domingo, 7 de diciembre de 2014

LYA SIERRA GONZÁLEZ [14.193] Poeta de Colombia


Lya Sierra González

Lya Damaris Sierra nació en Barranquilla, Colombia   en 1956. Es licenciada en Ciencias Sociales y Económicas en la Universidad del Atlántico, y egresada de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la misma universidad.

En 1988 obtuvo la beca del Ministerio de Cultura y del Fondo Mixto de Cultura del Atlántico con el trabajo Meira Delmar y otras voces femeninas del Caribe colombiano, modalidad ensayo. Logró el segundo premio en el Primer Concurso de Poesía Universitaria Latinoamericana, convocado por la Universidad Externado de Colombia.

También obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Minicuentos, organizado por la Asociación de Educadores del Atlántico en 1992. Fue incluida en la Antología Poetas en Abril, 1985. Poemas suyos han sido publicados en Suecia, Argentina, Venezuela y en revistas de distintas ciudades del país. Desde muy niña escribe en la prensa cultural y tiene varios libros de poesía, Baladas para nombrar este tiempo de sombras (1986), y la novela Esa gordita sí baila (2003), que ha sido estudiada en las universidades. Perteneció, como miembro fundador, al grupo Escarabajo. También escribe cuentos y ensayo. Prepara un estudio extenso sobre la poesía caribeña escrita por mujeres




Silvia Castro habla de su Joaquín

silvia castro
habla de su joaquín
como una colegiala de antaño
hablaría de su amor inicial
la picardía le patina por el cuerpo
de cañabrava en reposo
en sus ojos se atropellan
los días de otro siglo
en el que se quedó su hombre
enredado en un laberinto
de tiempos

vuelve al día en que lo vio
vestido con la elegancia
propia de los veinte
y sucumbió a su estampa
de carpintero serio
que hacía los mejores muebles
de toda la comarca

fue en el primer baile de ella
que ahora danza en sus pupilas
de bisabuela inconforme
dibuja el vestido
hecho por las manos
de la tía solterona
la que anduvo recogiendo sobrinos
por los pueblos olvidados
los frutos que fueron dando
los ímpetus de manuel
el que fue músico de banda

silvia cuenta del abrazo
en que la encerró joaquín
para protegerla del trueno
que paralizó a la orquesta
que molía sus cadencias
en el rincón del agua fresca

con memoria juiciosa
revive la salida por las calles
donde la lluvia trazaba
charcos de impaciencia
y el cochero esperaba
para llevarla a la curiosidad
de la tía
por saber las impresiones
de la primera salida

habla de su noviazgo
que siempre fueron
visitas controladas
por toda la parentela
de gómez de risa corta
a la caza de un descuido
para que hablaran las manos
que por supuesto no lo hicieron
cuenta de los consejos de tía
sobre cómo enfrentar
las malas mañas
que todos los hombres adquieren
sentenciaba solemne
con la certeza que daban
las experiencias ajenas

el vientre de silvia
se ensanchó
por quince veces seguidas
y ya el amor fue otra cosa
pero aún cuando habla
de las mujeres sonsacadoras
que asediaban a su joaquín
de las borracheras
que restaban el pan
y de las iras que menguaban
su paciencia de señora
de su señor
los ojos de silvia castro
son los de una quinceañera
aunque lleva veinte años
sin su bello parejo de vida




Onírico

esta mañana de octubre
bien despierto
salvador dalí
se pasea por veinte de julio
luce una desfachatez
de piyama y de sus
infaltables bigotes
que son un desafío
al caos de las aceras
esta arrogante criatura
que con una pirueta galante
me ha cedido el paso
¿de qué sueño habrá salido?
aclaro que de ninguno de los míos.





Al olmo de Guizors

también el árbol sabe
de misterios y de cábalas
por algo sus hojas son
los oídos del tiempo.





Un triste brindis por la Medialuna

Dejad las lámparas
no hay amanecer
entre los muertos.

omar khayyam

ese rojo que enluta las arenas
no es el de las rosas ni el del sol
que nos entrega al esperado
abrazo con la noche
es el rojo que alimenta
al águila insaciable
que parte mezquitas y plegarias

el odio se bebe todo el cielo
de bagdad la ciudad dada por dios
el mismo cielo al que scheherazada
conjuró para alargar sus días
con un vuelo de alfombras
con aquel árbol que canta
con las buenas trampas de aladino
con genios seducidos
por la picardía de las amantes
con caderas que son lunas opulentas

los dátiles reciben
todas las apuestas de la muerte
sangra la memoria del profeta
gime el cubo

sin que el grito del muecín lo anuncie
bagdad ya no es la ciudad dada por dios
sino la devorada por legiones
de llamas codiciosas.




Ocurre que me pierdo

ocurre que me pierdo
cuando intento acercarme a mí
conocer mis desatinos
mis pobrísimos aciertos
ocurre que a veces muchas veces
la brújula secreta se enloquece
y mi norte es una enloquecida referencia
puede ser un claroscuro
donde la luna instala su miedo
(con leñador y todo)
suele ser por contraste la noción
de un inminente optimismo
que al no encontrar mis cardinales
cómodamente instalados
se confunde con los ángeles feroces
que el filósofo de atenas no advirtió
cuando ingenuamente quiso
que viajáramos adentro de nosotros.





De vez en cuando

de vez en cuando provoca
darle un pellizco a la luna
para arrancar un respingo
al leñador sentado
sobre todos los milenios

de vez en cuando conviene
alterar el compás
de los insoportables relojes
que nos acortan el tiempo
del amor
y con ello el de la vida

de vez en cuando es muy bueno
tirar de las barbas del día
para que no se repita mañana
con los mismos desafueros

de vez en cuando es muy útil
revolver nuestra memoria
separar con cuidado
los claroscuros vividos
inventariar luces y sombras
ocasos y amaneceres
osadías e inhibiciones
y tirar por el olvido
los necesarios fracasos
que hemos acumulado
por las edades de la vida.





Del presente que no es efímero

en este país mi país
yo vivo de conjuros
y me invento una casa
de todos los encuentros
con ventanas abiertas a otro suelo

en este país tu país
tú eres mago
y a falta de palomas
que otros desprestigian
en una algarabía sosa de campanas
tienes lluvias de colores
y ese árbol tierno
que además de cantar
siempre ofrece sueños
que entran por mi piel
desde todas las distancias

en este país su país
él saca imprecaciones
de la rabia
es su recurso preferido
cuando mira lánguidas canastas
donde el pan es menos que los circos

en este país nuestro país
nosotros oscilamos
como péndulo oxidado
de la verdad a la mentira
y muchas veces no sabemos
si nuestra orilla es verdadera
o una amenaza de arena movediza

en este país vuestro país
la segunda persona del plural
no se conjuga como no se conjugan
muchas cosas

en este país el de ellos
pocos muy pocos hacen el país
mi país tu país el de él
el de nosotros el de los muchos.




Cuando a veces la primera encrucijada

a veces la primera encrucijada nos asalta
suele venir detrás de la figura de aladino
o de aquel árbol parlanchín
separado de ariadna por otros meridianos
pero confundidos en una misma
visita de noviembre que nos trajo
el primer luto de familia
por el controvertido amigo del azúcar
o tío sin segundas intenciones
pero en primera línea del afecto

la inicial encrucijada
con una primavera ajena por supuesto
y por añadidura rota
con un mayo bien extraño
girando en las noticias
y tantas preguntas merodeando en los descansos
muchos nudos al acecho del asombro
el perfil de la puta más santa de los tiempos
las primeras barbas que barrieron el desahucio
limpiaron las infamias de la nieve
y le inventaron canciones al futuro
también la obligada confidencia 4 p. m.
de todos los bullicios
suele asaltarnos
pero claro
sin la suerte de aladino.




Adivina, advivinador

sin ser peter pan
yo vivo en el país
del nunca jamás
no voy a decir por qué
al igual que francisco urondo
yo también creo
"que la vida es lo mejor
que conozco."





Amantes del siglo pasado

Es de noche: a esta hora despiertan
las canciones de los amantes, y también
mi alma es la canción de un amante.

friedrich nietzsche

con este afán de tiempo
que todos tienen
pronto tú y yo seremos
amantes del siglo pasado
y eso tiene sus ventajas
a pesar de que los astros
seguirán presagiando
(es su vieja costumbre)
que con tu tierra y con mi aire
somos un torbellino en seco

tú seguirás siendo
mi incansable seductor
que por instantes olvida
su talante cartesiano
y se desboca como un corcel
conducido por dionisio
(diría aquel inocente
que oyó hablar a zaratustra)
yo seguiré viviendo
con la medida exacta
del menos común de los sentidos
con mis frecuentes equívocos
para la vida práctica
con mi difícil adaptación
a otras circunstancias
y otras gentes
y seguiré soñando
que vivo en otros días
quizá muy peligrosos
pero seguramente más humanos
viviremos amándonos
con todas nuestras claves
esas que nos inventamos
y los demás nunca tendrán
con su inútil afán de tiempo
en fin para eso ya casi somos
amantes del siglo pasado.











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