miércoles, 20 de mayo de 2015

DIEGO URIBE [16.039]


Diego Uribe, poeta
Autor: Domingo Moreno Otero
Revista Cromos
Año: 1920



Diego Uribe 

(Colombia, 1867-1921)

Poeta sencillo, humilde e idealista. Uribe fue un poeta popular que conquistó corazones patrios y simpatías femeninas. Autor consagrado al arte y al cielo, inmortalizó el dolor por la amada, convirtiendo su poesía en una completa e incesante búsqueda del ayer y del hoy en los ojos de su musa.
Hombre inclinado al amor sincero, entusiasta de todo lo sublime; poesía sentimental y hogareña donde cada verso es la eterna morada del poeta, la cual retrató recorriendo las calles de Bogotá. Fue director de la Biblioteca Nacional. 




Invernal

El cierzo del invierno sopla inclemente,
Arroja su humo negro la chimenea,
Rebosan las estufas de aire caliente,
Y en el hogar la leña chisporrotea. 

Entre ricos cojines de pluma henchidos,
Sobre persas alfombras y sederías,
AI amor de la lumbre se hallan reunidos,
En las tardes de invierno largas y frías.

La niña dulces notas al piano arranca,
Mil rumores confusos el viento trae
En tanto que del cielo menuda y blanca
Como plumón deshecho, la nieve cae.

Ay del que siente el hambre cual buitre interno!
Ay de aquel que consuelos busca en el río!
Ay de los que en harapos cogió el invierno!
Ay de los que en la calle mueren de frío!

El cierzo del invierno sopla inclemente!
Rico tronco sujeto del áurea brida!
Bien cubierta de mantas la piel luciente!
Lleva rico carruaje por la avenida!

¡Suenan los cascabeles, de los plumajes!
¡Se ven sobre dos tordos el bamboleo!
¡Se oye el sordo crujido de los herrajes!
¡Entre surco de nieve pasa el trineo!

Qué lujosos cocheros y postillones!
Qué espesos los cristales de los postigos!
Qué profusión de plumas y de vellones!
Qué envueltas van las damas en sus abrigos!

Ay del que siente el hambre cual buitre interno!
Ay de aquel que consuelos busca en el río!
Ay de los que en harapos cogió el invierno!
Ay de los que en la calle mueren de frío!

El cierzo del invierno sopla inclemente,
A repartir la cena van los gañanes, 
La cena que en vasijas rebosa hirviente,
A la perrera llena de preciosos canes.

Calmado el apetito con grata holgura,
Entre sus ricas mantas y gruesas pieles,
En estancia de tibia temperatura,
Duermen los terranovas y los lebreles.

Qué abundante la sobra que hirviente humea!
Qué lejos está de ellos la noche fría!
El hornillo la estancia qué bien caldea!
Qué reposado el sueño de la jauría!

Ay del que siente el hambre cual buitre interno!
Ay de aquel que consuelos busca en el río!
Ay de los que en harapos cogió el invierno!
Ay de los que en la calle mueren de frío!

 Invernal. Obras poéticas escogidas. Bogotá: Ediciones
Tercer Mundo, 1953, s. p. 




¿CIEGO?

Sentado en una loma al pie de una barranca
Con su guitarra amiga, á solas, canta un ciego,
Y notas tristes, lánguidas al instrumento arranca,
Con la tristeza mística del solitario ruego.

Lo envuelven resplandores del sol, crepusculares,
Los vientos de la tarde su cabellera azotan,
Y al par que en el espacio se pierden sus cantares
Gotas de amargo llanto de su pupila brotan.

El sol bañó en sus rayos de resplandores rojos
El fruto de esos párpados, inmóviles y muertos,
Y yo enjugué una lágrima al ver aquellos ojos
Para el placer dormido, para el dolor, despierto.

Para él no hay sol radiante, ni noches estrelladas,
Ni amarillenta luna que surque el firmamento;
Para él no hay cariñosas sonrisas ni miradas,
Ni pájaros errantes que crucen por el viento.

Para él no hay más que sombra. Para él nada fue-
Es justo que se aflija y en su aflicción implore, [gura;
Y que cuando alce un canto desde su noche oscura,
Arranque notas tristes á su guitarra, y llore.


II

Pero también la sombra cruza radiantes huellas;
En negros nubarrones el rayo centellea;
En las oscuras noches fulguran las estrellas,
Y surge entre la sombra más diáfana la idea.

Si más que luz da sombra la claridad del día
Y el mundo de la forma, la humanidad ofusca,
¿ El ciego ve el impulso divino que lo guía,
Y claros los misterios que en vano el hombre busca?

¿Verá en su fondo mismo de Dios la omnipotencia?
¿Traspasará los lindes del misterioso arcano,
Y con los ojos fijos por siempre en su conciencia
Conocerá el abismo del corazón humano ?......

Entonces que no llore, que cante, que sonría,
Más lumbre hay en sus ojos y en su interior más
Que no abra la pupila porque la luz del día [calma;
Puede lanzar tinieblas sobre la luz de su alma.





DÍA DE DIFUNTOS

Hoy todo es triste, las campanas tienen
En sus dobles, tristezas funerarias,
Los hombres oran, los recuerdos vienen, 
Y al cielo van tañidos y plegarias.

Triste un tañido por el aire inquieto,
Llegó al lugar donde los muertos moran,
Y en cada tumba dijo al esqueleto:
Despierta de tu sueño, que te lloran.

Deja tus horas de quietud tan largas,
Contempla las guirnaldas que te traen,
Y recoge las lágrimas amargas
Que gota á gota en tu sepulcro caen.

Se animó entonces la materia inerte
Por largo tiempo en su ataúd dormida,
Y dejando la calma de la muerte
Tornó á mirar la lucha de la vida.

Los negros ataúdes se entreabrieron,
Las heladas rodillas rechinaron,
Las raídasmortajas descendieron 
Y en su tumba los muertos se sentaron.

Y al contemplar en polvo convertidos
Las vanidades y el poder humanos,
Y víctimas y esclavos confundidos
Con cetros y coronas y tiranos,

Se contemplaron los despojos y yertos,
Y sus cóncavos ojos, compasivos,
Hacia el cielo elevaron, y los muertos
Lanzaron un gemido por los vivos.

……………………………………………….
……………………………………………..

Voló el alma del cuerpo desprendida, 
Tornó á su fosa la materia inerte,
Y dejando la lucha de la vida
Tornó á buscar la calma de la muerte.

Ya espesa sombra el horizonte cierra,
Aun vibra la campana en son de duelo,
Ya oculta los cadáveres la tierra
Y brotan las estrellas en el cielo.






EN EL JARDÍN ZOOLÓGICO

Con nostalgia de víctimas, la boca,
Y nostalgia de selva, la mirada, 
Con la febril excitación del preso 
Que su perdida libertad reclama, 
En incesante batallar se agita 
En su estrecho cubil la tigre hircana. 
Nerviosa corre en torno de la reja, 
Sacude y muerde las seguras barras,
Y el eco sordo de feroz rugido
Agita el aire de la estrecha jaula.
De su cubil en el rincón más hondo,
La cola tiende, las orejas para,
La piel repliega, la cerviz recoge,
Y como flecha, por el aire salta. 
Recibe el choque, por el suelo rueda, 
Tiembla la reja de seguras barras, 
Pero la fiera se incorpora, gira
Y otra vez ruge, se repliega y salta.

Del ya naciente sol de primavera 
Un tibio rayo penetró en la jaula,
Y en tanto un viento perfumado y fresco 
Que en los barrotes, al entrar, silbaba, 
Llegó hasta el fondo de la jaula estrecha
Y acarició la fiera aprisionada. 
Algo como una turba de recuerdos 
Debió sentir y ver en esa ráfaga; 
Algo como la arena del desierto. 
Algo como las hojas de las palmas, 
Algo como los ecos de los bosques. 
Algo como perfume de montaña; 
Porque se echó donde el reflejo tibio 
Del sol de primavera penetraba.
Y abrió los ojos al azul del cielo
Y abrió el pulmón a las tranquilas auras;. 
Tendió el hocico entre sus fuertes brazos,. 
Batió la cola y escondió las garras, 
Nubló su frente sombra de tristeza. 
Rugió un gemido su feroz garganta,
Y apareció una lágrima luciente
En la pupila de la tigre hircana.






DÍA CON SOL

(Á las Directoras del Colegio Pestalozziano, Señora
Eva Googing de Cárdenas Y Señorita 
Paulina Googing)

Y Adán soñaba, y al soñar veía,
Medio oculta en neblina vaporosa,
Una etérea visión, que descendía
Con resplandor y majestad de diosa.

Y se acercaba más, y á su presencia
Sintió el deseo ardiente, de improviso,
De confundir con ella su existencia,
De repartir con ella el Paraíso….

¿Por qué las brisas, al pasar, tan suaves?
¿ por qué tan puro el resplandor del día ?
¿Por qué tan dulce el canto de las aves
Mientras el hombre en el Edén dormía?

Porque queriendo ahorrar  penas y enojos
Al hombre en su camino comenzado,
El señor quiso que, al abrir los ojos,
Mirase Adán su sueño realizado.

Y como prueba de su amor profundo
Envió á la tierra de un soplo soberano,
Y permitió que descendieran al mundo
La augusta madre del linaje humano.

Y surgió la mujer – do la figura
Se ostentaba del hombre –solitaria,
Y con ella el amor y la hermosura,
El arrullo, el perdón y la plegaria.

Surgió la esposa que el hogar convierte
En rincón tibio do la dicha mora,
Y anima al hombre en lucha con la suerte,
Y le enjuga las lágrimas, si llora.

La madre que en hogar tranquilo y santo,
De la virtud ceñida la corona,
Las suaves notas de amoroso canto
Junto á la cuna de su niño entona.

La hija tierra, la rubia cabecita,
Que hace que sueñe la cansada mente,
Cuando prendida al cuello deposita 
Su tibio beso en la paterna frente.

La abuela que adormece con cariño,
Sobre su canto, al nieto, conmovida,
Al contemplar lo que le espera al niño
En el rudo combate de la vida.

El ángel que con blanca vestidura
Y llevando en el rostro la alegría,
Va endulzando en el mundo la amargura,
En medio de los lechos de agonía.

La sabia institutora que su anhelo
Cifra en formar el mundo del mañana,
Y hace que encuentre la virtud modelo,
Y augusto templo la piedad cristiana.
…………………………………………………….
…………………………………………………….

Por eso eran las brisas tan suaves,
Y era tan puro el resplandor del día, 
Y era tan dulce el canto de las aves
Mientras el hombre en el Edén dormía.




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