martes, 17 de febrero de 2015

CAYETANO JOSÉ RODRÍGUEZ [14.925] Poeta de Argentina


Cayetano José Rodríguez

Cayetano José Rodríguez (San Pedro, Río de la Plata, Perú, 1761 - 21 de enero de 1823) fue un clérigo,independentista y poeta argentino. Fue diputado en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816, el cual declaró la Independencia Argentina. Como poeta fue autor del primer Himno Nacional de 1812; escribiendo, también, las Odas en honor de Carlos María de Alvear, del Cruce de los Andes y la Victoria de Chacabuco y el panegírico en honor del General Manuel Belgrano, fallecido en 1820. Como religioso defendió los derechos de la Iglesia contra el secularismo de Rivadavia y sus reformas eclesiásticas durante su etapa como ministro de Buenos Aires.

Biografía

Rodríguez nació en San Pedro, gobernación del Río de la Plata y estudió en el Colegio del Convento de los Padres Franciscanos, uniéndose a la orden a la edad de 16 años; recibiendo las órdenes menores y mayores en Córdoba de La Nueva Andalucía en 1778; y transformándose en sacerdote en 1783. Ingresó en la Universidad de Córdoba, donde tuvo a su cargo las cátedras de Teología y Filosofía entre 1783 y 1790. En 1790 retornó a Buenos Aires, donde enseñó teología, filosofía, Hermenéutica y Física en el Convento Franciscano de la Capital del Virreinato. Sus enseñanzas se conservan en el convento de San Francisco en Jujuy.

Rodríguez quedó impresionado por los patriotas y revolucionarios de comienzos del siglo XIX, convirtiéndose en un patriota y escribiendo un poema en 1807 dedicado a los esclavos que defendieron la ciudad durante las Invasiones inglesas. Se hizo amigo y maestro de Mariano Moreno. En 1810 participó activamente de los procesos independentistas y fue nombrado director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (actual Biblioteca Nacional) cargo que desempeño hasta 1814. También fue nombrado como Superior Provincial de la orden Franciscana.

En 1811 fue elegido ministro provincial; y en 1813 se lo designó como miembro de la Asamblea General Constituyente de 1813, encargándose de redactar los diarios de las sesiones hasta la disolución de la asamblea en 1815. Fue elegido como representante de Buenos Aires para el Congreso de Tucumán de 1816.

Después del Congreso, Rodríguez volvió a sus responsabilidades religiosas y públicas. En 1822 fundó el periódico El oficial del día, en el cual defendía a la Iglesia ante las reformas impulsadas por Rivadavia, (entre las que se cuentan la abolición del fuero eclesiástico y el diezmo, supresión de algunas órdenes religiosas, etc.), las cuales eran defendidas por el periódico El Centinela. Luego de la promulgación de las leyes de Rivadavia se retiró de la vida pública, dedicándose a sus deberes religiosos.

Falleció el 21 de enero de 1823 en el Convento Franciscano de Buenos Aires, a los 62 años de edad.

En 1903 se inauguró un monumento de bronce en la plaza que lleva su nombre, en la localidad bonaerense de San Pedro.




Poema que un Amante de 
la Patria
(1761-1823) 

Fray Cayetano Rodríguez



Poema que un amante de la patria,

Consagra al solemne Sorteo celebrado en la plaza mayor de Buenos-Ayres, para la libertad de los Esclavos, que pelearon en su defensa

Con licencia: En Buenos Aires. En la Real Imprenta de Niños Expósitos.
Año de 1807.


Llegó el felice día,
¡Oh! pueblo a todas luces venturoso
en que la musa mía,
(Cediendo sus temores a su gozo)
Puede cantar tu triunfo, tu victoria,
tú más heroica acción, tu mayor gloria.

Para ceñir tus sienes
esta piedra faltaba a tu corona.
¡Oh! pueblo, ya la tienes,
y ella es sin duda la que más te abona;
pues al nombre de fiel y valeroso
el dictado te añade de piadoso.

Disfrutabas contento
de dulce paz, efecto de tu brazo,
tu victorioso aliento
te preparó morada en su regazo:
Pero esta gloria fuera muy menguada,
si tu piedad quedase desairada.

Tú, sin par generoso,
por un rasgo de honor inimitable,
realzando lo piadoso,
te prestas a favor del miserable,
dejando de algún modo satisfechos
de libre condición justos derechos.

Más humano que aquella
antigua Roma, la ciudad del mundo,
tu honor piedades sella
que te hacen el primero sin segundo,
pues si Roma forjó cadenas tantas,
tú, vencedor con gloria, las quebrantas.

No dicta sabia Atenas
dictámenes más bellos. Tú has formado,
de amor y piedad llenas,
leyes que al oprimido ha sublevado,
consagrado a su alivio y su consuelo,
tu gratitud, tu bienes y tu celo.

El secreto has hallado
de aumentarte celosos defensores,
pues también has pagado
de su inculto valor raros primores.
ni saben cual es más al mejorarlos,
si haberte libertado, o libertarlos.

No gima ya la triste
humilde condición del miserable,
pues que desde hoy ya viste
librea nueva de honor más respetable.
A su heroico valor se lo ha debido,
y a tu piedad ¡oh! ¡pueblo agradecido!

Jamás te ha amanecido,
buenos Aires feliz, más claro día,
que aquel en que has sabido
los llantos convertir en alegría,
a tantos redimiendo del pesado
yugo de esclavitud que habían cargado.

Esta acción te coloca
al lado de Mentor, del sabio Minos:
como a ellos dar te toca
de gobierno dictámenes divinos:
pues es menos vencer, puesto en partido,
que premios saber dar al que ha vencido.

Doquiera que el sol luce,
y de esta noble acción se haga memoria,
al punto se trasluce,
tu fama, tu piedad, tu honor, tu gloria;
y envueltas quedan en conceptos vagos
las Espartas, las Romas, las Cartagos.

No ya solemnes vivas
escuches de los pueblos más lejanos,
ni plácemes recibas,
porque heroico venciste a los Britanos:
Que más gloria te da lo generoso,
que la nota de invicto o victorioso.

En tu intrépido aliento
de Sagunto y Numancia copia fuiste,
y quizá algún momento,
tan valientes excesos excediste;
mas, en premiar del pobre el heroísmo,
eres ejemplo y copia de ti mismo.

Aunque te son debidas,
están demás columnas e inscripciones:
Que están bien esculpidas
en el alma de todas tus acciones;
pero ésta sólo erige un monumento,
que por único y raro es un portento.

Si a la par de tu anhelo
acreciera tu haber hasta lo inmenso,
ejercicio tu celo
hallara en tus piedades más extenso.
¡Y qué fuera, tu tesoro
el encantado vellocino de oro!

Tanta piedad consuela
a quien el hado barajó la suerte,
y fino se desvela
por motivo más noble en defenderte;
reputando quizá yugo suave
el que antes soportó molesto y grave.

Esto hace tu decoro,
¡Oh! ¡pueblo fiel! y acción de tanto grado
Es la manzana de oro,
Que te hará en ambos mundos envidiado;
Ni será la discordia por ganarte,
Si, por tener la gloria de imitarte.

Del Argentino Río
las aguas publicaron tu victoria;
pero a esta acción le fío
que eternice en el globo tu memoria:
Así resonará de polo a polo
con crédito inmortal tu nombre solo.
  
¡Oh! quiera grato el cielo
impartir premios con benigna mano,
dando a tu heroico celo
guirnalda eterna, premio soberano,
porque una acción que en sí todas encierra,
recompensa no tiene acá en la tierra.

Entretanto, recibe
el aplauso común, pues él te aclama:
Feliz, descansa y vive
en brazos del honor y de la fama,
y sea tu nombre célebre y famoso,
el pueblo fiel, valiente y generoso.


A una moza muy hablativa

Asombrado me tiene, Pancha mía,
Tu charlar eterno y portentoso,
Ese habladero cruel, tan afanoso
Que toca en los extremos de manía.

Hablas, mi Pancha, hablas noche y día,
Ora agitada estés, ora en reposo;
Así tu labio nunca está mohoso,
Y tu lengua jamás con perlesía.

¡Prodigioso charlar! Si la escultura
El busto de un locuaz hacer quisiera
¿Qué original mejor que tu figura?

Entonces, con asombro el mundo viera
Que hasta el sólido mármol, ¡cosa rara!
Por ser tu copia, sin cesar charlara.

Primera poesía argentina, 1600-1850. Investigación, selección y notas: Javier Cófreces. Ediciones en Danza, 2006



Convite universal

¡Oh de la libertad sabios amantes
que anhelando vivís don tan precioso!
Venid del Sur al hemisferio hermoso
do moran tus alumnos más constantes.

No más correr el vasto globo errantes;
fijad destino. Nunca más glorioso
que en el bello país, donde en reposo
respiran libres ya sus habitantes.

Hoy el Sur os convida. El ha quebrado
el ominoso yugo que oprimía
el cuello americano. El ha jurado

ser libre o no existir en este día.
Venid todos, venid. Nada es vedado
a los que odian como él la tiranía.

Antología poética de Mayo. Selección, prólogo y notas por Héctor F. Miri. Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1960.

Noticia: Franciscano, en homenaje a sus méritos intelectuales Fray Cayetano fue ordenado sacerdote antes de la edad canónica -13 de enero de 1778-, y se especializó en teología y filosofía, cuyas cátedras dictó en la Universidad de Córdoba desde 1781 a 1790. De regreso a Buenos Aires, trabó íntima relación con los patricios de Mayo, sobre todo con Mariano Moreno, que había sido su alumno y con el que hizo una amistad permanente. Autor del "Himno a la patria", compitió con López y Planes en la Asamblea de 1813 que eligió de éste la "Marcha patriótica" que hoy es nuestro Himno Nacional. En 1816 fue diputado al Congreso de Tucumán, en el que se destacó por ser el primero en propugnar el proyecto de una Constitución. Según Juan María Gutiérrez, que conservó sus obras, el soneto "Convite universal" debe de haber sido escrito en 1816, en celebración de la Independencia. (Atención de Silvia Camerotto).





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