jueves, 13 de noviembre de 2014

JULIO "MOCHI" LEITE [13.999] Poeta de Argentina


JULIO "MOCHI" LEITE

Nació en Ushuaia, Argentina en 1957 y reside en Patagonia. Entre sus obras se cuentan, entre otras y además de las nombradas, De límites y militancia (Editorial Atelí, Punta Arenas, Chile); Aceite Humano (Editorial Parque Chas, Colección El Rey Tuerto, Buenos Aires) y Piedrapalabra (Editorial Parque Chás, Colección El rey Tuerto, Buenos Aires). Es referente del movimiento Canto Fundamento. Integró el libro de lectura del bicentenario argentino junto a Cortázar, Manuel Mujica Laines, Silvina Ocampo, Sylvia Iparraguirre, Osvaldo Soriano, Juan L. Ortíz, Rodolfo Walsh, Liliana Heker entre otros y otras.

Es autor de:

1986: “CRUDA POESÍA FUEGUINA” Edición del autor
1988: “PRIMEROS FUEGOS” Junto al poeta Oscar Barrionuevo. Editado por la Municipalidad de Río Grande (Tierra del Fuego)
1990: “EDAD SOL” Edición del autor.
1994: “BICHITOS DE LUZ” Edición del Autor.
1996: “DE LIMITES Y MILITANCIAS” Editorial Atelí (Punta Arenas – Chile)
1997: “ACEITE HUMANO” Editorial Parque Chas, Colección El Rey tuerto (Bs. As.)
1998: “JULIO Leite POEMAS – TOMO 1” Cassette de audio con una selección de poemas interpretados por el autor.
2003: “PIEDRAPALABRA” Editorial Parque Chas, Colección El Rey tuerto (Bs. As.)


Manifiesto

No creo
en los grandes hacendados
de la poesía,
en los latifundistas
de la tinta.
Creo
en el ovejero de las letras
que con los perros rigurosos
de las situaciones cotidianas
van trashumantes
con su piño de ideas
afrontando
cuero al cielo la palabra
para darnos abrigo.
Ellos son los que saben
que no es cuestión
de esperar la esperanza,
si no de ganarla.
Los arquitectos de la literatura
que sigan
con sus escuadras,
compases y balanzas,
nosotros, peones constantes,
a fuerza de imagen
construiremos
la justa casa del hombre.




Mi cristo Ona

Ahí va
mi indio roto
mi Ona destrozado,
camina sin orejas
algún latifundista se las ha cortado.
Arrastra sobre el lomo
una cruz impuesta
cuánto, cuánto le pesa
igual repecha la cuesta.
Fue acusado por los blancos
de no respetar
ovejas ni alambrados.
Ahí va
mi Ona
mi hermano ensangrentado
mi cristo marrón.
Un altar de olvido
ya le tienen preparado
un misionero grita: cristianización
y qué mejor ejemplo
que otra crucifixión.
Ya está clavado en la cruz
espinas de calafate
coronan su frente cobre.
Salta la sangre
ésta bebe la luz
todos aplauden
y mi hermano, pobre
no entiende
por qué lo lastiman
por qué lo han inmolado.
Y murmura en su lengua
perdónalos, padre viento
tú que alejas la tormenta
perdónalos tú
que cantas al pasar entre las lengas
perdónalos, padre viento
perdónalos tú
yo, yo no puedo
lo siento.



Bar Unicornio(Creencias populares)

Diciembre.
Las putas
sobre la ventana
del burdel,
con lucecitas de colores
dibujan un árbol de navidad.
Ellas saben
que Papá Noél
no existe
Será por eso
que cuando se abre la puerta
y entra algún
obeso hombre
oliendo a cerveza
y las abraza
y ríe gravemente
le piden un trago
y lloran
mirando más allá de la ventana,
más allá del árbol dibujado.




AL DESAMPARO 

Todos los arquitectos 
por estos lados 
se preocupan 
por la caída 
que hay que darle 
a los techos. 

Media agua 
a dos aguas. 
Yo, mientras tanto 
media ginebra, 
dos ginebras... 
Miro el cielo raso 
de tu ausencia 
y eso no me salva 
de tu lluvia. 





Nocturno ebrio

Regreso a mi casa
y en la esquina de Bilbao y Don Bosco
pongo una flor en mi solapa
de apio magallánico
-calzo el olvido en mi solapa-
He recorrido
todos los bares de mi barrio,
todos
esta noche.
Por ejemplo
a las dos de la mañana
en los “Tres Barrilitos”
me atendió Gabriela,
al yo no tener dinero
ni gracia
ni conversación
ni ganas,
se fue como tantas
guardando sus masajes
y manzanas
para otros parroquianos.
Retornó a lo más profundo
de ese paraíso de humo
meneándose al tonto ritmo
de una cumbia villera.
Hoy,
fuera de mis efluvios alcohólicos
rememoro
con la boca áspera de tu recuerdo
que ella, Gabriela
por lo menos me contó
de su nacencia en Santa Fe
y yo aún no sabía
donde iba a morir
en esa noche
lejos de la patria de tus ojos.
Luego me habló
de Paso de los Libres
y de pieles vendidas
y vergüenzas,
mejillas rojas de distancias
de parientes e hijos
y caricias mentiras.
Corrientes extrañas
-me explicó-
la arrumaron
a la siempre noche
de este pueblo.
Tengo masajes –me dijo-
No tengo plata –respondí-
¿te queda memoria?
-Silencio patagónico-
Mientras ella
me acariciaba la entrepierna
me acordé de mis hijos
y con suavidad de lana
retiré su mano,
pagué la copa que bebía
y me fui…
De regreso a mi casa,
frente al bar de Tebes,
puse una flor
de apio magallánico
en mi solapa,
doblé por Don Bosco
y entre el “Sol de Mayo”
y el “Blanco y Negro”
al fondo,
me acosté sobre el lecho
de tu ausencia.




POEMA AL AMIGO DE REMERA CON PESCADITOS MIENTRAS BEBÍAMOS EN “CAJÓN DE GINEBRA CHICO”

Qué lindos los pescaditos
Cómo flotan
en la enorme pecera de tu vientre.
Qué lindos y qué necios
Porque sí se trasladaran
a tu corazón ebrio
conocerían el océano.





CARTA DE UN AMANTE DESPECHADO Y CON SED

Tomó la pluma como tipo vida y comenzó a garabatear la carta.
Amor (dos puntos) sé que no he sido precisamente una lluviecita de verano, de esas que chirlean el calor y nos dejan frescos y con ganas, más bien fui tormenta ahuyentando tus pasos, anegando tus precarios senderos de ternura, en fin, los niños que no comprendemos este mundo de adultos estamos destinados a cometer estupideces todo el tiempo. Es por eso este berrinche que me supera.
Cómo uno va a prestar su pelota de fútbol, su juego de ingenio, su trineo, su piel, que por tradiciones ancestrales, sacó, mascó hasta no dientes, tratando de dejarla suave para el abrigo de estas tantas noches que nos faltan, conservando por cierto esa pelambre de guanaco libre, de carbón saltando los alambres, de esa caricia sobre la propia intemperie de la piel de tantos otros olvidada, vituperada, masticada siempre por los que nos utilizan (pelitos defendiendo por un pelito nuestro brilloso frío de sangre apelmazada) niños, animales salvajes nosotros los poetas.
Hoy me voy a quedar aquí llorando por dentro el hain interrumpido por tu ausencia amor.
Kloketen, kloketen, repica cada lágrima que me cae sobre las raíces que me faltan.
Y con esto, terminó la carta. La leyó, arrugó el papel, lo tiró y partió a la calle porque se le había terminado la ginebra. Ella – lo presentía – no regresaría jamás.
Otra vez habían vencido los falsos, los mediocres, los…
Esto pensaba, cuando el viento de siempre, lo entró al bar.




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