpe de gong largo y quebrado
y sufren del síndrome defoliante de atacar su propio cuerpo.

¿Qué temperatura tendrán las palabras vivaces que no se rajan?
¿Si se meten en la incubadora las palabras nacidas con bajo peso
crecerán regordetas las células de baja temperatura?

Sentada en una cafetería al aire libre
me estoy encontrando con el día de Van Gogh,
pero la cuarentona da vueltas alrededor de la taza subida a una calesita.
¡Qué le voy a hacer!
Es mi culpa por haber escuchado sus palabras.

Los ángeles siempre aparecen con sus alas escondidas.
Una chica rubia a la que le quedaban bien los vaqueros
pasa vestida con las palabras
que justo estaba necesitando.

En el pecho dice:
“Fragile”
y en la espalda dice:
“Handle with care”.



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