martes, 9 de junio de 2015

RITA GONZALEZ HESAYNES [16.221]


RITA GONZALEZ HESAYNES

Nació en Azul, Argentina en el mítico año 1984. Pronta a egresar de la carrera de Letras, enseña idiomas, traduce por amor y ofrece su pluma al mejor postor.  ¡Oh mitocondria! es su primer libro publicado.


El amante suplica una gracia

apártate de las garras de las cosas
y ven a posarte aquí en la ventana
como un ave jurásica
esbelta y solitaria
ante esta misma lluvia
que tantas eras hace
enjoyaba las rocas con idénticos átomos

mira las alturas como has mirado siempre
los domicilios de los hombres
los palacios de los himenópteros
la arena multicolor en la tormenta

háblame
transfórmame
quiero que me conduzcas
a la sabiduría
cuéntame de la lluvia
de la enredadera que se niega al verdor
de la destrucción y la creación
y el nuevo orden mundial
y el precio del platino en occidente
pero sobre todo de la lluvia

cada gota se arroja
de la masa imprecisa de los nimbos
para recordarnos nuestro amor absoluto

hemos cambiado sin vergüenza de pieles
nos hemos enlazado a través de los ciclos
con todas las gotas de este mundo
es preciso acordarse, avezuela jurásica
de los días antiguos
de la lluvia sagrada que conoce
los nombres sempiternos

apártate de las garras de las formas
aprende a comandarlas
como el tiempo y el ciego
con la palabra dulce del amante
que suplica una gracia

enséñame las técnicas secretas
para enjoyar las rocas
en las sendas mundanas

sobre el pueblo tu sombra se proyecta en el cielo
reconozco tus ojos en la lluvia

tantas veces seremos una esfera imperfecta
girando en el espacio
y tantas veces no

observa con fijeza el ojo único que me brilla en la frente
que se mire a sí misma la lluvia y el planeta
y el astro y la materia oscura que llevamos a cuestas

recordémonos como siempre hemos sido
arenilla que el océano criba
fundida y refundida
en el tibio crisol de los terrestres
en jarrones y copas y ventanas vivientes
cristalería proteica que refleja los soles
recipientes mortales de la lluvia



La cena de los monstruos

Esa noche vinieron los monstruos a buscarme.
Les destrocé la tráquea y los fui amontonando
en un trance salvaje en la cocina.
Afilé las cuchillas, despellejé los cuerpos
y herví su carne en grandes ollas grises.
Por las habitaciones circulaba un aroma
siniestro y delicioso. Sobre un mantel a cuadros
con cubiertos de plata los devoré en silencio
y fueron agridulces los bocados, lo juro,
algunos tenían sabor a viaje y a trofeo y a brote,
otros a grillos muertos y teatros vacíos
y todo lo comí, como si no hubiera
otro pan en el mundo.

Porque acaso no haya otro pan en el mundo
que los monstruos.



Cuento de hadas

“Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?”
J. W. Goethe – Der Erlkönig

Cuando era niña solía correr detrás de los conejos
Abandonado el libro sobre el césped silvestre,
corría con mis demonios siguiendo a la aventura
con la mente absorbiendo cada hectárea de bosque, cada lirio entreabierto
Detrás de los conejos y detrás de los lobos corrí cuando era niña,
los vi devorarse en las encrucijadas y entendí que era bello,
salí con mi canasta en busca de una réplica
cuando hubiera bastado apenas un espejo para reconocerme
No me faltó crueldad ni amor por los puñales:
cuántas veces entreví mis zapatos empaparse en un charco de linfa
saltando la soga del ahorcado,
pisoteando el velo de un ensueño nupcial
Recorrí países imaginarios en un carromato de gitanos,
países terrenales en convoys con baulera y aire acondicionado,
me encerré en la ciudad con vidrios de glacé
esperando que una bruja caníbal o algún príncipe anfibio
succionaran el opio de mi aorta hechizada.
Incluso la demora se ha tomado su tiempo
Extraño a los conejos. Aúllo con una garganta de medusa
ahora que estos tobillos no saben conducirme a ningún sitio
ni siquiera a una caverna roída por el musgo
lejos de los candelabros y las melodías cortesanas
No acudirá Tristán a esta gruta de parquet y tubos fluorescentes;
es preciso danzar ante el coro de todos los amantes traicionados por reinas
hacer llover la bilis de los muertos rugiendo entre las llamas
con mis manos cadavéricas que se aferran aún a los columpios,
a las habitaciones de la infancia donde una cuna tiembla
y asciendo por los aires hasta verme dormir sobre una almohada tensa,
rígida de la sangre de las madrastras de los cuentos y las heroínas de tragedia,
el lenguaje inhumano de las fábulas carcomiendo la alfombra,
los ojos de los osos,
el odio de los genios,
las manzanas mordidas brillando entre las lápidas tejidas por la sífilis,
las agujas narcóticas hilando sin cesar su red para hedonistas,
una sirena ahogándose en el living,
gigantes encadenados a su tosca avaricia,
el abrazo final de Madre Nieve,
este disfraz de plumas y alquitrán que me seduce desde las pasarelas,
este cabello que crece como la hiedra en torno a mi rascacielos de marfil
Hay un cuerpo que duerme y no ha cumplido su quinto aniversario,
-una muñeca de trapo, de desechos ancianos y galaxias extintas-
que se asemeja a mí remotamente. No había aprendido todavía
la postura del cisne; me bastaba graznar con entusiasmo
cerca de los estanques, pidiéndole al rey elfo que me lleve consigo
al corazón de la tormenta
¿Quién reposa, ella o yo, en un lecho olvidado,
en una camilla ciega, en una celda tapizada de leones?
Cuídense de estos ojos plagados de chacales,
estas orbes custodiadas por garras y arenas movedizas,
no pregunten qué duerme en la canasta de incitante vaivén,
a qué sabe esta carne de princesa difunta
Sigo un rastro fantasma de migas de pan,
orejas de caballo, las entrañas de una criada húngara
derramadas tantas centurias antes de mi nacimiento
Lúcida o sonámbula, si he de transcurrir
que sea persiguiendo a los conejos,
besando a los dragones,
compartiendo con lobos el vino de las hadas
antes de que ella despierte y yo desaparezca para siempre
entre las calabazas.


Lo que pasa en el viaje

Peregrinemos a la ciudad sagrada
dijiste, y juntos emprendimos
la marcha por la flora fabulosa del puma
y el camino que ondula sobre el risco.

En la vieja, viejísima montaña
contemplaste el imperio absoluto, no del inca,
no de la piedra hincada por el hombre
sino de la maleza y de los vientos.

Eras una figura majestuosa
contra el vuelo del día.
Todo el brillo del mundo entre las cumbres.

Descendiste veloz para postrarte
en las torres del templo abandonado
y comprender la lengua de los dioses.

La distancia te fue empequeñeciendo.

Muy pronto se adueñaron del aire
y de mis ojos los cóndores.



LO QUE PASA EN EL CIELO

Vuela el pájaro y trae la muerte que viene del cielo.
aterriza el meteoro y trae la muerte que viene del cielo.
Nunca ha existido salvación,
comprendieron quizás los dinosaurios antes de extinguirse.
Miles de kilotones y milenios más tarde,
Sophie levantaba los brazos hacia el blitz en Whitechapel
como rezando entre luces navideñas,
entre petardos cada vez más feroces:
al amanecer todo el barrio un pesebre
donde la niña destrucción se presentaba al mundo.
Alguna vez el Sol va a tragarse la Tierra,
nada más natural hay en el cosmos.Si hay salvación
es la del cedro que reconoce sus vetas en la viga.
Lleno de sangre está el pájaro radiante
que sobrevuela para siempre Hiroshima,
lleno de posibilidades su graznido,
su mierda fungiforme, su prole de leucemia.
Prolifera en secreto el ave roc,
en Pakistán sus ojos, sus ojivas en India,
o el pájaro trueno de New Mexico
que ruge su atómica amenaza
en las profundidades del desierto
hacia todos los frentes extranjeros.
Vuela el dragón y trae la muerte
en canasta de llamas;
era sabiduría popular en tiempos
de la espada y de la hoguera.
Como brotes de magia acaecían las piedras,
las antorchas, las flechas encendidas
sobre las murallas, la maldición mecánica
de las catapultas y no llovía más que angustia
en los graneros. Tan hermosa, tan cruel es la llovizna.
Tantas balas llovieron sobre Bélgica
tanto napalm sobre los vietnamitas
tanto pesticida en el cereal pampeano
tantos cañonazos sobre la Costa de Oro
tantas manos tiznadas de esperanza
elevamos frenéticos cuando el peligro acucia.
Dicen los textos considerados santos
que cayó azufre ardiente en Sodoma y Gomorra
y el Diluvio aniquiló a las criaturas hijas del amor
y del instinto. Será que nunca ha existido salvación.
El dromon bizantino condenaba al infiel
en un incendio químico y aún hoy
los mesiánicos drones liberan sus Hellfires
sobre la piel del Islam
Vendrán desde la altura las langostas, los enjambres robóticos,
la inmigración marciana, los dioses ancestrales cefalópodos aliados en su hambre de un trozo de planeta,
sin contar el granizo, el huracán,
las tormentas eléctricas sobre las torres telefónicas
los vuelos kamikazes sobre las torres corporativas
Todo lo acontece sobre la bestia humana
la que dá a luz y ríe y pela una naranja
la que contempla aterrada su destino
y alza la vista hacia la divinidad incomprensible
de la muerte.
Vendrán luego los cuervos y microbios
a actualizar la biósfera transformando felices
nuestra carne en arbustos de frutos amigables ,
en el nogal que extiende, como Sophie , sus brazos hacia el cielo,
en sus nueces y en la ardilla mutante que devora las nueces,
en cada camada mejor que la anterior,
mas precisa, más hermosa de la hermosura verdadera.





En el laboratorio

Dice el biólogo
El microscopio me acerca al paramecio
las algas azulverdes
una comunidad entera de bacterias
que en la placa de Petri saludan a mi ojo.

Dice el protozoo con su voz silenciosa
Por el microscopio veo, pequeñísimo
un disco que se abre y que se cierra
que me contempla y acaso me comprenda
como un hermano separado al nacer
a quien reencuentro tantas eras después
tantas mitosis.



Tercer padre

en todas las familias hay milagros
y secretos funestos

incluso en ocasiones son el mismo

de tres padres nací
de papá, de mamá y del niño muerto
que duerme en la maceta del jardín
profundamente

ese hermano mayor
me acompañó sonriente
al umbral de la vida
como si hubiera ido
a un aeropuerto oscuro
a despedirme

había solo un asiento
en el ferry del mundo
y él dejó que yo, la hermanita
se sentara
y observara las nubes
el vientre fabuloso de mi madre
los perros en el pasto
los tractores

¿quién tuvo que quedarse para que yo naciera?
hace ya tanto tiempo que no estamos en la misma estación
hace ya tantas vidas
pero aquí nadie más ha de conocerlo
y nadie sabe cómo alzaría la vista
para ver los aviones
ni con qué decisión se abriría paso
en las calles terráqueas
ni con qué exacto método
comería su manzana

hija soy de los vivos y los muertos
y en mí cantan
todos los átomos que soltaron sus manos
de la gran ronda cósmica
para integrar el cuerpo que les habla

no me esperaba el río caudaloso
no me esperaba el trueno
no me esperaba el cura que me ungió
con aguas consagradas
yo misma no esperaba las caricias del aire
la traición de la isoca
el guardapolvo blanco contra el frío
la desnudez al borde de las lámparas

era a él que esperaban

de ese tiesto donde yace enterrado
brotó un tallo
y más tarde las hojas
aletearon al cielo
para sorber la luz

en ese arbusto terco y diminuto
contemplé desde niña la fuerza de mis brazos
dichosos con sus bíceps y epidermis y venas
y lo supe mi hermano

y en el embrión disuelto
en el lago de tierra
donde esa planta hundía sus raíces
vi a mi padre, el tercero
que recorre sonámbulo
pasillos de aeropuerto
de un universo trunco
para que yo cantara
entre los vivos.




Aria

levántate, amor mío
ven a la ventana
mira caer la lluvia sobre el pueblo
escucha estremecerse el ramadío
canta con todas las criaturas
el aria de la vida
déjame asir tu mano
es corto el día
pronto se aquieta el pájaro
una oscura fragancia se apodera del mundo
alguna vez contemplamos un rostro
y comprendimos la hondura de la muerte
el rostro del estanque
el rostro de esta lluvia
tu rostro entre los rostros todos
ninguno de nosotros ha de perdurar
y aquí tras la ventana
la eternidad entera se desnuda
para quien tenga los ojos del eterno

tantos cristales hemos fabricado
tantas lentes complejas
tantos caleidoscopios y vitraux
para filtrar la luz ilimitada

incluso entre nosotros
se levantan ventanas, amor mío

qué más puedo decirte
acércate, levántate
mira caer la lluvia
con violencia en el pueblo
y más allá silencio
y más allá galaxias
y más allá una oscura fragancia
se apodera del mundo
en todas partes está la eternidad para el eterno
y nosotros apenas una lluvia que cae
para el amor que observa en la ventana

qué angustiosas y bellas nuestras vidas
las historias, las artes que apañamos
para declamar nuestra existencia
–ah, la magna ironía–
qué más puedo decirte sino
ven, acércate, amor mío, a la ventana
mira caer la lluvia sobre el pueblo




En el museo, alguna tarde

“Decía Bernardo de Chartres que somos como enanos a hombros de gigantes.
Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por la agudeza de nuestra vista
ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura.”
Juan de Salisbury - Metalogicon


Quién no ha visto a los muertos
caminando las calles
reales como el viento
las ratas
el deseo
leyéndonos sus versos
recitando sus fórmulas
constituyendo el mundo leyenda por leyenda
molécula a molécula
de nitrógeno y selva y cálculo avanzado

Quién no ha mirado a muertos fijamente
quién no llama a sus muertos por el nombre secreto
o recorre el museo sombrío de las horas
donde todos los trayectos convergen
en los pasos sencillos que damos sobre el mármol
como si fuera esta la niñez de la historia
y los bustos magníficos en sendos pedestales
nuestros contemporáneos

Acaso nadie entienda de milenios
ni siquiera los muertos
que se apilan en largas escaleras
hacia nuevas alturas
del horror y la gloria
bajo la misma lluvia
y los mismos cometas
pero es veloz el ciclo
y el vibrar del insecto en la ventana
son años para el joven
que cifra la esperanza
en sus esfuerzos

Estos son los salones del silencio
del pescador y el jeque y la ladrona
Ninguna de las voces ha de repetirse
en este antiguo coro
Todos los viejos rostros nos contemplan sin ver
todas las viejas bocas se detienen
ahora en nuestro tiempo
mientras la sangre fluye todavía
y la corriente eléctrica anima nuestros huesos

Nos abrazan los muertos encendidos
como al místico la revelación
y es tan amable el fuego que los hiela
pero cuántos secretos encierra aún el día
qué repleta de asombro la ciudad
cientos de grutas
despliegan a lo lejos sus encantos
y nos esperan rabias
y fiestas y palabras extrañas
a la luz de la noche
y solo en nuestro nombre
suenan las canciones
y nunca más los cuervos de la dicha

nos comerán los ojos.






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