sábado, 19 de septiembre de 2015

CÉSAR MUÑOZ GARRIDO [17.097]



César Muñoz Garrido

César Muñoz Garrido (Chile, 1919 - 1983). Poeta, autor de “Odisea del hombre y su esperanza” (1943), “Romancero patriótico” (1944), entre otros.






Odisea del hombre y su esperanza
Autor: César Muñoz Garrido
Santiago de Chile: Millantún, 1943



CRÍTICA APARECIDA EN LAS ÚLTIMAS NOTICIAS EL DÍA 12 - 09 - 1943. AUTOR: RAÚL CUEVAS

Bajo la dura marea guerrera, florece la poesía empapada en lágrimas y sangre. Tal es el Canto de las Naciones unidas que ha creado un poeta joven de Chile: César Muñoz Garrido, cuyos acentos tienen vibración suficiente para extenderse como clarín de Vitoria, por todas las naciones de habla castellana.

Pocas veces habíamos asistido al nacimiento de un poeta de tan poderosos dones creadores y tal fuerza de emoción. Todo el libro está empapado en sangre, en lágrimas y es hermoso y claro y diáfano, como una alborada. Internarse por sus páginas, es ir al encuentro de la belleza de los más altos conceptos por los que lucha hoy la Humanidad contra la barbarie totalitaria.

Poesía de lucha y desgarramiento. Poesía amasada en barro humano y en clarear de esperanzas. Bastaría solo mencionar algunos de sus versos para ver cómo este poeta ha sabido ir por los caminos de la lírica, con la lámpara afinada de claro aceite y con acerada pupila. Toda esta “Odisea del Hombre y su esperanza” que ha aparecido hace pocas horas, es un ferviente grito de lucha y de belleza.

Desde aquella su canción gloriosa del río Yang Tse Kiang, “el mandarín de espuma desbordante”, que es un canto apasionado a la heroica China, donde “rugen tus bosques de elefantes mutilados – arrasan tus ciudades de azules laberintos – derrumban tus aldeas de mimbre y de palomas”….

Es la poesía vibrante de los días que corren, teñida de sangre, mojada de la tibieza de los soldados que caen en la lucha por la libertad del mundo, trémula del llanto de las madres, palpitante de la presencia de “las novias, azules herramientas del alba”. Aquí están los que luchan en la carnicería actual y los que yacen confundidos en polvo, olvido y metralla. Pasan aquí los estudiantes de Checoslovaquia, devorados por los fusiles criminales de Hitler “enteramente erguidos por las universidad sin fin del horizonte”. Aquí también está la Polonia mártir “claveteada de angustias, y aun deslumbras bajo el madero inolvidable”. No todo es duelo, masacre y aberración parda: hay el canto de esperanza creadora del hombre que avizora mundos de claros metales y rostros de porcelana.

Y es en su Odisea Triunfal a Gran Bretaña donde aparece el fervor de naciente espiga para alimentar de fecundo pan al mundo: “Inglaterra de la azul aventura – Inglaterra la rubia vigía de los mares, capitana del viento y las golondrinas – las arengas de Ulises, navegan por tu sangre”.

Y sigue el canto su rodar de río tumultuoso: 


“Y en el timón de la historia  
con su estrella civil a la vanguardia 
Churchill, el marino”. 


Toda la Gran Bretaña, con sus islas y sus dominios, desfila en organizado collar de versos por la voz emocionada de este poeta, que suplica a las “Campanas de Westminster ¡llorad por los grumetes!”

El canto recorre el haz del planeta y recuerda a todas las naciones caídas bajo las garras del totalitarismo, como a doncellas que su hora de libertad aguardan de la heroicidad de los actuales combatientes. Y también está su segunda parte: “Estructura del hombre”, biografías líricas de Stalin, a quien “más de un amanecer le debe el mundo”; de Churchill, “de cuyo acento renace en los hogares – la levadura de los siete mares – para amasar el pan de cada día”, etc.

También llega la hora de maldición y condena. Y desfilan los nombres de Hitler, a quien “amamantaron las putrefactas hienas”; Hirohito, con “su mirada oblicua y sus ojos roedores”; Mussolini, “el aserrín petulante”. También está su vaso amargo para los traidores: Franco, Laval, Pavelich, Quisling.

El poeta remueve los extremos del mundo, alienta a los muertos para un renacer de victoria, prende cohetes de fiesta en las bayonetas infatigables contra la sombra totalitaria. Y termina su canto con palabras emocionadas y claras: “Oh, Patria mía – llevemos nuestra estrella solitaria – a los soldados caídos de la libertad – de trinchera – en trinchera”.

Libro amplio y grande para los días presentes, para el dolor y la esperanza de los actuales calendarios. Buen sorbo de poesía llena de júbilo el alma.



Odisea del Hombre y su Esperanza, por César Muñoz Garrido


CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1943-12-26. AUTOR: JULIO MONCADA

CESAR MUÑOZ GARRIDO, lanza su primer libro a la temprana edad de 22 años. No es que en estos tiempos importe mucho la edad. Actualmente, la vida se computa por años sufridos, trabajados y amasados generalmente con las más íntimas fibras de los autores. Pero, lo importante es, en este caso, que un muchacho como el que nos preocupa, escriba un libro que es un canto a la humanidad, escapando al círculo vicioso que generalmente coge al autor en su primera obra, impulsándolo a girar incesantemente en su mundo recién descubierto.

Porque sin duda, esa impresión de abrir de improviso los ojos en una tierra recién creada, es en la adolescencia, maravillosamente reconfortante; singularmente hermosa, invitando a hablar de ella y a construir con ella un mundo, que el autor imagina que nadie conoce ni ha sentido nunca.

Este libro, “ODISEA DEL HOMBRE Y SU ESPERANZA”, escapa al canon establecido. La inquietud social, impresa en todos sus poemas, le entrega calidad definida. Y, lo verdaderamente satisfactorio que lleva en sí este libro, es que en el poema de fondo social, de intención social, se encuentra la armonía estética, que da al lector la impresión de una obra bien hecha.

Muchos comentarios se escuchan sobre la falta de madurez del libro. En realidad, es difícil pedir madurez desde luego en un autor de veintidós años, y muchos más, dentro de este resbaladizo terreno del poema social, en el que si no se encuentra el equilibrio justo entre la forma y el fondo, se corre el inmenso peligro de caer en la proclama política o en el aguado charco del “poema puro”. César Muñoz Garrido encontró este equilibrio. Su poesía reúne condición poética, sensibilidad, dominio del léxico y conocimiento del tema. Parecerá extraño que hoy día se hable de estas cosas. Pero, como en la realidad la situación exige –ya una revisión de valores, es conveniente anotarlos con sus condiciones para saber en el futuro cuál y en qué, dónde, se encuentra el poeta en función de tal.

Saludamos al compañero César Muñoz Garrido con alegría, y creemos que no ha de faltarle estímulo para continuar un camino tan excelentemente comenzado. A no dudarlo, su libro llegará a las manos del pueblo que entiende este mensaje de poesía convertida en fusil al servicio de la causa universal de la cultura, el pan y la libertad.

Mejor destino, es difícil que pueda tener.









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