jueves, 18 de junio de 2015

MARTINA PIERRA Y AGÜERO [16.303] Poeta de Cuba


Martina Pierra y Agüero

Martina Pierra y Agüero o Martina Pierra de Poo, por su matrimonio con don José Desiderio de Poo y Álvarez.
Poeta, actriz de teatro y revolucionaria cubana a favor de la causa mambisa.
Martina Pierra de Agüero. Poeta, actriz de teatro y revolucionaria cubana a favor de la causa mambisa. Prima de don José Joaquín de Agüero y Agüero. Protectora fiel de lo mejor de nuestras letras. Colaboró en diversas publicaciones literarias de la época, como Brisas de Cuba y El Fígaro, entre otras.

Comenzó a escribir desde muy joven: su primer poema fue “Una Noche de Luna”, publicado en 1847. A los quince años publicó un poema en El Fanal. Poco antes del levantamiento del 4 de Julio 1851, escribió el soneto "A los camagüeyanos al entregarles su Bandera", que envió junto con la bandera mambisa al grupo de conspiradores que acaudillaba en Puerto Príncipe, Camagüey, a su primo don José Joaquín de Agüero y Agüero. Estos versos tienen indudable valor como documento histórico. Ese día, 4 de Julio de 1851, se levantó en armas con los demás insurrectos, hecha la Proclamación de Independencia de Cuba.

Posteriormente, fue sentenciada a destierro de Cuba, pena que le fue conmutada por la de destierro de Camagüey, y aplazada, quedando, entre tanto, bajo arresto y la responsabilidad de su progenitor. Su poema "A la muerte de Joaquín de Agüero" alcanzó gran popularidad entre los cubanos independentistas. Confiscados todos los bienes a su familia, se trasladó a La Habana en 1859, donde cumple la sentencia de destierro y debuta, al año siguiente como actriz dramática, en el Liceo Artístico y Literario. Se casó en 1860 con don José Desiderio de Poo y Álvarez, con quien tuvo cinco hijos.

Actuó como protagonista en los dramas La trenza de sus cabellos y Borrascas del corazón, de Rodríguez Rubí, representados en el Liceo de La Habana. En el Liceo de Guanabacoa y en la Sociedad del Pilar trabajó también como actriz y como declamadora. Continuó sus actividades en pro de la Independencia de Cuba, junto con todos sus hijos, y los del primer matrimonio de don José de Poo. En 1898 muere su esposo a causa de gravísimas heridas ocasionadas por una bomba, lo cual dejó a la poetisa sumida en la más profunda agonía. Doña Martina enmudeció casi absolutamente, y al año siguiente, murió sumida en la más irremediable tristeza. Colaboró en Brisas de Cuba, El Fígaro, La Familia, La Ilustración Cubana, Álbum cubano de lo bueno y lo bello, El Hogar, Cuba y América, entre otras publicaciones. En Enero de 1866 improvisó un soneto al Liceo de Guanabacoa, que había premiado su mérito artístico con una pluma de oro.

Obra lírica

“A Manuel de Nápoles y Fajardo”, 1855.
“El viajero”, 1865.
“El numen”, 1848.
“Desaliento”, 1852.
“El amor”, 1860.
“Improvisación al pasar el entierro de don José de la Luz y Caballero”, 1862.
“Lucrecia”, 1878.
“El león y el esclavo”, 1878.
“A Italia”, 1883.
“Al Bélico”, 1883.
“A María de la Concepción Chacón y Calderón”, 1883.
“El Camagüey y la Habana”.



Lucrecia
                          
De patrio ardor el corazón se inflama,
y lucha en la batalla, Colatino;
mientras el hijo del feroz Tarquino,
urde contra su honor, horrible trama.

   Vuela aquel do su esposa le reclama,
y oye su acento, noble y argentino,
que le dice -morir es mi destino-
manché mi honor, pero salvé tu fama.

   Perdona, pues, si a nuestro amor esquiva,
y de vergüenza y de dolor cubierta
un puñal en mi seno clave altiva.

   Ya la existencia es para mí desierta...
y antes que intentes perdonarme, viva,
honrada quiero que me llores muerta!

1879




A los Camagüeyanos al entregarles su Bandera 

De libertad sublime y glorïoso, 
El pendón recibid, camagüeyanos; 
Con entusiasmo desplegadlo ufanos, 
Que ha llegado el momento venturoso. 

Hacedlo que tremole siempre hermoso 
En vuestras firmes y valientes manos, 
Y el que ostentan los déspotas hispanos 
Destruid con su influjo portentoso. 

Valientes, combatid, mientras al cielo 
Una plegaria alzamos fervorosa 
Para que Dios nos dé pronto el consuelo 

De libre ver a nuestra Patria hermosa. 
Combatid, combatid, que la victoria 
Risueña os muestra el campo de la gloria. 




Joaquín de Agüero y Agüero 

En lugar de la Victoria 
Que ansiaba con tal delirio, 
Fue la Palma del martirio 
La que lo cubrió de gloria. 
Pero la cubana Historia, 
Que a toda fama coadyuva, 
Hará que hasta el cielo suba 
El nombre que nos legó, 
¡El primero que murió 
Por la Libertad de Cuba! 



Una Noche de Luna 

Está la noche serena, 
Murmurar se oye la fuente, 
Rueda el aura mansamente 
Besando la tierna flor. 
La luna desde su trono 
Al mundo su luz envía 
Llena de melancolía, 
De ilusiones y de amor. 

Astros miles la rodean, 
Y las blancas nubecillas 
Vaporosas y sencillas 
Cruzando la esfera van. 
Del suelo en la verde alfombra 
Se ven las gotas brillantes 
De rocío, cual diamantes 
Que entre esmeraldas están. 

Todo está tranquilo y bello, 
Tan sólo se escucha el ruido 
De algún insecto escondido 
Que entre las yerbas está; 
O el melancólico canto 
De nocturna y triste ave, 
O el suspiro dulce y suave 
De fresca brisa al pasar. 

¡Con cuánta gala se ostenta 
En mi patria la natura! 
¡Qué noche tan bella y pura...! 
Parece un sueño de amor... 
Pero de un amor divino; 
De una amor casto, inocente, 
Cual lo concibe mi mente, 
Como de un ángel a Dios. 





Martina Pierra de Agüero.

“De libertad, sublime y glorioso el perdón recibid, amagüeyanos; con entusiasmo desplegado, ufanos, que ha llegado el momento victorioso”.
Martina Pierra (1851)

 por Perla Cartaya COTTA
El patriotismo y la rebeldía ante la injusticia ya caracterizaban, a los 18 años, a la joven Martina Pierra.


“Y en ti se realizaron mis sueños seductores, viviendo venturosa tras tanto padecer; pues miro ante mis ojos brotar de nuevo flores y gratas impresiones encuentro 
por doquier.”


La mujer que, en esta ocasión, engalana nuestra galería de cubanos ilustres, es una camagüeyana cuyo nombre –como el de tantos otros compatriotas– es desconocido por una buena parte del pueblo.

Nació el 8 de febrero de 1833 en el hogar constituido por don Simón Pierra y del Canto, natural de la Florida, y doña Francisca de Agüero y Varona, miembro de una antigua y noble familia de Puerto Príncipe, vinculada directamente a los esfuerzos más nobles de los criollos de aquellos años.

Martina creció cerca de la naturaleza y, como suele ocurrir a las personas sensibles, muy pronto sintió la influencia de su belleza, de modo que a los 15 años dedica a la Luna sus primeros versos. Signaron con fuerza la personalidad y el carácter de la niña las narraciones de Panchita, que así llamaban a su mamá, sobre un doloroso hecho familiar acaecido el 16 de marzo de 1826: su tío don Francisco Agüero Velasco y don Andrés Manuel Sánchez, fueron ahorcados en la otrora Plaza de Armas (después parque de Agramonte), por tener fama de revolucionarios liberales.

El patriotismo y la rebeldía ante la injusticia ya caracterizaban, a los 18 años, a la joven de tez clara y negros ojos, de hablar pausado y firme; aseveración que fundamenta en lo ocurrido el 4 de julio de 1851, fecha en que otro miembro de la familia materna, Joaquín de Agüero y Agüero, rodeado de varias decenas de partidarios, en la hacienda San Francisco del Jucaral, del partido de Cascorro, firmó una declaración de independencia; lo acompañaban una bandera confeccionada por Martina y el Soneto del cual forma parte la estrofa que encabeza estas cuartillas, prendas que le llegaron por medio del hermano de la joven, Adolfo Pierra.

Agüero era un hombre muy odiado por los españoles, pues desde muy joven había demostrado el temple de su carácter: en 1843 dio libertad a los esclavos que heredara, sin temor a la reacción que su actitud pudiera provocar en los negreros que dominaban en la Isla. Tras esfuerzos infructuosos para proveerse de armas, ganar adeptos y rodear de prestigio la revolución naciente, comprendiendo que era imposible organizar la resistencia hasta la llegada de ayudar del exterior, dejó en libertad a los que le seguían de acogerse al indulto ofrecido a quienes se presentasen a las autoridades, y se dirigió él –y quienes resolvieron seguirlo hasta el final– hacia la costa para tratar de salir de Cuba. Pero fue traicionado por un individuo que ofreció embarcarlos: Agüero y sus compañeros cayeron en poder del enemigo. Conducidos a Puerto Príncipe fueron juzgados y condenados a garrote Joaquín de Agüero, Fernando de Zayas, José Tomás Betancourt y Miguel Benavides; pero la forma de ejecución tuvo que cambiarse por fusilamiento debido a que manos desconocidas envenenaron al verdugo el día anterior al señalado para que se cumpliera la sentencia, con la intención de alargar la vida a los condenados y preparar la fuga. El día 12 de agosto los cuatros patriotas demostraron ejemplar entrega tanto al enfrentarse con el tribunal que los juzgó, como al ser llevados al suplicio. En cuanto a Adolfo Pierra, por ser menos de edad, se le condenó a presidio en Ceuta, junto a otros prisioneros, y a Martina le impusieron el destierro, aunque la familia logró que fuese en La Habana por residir en ella un tío paterno de la joven.

Es fama que los hijos de Puerto Príncipe llevaron luto por la muerte de aquellos patriotas. Entre las mujeres el sentimiento se manifestó con el sacrificio de las trenzas; la consigna para hacerlo circuló mediante la siguiente cuartera:



“Aquella camagüeyana / que no se cortase el pelo / no es digna que en nuestro suelo / la miremos como hermana”.


Lejos del hogar, mucho debió sufrir Martina: su tristeza por todo lo que había ocurrido se acentuaba por la ausencia de los suyos y su primer desengaño amoroso; consecuencia de su actitud revolucionaria.

Pero el Señor la compensaría: en el colegio para niñas en el que daba clases, conoció al doctor don José Poo, abogado habanero, hombre de letras de reconocido prestigio, quien fue a presidir los exámenes del plantel como miembro de la Junta de Educación. 

La vida de la desterrada renacería a partir de ese día: él, que conocía su historia, quedó prendado por su serena belleza y la inteligencia de su palabra, por las numerosas virtudes que la adornaban. La petición de manos no demoraría. Orgulloso de ella, se las ingenió para abrirle caminos a su talento. La presentaron en el Liceo de La Habana: aquí reveló sus facultades dramáticas en el papel protagónico de la obra La trenza de sus cabellos, drama de Rodríguez Rubí, y obtuvo un rotundo éxito. Pocos días después, allí mismo, volvió a ser ovacionada en la obra del propio autor: Borrascas del corazón. Fue aplaudida en el Liceo de Guanabacoa, donde le obsequiaron una pluma de oro, fineza que ella agradeció con versos; en la sociedad del Pilar (se desempeñaba en la sección de Declamación y en la Literaria); y en el Ateneo, al que llamaba templo a las artes y a las ciencias.

El noviazgo de Martina y José culminó en el matrimonio, que se produjo en abril de 1861, unión que fue bendecida por los hijos que a su tiempo nacerían. Amó a su esposo profundamente y por sus versos percibo que a su lado fue feliz. A él dedicó El viajero, versos en los que ella relata la historia de su vida, en cuya última estrofa dice:



  “Y comparando con el bien presente
el pasado rigor de mi destino,
yo bendigo tu nombre dulcemente,
y gracias doy al Ser Omnipotente
¡que te puso en mitad de mi camino!”  



Martina pudo disfrutar durante 37 años del profundo gozo que su familia le proporcionaba, pero el 23 de febrero de 1898 falleció el esposo debido a una potente bomba que estalló en el Teatro Irijoa (Martí más adelante), cuando junto al joven Gonzalo Jarrín y Varona presenciaba una función. Ella sobrevivió a este golpe poco tiempo: viajaría a su encuentro el 31 de mayo de 1900.

Martina Pierra de Poo dedicó preciosos versos a “el Camagüey” –así llamaba a su patria chica– y a la villa que la acogió y logró que cicatrizaran sus heridas:



  “Y en ti se realizaron mis sueños seductores,
viviendo venturosa tras tanto padecer;
pues miro ante mis ojos brotar de nuevo flores
y gratas impresiones encuentro por doquier.”
Por eso dirá, en la última estrofa de La Habana y el Camagüey:
“Y solo pido al cielo que cuando yo sucumba,
a ellos (los hijos) pueda darles mi santa bendición
y a ti, mi hermosa Habana, te ruego que mi tumba
encierre para siempre tu fúnebre panteón.”  



Su voluntad fue cumplida, aquí reposan sus restos. Y acercándonos al 106 aniversario de su deceso, le ofrezco simbólicamente a su memoria una ramita de jazmín: la flor cuyo aroma tanto le agradaba.






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