lunes, 26 de enero de 2015

LUCÍA MOSCOSO RIVERA [14.573] Poeta de Ecuador



Lucía Moscoso Rivera 

(Quito, ECUADOR 1983)
Licenciada en Lengua, Literatura Española y Lenguajes Audiovisuales por la Universidad de Cuenca. Ha trabajado como docente a nivel secundario y universitario; y como correctora de redacción y estilo en diferentes revistas e instituciones. Ha coordinado talleres de creación literaria bajo el nombre de “Mecánica Giratoria” espacio de gestión cultural y editorial, la cual dirige actualmente.  Aparece en 100 Poemas: antología de autores del mundo de la Editorial Márgenes Azules (Argentina, 2014) y publica su primer poemario Dictado de la mano izquierda con la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay (Ecuador, 2015).


DE FECHAS CON ESPINAS
                                                                                                                                                                                                                                                                                          Azotado de fechas con espinas
                                        César Vallejo.


Marzo
trampolín del tiempo

La inquietud del caminante
que alguna vez fue pez.

La incertidumbre del nido
que extravió su ave.

El carrusel en el que van los días
a descocernos,
redondeles donde se desprenden
las puntadas de la mentira y del placer.

Se abre el cofre que usamos
para esconder el ruido de las naves
que buscan estrellarse en cualquier razón.

Brotan nombres enterrados
con la identidad que les otorga el polvo
y el pensamiento de quienes quedaron de pie.

Florecen cristales en la maleza púrpura
de una pasión equivocada.

Marzo-carrusel
metáfora circular:
los días en una canción dulce y arterial
las noches deshojadas, sin esperanza.

El caminante busca dentro
la quietud del mar cuando todos se han ido:

Observa cómo el aire empieza a ser el cielo levantándose

Sin detenerse, sin bajarse,
dibuja una mueca en el espejo
y encuentra la muerte por la boca.



SOLO HUBO PIEDRAS
EN EL MAR UN VESTIDO DE PIEDRAS

El frío en todo el borde de la tarde:

¿Qué pájaros son esos que devoran sus propias plumas?

Semejantes a quienes abren el silencio
lo desmenuzan y crean ruinas de papel:
letra muerta sobre letra herida.
El sonido como piedra hace agujeros en el aire
de ayer, en todo el ayer amontonado.

¿Qué pájaros son esos que convertidos en ceniza
cortan en círculos nuestro cielo?

Nuestro, todos los nombres en mi nombre
un lamento fugitivo se precipita en la boca:
rutina vaga de un sentimiento torcido.
Sin encanto la pasión enreda su pelo en la luz
en la lengua que despierta incinerada.

¿Qué pájaros son esos que hacen de la tormenta su nido?

Plateado el temporal y el viento a contrasentido
espectáculo de alas amortajadas en el cielo:
infinito mantel bordado de mentiras.
Despojos alados de una causa desquiciada
el querer con su pico quebrado lastima la lluvia.

Todo el frío en el borde de la tarde:

Por más pequeña que sea cada cosa tiene su lugar
un aerolito en el paladar del universo se bifurca:
firmamento y superficie.
Los hombres en la vigilia se anclan en la tierra
pero en el sueño hasta los huesos son celestes.

Arriba y abajo, sobre las olas o estando en ellas
humanos dentro o fuera del laberinto
cualquier camino tiende trampas.
Farsa: acariciar el velo que cubre la esencia
latidos estallan en el anzuelo que arroja la pavura.

En el ojo los colores maniáticos del clima
del sosiego al equilibrio perturbado:
amnesia de la voz después de una promesa.
El perdón después de la infamia es tuerto
la cabeza después del vientre es imposible.

Si todo tiene su muro el martillo es persistente
y la mano una razón para la ira del que pierde
el tejido de la espera se deshace en la protesta
austral la naturaleza astral grita sin romperse:

La arena se petrificó
el humo se petrificó
el tiempo se petrificó
¡La vida entera se petrificó!

El mar abrió la boca
los pájaros descendieron fósiles
abatidos hacia un abismo marino
que a la vista de todos también se convirtió en piedra.


Dentro de un ojo de pez

Peces boca arriba
flotan en su propio sueño,
branquias de una fábula callada,
escamas de luz zodiacal.

Pez aguja, pez ángel,
pez de cristal, pez luna mortal,
pez austral sobre los techos,
en el cielo trompeta de agua dulce
y burbujas en picada.

Boca de pez hervido
con la sal de su propio sueño,
esqueleto partido y repartido,
carne adherida a los huesos.

Pez negro, pez mariposa,
pez murciélago, pez de sol,
pez de espaldas, por fin, dormido,
abierto hacia la eternidad.

Peces llamando al anzuelo,
ojo de pez fluorescente,
absorbe el verde heredado
de la tierra a todo océano,
coral cobija a coral y tumba.

Pez volador sobre agua ciega,
esculturas tubulares de espuma,
zigzag azul cerca del ruido
encerrado en una caracola.

NADA DE ESTO PUDO SALVARSE,
LAS NAVES HASTIADAS DE SAL
BUSCARON SU ESTANQUE DE ALCOHOL.
Destilación de la imagen,
ebullición del reflejo más volátil.

(En el insomnio marino: la palabra, 2012)


Los postes son árboles

(y los árboles plumas                           
enredadas en la tierra)

Hay pájaros tuertos
haciendo nido en catedrales
hay días en que sus sombras
se despegan del asfalto
y vuelvan sobre el suelo
que es su cielo desdibujado.

Hay hojas, piedra y ceniza
memoria que tiembla en el aire
huesos levantados del tiempo
mortajas adheridas a las calles:
peatones de circunstancias grises.

Hay pájaros muertos
ocupando el nido de otras aves
hay cuerpos enredados en cables
de luz, una luz con sed de sombra
sobre una ciudad que lame los nombres
de quienes sembraron el olvido
despegándose de su propia carne. 


Acaricia el temporal

El vértigo demanda un aterrizaje.

Saborea el artificio de la nada:
el cielo es un espejo vasto.

Registra la curva del cotidiano:
ilusión circular de respirar fuera de la línea.

Maniobra de nubes en tránsito:
pensamientos insoportablemente leves.

Transcurrir de coincidencias planas:
el traspié de un andar inalterable.

Numerosa caída y arribo inesperado:
ansia de real desplazamiento.

Acaricia el temporal
el tacto descompuesto,
la luna engaña al lamento
y lo convierte en destello
tras ser devorado crece dentro:

Todo el peso se ramifica
y brota la fe como alimento por la mañana. 



OLOR A NAFTALINA

Veamos el movimiento del piso
el peso de los minutos en la espalda
el paso de un pie al otro lado del todo
veamos qué puso la luz de madrugada
sobre este despertar con boca de trompeta.
Veamos el camino de tiza en la memoria
el trazo de la prisa sobre los motivos
la suerte presa de su propia suerte: reza
veamos la oración que es enigma de aves
dentro de un templo de piel y de sombras.
Veamos cómo se volatiza el fuego
-el combustible del mundo es la palabra-
veamos cuánto alquitrán hay en la historia
y de qué forma los recuerdos universales
despiden el mismo viejo olor a naftalina.

*Texto que aparece en 100 Poemas: antología de autores del mundo, Editorial Márgenes Azules, Argentina.




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