miércoles, 14 de enero de 2015

SAMUEL ARAMAYO GARCÍA [14.474] Poeta de Bolivia


SAMUEL ARAMAYO GARCÍA

(Trinidad, Beni, Bolivia, 1901 – Cobija, Pando, Bolivia, 1941).- Poeta.
Se tituló como maestro en la Normal de Sucre. Ejerció la docencia y llegó a ser director de escuelas de Trinidad y de Tupiza (Potosí).

Sobre su obra, publicada mayormente en periódicos, el estudioso César Chávez Taborga afirma: "Este autor recoge en verso el colorido del paisaje y la expresión nativista de su tierra. El árbol, la pampa, el río, el carretón, la danza, todo ha sido incorporado a su lírica bucólica y panteísta".

El poema ‘Los Macheteros’, dice: 


Los macheteros

Ton, ton, tontochi, ton-ton,
suenan los tambores
de los macheteros.
Y en sus cascabeles y flautas sonoras
evoca la raza sus tiempos primeros. 

Un fuego de luces refulge el plumaje
que en la testa llevan como real diadema.
Y hay en la cadencia de su danza suave
de las moperonas la gracia suprema
y el trinar sonoro de las bellas aves.

¡Oh, danza sagrada
que cual dulce ofrenda
en el Gran Paititi resuena sonora.
Hay en tu sancuti sabor de leyenda
y un eco lejano que el Beni atesora!





Crepúsculo beniano

Vienen rechinando desde la laguna
las lerdas carreteras de los leñateros.
Las yuntas uncidas, sin protesta alguna,
tiran al "ji-úsa" de los carreteros.

Por los caminitos de la pampa extensa
se aleja el ganado rumbo a los corrales,
canta el guajojó su tristeza inmensa
y los tordos trinan en los matorrales.

Una suave brisa peina los follajes
poblados de aves y sembrados de trinos.
Invade la sombra todos los ramajes
y negros fantasmas cruzan los caminos.

Torcazas y loros pasan en bandadas
en busca del blando refugio del nido,
los grillos rechinan desde las aguas
llenando el espacio su agudo chirrido.

Sobre la arboleda que esfuma el ocaso
la tarde diluye su llanto de oro.
La noche ha llegado con taimado paso
y a la luna entonan, las ranas, su coro.

¡Oh, tierra beniana de simpar belleza,
de gratos encantos y dulce ambrosía,
puso en tus ocasos la naturaleza
la nota más tierna de amor y poesía!





Leñador

Leñador:
no hieras al árbol
donde cuelga el ave
su nido de amor.

Leñador:
detiene tu acero
y ese corte fiero
no des por favor.

Leñador:
no hieras al árbol
que te da su fruto,
su sombra, su flor.

Leñador:
cambia tu tarea
por otra mejor:
¡hazte sembrador!





Sembrador

Sembrador, ¡siembra tu grano!
Que una mies lozana y rubia
brotará cuando el verano
se derrame en clara lluvia.

Sembrador que vas arando
con vuestra yunta jadeante
y en los surcos vas dejando
la semilla fecundante.

Ya cesó la cruel pelea
que marchitó tu sembrado.

Sembrador, a tu tarea,
¡que la paz ha retornado!

Sembrador, mi buen amigo:
siembra granos, siembra flores,
porque el pan nace del trigo
y el perfume, de las flores.









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