sábado, 6 de diciembre de 2014

IMELDA MINA DÍAZ [14.188] Poeta de Colombia


Imelda Mina Díaz

Nació en Caloto, Cauca, Colombia. Vive en Santander de Quilichao. Estudió
en la Normal Superior de la Universidad Libre de Bogotá.
Experta en comercio, del Colegio Fernández Guerra, de Santander de Quilichao. Licenciada en Biología y Química, de la Universidad del Valle y es especialista en Educación Ambiental de la Fundación Universitaria de Popayán.
Docente de la Institución Educativa La Arboleda, en el municipio de Santander de Quilichao, Cauca. Ganadora del primer puesto en el concurso del Ministerio de Educación Nacional, como docente en el norte, en el municipio de Santander de Quilichao.
Se destacan dos cartillas didácticas sobre manejo de los ecosistemas, realizadas dentro del proyecto Praes, en poemas y en especies vegetales en vía de extinción en la vereda La Arrobleda.
En la dicción de Imelda Mina Díaz, los ritmos de la música de la región Pacífica son prepondrantes. Y en sus poemas podemos claramente distinguir el pie anfíbraco. 




Tarde de mayo

Las oye el susurro sonando,
cae el rocío en materas
y riachuelos va formando.

Es lluvioso el mes de mayo
de verdor en el paisaje,
creando esta un ensayo
se refleja en el ramaje.

Primavera de mil colores
en la cinta ecuatorial,
se ven brotando las flores
en todas partes y en el guamal.

Brota el árbol de aguacate
los retoños en la rama,
arquitectura de hermoso plante
lo cubre una suave lama.

También se ven chiminangos
las orquídeas, platanales,
los helechos y los mangos,
la guadua para corrales.

Los naranjos con sus nardos
perfumando en el ambiente,
las veraneras y los prados
frío suave el cuerpo siente.

Los cañaduzales cual tapetes,
verdean por los terrenos
sus espigas forman copetes
tachonando los sembrados.

Es la vida para unos
contradicción para otros,
viven felices algunos;
es el panorama entre nosotros.





Charco hermoso

Buenas tardes compañeros,
la tarde está calurosa,
al charco de la cuadra
llegaremos primero.

Sale Lola por aquí
y Silvina por allá,
Bertilda, Ime y Tera,
Joselín y Yochalbita,
Carmencita y otras más.

Los más grandes adelante
protegiendo a los pequeños
formando un bando compacto
para podernos bañar.

El charco está vacío,
ningún otro llegará,
solamente los que estamos
nos podemos recrear.

El clavado y la paloma,
el braceo, espalda y pecho
vuelta canela o voltereta
eran unas de las tretas
para cubrir el espacio
impidiendo a otros el nado
hasta quedar satisfechos.

Así era un día y otro día,
quien llegaba primero
dejaba a muchos sin baño.



Sustento

Por el camino polvoriento,
taciturno y pensativo,
va un hombre a caballo
con sombrero de paja,
la ruana al hombro,
el machete en el cinto
con cubierta de cuero,
botas fuertes de cordones,
medias y camisa de cuadros,
pantalones de dril
color café claro
al despuntar la mañana.

Son recuerdos de otros tiempos
que giran en su cabeza,
lleva prisa como el viento
porque el sol se asoma
y se divisa al oriente
haciendo más dura la brega.

Quiere llegar a su finca
antes que el sol caliente
a labrar en su parcela
y productos cosechar.

Naranjas y limoneros
pitahayas y papayas,
zapotes, zapallos y caimos
y el infaltable cacaotero.

La caña dulce entreverada
y no falta por demás
el café de tallo alto,
la albahaca negra
para el sancocho
y el cimarrón ni se diga.

Hacen parte de este grupo
y el bihao para envolver
la pasilla y el cacao
y en las jigras de ojos grandes
poderlos transportar
con plátanos, guabos, bananos
y las guayabas también.

Los cachimbos gigantescos
con sus flores anaranjadas
dan sombrío a los cultivos
y con raíces salientes,
que sirven en su momento
para allí reposar
de la larga jornada
cuando el día termina
y a casa ir a descansar.

Así se obtenía el sustento
en esta región colombiana
nortecaucana
para vivir y vestir bien
y a sus hijos educar.




Nuestros ancestros

La cara de los años
se forma con el tiempo,
pasa la edad como un baño,
tu mirada clama descanso.

Tienes cara de agotado
fatigado de vivir,
ya tu andar se hace despacio
poco quieres tu reír.

No te aflijas viejo Congo,
la vida te ha premiado,
muchos quedan en el sendero:
sus días pronto han terminado.

Con afán y desespero
van trazando sus caminos
con angustias y desvelos
queda una tumba bajo el carbonero.

Que vivan los ancianos,
también juventud sensata,
levantemos nuestras manos,
cantemos una serenata.








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