sábado, 30 de mayo de 2015

GUILHERME DE ALMEIDA [16.148] Poeta de Brasil


Guilherme de Almeida

Poeta, ensayista, traductor, abogado y periodista brasileño, nacido en Campinas (São Paulo) el 24 de julio de 1890, y fallecido en São Paulo el 11 de julio de 1969. Dejó una interesante producción poética que, partiendo del Simbolismo, ahonda en la riqueza rítmica y métrica de la lírica tradicional brasileña para acabar adaptando un tono academicista con el que, en sus comienzos, se mostró en desacuerdo el propio autor. Citado, a veces, por su nombre completo de Guilherme de Andrade e Almeida, se le recuerda como a una de las voces más sobresalientes de la poesía brasileña del siglo XX.

Siguiendo los pasos de su progenitor -el prestigioso jurista y profesor de Derecho Estevam de Almeida-, cursó la carrera de Leyes en la Universidad de São Paulo, después de haber completado sus estudios primarios y secundarios en diferentes escuelas e institutos de su Campinas natal y de la gran urbe de São Paulo. Graduado en Ciencias Jurídicas y Sociales en 1912, comenzó a trabajar como abogado a la sombra de su padre, hasta que, en 1923, se trasladó a Río de Janeiro y emprendió allí una brillante carrera periodística. A lo largo de su dilatada trayectoria profesional en este campo, fue redactor de los rotativos O Estado de São Paulo, Folha da Manhã, Folha da Noite, Jornal de São Paulo -del que fue también fundador- y Diário de São Paulo.

Por aquel tiempo, el joven Guilherme de Almeida ya se había dado a conocer como escritor, primero por medio de un ensayo crítico titulado Théâtre brésilien (Teatro brasileño, 1916), escrito en colaboración con José Oswald de Andrade, y, al cabo de un años, merced a la publicación del poemario Nós (São Paulo, 1917), una excelente opera prima que le situó de lleno en la corriente simbolista. La crítica especializada saludó con elogios la aparición de esta nueva voz en el panorama literario brasileño del primer tercio del siglo XX, lo que animó al joven Almeida a publicar otras colecciones poéticas de excelente calidad, A dança das horas (La danza de las horas, 1919) y O livro das horas de sóror Dolorosa (El libro de las horas de sor Dolorosa, 1920). En ambos cancioneros puede apreciarse una clara evolución de Guilherme de Almeida hacia los contenidos románticos, especialmente en el segundo de ellos, donde, en poemas breves y depurados, caracterizados por honda sencillez, se exponen las tribulaciones amorosas de una monja.

Consagrado, a partir de entonces, como una de las grandes revelaciones de la lírica brasileña del momento, el escritor de Campinas -que continuaba compaginando su dedicación a la poesía con su trabajo de abogado, sus labores periodísticas y el desempeño de cargos públicos en el ámbito de la cultura y la educación- se integró perfectamente en los foros artísticos e intelectuales de su país. Inmerso en ellos, antes de su traslado a Río de Janeiro tuvo tiempo de tomar parte activa en la denominada "Modern Art Week" ("Semana del Arte Moderno"), un brioso movimiento creativo que abanderó la lucha contra el academicismo en las artes en Brasil.

A pesar de compartir con los jóvenes artistas e intelectuales de la Semana del Arte Moderno un mismo afán innovador y un deseo común de restar importancia a la cultura académica y oficial, lo cierto es que le poesía de Almeida siempre estuvo más cerca del academicismo clasicista que de la ruptura vanguardista. Y así, tras un intento de crear su propio lenguaje innovador en el poemario titulado A frauta que eu perdi (La flauta que perdí, 1924) -obra en la que, con todo su afán reformista, la libertad del lenguaje no logra encubrir la presencia de temas y motivos de arraigado clasicismo- el poeta de Campinas regresó a los cauces tradicionales con tres poemarios publicados en el mismo año, Meu (Mío, 1925), Raça (Raza, 1925) y A flor que foi um homem: Narciso (La flor que fue un hombre: Narciso, 1925).

En opinión de los principales estudiosos de su producción literaria, Meu es una de las obras maestras de Guilherme de Almeida, habida cuenta de que refleja su auténtica y singular vena lírica, ajena a las modas y corrientes del momento y despojada ya de la necesidad de adoptar voces o gestos característicos de sus compañeros de generación. Por su parte, Raça y A flor que foi um homem: Narciso se ofrecen como muestras palmarias de esa evolución de un poeta que empezó cultivando una estética cercana al Modernismo (bien patente en la vertiente parnasiana y simbolista de Nós), ahondó luego en esa vena romántica que había influido en tantos otros poetas modernistas de Europa y América, y acabó regresando a la pureza y sencillez del verso clásico, con un dominio del ritmo y de la métrica que no tiene nada que ver con los excesos de musicalidad del Modernismo ni los alardes transgresores de la Vanguardia.

Formalmente, su poesía se fundamenta en el ritmo y antepone los efectos sonoros y los juegos verbales a la transcendencia conceptual (una de sus máximas es "no sentir, no pensar, no decir"). Tanto en sus composiciones más vanguardistas e innovadoras como sus poemas más tradicionales, Almeida recurre incesantemente al asonancias internas, aliteraciones, onomatopeyas y otras figuras de dicción que marcan ese ritmo incesante y sostenido. Y, en lo que a los contenidos se refiere, cabe incidir en esa presencia del amor y de otros temas fundamentales en la poesía de cualquier época y lugar, pero también en una intensa proclamación de su fervoroso nacionalismo (patente sobre todo en su etapa modernista).

Tras recoger toda su producción poética anterior en seis volúmenes publicados bajo el título de Toda a poesia (Toda la poesía, 1926), Guilherme de Almeida volvió a los anaqueles de las librerías con una nueva colección de poemas al cabo de tres años. Se trata de Simplicidade (Simplicidad, 1929), obra en la que el poeta de Campinas recuperó su gusto por la perfección formal del verso -en clara oposición a los experimentos vanguardistas del momento-, aunque sin regresar al Parnasianismo formal de sus primeras composiciones.

Hombre de vivas inquietudes sociales y políticas, en 1932 Guilherme de Almeida participó en le Revolución Constitucionalista de São Paulo, y, por mor del extremismo de sus ideas, sufrió persecución y hubo de exiliarse durante un año a Europa. A su regreso a Brasil, continuó desplegando una intensa labor periodística, campo en la que se significó como pionero en el ejercicio de la crítica cinematográfica. Además, cultivó con gran éxito otra singular faceta de su fecunda personalidad artística: la de creador de escudos heráldicos. A su diseño obedecen los escudos oficiales de las ciudades de São Paulo, Petrópolis, Volta Redonda, Londrina, Brasilia -cuyo himno también compuso cuando fue inaugurada-, Guaxupé, Caconde, Iacanga y Embu.

Por si todo esto fuera poco, Guilherme de Almeida brilló también en su condición de traductor. Gran conocedor de las Letras francesas, vertió al portugués Las flores del mal, de Baudelaire, Paralelas, de Verlaine y Entre cuatro paredes, de Sartre, así como la Antígona de Sófocles. También tradujo obras de Paul Géraldy y Rabindranath Tagore.

Miembro de la Academia Brasileña de Letras desde 1930, el escritor de Campinas perteneció también a la Academia Paulista de Letras, al Instituto Histórico y Geográfico de São Paulo, al Seminário de Estudos Galegos de Santiago de Compostela (en Galicia, España) y al Instituto de Coimbra (Portugal). En un concurso de alcance nacional, los lectores del rotativo O Estado de São Paulo le eligieron "Príncipe de los poetas brasileños".

Además de los títulos citados en parágrafos superiores, Guilherme de Almeida fue autor de los poemarios Messidor (1919), Era uma vez (1922), Encantamento (1925), Você (1931), Poemas escolhidos (1931), Acaso (1938), Poesia vária (1947) y Toda a poesia (1953). Y publicó algunos ensayos como Do sentimento nacionalista na poesia brasileira (1926) y Ritmo, elemento de expressão (1926).




Traducción de Renato de Mendonça

GUILHERME DE ALMEIDA
Poeta, traductor y periodista. Nació en Campinas, Estado de São Paulo, em 1890. Abogado, sin ejercer la profesión, sino la de periodista.  Empieza su producción poéticos en Le marco del parnasianismo simbolista  (de transición entre las dos escuelas) y luego abraza el modernismo brasileño, con domínio de la forma y técnica poéticas.


RAZA
(fragmentos)

Nosotros. Blanco-verde-negro:
simplicidades-indolencias-supersticiones.

El cuarto del huésped y la posada — la hamaca y el cigarrillo de paja — 
         el San Benito y las apariciones.

Nosotros. El clán estanciero. Sombra densa de los manglares en el suelo;
nítido recortarse de los plataneros en el aire;

hamacas fláccidas suspendidas en la terraza de las haciendas,
         com acordeones que narran leyendas a la luz de la luna;

amas de casa diligentes haciendo la merienda — pastelillos, dulces —,
         altos mástiles de San Juan;

y la vaca Estrella, el perro Jolí, la yegua Sultana; y el bajo, el alazán, el berrendo,
         el tordillo — espantadizos —; y,a la luz pura de las mañanas límpias,

litigantes echando humo y discutiendo, correa en mano, servidumbres y parcelas;

cosechas pendienes, caballadas, heladas, caminos perdederos, invernadas;

y las carretas de bueyes gimiendo, y los batentes tosiendo, y las azadas tropezando
          al desherbar las tierras de labor;

y la tierra tostada, la tierra torrezmo, la tierra achicharrada en el horno  
         crepuscular de las fogatas

para ver renacer simétriico de los cafetales, en alejandrinos alienados en las cabezas
         parnasianas de las colinas peinadas com lendrera...

estancias de todos los santos; letanías agrícolas salmodiadas por las ruedas
         de las tartanas

con toldos al viento, restralar de látigos, perras gordas a los golfillos, chirriar
         somnoliento de destatalados portones

y galopas por los senderos de la paramera y el retamar hasta subir a lo alto;

y, de las ruinas del viejo caserío de barro y adobes, la ciudad que surje blanca
         de cales como una aparición.

Y ahí, en las tardes pintadas del color rosa de los baúles ingenuos — azul celeste,
         rosa y verde mar —, la procesión.

La procesión! ¡Raza procesional! ¡San Buen Jesús de Pirapora! ¡Nuestra Señora 
         de la Aparecida!

Vendedoras ambulantes con tableros, vírgenes, ángeles, hermanos romeros,
         promesas, milagros, subida y bajada

por calvarios de tierra roja, donde la iglesia agazapada se arrodilla crucificada
         entre dos farolas;

ladrones de besos en las esquinas, donde viven las muchachas morenas,
         detrás de las celosías bajo los aleros de los caserones,

con azulejos y florones de loza, siempre vivas en los jardines y jazmineros
         em los pabellones,

conchas y caracolas en las cascadas tristes que cantan coplas en las 
         veladas brasileñas...

Huertas del arrabal — casa de tierra amasada, casas agachadas bajo 
         la sombra apacible de los pomares en flor,

y abriéndose al bochorno, tras los portones de hierro com perros y
         leones de cemento, claraboyas de vidrios de colores...

Guitarras en los cerros mulatos — machichas, toses, pitos y aguardientes
         a la luz de los velones;

cohetes, cervezas electorales — la protesta indolente — y el soñar 
         com la loteria em las noches inquietas...

                            (De Raza, 1925)




De
9 POETAS DEL BRASIL
una antología de Enrique Bustamante y Ballivian.
Lima: Centro de Estudios Brasileños,  1978
109 p.


TARDE

Tarde gran tarde
verdadera
sin estrella vespertina ni ponientes color de ojeras
ni Angelus ni juritis pero con palmeras
donde nunca canto ningún sabiá.
Tarde auténtica en que hay
apenas el calor, la humareda pesada
y el estruendo hueco de los troncos verdes en la quemada grande,
teatral
como un crepúsculo artificial.


NOCTURNO

Los últimos vientos del dia
sacuden las ramas como una horda holgazana
de malhechores sutiles errantes
al acaso.
             Y la noche monstruosa cae
de los árboles como un fruto de sombra
pesado y blando que se achata sobre la tierra.


HUMORISMO

Sosiego dócil de la tarde.
                                     Um sol cansado
pasa por su rostro sudado
una nubecita blanca como un pañuelo
para enjugar las primeras estrellas.
                                                     Silencio.
Y el sol va caminando sobre los montes tranquilos,
va dormitando.  Y de repente
tropieza y cae redondamente
bajo el pateo de los sapos y la silbatina de los grillos.




FIGUEIRA, Gaston.  Poesía brasileña contemporânea (1920-1946)  Crítica y antologia.   Montevideo: Instituto de Cultura Uruguayo-Brasileño, 1947.  142 p.   18x23 cm.  Col. A.M. 

LOS  LAGOS

Amo los grandes lagos de albas aguas tranquilas.
Con pestañas .de juncos, ellos son las pupilas
de la tierra, mirando el cielo, allá, a lo' alto:
alas, astros, la clara amplitud de cobalto.

Si el cielo se entristece, triste está el lago. CuanDo
se alegra el cielo, el lago se alegra y, espejando
la vida azul del aire, sorbe luz y colores.
Y sus aguas postradas de penas interiores
son un trozo de cielo exilado en la tierra.
Pero en la órbita —liqúenes y arena— que lo encierra,
en su seno en que vive tanto ser singular,
bajo blancos nenúfares de tranquilo bogar,
sin reflejos de cielo, sin temblores de insecto,
el lago es siempre el mismo, tan impasible y quieto.

Bajo un cielo de amor, alto, inconstante y vago,
una noche soñé que mi alma era un lago.


ESTANCIA V
Sobre la pureza

"Sé igual al espejo calmo e indiferente
que, reflejando lodo y flor,
es siempre el mismo, inalterablemente!
Sé pura" —díjome el Señor.

Pero si yo dijese a mi espejo, algún día:
"Sé siempre puro" — al decir tal
mi hálito de fuego empañaría
la superficie del cristal...







MORMAÇO

Calor. E as ventarolas das palmeiras
e os leques das bananeiras
abanam devagar
inutilmente na luz perpendicular.
Todas as coisas são mais reais, são mais humanas:
não há borboletas azuis nem rolas líricas.
Apenas as taturanas
escorrem quase líquidas
na relva que estala como um esmalte.
E longe uma última romântica
— uma araponga metálica — bate
o bico de bronze na atmosfera timpânica.


XXXII

Quando a chuva cessava e um vento fino
franzia a tarde tímida e lavada,
eu saía a brincar, pela calçada,
nos meus tempos felizes de menino.
Fazia, de papel, toda uma armada;
e, estendendo meu braço pequenino,
eu soltava os barquinhos, sem destino,
ao longo das sarjetas, na enxurrada...

Fiquei moço, e hoje sei, pensando neles,
que não são barcos de ouro os meus ideais:
são feitos de papel como aqueles,

perfeitamente, exatamente iguais...
— Que os meus barquinhos, lá se foram eles!
Foram-se embora e não voltaram mais!

         (De Messidor, 1935)


ESSA QUE EU HEI DE AMAR...

Essa que eu hei de amar perdidamente um dia,
será tão loura, e clara, e vagarosas, e bela,
que eu pensarei que é o sol que vem, pela janela,
trazer a luz e calor a esta alma escura e fria.

E, quando ela passar, tudo o que eu não sentia
da vida há de acordar no coração que vela...
E ela irá como o sol, e eu irei atrás dela
como sombra feliz... —  Tudo isso eu me dizia,

quando alguém me chamou. Olhei: um velho louro,
e claro, e vagaroso, e belo, na luz de ouro
do poente, me dizia adeus, como um sol triste...

E falou-me de longe: “Eu passei a teu lado,
mas ia tão perdido em teu sonho dourado,
meu pobre sonhador, que nem sequer me viste!”

         (De Messidor, 1935)


AMOR, FELICIDADE

Infeliz de quem passa no mundo,
procurando no amor felicidade:
a mais linda ilusão dura um segundo,
e dura a vida inteira uma saudade.

Taça repleta, o amor, no mais profundo
íntimo, esconde a jóia da verdade:
só depois de vazia mostra o fundo,
só depois de embriagar a mocidade...

Ah! quanto namorado descontente,
escutando a palavra confidente
que o coração murmura e a voz diz<

percebe que, afinal, por seu pecado,
tanto lhe falta para ser amado,
quanto lhe basta para ser feliz!

         (De Messidor, 1935)



Repuxo

                    Fuste fino, frio, fútil,
(Debruçam-se as silhuetas longas, lentas, langues,
como colos de cisnes, na água bamba dos tanques...)

                    alvo, aluado, abrindo no alto
(E as silhuetas flexuosas têm elásticos modos
que flutuam no ar, vagarosos como lótus...)

                    folhas, brotos, bolas, bolhas,
(E as silhuetas, sobre a esteira áspera de rugas
crespas, desconjuntam-se em curvas ríspidas, bruscas...)

          ocos botões, bouquets loucos...
*E o colar de silhuetas esfarela-se em pérolas
pálidas, pondo na água trêmulas auréolas...)



Aos Pés da Cruz

Plorans, ploravit in nocte, et lacrymae ejus in
maxllis ejus; rum est qui consoletur eam ex omnibus
charís ejus...
(Lam.,I,Beth*)

Como um trapo de vida, aos pés da cruz sucumbo.
Soldou-me o amor de fogo as pálpebras de chumbo
para tudo de belo e bom que o mundo encerra,
para toda alegria esparsa sobre a terra.
Os fanados salões, onde a alma dos minuetes
desmaia no silêncio opaco dos tapetes;
e os leitos aromais como as bocas das umas,
quando o sol é um carvão sob as cinzas notumas,
e os jardins onde a terra, em noites misteriosas,
bebe a volúpia do ar pelos lábios das rosas;
e as fontes de cristal sob os bosques sagrados,
onde há frautas na sombra, e há sustos, e há pecados...
Tudo que é belo e bom eu perdi — triste monja!
E tive a lança, tive os cravos, tive a esponja
de sangue, e fel, e tive a coroa de espinhos.
E meus olhos, no entanto, amargos e sozinhos,
náo vêem ninguém chorando ao pé da minha mágoa:
têm sede — e em vão procuram olhos rasos de água...

Ah! se ao menos, ao fim dos meus passos incertos,
eu tivesse por cruz os teus braços abertos!

*A epígrafe é tirada das Lamentações de Jeremias: “Chorou sem cessar durante a noite, e as suas lágrimas correm pelas suas face; não há quem a console entre os seus amados”. 





Guilherme de Almeida
Imagem da folha de rosto da obra

De
Guilherme de Almeida
ACASO
VERSOS DE TODO TEMPO
São Paulo: Companhia Editora Nacional, 1926.


ALGUÉM PASSOU*

ALGUÉM passou. E a sua sombra,
como um manto que tomba
de um gesto lânguido ficou no meu caminho.

Ora, o sol já se foi e a noite vem devarinho.
E no entanto
a sombra continua,
nítida e nua,
atirada na terra como um manto.

Faz frio.
Corre pelo meu corpo um áspero arrepio...
E um desejo me vem, tímido e louco,
de agasalhar-me um pouco
nesse manto de sombra morna...

                                      Mas alguém
volta na noite pálida:
volta para buscar sua sombra esquecida.

É dia. E, pela estrada melancólica e árida,
vai tremendo de frio a minha vida...

* Atualizamos a ortografia do texto.



ALMEIDA, Guilherme de.  Margem. Poesia. Apresentação Marcelo Tápia. Posfácio Carlos Vogt.  São Paulo: Annablume; Casa Guilherme de Almeida, 2010.  80 p. (Coleção Estudos & Fontes – Casa Guilherme de Almeida, vol. III – Fontes Poesia)  16x23 cm. capa dura. ISBN 978-85-391-0139-9  O livro Margem era inédito até esta primeira edição, póstuma.  Ao final desta edição aparecem imagens fac-similares de algumas das páginas datilografadas do livreto confeccionado pelo Autor.  Col. A.M.



Um livro inédito de Guilherme de Almeida. Incrível! Só agora, a Casa que cuida de sua obra e memória traz a público, pela Annablume, este poemário curto, de versos mínimos, no estilo palavra-puxa-palavra, combinados com o estilo dos aforismos, com o desenvolvimento de haikai, e com um lirismo sem retórica, lúdico.  Custou a vir, mas valeu.  ANTONIO MIRANDA



Sem
mim
em 
mim?
Sim: 
FIM. 



O POEMA-INSTANTE
O INSTANTE-FLOR
A FLOR DE ACASO
ACASO HAVIDA
HAVIDA À MARGEM
MARGEM DA VIDA.



               SINETE
        
        Álacre
              marca
             a lacre?

            Acre
            milagre:
            lágrima.



               CÁ E LÁ

        Aquém
              há além.
       

Além
há quem?




ALMEIDA, Guilherme de.  A Frauta que eu perdi ( Canções gregas ).  Rio de Janeiro: Edição do Annuário do Brasil, 1924.  158 p.   13x19 cm.  Col. A.M. 




ARTE DE AMAR

OLHA aquella fonte agitada:
      como ella é verde quando escorre sobre o musgo
e como ella é prateada
quando se encrespa sobre a areia e os seixos bruscos;
e como ella é de oiro quando deslisa sobre
as folhas mortas de que o outomno soube
fazer flores de fogo frio á flor da terra...
Pela bocca múltipla das aguas, aquella
fonte, um dia, falou-me assim: — «Modela
«por mim o teu amor! E que elle tome, como
«eu tomo,
«a cor do leito em que dorme;
«e seja vario e multiforme
«para que se amolde e caiba,
«como a agua cabe, em qualquer vaso; e que elle cante
«constantemente, como eu canto, um canto verde;
«e que elle mate qualquer sêde;
«e que elle saiba
«possuir a sua amante
«inteiramente, envolvendo-a como a agua envolve
«o corpo da deusa ligeira que se atreve
«a banhar-se, e que, em minha mão liquida e imóvel,
«ainda fica mais leve!»



SILENCIO

CANTOR descuidado das fontes e dos bosques,
     quebra a tua frauía de sete cannas!
Porque dizer o que soffres, o que amas,
o que esperas, o que evocas? Não toques
nunca mais aquellas aladas melodias
com que seguias
o rythmo liquido das fontes
e a dança alta e verde das frondes!
Cala-te! Em vez de uma frauta de canna,
leva um dedo ao teu lábio:
Silencio!

O silencio é prudente e sábio:
elle é o único amigo
que levarás comtigo
desta existência para a vida subterrânea.




HAICAIS

HAICAI ou HAIKU – poesia japonesa de 17 sílabas em três versos:o primeiro de cinco, o segundo de sete e o terceiro de cinco.  Define-se o haicai: anotação poética e sincera de um momento de elite. Transpondo-o para o português, em 1936, o autor acrescentou-lhe a rima, fixando a seguinte fórmula:

— —  — —  X
—  0 — — — — 0
— —  — —  X



INTERIOR

Havia uma rosa
no vaso. Veio o ocaso
a hora silenciosa.




BOLHA DE SABÃO

Dirás, quando a vires:
“A bola de vidro rola
debaixo do arco-íris”.




PRESENÇA

Hora sem ninguém.
No manso ondear do balanço
de lona está alguém.




PUZZLE

A vida aos pedaços
nos brilhos destes ladrilhos
dos longos terraços.




HISTÓRIA DE ALGUMAS VIDAS

Noite. Uma silvo no ar.
Ninguém na estação. E o trem
passa sem parar.



O POETA

Caçador de estrelas.
Chorou: seu olhar voltou
com tantas! Vem vê-las.



FILOSOFIA

Lutar? Para quê?
De que vive a rosa? Em que
pensa? Faz o quê?



ROMANCE

E cruzam-se as linhas
no fino tear do destino.
Tuas mãos nas minhas






Esta Vida

Um sábio me dizia: esta existência,
não vale a angústia de viver. A ciência,
se fôssemos eternos, num transporte
de desespero inventaria a morte.
Uma célula orgânica aparece
no infinito do tempo. E vibra e cresce
e se desdobra e estala num segundo.
Homem, eis o que somos neste mundo.

Assim falou-me o sábio e eu comecei a ver
dentro da própria morte, o encanto de morrer.

Um monge me dizia: ó mocidade,
és relâmpago ao pé da eternidade!
Pensa: o tempo anda sempre e não repousa;
esta vida não vale grande coisa.
Uma mulher que chora, um berço a um canto;
o riso, às vezes, quase sempre, um pranto.
Depois o mundo, a luta que intimida,
quadro círios acesos : eis a vida

Isto me disse o monge e eu continuei a ver
dentro da própria morte, o encanto de morrer.

Um pobre me dizia: para o pobre
a vida, é o pão e o andrajo vil que o cobre.
Deus, eu não creio nesta fantasia.
Deus me deu fome e sede a cada dia
mas nunca me deu pão, nem me deu água.
Deu-me a vergonha, a infâmia, a mágoa
de andar de porta em porta, esfarrapado.
Deu-me esta vida: um pão envenenado.

Assim falou-me o pobre e eu continuei a ver,
dentro da própria morte, o encanto de morrer.

Uma mulher me disse: vem comigo!
Fecha os olhos e sonha, meu amigo.
Sonha um lar, uma doce companheira
que queiras muito e que também te queira.
No telhado, um penacho de fumaça.
Cortinas muito brancas na vidraça
Um canário que canta na gaiola.
Que linda a vida lá por dentro rola!

Pela primeira vez eu comecei a ver,
dentro da própria vida, o encanto de viver.





Cubismo

Um Arlequim feito de cubos
equilibrados:
trinta losangos arranjados
sobre dois tubos.
— Ele talvez
jogue xadrez...

No halo, que a lâmpada tranquila
rasga, de cima,
esse Arlequim de pantomima
oscila, oscila,
e vem... e vai...
e quase cai...

Mas entra alguém: é uma silhueta
que espia e passa.
Seu riso é um fruto sob a graça
da mosca preta
— É uma mulher
como qualquer...

Um gesto só lânguido e doce:
e, num instante,
Dom Arlequim, o petulante,
esfarelou-se...
— Todo Arlequim
é mesmo assim...

Publicado no livro Encantamento (1925). Poema integrante da série I - O Reino Encantado: Sugerir.




Indiferença

Hoje, voltas-me o rosto, se ao teu lado
passo. E eu, baixo os meus olhos se te avisto.
E assim fazemos, como se com isto,
pudéssemos varrer nosso passado.

Passo esquecido de te olhar, coitado!
Vais, coitada, esquecida de que existo.
Como se nunca me tivesses visto,
como se eu sempre não te houvesse amado

Mas, se às vezes, sem querer nos entrevemos,
se quando passo, teu olhar me alcança
se meus olhos te alcançam quando vais.

Ah! Só Deus sabe! Só nós dois sabemos.
Volta-nos sempre a pálida lembrança.
Daqueles tempos que não voltam mais!







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