martes, 4 de noviembre de 2014

ORLANDO FLORENCIO CALGARO [13.917]


Orlando Florencio Calgaro 

(1939-1986) Poeta y escritor nacido en La Paz, provincia de Entre Ríos en Argentina y radicado desde muy joven en Rosario, provincia de Santa Fe, donde falleció. Abogado, llegó a ocupar el estrado como Juez, cargo al que renunció para desempeñarse como Director de Cultura de la provincia donde residía. Junto al poeta Raúl García Brarda dirigió la revista "La Ventana". Colaboró en varias publicaciones e integró numerosas obras conjuntas ("Poemas por América", "Poemas para Juan L. Ortiz", etc.). Incursionó en la literatura política con libros como "La Constitución Nacional de 1949" y "FORJA: cuarenta años después". En el prólogo de su "Antología poética" anotó el poeta Jorge Isaías: "Si paso la mano sobre los versos de Calgaro, no es la emergencia sin embargo la que noto, sino la luz que me estalla sobre los ojos. Porque esa poesía, sin embargo, se repliega en lo mínimo. […] No sé. Sus versos están. Su materialidad es evidente. Se podrá no comulgar con su estética, pero ellos encadenan en su esplendor más opaco y son pese a las formalizaciones (¿Respiraciones?) diversas de una coherencia notable". Publicó los siguientes poemarios: "Punto de partida", "Los métodos", "Además, el río", "La vida en general" y "El país de los arroyos".



 
LA VIDA EN GENERAL

Los que no merecemos ninguna confianza
los que entramos a la vida
perdiendo dos a cero
esperamos una señal
como quien oye silbar lejos
no las complacencias
ni los escenario de por ahí.
Ah
la pobreza tiene sus dificultades
(aunque hayamos accedido a salones
sin tropezar con las alfombras
algo retumbó siempre, algo suena)

Los que no somos dignos de ninguna confianza
somos los hijos de esas soledades

fácil presa de las tardes
y de las traiciones.
Pero qué hacemos aquí entonces
quiénes somos.
Cómo estar
frente a las instituciones de la descalificación
y el olvido.

Son los días donde la situación
el verdadero límite
es lo cotidiano,
allí donde se reúnen
los productos y las necesidades.

Hemos procurado
aislar algunas situaciones

esperando vigilantes el mensajero
pacientemente
entre opiniones sobre la lluvia
el verano
lo que mata es la humedad
el colmo
está crecido el Paraná
las posiciones del sexo a la hora
en que la gente sale de trabajo
entre gerentes, maestros impagos
la gran confusión
márgenes de olvido

el cuerpo mutuo de la tarde
donde crecen, no ya los sueños
sino las cosas como son
aunque el tiempo no hable y se disperse.

Nos reunimos en señales de ocultación
bajorrelieves que algún día
nos ahorrarán pedir disculpas.
Permanecerá nuestro íntimo alfabeto
resonantes abrazos
y habrá piedad para los heridos de muerte;
tal vez un poco de su miedo
algunas levantadas alegrías suficientes
decidiéndonos hacia el costado de los días
o las más estridentes
fiestas del corazón agitado
difícil saber si a lo largo y a lo ancho
para seguir confundiendo la patria

con cosas que no se le parecen
que nada tienen que ver
ni con los "descubridores"
que la primera vez
golpearon aquí sus sandalias.

Ah cuántas olvidadas sombras
se nos revelan!

Tratamos
seguimos tratando

de evitar que el viento se meta
en esa muela picada desde la infancia;
nadie encontrará lo perdido
nada nos reencontrará con el río
los arroyos, las islas
casi todo nos tornará
revolucionarios o resentidos melancólicos
mas nada logrará adscribirnos
a la prevenida transigencia diaria
descuidaremos el lenguaje
tal vez se demore
pero vendrá la disonancia
ella no nos abandona. Imposible
tirar por la borda tanta humillación.

El amor inalterable jura que todo está inalterado
y sabe
que lo que no tiene aún sigue siendo todo lo que tiene.

La contrapartida:
Nadie se atreverá a celebrar nuestro desconcierto

somos peligrosos en definitiva
la coherencia suele acarrear aflicciones
llegar hasta turbar la soledad
la serenidad perderse con torpeza.
Les llegará la imposibilidad de darse vuelta
decir nada sabemos ni queremos
nadie no podrá decidirse
la dócil verdad pedirá cuentas
el robador y el robado no se perderán en la oscuridad
nadie escapará intentando explicaciones
a pesar de las rodillas fácilmente dobladas
no quedarán al margen
se aburrirán sin mediación.




ORLANDO CALGARO: LA POESÍA COMO CONSTRUCCIÓN DE LA VERDAD

Por Oscar Bondaz

“Porque tenemos un pie asentado en la verdad del presente y otro esperando la verdad del porvenir” decía Raúl Gustavo Aguirre y Orlando Calgaro asumía como una herida, un sello inalterable, la verdad en su poesía. “Los panes se dividieron/la mesa de los pobres es un lugar saqueado/ por festines festejando malas muertes” escribía en 1970 en su libro “Los métodos”. 

Conocí a Orlando Calgaro una fría mañana de un sábado del mes de Junio de 1979. Fui a visitarlo a su oficina en el subsuelo de la calle Corrientes 811, de la ciudad de Rosario. Me recibió muy cordialmente, abandonando los expedientes de una aseguradora de automotores en los que estaba trabajando, después que me presenté como un entrerriano recién llegado con pretensiones de poeta. Recuerdo que me había obsequiado su libro de poemas “El país de los arroyos”, recientemente publicado. Hablamos de Juan Manuel Inchauspe, - poeta de Santa Fe a quien Calgaro había editado un libro de poemas-, del mal estado de salud en que se encontraba y dándome su dirección postal para que le escribiera. Me habló largamente de Juan Laurentino Ortiz, poeta entrerriano a quien tanto admiraba y que llegó a invitarlo a Rosario a  dar unas charlas y lecturas allá por el año 1968. También me recomendó la lectura de “Problemas de la lírica” de Gottfried Benn.

Orlando Florencio Calgaro, abogado, docente, escritor y poeta, nació en La Paz, provincia de Entre Ríos, el 25 de agosto de 1939. Falleció en  Rosario, provincia de Santa Fe, el 17 de diciembre de 1986. Hizo la escuela primaria en La Paz. En ese período de su infancia muere su madre. Su padre, dueño de un almacén de ramos generales y bar, lo atendió como pudo, junto a otros tres hermanos, dos mayores y otra hermana menor. Años después, a los 14 años, residió en Buenos Aires en la casa de un tío donde realizó sus estudios secundarios. Posteriormente se trasladó a Rosario donde trabajó en el Correo Central mientras estudiaba la carrera de Derecho. Siendo estudiante avanzado trabajó en el estudio de Guillermo Estevez Boero.

Se recibió de abogado en la entonces Universidad Nacional del Litoral. Se especializó en Derecho Laboral y como letrado, representó al Sindicato del Seguro de Rosario y a la CGT de Rosario. Fue docente en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario como profesor de Derecho Público Provincial y Municipal, y Derecho Constitucional.

La poesía y la política lo encontraron en “La Ventana”, revista que Calgaro editó con Raúl García Brarda, Luis Pesenti, Juan S. Pegoraro, y el grabador Omar Cavagnin.  “La Ventana” apareció entre 1962 y 1968; fue una revista literaria y de análisis político. Por esa época estimulado por su esposa Graciela se apasionó por la historia argentina, particularmente con la historiografía de José Luis Busaniche, quién, por entonces,  adscribía a la revisión de la historia de los caudillos federales. Por esos años fue que entabló correspondencia con Raúl Gustavo Aguirre, Rodolfo Alonso y Arturo Jauretche.                               Cuando cesó la publicación se continuó en una editorial. En la misma, Calgaro publicó, en 1968, su primer libro de poemas “Punto de partida”, título significativo para con su futura producción poética, que llevaba a manera de prólogo una serie de breves metáforas aforísticas de Raúl Gustavo Aguirre, como la siguiente: “De la verdad conoce todas las pendientes, / pero ama aquella donde se detiene el verano”. A la que bien podría remitirse a un diálogo poético escrito por Emily Dickinson (1830-1886): “Me preguntó en voz baja por qué me consumí./- Por la belleza- contesté./-Y yo por la verdad, las dos son una./ Somos hermanas- dijo”. Y al poeta Mario Trejo que, cubriendo como periodista la vía chilena al socialismo en la presidencia de Salvador Allende en 1972, dialogaba con los lingüistas Umberto Eco y Luis Prieto sobre la palabra, la verdad y la política; conversaciones que se reflejaron en un poema donde en sus tramos finales decía: “Porque la verdad es verdad/ sólo cuando es pronunciada/ golpeada a veces/ a puro y torpe corazón// Porque no hay tiempo que perder// (…) cómplices en saber que la bestia humana/ sólo sonreirá cuando verdad y belleza sean una sola cosa/ (…) Insumisos ante el poder de la palabra/ Convencidos de que las ideas/ sólo se redimen en la práctica”.

Orlando Calgaro cumplió fielmente con lo expresado por E. Dickinson sobre la conjunción de la verdad y la belleza en la palabra a través de su obra poética. Ya desde los versos iniciales de su primer libro tiene a la verdad como motor principal de su poética y, a la vez, una declaración de principios. “Se trata del asentimiento/ de la tentativa desesperada/ lúcida/ por comprometerse/ a favor de la más grande presencia/en la tierra:/ la del hombre frente a su verdad”. “La esencia del arte es la Poesía. Pero la esencia de la Poesía es la instauración de la verdad” asevera Martin Heidegger en “El origen de la obra de arte” (1952) a lo que agrega, ”El arte es histórico y como tal es la contemplación creadora de la verdad en la obra. El arte acontece como Poesía” y complementa el pensamiento diciendo que “El origen de la obra de arte, es decir, a la vez, de los creadores y los contempladores, es decir, de la existencia histórica de un pueblo, es el arte. Esto es así porque el arte en su esencia es un origen y no otra cosa: una manera extraordinaria de llegar a ser la verdad y hacerse histórica”.

En 1970 publicó su segundo libro de poemas, “Los métodos” editado en Buenos Aires por Rodolfo Alonso Editor,  de quien fue amigo por los caminos de la poesía. Osvaldo Aguirre, según lo expresara en una nota sobre O. Calgaro en el diario “La Capital” de Rosario, señala respecto a “Los métodos”: “son diez extensos poemas que pueden ser leídos en forma individual y en conjunto, como una especie de reflexión política e histórica que se proyecta sobre los hechos de su tiempo. Uno de los poemas toma como personaje a “San Francisco Ramírez”, el caudillo entrerriano, figura que retoma en libros posteriores, y otro al Che Guevara, a partir de una frase de sus diarios en Bolivia (“Los argentinos no han dado señales de vida”). El poema glosa e interroga esa declaración, que revierte de modo crítico sobre la actitud desligada de la militancia”.

Respecto al caudillo federal, Francisco “Pancho” Ramírez, el Supremo Entrerriano, es importante destacar, como antecedente, que Francisco Urondo en su poema Adolecer (publicado en Buenos Aires por editorial Sudamericana en 1968) reivindica a Ramírez, y también a otros caudillos federales y personajes de la Historia Argentina, como figura en la recuperación de las autonomías provinciales por sobre el despotismo de Buenos Aires. Un fragmento del poema IV de “Adolecer” dice: “Francisco Ramírez y su mujer vivían/ como adolescentes en un país/ que recién despertaba a la adolescencia, no/ atinron demasiado, pero sufrían/ de un mal incurable, por aquellos años/ y por estos: adolescían/ sin remedio. No quisieron/ delirar o prescindir: juntaron/ puños y desdichas de gente de buena memoria/ y, sin agobios, continuaron/ peleando”.   

Jorge Isaías, en el prólogo a “Antología poética” de Orlando Calgaro, libro preparado en octubre de 1985 y editado en 1986, refiere: “Pienso en “Los métodos”. Allá por los años 70 produjo entre nosotros un admirado estupor. Esa intertextualidad hecha con una solvencia cuyo desparpajo no descarta el hondo respeto hacia los autores elegidos. Son poemas de una cerrada unidad, de la virilidad nada complaciente”. El primer poema de este libro, que no lleva título, de una construcción narrativa a la manera de C. Pavese y en un tono reflexivo describe la traición a los ideales. El último párrafo dice: “En esta  turbulencia nos hemos mezclado/ a estas centurias estamos unidos/ como al método original/ de las traiciones al país: La asfixia./ Ahora mismo estamos palideciendo asfixiados/ admirando/  como si todo fuera poco/ en inocente victoria/ como nuestros hombres de facón envainado/ y de alguna manera libres/ son comprados por turbios traficantes/ y los hacen sus siervos, aunque puedan/ marchar por calles extrañas y adquirir un palacio/ vinos y adolescentes”.

En 1972 publica  "Además, el río" y en 1974 “La vida en general”, editado en B. Aires por Rodolfo Alonso Editor. El libro abre con una cita de Arnold Hauser, el autor de “Historia social de la literatura y el arte”, que dice: “Todo intento de encontrar la verdad y de exponer verazmente las cosas, es una lucha contra la propia subjetividad y parcialidad, contra intereses personales y de clase, los cuales tratamos de entender conscientemente como fuentes de error, aun cuando no consigamos eliminarnos totalmente”. Calgaro cierra el libro citando a Juan L. Ortiz, en diálogo con Juana Bignozzi, entrevista publicada en 1969, expresiones que toma como propias: “No, no, ni soberbio ni seguro. Tengo algo así como una especie de dolor, ésa es la palabra, de no sentirse seguro. A veces pienso que tengo una carga de superchería… ésa es la verdad, no me siento seguro ni de la expresión. Alguien me habló de la “riqueza del lenguaje”, no… esto no lo es. He leído con atención ciertas cosas, he tomado lo que se dice, lo instrumental de eso, pero… pero… yo quisiera hacer una cosa completamente transparente, invisible casi”.          
                                                             
Los poemas de este libro marcan toda su preocupación política e histórica con los recuerdos de infancia en La Paz: “Tratamos/ seguimos tratando/ de evitar que el viento se meta/ en esa muela picada desde la infancia;/ nadie encontrará lo perdido/ nada nos reencontrará con el río/ los arroyos, las islas/ casi todo nos tornará/ revolucionarios o resentidos melancólicos/ mas nada logrará adscribirnos/ a la prevenida transigencia diaria/ descuidaremos el lenguaje/ tal vez se demore/ pero vendrá la disonancia/ ella no nos abandona. Imposible/ tirar por la borda tanta humillación.”, dice en “La vida en general” poema que da título al libro. O, como en “Escrito 2”: “El ruido de nuestras noches/ no está vacante/ ahora que oprime la corrupción/ respiramos como árboles/ mojarras de los sauces/ trepidantes de luna/ ningún vasto río/ claro, claro/ los de la provincia de los ríos/ pasará entre nuestros dedos/ sin que bebamos sus secretos/ las curvas de la incertidumbre/ el entredicho del espinel/ la suerte del pescador/ la leche de sus hijos/ el calcio ausente/ los dientes que faltan./ Embriagados desde antiguo/ por el desamparo/ reprimidos, disueltos, maltrechos/ como el signo de otra órbita/ con este roce exterior/ que espera/ la revolución o la muerte”.

Durante la intendencia justicialista de Rodolfo Ruggeri, en 1973, fue asesor jurídico de la Secretaría de Servicios Públicos de la Municipalidad de Rosario, cargo al que  renunció por “cansancio moral” en 1974. Paralelamente, integró un equipo multidisciplinario como asesor legal del Plan de la Prefectura del Gran Rosario, dirigido por el Arq. Oscar Mongsfeld, plan que había sido el antecedente directo del desarrollo urbanístico de Plan Estratégico Rosario de 1998. En 1974 publica “La Constitución Nacional de 1949” , editado en Buenos Aires por Rodolfo Alonso Editor, se trata de un ensayo jurídico donde examina la función social  de la propiedad, el capital y la actividad económica, contenido progresista, que por entonces, estaba silenciado en el debate académico universitario. En 1975 Orlando Calgaro y Rubén Plaza elaboraron y organizaron el Primer Encuentro Nacional de Escritores en homenaje a Leopoldo Marechal con la presencia de Elbia Rosbaco de Marechal. Elevaron el proyecto a Jorge Nardi y Néstor Zapata quienes como director y subdirector de la entonces Comisión Municipal de Cultura auspiciaron el evento realizándose en la sala-teatro del sindicato de Luz y Fuerza. En 1976 Calgaro da a conocer “Forja: cuarenta años después”; es un ensayo que aporta a la literatura política en la cual venía trabajando desde 1966 y que se publica, paradójicamente, diez años después, por Ediciones La Ventana. 

También por esos años, Calgaro proyectó la publicación de un libro de poesía que seleccionara a los autores vivos de Rosario, una muestra del trabajo desarrollado por los poetas más activos, de diversas corrientes estéticas y distintas generaciones que expresara un panorama de la poesía rosarina. El volumen que se publicaría por Ediciones La Ventana quedó trunco tras el golpe militar de marzo de 1976; no obstante se publicó en septiembre del mismo año, sin el auspicio municipal, por el Instituto de Estudios Nacionales con el título “Poesía viva de Rosario”. Los poetas que la integraron, una veintena ordenados cronológicamente, fueron: Francisco Gandolfo, Hugo Padeletti, Willy Harvey, Rubén Sevlever, Armando Raúl Santillán, Alberto C. Vila Ortiz, Orlando Florencio Calgaro, Rafael Oscar Ielpi, Hugo Diz, Jorge Isaías, Rubén Plaza, Elvio Gandolfo, Alejandro Pidello, Eduardo D`Anna, Guillermo Ibáñez, Guillermo Colussi, Guillermo Thomas, Hugo Ojeda, Juan José Vitiello y Sergio Kern.   

No obstante el temor que existía ante el hecho de realizar actividades culturales en esos años, el libro “Poesía viva de Rosario” se presentó en el auditorio de Radio Nacional de Rosario con la participación de Pepe Soriano en la lectura de un texto de cada uno de los poetas seleccionados.       

Orlando Calgaro junto a su amigo Rubén Plaza venían desarrollando y difundiendo las ideas de Arturo Jauretche. En un viaje de regreso desde Paraná, conversando con Plaza, a Calgaro se le ocurrió lo siguiente: “Rubén, vamos a blanquearnos, tenemos que darnos una identidad”. En esa época, mayo de 1978, las actividades políticas estaban prohibidas y en caso de que algo pudiera sucederles fue que surgió la idea de fundar el Ateneo Arturo Jauretche.     

“El país de los arroyos” publicado en Rosario, por Ediciones La Ventana en 1979, es el libro de poemas de O. Calgaro donde la verdad poética testimonia su mirada con predominio en el paisaje pero sin menoscabar la memoria histórica que tiene al caudillo

Francisco Ramírez, comandante del Arroyo de la China, como su cabal personaje. En este libro también está, con una presencia muy marcada, la figura de Juan Laurentino

Ortiz. De hecho, Calgaro abre el libro con una cita de J. L. Ortiz de su poema “Entre

Ríos”: “…toda húmeda de una alegría de arroyos,/ con una cabellera densa de árboles libres” seguido de la reproducción de un dibujo de Ortiz en carbonilla donde el motivo

es un arroyo y sus orillas poblada de árboles. El final del poemario cierra con el poema

“Nacida aquí” dedicado a J. L. Ortiz que, además, es un homenaje a su poesía. “Desde luego/ existió antes, mucho antes./ Pero es como si Ella/ la Poesía/ hubiese nacido aquí/ porque aquí/ ganó su palidez de niña/ al tiempo que su riqueza/ de fuego”.     El primer poema del libro se titula “Son memorias” y los primeros versos dicen: “Sin estar lleno de méritos/ ahora vuelvo/ a estos lugares/ en los que, quizá/ habité poéticamente”, los que nos remiten directamente a F. Holderlin, poeta alemán (1770-1843) y a su poema “Raíz de todos los males” en el cual un fragmento dice: “Pleno de mérito, mas, poéticamente habita/ el hombre sobre esta tierra”, poema que ha sido objeto de análisis filosófico a través de una conferencia dictada por Heidegger en 1952 y publicada por Calgaro en 1980 por  Ediciones La Ventana.

A diferencia de sus anteriores libros, en este, su poesía adquiere formalmente una mayor concisión, puede decirse, al estilo de Giuseppe Ungaretti y Salvatore Quasimodo. Como en el poema que da título al libro “El país de los arroyos”: “Es donde el agua se  detuvo/ donde el pudor del verde/ ara estas ondulaciones/ buscando los desniveles/ del  agotamiento./ No demora el don/ ahuecado silencio/ ese acento de las tardes.// Qué bella paz aquí./ Sé que existe“. Más aún, para dar cuenta del cambio urbano que conllevó el

traslado de la ciudad de Federación hacia el noroeste, sobre el río Uruguay,  debido al llenado del embalse de Salto Grande, donde se emplazó en 1979 la nueva ciudad de Federación, Calgaro escribió: “Vamos a cambiar/ la casa del abuelo/ por una casa.”; la brevedad del haiku brilla en el pensamiento de gurí o en la explicación de un padre a su hijo. Cuando el 5 de junio de 1976 fallece Carlos Mastronardi, el poeta nacido en Gualeguay, autor del celebrado poema “Luz de provincia”, Orlando Calgaro escribe, a pocos días después, el poema



CARLOS

 “…te ofrezco mis cielos
y pongo mi provincia a tus órdenes.
Te brindo un pueblo y un río”

 
                            Yo soy de aquí.   
                             No de aquí y de allá.
                             Yo soy de aquí.
                             Uno se recuerda
                             andando solo
                             ahora que vivo de unas cartas
                             y de mirar
                             muchachas en las calles.

                             Tu crisis es la mía:
                             es la afectividad saqueada.
                             Pero sabés ser hermoso
                             aún en el silencio oscuro
                             en las horas   
                                            que faltan
                             para el amanecer.
                             Qué gesto hoy
                             que gesto idearás
                             para pasar desapercibido?

 

El texto, precedido por los versos de Mastronardi que aluden a la provincia de Entre Ríos, fue escrito en Paraná el 11 de junio de 1976, poema en el que Calgaro se identifica plenamente con el poeta.

En 1984 Calgaro participa en “Rosario cinco poetas que difunden la cultura”, plaqueta nº 24 de la colección de poesía El Búho Encantado, publicado por Ediciones El

Lagrimal Trifurca, bajo la dirección de Francisco Gandolfo. Entre los poetas que partici- paron estaban, también, Mirta Rosenberg, Alberto Carlos Vila Ortiz, Jorge Isaías y Armando Raúl Santillán. Calgaro había seleccionado seis poemas inéditos de los cuales dos de ellos se destacan por su actitud de resistencia y de no validación a lo establecido:

 

                             LOS BUENOS TAMPOCO DESCANSAN       

                             Dí que no se impacientan
                             ni envidian
                             ni temen el camino
                             de los que hacen iniquidad.
                             No se cansan y los verán
                             antes del incendio.
                             Dí asimismo
                             que los malditos, impíos,
                             que apuntan la espada y la metralla
                             contra el pecho del pobre
                             se secarán y sin posteridad
                             se extinguirán.

 

                             CADA UNO JUEGA CON SU BOCHA

                             Tanta invitación
                             al dólar y a la libertad
                             opacan mis defensas.
                             Pero prefiero quedarme.
                             Realmente nunca pasó por mis manos
                             una máquina de calcular
                             y la libertad será un mal mantenimiento
                             sino la reconquisto con los otros.
                             Habrá tierras más altas que otra tierra
                             pero aquí pagué mis deudas
                             en lengua casi muda.
                             No quiero, entonces, llorar de otra cosa
                             y elijo quedarme.

 

En 1984 Orlando Calgaro se propone editar las desgrabaciones de las últimas conferencias dictadas por Arturo Jauretche en Bahía Blanca en 1974. El volumen titulado “Metodología para el estudio de la realidad nacional” fue publicado en coedición por Ediciones La Ventana y Editorial Fundación Ross.

En 1985 Ediciones Juglaría, en la ciudad de Rosario, edita “Poemas por América”. Esta edición reune a seis poetas de la ciudad: Marcela Armengod, Orlando F. Calgaro, Guillermo Ibáñez, Ana V. Lovell, Reynaldo Sietecase y Reynaldo Uribe. En Calgaro, una vez más, se trasluce –como dice Inés Santa Cruz- el mapa de su propia conciencia.

Ejemplo, dos poemas:   

                           

     TOMADOS  DE  LA  MANO

                            Hemos celebrado
                            el congreso sudamericano del temor.
                            Hemos visto colonias que se liberan
                            y metrópolis que abandonan sus colonias.
                            Vayamos todos
                            contra el miedo de las semicolonias.
                            La esperanza es magnífica,
                            no nos alejemos.
                            En la opción por los pobres
                            por tantas hambres
                            jamás compensadas
                            desaprendamos a depender.
                            Bien lo decía el amigo Nacional:
                            no es suficiente con cambiar de collar.

 

 

                           NEGOCIOS

                           Otras lenguas irrumpen los contratos.
                           Murió el sueño de la patria perfecta?
                           Será nomás que habremos de achicarnos
                           o cambiar de definición?
                           Cómo quiero, sin ismos,
                           esperar la esperanza!

 

En mayo de 1986, la Subsecretaría de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, publica “Antología poética” de Orlando F. Calgaro, que fue seleccionada y prologada por Jorge Isaías. Rescato unas líneas del prólogo que dice: “El país de los arroyos” no sólo nos dio buenos caudillos que hicieron la causa nacional, sino que produjo grandes poetas, gente de firme corazón, donde el valor cívico, la miel del cariño y el rigor cárdeno de las cosas diarias fueron deslizados de nostalgias”.

Diseñado por el artista plástico Eduardo Serón, gran amigo de Calgaro quien había diseñado otras tapas para Ediciones La Ventana, esta antología de homenaje incluye poemas de “Punto de partida”, “Los métodos”, “La vida en general”, “Poesía viva de Rosario”, “Poemas”, “El país de los arroyos” y “Cinco poetas difunden la cultura”.  La moral como la única verdad era el precepto de la teoría literaria de Ignacio de Luzan en su “Poética” de 1737. Calgaro escribió dos poemas, que integran esta antología, uno es:

 

                            IGNACIO DE LUZAN

                            Si supieras
                                              acabo de comprarte
                            edición española encuadernada.
 
                            Aunque sea dicho, viejo pícaro,
                            allí te quedarás
                            con tus principales especies.
 
                            No pienso hacerte caso.

 

El otro poema es donde Calgaro toma partido por un poeta y crítico literario quien dijo que la literatura es el idioma cargado de sentido; escribió lo siguiente:   

 

                            EZRA  POUND

                            Oyente por azar
                             de las palabras reunidas
                             desde el aire sombrío
                             y desde el polvo.
 
                             Sin tumba
                                             abandonado
                             sobre la tierra inmensa.

     

      Estos dos textos habían sido publicados en “Poemas”, Rosario, La Ventana, 1979 en colaboración con Beatriz Vallejos, Rubén Plaza, Guillermo Ibáñez y Orlando Calgaro e integraron la presente antología. Como editor a través de su editorial La Ventana, entre otras obras, Calgaro publicó a poetas italianos como Leopardi, Quasimodo, Montale y Campana entre 1970 y 1975 traducidos por Rodolfo Alonso, como así también al poeta brasileño Murilo Méndez (1902-1975). A poetas rosarinos: Rubén Plaza (1968?, Guillermo Ibañez (1981), Willy Harvey (1977), Hugo Diz (1976 y 1983) y Beatriz Vallejos (1980); poetas cordobeses como Alejandro Nicotra y Enrique Menoyo; de Entre Ríos a Bernardo Uchitel; de Santa Fe a Juan Manuel Inchauspe y de Buenos Aires a Rodolfo Alonso, Edgar Bayley y Raúl Gustavo Aguirre con su notable ensayo “Los poetas en nuestro tiempo” (1975). Y en 1980 publicó “Poéticamente habita el hombre” conferencia sobre la poesía de Friedrich Holderlin traducida por Ruth Fischer de Walker.   

En 1985 había sido nombrado juez en el fuero Civil y Comercial de Rosario, cargo al que renunció a los 6 meses para asumir como Subsecretario de Cultura de la Provincia de Santa Fe en 1986. Falleció víctima del cáncer el 17 de diciembre de 1986.

Quienes lo conocieron y fueron sus amigos reconocen a quien fue un hombre de  gran generosidad, excelente persona, modelo de promotor cultural y de una tolerancia ideológica ejemplar. El poeta Edgar Bayley en homenaje a Juan L. Ortiz con motivo de sus 80 años escribió un texto que yo hago extensible a Orlando Calgaro: “Quien no está de acuerdo pregunta, recuerda un nombre, evoca el mar lejano, las facilidades de un balcón, la proximidad de una araucaria, el sonido de una opinión fraterna, el calor de una madrugada, la esperanza, en fin, excepcional, verosímil”.

Cabe expresar respecto a la poesía de Calgaro, lo que ha afirmado Concepción Bertone en el prólogo a “Lo leve de los siglos” (2010) poemario de Raúl García Brarda quien fue junto a Calgaro co-director de la revista La Ventana, lo siguiente: “El pasado y el devenir incierto nunca son fugas de la realidad; la verdad tiene un apasionado lenguaje vivo que se trasciende sensiblemente, porque su objetivo no es producto de la imaginación del poeta, sino de la discreta magia del recuerdo y la lealtad para con todo aquello que fue vida compartida, lazo cierto, compromiso profundo con lo nombrado en la perfecta intimidad del poema.”

Y una cita admirable de Raúl Gustavo Aguirre: “En las palabras del poeta el sol de la belleza brilla para el corazón del hombre devuelta a su verdad.”


Bibliografía de Orlando F. Calgaro

“Punto de partida”. Rosario, La Ventana, 1968.
“Los métodos”. Buenos Aires, Rodolfo Alonso Editor, 1970.
“La vida en general”. Buenos Aires, Rodolfo Alonso Editor, 1974.
“La Constitución Nacional de 1949”. Buenos Aires, Rodolfo Alonso Editor, 1975.
“FORJA: cuarenta años después”. Rosario, La Ventana, 1976.
“El país de los arroyos”. Rosario, La Ventana, 1979.
“Antología poética”. Santa Fe, Ministerio de Educación y Cultura, 1986.
“Diálogos azules”; selección de poemas de “El país de los arroyos”. La Paz, Cabayu Cuatiá Coop. Cultural, 2012.









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