lunes, 1 de junio de 2015

MIGUEL NUÑEZ MERCADO [16.168]


Miguel Nuñez Mercado 

Nacido en Limache, en 1956, Chile, Ha obtenido variadas distinciones literarias en certámenes de carácter regional y nacional. En esta su primera publicación individual, aunque parte de su obra. Ha sido difundida en numerosas revistas y periódicos.



Lapsus Linguaes


1

Nota dislocada
De la sinfonía del silencio


2

Por las muertes que juntos viviremos.


3

¿Quien traduce
Los idiomas del navío
Bajo el parpado del agua?


4

Es el invierno quien desgrana
Una espiga pluvial
Sobre mi pecho


5

Pero el menstruo
Aun no alcanza
La estatura de la espiga





Papaver somniferum

Quien urde la trémula
Hebra del asombro
Ante las estatura bermellón
De las copas?
Que fuegos encienden
Las silabas del vino
El ramo de la sangre
En su esplendor unánime
De menstruo y cuchillada
En un relámpago perenne
Desde las venas copas
Viudas de los besos
Hasta los besos viudos
De las bocas?

En que fuente encarnada
El corazón se inunda
Y cantando desemboca
Por el hueco de las mangas?





Hastío

A estas horas
Cuando cuelga suicidada
La ampolleta del cordón
Le hago un nudo ciego
A la memoria
Y cuento con los dedos
Lo que resta por vivir.






Inocencia

Cuando mi padre dijo
Tomándome las manos
Que partía al paraíso
Pensé que el no podría
Ir a parte alguna
Porque el paraíso
No existe en los mapas.





Pilatos

Y aun las granadas
Me paren de improviso
Entre las manos
Y me atorgan fatalmente
El bermellón de sus sonrisas.






Afiche

A Armando Rubio, poeta

No son sus zapatos roncos
Subiendo la escalera
Los que golpean el corazón
Tendido y solo de mi pieza
Es la jerigonza de la muerte
Que descifra el vuelo
De un pájaro roto de una estrella
Y hay uno más en la pared
De los muertos con que habito
Esta vez es Armando,
Descolgándose al vacío
Desde el sitio exacto
De una hoja ausente.





Cuando de Chile

Cuando otra vez
Tus ríos purpurinos
Mojaran la geografía
De tu alma
Saciando la sed
Del árbol seco de tu vida?





Consigna

Libertad
Para los pasos sometidos
Al cautiverio de los ecos





Compañera

A Jacqueline

Mas mi incierta vida
Fuga de vuelos y pájaros
Vacío la cuenca húmeda
En la silueta de sal
Y entre los destellos
De mis diáfanos caudales
Desde las sombras torturadas
Te descubrí yo
Inevitablemente yo.





Hiroshima

Ya no quiero más
Noches de azor sobre este vuelo
Solo quiero ser el sitio
Que asalten las palomas
Huidas de las arcas.





Más allá

A Oscar Noguera

No es caer
Bajo las fauces de la umbría
Como un derrumbe de ojos
O uvas rotas

Es caer y levantarse
Es desplegar toda
Tu envergadura de cadáver
Por sobre el hilo exiguo
De la muerte.



Nota de Fedor Emisch:

Miguel Nuñez Mercado, joven creador de la nueva generación de poetas, Nos trae su palabra enérgica a concebir situaciones de índole existencial Y de una dilatada mística en su relación con la poesía.





Un Puñado de Palabras 
para Carlos HERMOSILLA ALVAREZ

No sé cómo, cuándo, ni dónde.
Seguramente en Valparaíso, su enloquecido "Pancho",
huérfano desde entonces
de Carlos Hermosilla Alvarez,
el más niño de los grabadores del Reyno de Chile,
desencarnado apenas a los 85 años.

Antes que este cielo de octubre se me venga al suelo
necesito recordarlo con este puñado de palabras
porque la memoria es frágil con el ausente,
más cuando el silencio fue su mejor huella
de su paso por estos puertos.

Leí, con él, a Walt Withman en su propia lengua
que es como besar los labios del viejo loco y lúcido de Manhattan,
la única y legítima Estatua de la Libertad de América.

Con eso bastaba y sobraba –decía- para comprender el mundo.

Carlos Hermosilla pasó por este lado de la trama
sin meter más bulla que el encendido de su pipa.

Para él no habrá monumentos, plazas, ni avenidas,
ni discursos con palabras huecas que no dicen nada
y que tampoco escucharía su corazón de marinero
sordo ya de travesías y temporales.

Quedan sus cuadros que destilan la tinta negra de su ausencia
y que respiran todo el aire de otros tiempos
que aún guarda muy fresca la memoria.





Me confieso Padre

Yo fui, Padre, quien enterró la espiga de oro de Justiniano, y su canilla, debajo de la nave principal de la Iglesia de Lourdes.

Sólo lo saben las palomas, que aquel día llegaron, como nunca, a pararse encima del campanario.

Sólo ellas me vieron cuando sellaba la abertura, mientras entonaban un cucurrucucú que todavía no puedo sacármelo de la cabeza.

Sólo ellas lo saben, y ahora se lo cuento, Padre, y usted solamente me dice que estoy huevón.

Y, yo le digo, pregúntele a las palomas del campanario, aunque ellas sólo saben decir cucurrucucú, de día y de noche y, yo, Padre, ya no duermo.





Hugo GOLDSACK

Acompañé al Maestro desde el mismo instante de su llegada a esta ciudad, linterna en mano y a pleno sol por Serrano y Urmeneta, en medio de la risa de los comerciantes y el estupor de los policías.

Mientras duró su visita jamás descuidé mi sombra para no quitarle el sol y estuve siempre atento al fuego de su lámpara.

No fue larga su estadía entre nosotros y una noche lo acompañé hasta la estación de los ferrocarriles.

Allí, me abrazó con fuerzas y apagó su lámpara que puso entre mis manos. Yo le dije: "Maestro, por qué lo hace" y él me miró, sonriendo, y me dijo: "Hijo mío, ya no es necesario".

Entonces, lo vi alejarse, caminando lentamente, por uno de los costados de las vías.





Autobiografia

Hay quienes piensan que el nacimiento de Mesías se debió a un descuidode Dios al no atender la Ley de Ogino-Naus.

Otros creen que fue una jugada sucia de los ángeles disidentes,cansados del poder omnímodo y de la infalibilidad del Hacedor.

De otro modo no se explica su alumbramiento, bajo el cielo protector de las samaritanas de Santo Tomás de Limache, que dejó con la cara larga a las parteras de la zona y a un trío de extranjeros que seguían el paso del primer "sputnik" por el cielo de la ciudad.

En verdad, nadie se lo explica claramente, aunque los cronistas de la época describen a Mesías "como el más semejante a Dios, entre los nacidos aquel año".

Aún se recuerda, según Saint John en las páginas del "Gospel", "por la abundancia en las cosechas, la suavidad del clima y otros misterios del cielo y la tierra, que han sido imposibles de dilucidar".





A veces, por las noches

A veces, por las noches, siento el ruido del mar.
Sube las escalas del río y llega hasta mi casa.
Me levanto descalzo y le abro la puerta.

Se sienta en un sillón y descansa.
Me habla de locas travesías y naufragios.
Yo lo escucho como sólo se puede oír al mar:
Mirando la enorme inmensidad de sus ojos.

Me dice que hay miles de muertos en su lecho.
Que no dejan de mirarlo desde el vacío de sus ojos.
Aunque no hablan, sabe que piden que los liberen de su mortaja de aguas.
Piden justicia y quieren volver al lugar de los que aman.
Decirles al oído el nombre de sus asesinos.
El mar dice que, algún día, los lanzará sobre una playa.
Que se levantarán y caminarán hasta sus casas.
Que besaran en la boca a los que aman
Tomarán el té a la hora de siempre y saludarán a sus amigos.
Se sentarán en un sillón a contar pequeñas historias de travesías y naufragios.

Volverán a ser tan felices que olvidarán hasta el nombre de sus asesinos.
Entonces, ya nadie escuchará el ruido del mar, subiendo las escalas del río.
Ni nadie tendrá que levantarse descalzo a abrirle la puerta.






Reflejos

No eres tú, Zenón de Elea, en los espejos
Ni el rápido Aquiles, pies alados sobres mis sueños,
Sino yo, viejo, triste y cansado, a los 51 años






Graffiti

Ninguna calle llevará mi nombre
Lo dice en sangre mi boca muerta,
Mis ojos tristes, mi mano inmóvil sobre la mesa.





Padre

Debo partir ahora mismo,
mi padre me espera.

Alfajores de leche y miel,
dulces de La Ligua, Chilenitos habrá en su mesa
y yo beberé Agua de Culén y Pepsi Cola
hasta saciarme.

Nada faltará en la casa de mi padre,
su morada es como un día domingo
con tortas de chocolates y cornetas de cumple





Rito

Pongo
A este cielo de zinc
Como testigo

A Gardel
Y a Razzano
En la victrola

A esta sangre
El vaso
La Botella

A este ojo
De luz encima
De la mesa





Verne

Los ojos
De mi infancia
Se despueblan.

Se salen
De su órbita
Y su agua

Hay un sol
En las palabras
Que deslumbra

Un sol
Que nace y muere
En medio de las páginas






Pagina en blanco

Ninguna calle
Llevará mi nombre

Lo dice en sangre
Mi boca muerta

Los ojos vanos

Mi mano Inmóvil
Sobre esta mesa






Hotel ALMENDRAL

El único ojo entreabierto
Es la ventana

Valparaíso Asoma
Su pupila negra gime

Pecho pájaro anida
En los reveses de las sombras

Pequeño rincón del mundo
Guarida de luz y fuego

Donde la lluvia
Es una hembra inconsolable





Para Luis CONCHA RAMÍREZ

Te traigo este puñado de palabras
Hasta la tierra que te ampara
Un poco de aire movido por mi lengua
Que escarbe hasta el fondo del polvo hasta tus huesos
Y te desexilien del territorio
Del silencio que ahora habitas.

Que tus oídos escuchen mis voces
Como antes
Cuando soñábamos con cambiar el mundo
Acodados sobre el hule de las mesas
Ante un sol rojo que nacía de las botellas
Y que se repetía -interminable y pequeño- en los vasos

La esperanza, entonces, nos cabía en el hueco
De una mano
Y tenía el color de las uvas

La noche era testigo
De los latidos de los relojes
Y de nuestras risas que espantaban las luciérnagas
Nuestros corazones eran dos "spútniks" que se elevaban hacia el cielo raso

Hermano, partiste tan temprano
Antes que la noche deshiciera sus magias
Y el fuego del verano madurara las uvas

Estoy aquí para decirte que el silencio
No ha apagado tus voces
Que tu recuerdo es más cierto
Que mi rostro en el fondo de un estanque

Que esta palabras profanen la tierra
Que te guarda
Que te horaden los tímpanos y las guarden tus sesos.

Algún día volveremos a encontrarnos
Y acodados sobre el mantel de una estrella
Nos beberemos el sol




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