miércoles, 13 de mayo de 2015

TANIA CARRERA [15.952] Poeta de México




Tania Carrera

Ciudad de México, 1988
En 2006 obtuvo la beca Jóvenes Creadores del Foeca Morelos en el área de Poesía. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 2009-2010 y ganadora del premio Jaime Reyes 2010 de la UACM. Actualmente es beneficiaria del programa Jóvenes Creadores del Fonca. Durante 2013 organizó el Primer Encuentro sobre Publicación Electrónica, en el marco del programa educativo de la Fundación Pedro Meyer. Ha publicado Espejos (Gato Negro, 2013) y Un dios lubricante (www.undioslubricante.com, 2014).





Cacerola

Dentro del refrigerador y pese a él,
hay una historia secreta.

Un estambre larguísimo que va dejando atrás lo que antes celebraba otro año estando
juntos: tu comida favorita.

Puedo sentir su respiración cercando la cocina:
el zombi verdadero en el olvido.

Me espera ahí, en el vacío del refrigerador a oscuras, a que llegue e introduzca mi
mano temblorosa en sus entrañas, para salvar la cacerola que me regaló Lulú.



Tengo un jardín a medias

Marchar en círculos, borrarlos
nuevamente y nuevamente
hasta que sean una sola línea,
segura de su pleonasmo de círculo:
una casa, 20 mil pesos al mes para la carne.
Sólo para la carne.
El corte más grueso y jugoso
es la virtud de inaugurar un sentido de opulencia.
                                     La virtud
]esto es mío, nadie me lo dio, sólo yo puedo quitármelo
excitada por la posibilidad de presenciar una catástrofe.

Te quedas ahí, mirando las líneas viejas que se forman en tus manos, como si la naturaleza tuviese
otro significado más, como si no fuera suficientemente desbordado. Filoso, quiero decir.

Significar es una costumbre que no forma carácter.



Objects in mirror are
closer than they appear

No hay anécdota/un símbolo existencial/potencial que
ordene las circunstancias para ser narradas
para extirpar la hebra y empotrarla en medio del camino,
trazar la línea punteada que dice:
“llegue hasta el final de esta historia”.

Tengo
la necesidad de suponer
que mi vida es importante.

Después de la cabeza, sin embargo, está el cielo
y no hay metafísica posible:
hay eufemísticos pasajes,
flemas cayendo perpetuamente,
desafiando a la gravedad,
sobre el rostro de las cosas.
Cargo una topografía inclasificable:
tengo una hélice que corta de tajo
y renace las conversaciones.

Entre el moho que se forma en el guiso viejo
dentro del refrigerador y pese a él,
hay una historia secreta:
estambre para tejer mis propios coágulos.

Mentir es preciso: barnizar el barro de las lozas o enlodar los mármoles.




Oración
                     
Déjame habitarte nuevamente.
Levanta los brazos hacia el cielo,
Árbol,
cárgame en los hombros
como un padre joven.




Galápagos

I

Piqueros
El bosque es un cardumen
casi inmóvil
Sus danzas son apenas perceptibles.
Lo miro desde arriba,
yo también soy un cardumen,
en los aires.
Quiero adentrarme velozmente,
empaparme de follaje.
Quiero alimentarme
de toda la resignación que lo circula.


II

Albatros

¿Será que el amor
no se da en las ramas,
sino en el vuelo?
¿Será que es una playa misteriosa
en donde las raíces
nunca son
un estandarte de fertilidad?




Horizonte 

I

Inmóvil sobre la rama,
una urraca se incendia
en el atardecer.
La miro desde lejos
y le doy la espalda al sol.
Ella no sabe que en sus plumas
se quema todo lo que busca.
Su ambición le lame el cuerpo,
y ella se va despintando
conforme acaba la tarde


II

Sólo la intuición delinea su figura.
Tal vez lo que miro sean:
sus garras como ganchos
en la rama,
o su rostro de carbón,
tal vez los ojos que nacen en la noche.
No lo sé. Y sé
que pronto será una ráfaga de oscuridad,
el murciélago
hará temblar la rama.



Padre

Al final de la calle,
crece el árbol amarillo.
Como ecos del tronco,
las raíces brotan de sus ramas:
son líneas de sol,
cuerdas desde el cielo.

Sus hijos lo habitamos amorosamente,
en nosotros pájaro y simio y flor se reconcilian.
Trepamos por las ramas
y luego, como frutos, caemos,
inmaduros,
audaces;
caemos
y volvemos a subir,
como semillas que germinan en la luz.

El amate es un papalote:
Grita uno de nosotros
y los nacidos de su sombra
tomamos con fuerza las raíces.
Unos se asen a la tierra,
se hunden en la madre del árbol.
Otros se mecen, chocan,
trenzan las tardes como lianas.
Todos amarramos, tal vez,
un vuelo de catástrofe.



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