martes, 19 de mayo de 2015

JUAN AURELIO GARCÍA [16.016] Poeta de Colombia



Juan Aurelio García 

(Armenia, Colombia  1964)
OBRA: Mi poema es más hermoso que el tuyo (1998), Diccionario de humana anatomía (1998) y Oh Rossi / Los poemas de la Sierra (2000). La búsqueda de una poética colectiva y solidaria con los seres del mundo es el rasgo general, lo que le permite acceder a la realidad sin que la palabra se desborde en los afectos.


Ausencia

Persiste la rosa en el rosal
aun quedando desierta nuestra casa

Por eso los pájaros persisten
y también los botones
que no tardarán en florecer

Como ves
es ahora alegre nuestra casa

No somos necesarios





Momento

A la hora de amar se oye un galope
a horcajadas vienen el miedo o el deseo
se acerca a nuestra casa
es seguro
de inmediato cruzará por la puerta
llegará a nuestro lecho
levantará impetuoso nuestras sábanas
para extinguir en el acto nuestros rostros
es el amor
puede ser el amor
viene con alas
sólo por un instante le veremos...





UN LADRÓN ALCANZA EL OTRO LADO DE LA CALLE

...ligero
como si no le pesara el cuerpo del delito

Limpio
como si no lo manchara el sentimiento
o la noción de una mala conciencia

Aéreo
cruzando, hecho de humo,
en medio de un veloz tropel de carros
que cualquiera puede jurar
fueron reales

Abstracto
como la evocación de un paisaje en la niebla

Fue una exhalación del aire
el robo más hermoso que estos ojos han visto





Sin los reflejos
que al fluir
trazan sus aguas
en su propia ebriedad
sigue el río
de largo





En las aguas 
que saciaron mi sed
he de mirarme




Tan cercana
del espejo de la alberca
no alcanza la rosa a esplender como la luna

El reloj del vino
mide la noche
sorbo a sorbo





Unida a la brisa
de la mañana azul
parte una hoja




Tiempo reunido, de Juan Aurelio García
  
Tiempo reunido, de Juan Aurelio GarcíaTiempo reunido. Poemas (1993-2012). Biblioteca de Autores Quindianos. Armenia: Universidad del Quindío.
La trayectoria de Juan Aurelio García (Armenia, 1964) como poeta comprende tres libros: Mi poema es más hermoso que el tuyo (1998), Diccionario de humana anatomía (1998) y Oh Rossi / Los poemas de la Sierra (2000). La búsqueda de una poética colectiva y solidaria con los seres del mundo es el rasgo general, lo que le permite acceder a la realidad sin que la palabra se desborde en los afectos.

En Juan Aurelio García la magia y la sonrisa nacen del deseo de dejar en cada poema al menos una imagen memorable para el lector, en un ejercicio poético que propone la comunicabilidad de sus productos. Podemos hablar también de una constante: conservar el equilibrio entre la imagen poética y la necesidad de decir.

Los poemas de la Sierra, por ejemplo, escritos tras una larga vivencia en la sierra nevada de Santa Marta, resumen la impresión que causa en el alma sensible el contacto directo con la naturaleza y con la vida milenaria de los pueblos que la habitan. Es una poesía reveladora del paisaje, desnuda de retórica y universal en sus ambiciones, que quiere nombrar el mundo que le da sentido y consistencia. El equilibrio formal y la reticencia expresiva son, tal vez, sus valores más destacados, en un tono que recuerda la forma como Aurelio Arturo, a quien el libro rinde homenaje, recreó los paisajes del Sur.

En su nuevo libro, Tiempo reunido (2014), que compendia poemas escritos entre 1993 y 2012, asistimos a la consolidación de la poética de Juan Aurelio García, con un agregado importante: la certeza de que la realidad puede ser independiente de la percepción. Como lo anota Víctor López Rache en la nota de prólogo, el poeta “ha logrado liberarse del Yo que ha hecho tantos estragos en la poesía”. Cuando en este libro el “yo” aparece, es otro, el “reo de lo real”, el soporte de la agonía o el sujeto de la infamia que vive en su “cárcel de espejos”.


Noticias de suburbia

La primera parte del libro, Noticias de suburbia, poetiza la ciudad evidente y la lentificada en el recuerdo, el vecindario de gestos ambiguos, la calle a regañadientes solidaria. La disposición de los versos invita a la lectura en verticalidad de los sujetos que pueblan los poemas, como una biografía fragmentaria del barrio. Hay un encanto particular, una complicidad que se siente cercana al abrazo, a la palmada en el hombro, al cotilleo, a la palabra de bajo nivel que llena los espacios de la cotidianidad.

Sobresale en estos poemas una alucinación contenida en la palabra pausada, que aglomera en su ritmo particular el itinerario de los habitantes del universo urbano, los ausentes y los presentes, los que se salvan por los afectos y los que se erosionan bajo la mirada, los que viven eternamente consignados en el corto trecho de la vecindad y los que se alejan pero siguen operando en la memoria como figuras del aire. El referente al que se alude no anula la atmósfera alucinante, tal vez porque la alucinación en estos versos es prueba palpable de la realidad que nombran: el vecindario, la calle, el barrio, no se definen por sus componentes ciertos sino por los seres humanos que los habitan, contingencias puras al azar del tiempo. Y ser humano, parece decir el poeta, es vivir alucinado en el presente.

Pero el mundo ofrece mucho más a la poesía, como cuando la palabra se apea del discurso y nos dibuja una imagen maravillosa de la vida en los umbrales:

ciertas plantas
que surgen de las fisuras del asfalto
algunas incluso con el descaro de florecer
y hasta prometiendo fruto
O cuando se vuelve discurso para la ironía:

Las luces
de la universidad
se apagan a las diez de la noche

Juan Aurelio García, corresponsal de suburbia, nos recuerda la vida a la intemperie, la errancia, el fluir por las líneas de la calle y contra la arquitectura arbitraria del vecindario; nos reporta la vida de “la cuadra”, de los vecinos, del “muchacho”, un arquetipo de innumerables variaciones; nos describe “la situa”, síntesis verbal de la agonía cotidiana y sumario de la inestabilidad. Pero también se atreve a calcar el verso agreste de Gustavo Rubio Guerrero en la “Estampita cuyabra” (antes lo había intentado con la palabra sonámbula de Juan Restrepo) para anclar su poesía a un contexto concreto: se trata de Armenia, la ciudad del riesgo que retrató Fabio Osorio Montoya en Tríptico (1998), la de las fábulas ocultas que reescribió Fernando Mesías en Geografías interiores (1995), la de calles, muros y perplejidad de Martha Lucía Usaquén en Señales de vida (1999) y, por supuesto, la ciudad de íntimas mezquindades de Gustavo Rubio Guerrero en Los muros y la rosa (1997).

Todo esto lo dice el poeta en una tensión, un silencio vacilante, a punto de estallar:

con una palabra de más
y sin decir
algo apretada en la boca
o bien atrás de la garganta

Entre la calle y la pared

En la segunda parte del libro, Entre la calle y la pared, los poemas se llenan de fábula. La narratividad es necesaria para dar cuerpo a las percepciones aisladas, pues la ciudad nunca dice de buena gana sus historias. El poeta cuenta la trama de la vida en cotidianidad y agrega viñetas al inventario de orígenes y destinos: el encuentro de las hormigas en “secretas caravanas que aparecen cuando nadie las mira”, las razones de alguien que cruza con paso seguro o se detiene para corregir el rumbo, los secretos que se guardan para que brillen mejor en el recuerdo, la breve luz que ilumina un rincón oculto del aire:


Sucede que los rostros de la bruma se iluminan
como tocados por una gracia divina
y emergen de cara al sol
como si recién apenas los crearan y empezaran
a existir con esa naturalidad duramente adquirida
de espigas movidas por el viento


El poema titulado “Entre la calle y la pared”, que lleva por epígrafe los conocidos versos de Carmelina Soto a la ciudad, muestra al que sale al mundo para ser víctima del juego de perspectivas:


En una toma aérea
aparece como el preso
que gira y gira
loco en su celda


El espacio derruido, con “calles y puertas abolidas”,  es familiar para todos nosotros:


¿Cuál su ciudad?
La memoria
de dos o tres sitios
tres o cuatro nombres
una gran plaza desierta
de edificios angulosos


El verso se hace rotundo para el despliegue de una idea poderosa que se le impone al lector en el recorrido por el libro: solo es posible vivir la ciudad por momentos y en lugares precisos. El mejor momento es la distancia y el lugar propicio es el recuerdo.      

 [Carlos Alberto Castrillón]







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