domingo, 8 de febrero de 2015

KATHERYN RIVERA MUNDO [14.756] Poeta de El Salvador


Katheryn Rivera Mundo

Nace el 5 de mayo de 1989, en La Paz, El Salvador. Profesora en educación parvularia.

Fue promotora de los “Jueves de poesía y trova” en el  Café cultural la Rayuela 2009- junio2010, encargada cultural en el Festival de la Juventud 2009 y 2010 en Santa Tecla. Ex integrante del grupo de teatro Micos y Pericos. Actualmente es miembro del Taller literario “El Perro Muerto”.

Estudiante de Licenciatura en educación. La mayoría de su obra literaria aún permanece inédita.



"Muñeca rota", Katheryn Rivera Mundo, Editorial EquiZZero, 2012


"...el lector que tome entre sus manos esta “Muñeca Rota” se enfrentará a unos textos libres de género y de edad, son el resultado de la experiencia, por demás contemporánea, de una poeta circunscrita en una realidad muy particular: El Salvador de un milenio que se estrena. Es este el aporte fundamental de la poesía que se escribe en nuestros días, un testimonio claro y vibrante de las preocupaciones de todos..."

"Desde el título, “Muñeca Rota” el lector puede inferir el tono del poemario, es lo suficientemente honesto para decirnos que no se trata de una exaltación ilusa ni del amor, ni de la vida, ni de nada que la rodea; mas bien, es el testimonio de una mujer que se siente traicionada por la historia y, aunque parezca extraño, hasta por ella misma..."

Aida Parraga

Katheryn Rivera Mundo, es una de las ganadoras del certamen "Ipso facto 2011" con el libro "Muñeca rota", presentamos una selección de sus poemas.



Serpientes con mirada al horizonte

Llegaron a robar fragancia sin importar candados.
Cada beso fue espada para el sueño,
cada caricia nube quemada en las orillas de la acera.


El corazón floreció
junto a cada botón mal pronunciado.

Tantas sirenas decapitadas
con hermosos rostros
grabados en alguna lengua desconocida.

¡Cuántos nombres colgados en el moho de una mirada!
¡cuánta infancia marchita en un suspiro!
¡cuánta peste en estas calles!




Balada a la tristeza

Yo sé los sueños
que tuvo una cucaracha
sobre mi mano.

De lumbrales que abrazaron el silencio de las calles.

Mis ojos saben de claveles
que murieron en el primer suspiro.

Sí,
mis brazos también conocieron nudos
en la espalda de la sonrisa más seria.

Y me contagió la sombra que nos deja el frío.




Lo que haré en la tumba

Tallaré mi tristeza en una sábana,
serán  paredes los silencios,
las horas se disfrazarán de moho,
allí olvidaré los besos maquillados.

Temblará la sangre
sobre hojas de cemento.

Bordaré de fuego el nácar que me espera,
allí guardaré los ojos flacos
y los labios alimentados de tortura.

No sé si volveré a ser niña,
o el perro que devora la náusea de una burla.




Cabello de agua

Mi abuela lleva los ojos medio vivos,
tiene rosas sembradas en las manos,
en ella las hormigas curan cicatrices.

Su cabello de agua ocultó las cartas en el tiempo.

Ella guardó el llanto con los brazos de su rostro,
ahí sus caricias enfrentaron los lamentos.

Mi abuela
olvidó la cantidad de barcos en el mar de sus caderas,
los rayos ahorcados con sus piernas
así aprendió a enlazar su vientre con la luna.

Ella lleva la esperanza anclada
en su corazón de sueños.

Mi abuela se olvidará de mí,
se olvidará de todo.




Recuerdos de un ángel que nos asesinó el sueño

Olvidé el escombro donde robaron la primera lágrima,
el suspiro que nos sostuvo el canto.

¿En qué valles olvidaste la mirada?
¿de quién esas uñas deshechas en la ola del tiempo?.

Sólo tu ropa marchita,
sólo tu diadema de setenta y ocho vuelos
                                             /en el esqueleto de mi memoria.

Abuela:
¿En cuál esquina del silencio se nos fue la vida?




Muchacho de cabello triste

Enséñame de nuevo
el minuto donde nace el beso.

Regresa porque hemos fallecido
y el lamento llega anticipado.

Mis manos sin tu cabello son niñas que juegan a morirse.

Regresa porque aquí
el corazón molesta cómo campanada inquieta.


Pálida, llena de gracia

Abuela, si mañana muero,
se irá el ácido de mis poros con el dolor de mis huesos.

No dejes que mi madre asfixie sus relojes en mi sangre,
que no busque los matices de lo que ayer fueron mis ojos.

Entonces,
conocerás el porqué de mis pestañas apagadas,
la gota que llevo por corazón encenderá su esperma.

Aunque hayas aprendido
a leer los caprichos de mis labios
verás que mi cabello hizo el amor con el silencio de un latido.

Si mañana muero,
perdona el licor de mi nombre que laceró tus oraciones.



Hoy que ya no vuelves

Cargo un escapulario de tiniebla
en el bolso de mis amoríos,
donde quebraste las alas de mis lágrimas,
donde olvidé los otoños prohibidos
y se ahogó  el mar del oleó casto.

Sentí entre las piernas de la cama
el abandono de tus manos.

Las arrugas pesan en el calendario,
cómo a mí me pesa la púa del olvido.

Esta sombra del adiós
conoció el color de los poros muertos.

Hoy me desvisto de tu compañía
y me pinto la soledad como vestido.



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