jueves, 20 de noviembre de 2014

GUSTAVO SÁNCHEZ GALARRAGA [14.074] Poeta de Cuba



Gustavo Sánchez Galarraga 

Nació el 2 de febrero de 1893 en la Calzada del Cerro, Cuba.
En su misma casa en la calle Tulipán, El Cerro, La Habana falleció el 5 de noviembre de 1934 
Escritor, poeta y animador teatral, manejaba las palabras con tanta facilidad como igual las manejaba para escribir textos a grandes autores de la trova tradicional cubana.

Hijo único de una acomodada familia, escribió una vasta obra literaria, en la cual abundaban piezas teatrales y poemarios, aparte de narrativa, artículos periodísticos y la creación de libretos de sainetes y zarzuelas.

Al margen de su condición social burguesa, mantuvo siempre vínculos muy estrechos con sectores humildes. Como dramaturgo y promotor del teatro lírico cubano sus obras estuvieron siempre ligadas a personajes del pueblo. Fue creador de argumentos de Zarzuelas, operetas, letras para romanzas y canciones. De este último género se distinguen sus inspiraciones junto a Graciano Gómez, y especialmente su antológico “En Falso” (“…porque hay heridas/ que cierran en falso/ y si alguien las toca/ se vuelven a abrir”).

Como letrista constituyó otros duetos autorales con destacados compositores musicales como Jorge Anckermann, Ernesto Lecuona con quien surgieron obras cubanas antológicas, “El Batey” ( Canto Negro), “El Cabecero” , “Rosa de la China” y “Maria la O”.

Porque su filantropía y cristiandad le impidieron permanecer en paz en el suntuoso medio familiar, y optó por una vida bohemia identificada plenamente con las víctimas de la desigualdad social. Por eso dictó conferencias y leyó sus poemas en sindicatos obreros, escribió versos contra la tiranía de Gerardo Machado, financió temporadas teatrales, se codeó con la farándula pobre y mantuvo reservada largos años una mesa en el restaurante Mar y Tierra, situado en Belascoaín y Lagunas, en Centro Habana, para los intelectuales que no tuvieran donde comer. … En una reflexión desgarradora de los ataques recibidos, Gustavo Sánchez Galarraga escribió en 1927 a Enrique José Varona:

«  ¡cuántos amigos convertidos en adversarios! ¡Cuántos ataques, no sólo intelectuales, sino a la individual personalidad y al honor mismo de uno!
Obra artística

Teatrista

Desde que en 1912 se estrenó en el Teatro Payret su comedia «La verdad de la vida», fue considerado un notable dramaturgo. La mayor parte de su teatro dramático se publicó entre 1918 y 1929 en nueve tomos. En tal colección se encontraban, entre otras, «La máscara de anoche», «La vida falsa», «Dos de Mayo» y «Soy inocente», interpretadas en distintos coliseos habaneros por prestigiosos actores y actrices españoles: Margarita Xirgu, Caridad Sola y Ricardo Calvo.

Se trata de piezas correspondientes a un teatro culto, exentas de cubanía, pues sus asuntos, personajes y radio de acción transcurrirán en Europa, principalmente en España. Esto se debió ─ según Galárraga ─ a que fueron hechas para elencos españoles, pues en esos tiempos en Cuba no existían compañías dramáticas profesionales con la capacidad de encarar un repertorio cubano.

Probablemente tal sea la causa de que, desde la segunda mitad de la década de los años veinte del pasado siglo, Sánchez Galárraga comenzó a escribir sainetes en colaboración con el compositor cubano Jorge Anckermann, los cuales llegaron a ser títulos de éxito en el teatro Alambra. Pueden citarse, como ejemplos, «Bocetos de Cuba», a la cual pertenece la antológica habanera Flor de Yumurí, cuya letra redactó el poeta, y también «El amanesco», «Agua mala» y «¡Solavaya!». Esos sainetes recogieron el gracejo criollo en sus asuntos, personajes, espacios, temas y subtemas. Además, todos reflejaron la época de su creación y estreno y sus intérpretes fueron valiosos histriones del teatro popular criollo.

Varias de sus obras teatrales llegaron a representarse en el extranjero, como «El mundo de los muñecos», estrenada en Nueva York en 1921. Veinte años después, ya fallecido el autor, editó su drama «El héroe» la Oxford University Press (OUP), la casa editorial de mayor prestigio en Gran Bretaña. En declaraciones formuladas por él consideró su mejor obra dramática la intitulada «Un caso», escenificada en 1932 en el Payret.

Poeta

Prologados por personalidades de la cultura cubana ─ como Enrique José Varona y José María Chacón y Calvo ─ Sánchez Galárraga publicó más de veinte títulos de poesía. Tras la lectura de sus páginas, esos textos serían juzgados severamente por colegas y críticos de su generación. Algunos formularon observaciones de negligencia y banalidad. Otros estimaron que su autor se prodigó al escribir tantos libros y hubiera ganado ─ como excelente poeta ─ de podar implacablemente su excesiva producción lírica. Fue juzgado de chico bien que hace versos y otros calificativos, con lo cual intelectuales elitistas fustigaban la contradictoria actitud proyectada por el bardo ante su procedencia de hombre rico.

Binomio Sánchez Galárraga- Lecuona

Una profunda amistad y relación profesional unió al y el poeta, dramaturgo, ensayista, orador y conferencista Gustavo Sánchez Galárraga y Ernesto Lecuona desde los días en que este último aún estudiaba en el Conservatorio Nacional de Música, dirigido por el maestro Hubert de Blanck.

Programas de mano que datan de 1916 reflejan la participación de ambos en espectáculos ofrecidos en el teatro Nacional y el Ateneo de La Habana. Uno de ellos será el homenaje que en esta institución se rindió a Lecuona el 12 de julio con motivo de su próximo viaje a Estados Unidos de Norteamérica. En tal ocasión leyó Sánchez Galarraga sus poesías dedicadas a Lecuona, entre otras, Al amigo mudo.

Con la opereta «El recluta del amor» y la zarzuela «La caravana», estrenadas en distintos meses de 1919 en el teatro Martí, fundaron el binomio Sánchez Galárraga- Lecuona. Ocho años más tarde, en la época dorada del sainete lírico y la zarzuela con definidos caracteres nacionales, esa firma autoral empezó a propiciar títulos claves en la historia del arte lírico criollo. Justifican tal aserto «La despalilladora», «Alma de raza» (1928), «El cafetal», «El batey», «La flor del sitio», «El amor del guarachero» (1929), «María la O», «El maizal», «El calesero» (1930), «La guaracha musulmana», «Rosa la China» (1932), «Julián el Gallo» (1934) y «Lola Cruz» (1935), obras en que libreto y música alcanzaron el éxito de la crítica y el público.

Cancionística

No pueden obviarse asimismo los aportes de ese dúo de creadores a la cancionística cubana. Ernesto Lecuona manifestó una invariablemente predilección por la poesía de Gustavo Sánchez Galárraga, cultivada en un tono romántico, intimista, frecuentes alusiones al amor y la muerte y en la que las descripciones de ambientes y sentimientos guardan estrecha relación con el estado emocional del bardo.

Numerosos textos de Sánchez Galárraga utilizó Lecuona para componer canciones. En ciertos casos se inscribirían dentro de la vertiente de la música popular. Pero otras, por su gran elaboración poético-musical, corresponderán a la literatura de concierto. En un extenso catálogo de títulos, se destacan Funeral, Soy razonable, Desengaño, Madrigal, La hermana, Ya sé que me olvidaste, Por allá se ha ido, Vestal serena y Bajo el claro de la luna, la cual dedicó el maestro al bardo y tiene como letra uno de sus poemas.

Premios y reconocimientos

Entre otros hechos significativos en la vida de Gustavo Sánchez Galarraga se encuentran: su participación, en 1915, junto con el profesor Salvador Salazar y Gonzalo Roig en la Sociedad Pro-Teatro Cubano, que duró varios años; su presencia ─ junto con Ernesto Lecuona y José Cid ─ en la fundación de la empresa teatral Compañía Hispano Cubana de Autores Nacionales (1927); su elección como presidente de la primera directiva de la Sociedad Cubana de Autores Teatrales (1934); las sendas medallas de oro que le confirió en La Habana la Academia Nacional de Artes y Letras por sus poemarios Lámpara votiva y Excelsior; el premio que en un certamen continental recayó en su poema Canto a América y recibió de las manos del presidente argentino Hipólito Yrigoyen (1921); la concesión de la insignia Simón Bolívar por su canto Bronce heroico, dedicado al Libertador de América; la Real Cruz de Isabel la Católica que le entregó en la capital española el rey Alfonso XIII (1922); los recitales poéticos que ofreciera en los Ateneos de Madrid y Sevilla, así como en las Universidades de Santiago de Compostela, Columbia y Sorbona.

En 1916 presidió la Sociedad de Teatro Cubano y en 1934 la primera directiva de la Sociedad Cubana de Autores Teatrales, cargo que desempeñaba a su muerte.

Publicaciones

Publicó varios poemarios y muchas de sus obras fueron traducidas al francés e ingles. Su obra fue publicada en las revistas más prestigiosas de su tiempo.




EN FALSO

A mi pecho oscuro
Asoma tu rostro
¡Oh! mujer que fuiste
Mi lejano amor,
Para ver curiosa
Si es que está cerrada
La herida que abriste tú
En mi corazón.

Contempla la herida
Pero no la toques
Con tu mano blanca
Cual lirio de abril,
Mira que hay heridas
Que cierran en falso
Y si alguien las toca
Se vuelven a abrir.





Empieza a perdonar

Empieza a perdonar, corazón mío.
 Serénate, ave loca, que es la hora.
 Estamos ya muy lejos de la aurora,
 y hay sombra en torno, soledad y frío.

 Deja que el tiempo, en su flotante río,
 arrastre tus agravios; calla, y ora,
 y no inflames tu carne pecadora
 con la torpe arrogancia del impío.

 Empieza a perdonar... ¡tú tienes tanto
 que lavar en las aguas de tu llanto,
 tal como en un Jordán copioso y triste!

 No te erijas en juez, ¿con qué derecho?
 Y en vez de recordar lo que te han hecho,
 ¡solloza, corazón, por lo que hiciste!




Poeta de profunda raigambre católica, escribió en 1932 su “Treno a la Caridad del Cobre”, en momentos difíciles para la historia cubana; por ser poco conocido, lo transcribimos a continuación:


Virgen de Cuba, Virgen trigueña y amorosa,
que sobre el mar en furia apareciste ayer:
¿por qué en esta tormenta que a las almas acosa
no tornas, dulce madre, de nuevo a aparecer?
La Patria es hoy palenque donde combaten fieras.
Cada aurora, entre sombras, ahoga su arrebol.
Y un yerto mar de sangre, sin fondo ni riberas,
va creciendo sus aguas para tragarse el sol.
El odio, como un cáncer, en las entrañas mina.
Serena este sangriento y loco frenesí.
¡Qué no caiga del mástil la bandera divina
que flotó en el divino ensueño de Martí!
Contén esta epiléptica y suicida demencia.
Derrama en este caos, tu limpia claridad.
¡Qué brotó mucha lágrima por nuestra independencia!
¡Qué rodó mucha sangre por nuestra libertad!
Tú lo recuerdas, Virgen. Tú que miraste un día
en las maniguas foscas al patriota caer,
mientras, porque él volviera, bajo tu imagen pía
–esposa, hermana, madre–, rezaba una mujer.
Señala tú la ruta que salva del abismo
dile a los corazones, Señora de la mar,
que estrangulen la sierpe del funesto egoísmo,
que lo cimero es Cuba, que es templo, dios y altar.
Tanta victoria bélica, tanto épico trofeo,
todo el legado heroico de la Revolución,
–osadías de Gómez, arrestos de Maceo–
¿no han de domar las iras de nuestro corazón?
Mas si no ceja el odio de hermano contra hermano,
si unos y otros no amansan su cruenta hostilidad,
tú, que riges las olas, ordena al océano
que salte y nos sepulte bajo su inmensidad.


El anterior poema ha sido tomado de la antología de poemas y canciones dedicados a la Virgen de la Caridad del Cobre, compilados por León Estrada, y publicados con el título La Virgen que vino del mar, el año pasado en Santiago de Cuba, con motivo de la visita de su Santidad Benedicto XVI a nuestro país. En el mismo aparece una nota aclaratoria del padre Ángel Gaztelu sobre el poema de Sánchez Galarraga, donde explica que este fue recitado por su autor, desde el portal de su casa, cuando, a la caída de Machado, un grupo de personas trató de asaltar su domicilio a causa de las relaciones del padre del poeta con el dictador, y que, con su elocuencia de recitador, las contuvo; el incidente fue publicado por Dulce María Loynaz en El País. 




Gustavo Sánchez Galarraga el ruiseñor de líricas escalas

Por: Juanita Conejero

En el poema Meditación de Gustavo Sánchez Galarraga, encontré sin esforzarme mucho, el título de este trabajo.

Era este poeta habanero “un ruiseñor de líricas escalas”.

¿Por qué estos versos me inspiraron ese título? Simplemente porque la poesía de Sánchez Galarraga, diáfana y espontánea, suena  a trino con una música muy singular,  que aunque le trajo algunas severas críticas, ganó en su época una especial popularidad.

Sabía llegar a los corazones, desde su propio corazón:



Yo no sé si hay un alma misteriosa
En todo ser, pero la voz arcana
Del corazón me grita; cada cosa
Pide un poco de amor…



Fue sin dudas, un gran Animador de la Cultura Cubana. Gustaba de declamar sus propios versos.

El próximo 4 de noviembre se cumplen ochenta años de su lamentable desaparición física, cuando solo contaba con 41, sería injusto no recordarlo.

Ante el movimiento modernista que le tocó vivir, es posible que haya aparecido rezagado o conservador, que no se haya interesado mucho por las innovaciones tan a la moda, que demostraba marcadas influencias de algunos poetas, como del mexicano Nervo, o el español Francisco Villaespesa, por mencionar algunos, pero la realidad es  que no se puede soslayar, que a pesar de todos estos señalamientos, no podría negársele el lugar que ocupa, en la historia de la lírica cubana e hispanoamericana del siglo XX.



De su poema “A un árbol” son estos versos:

Yo estoy enfermo de inquietud, y anhelo
bajo tu sombra azul dormir un poco,
sin amor ,sin dolor, sin aquel loco
afán que me llenó de desconsuelo.

Dame tu inmóvil placidez, derrama
tu agua de paz sobre la fiera llama
de mi loca ansiedad, y en mi destino
por tu serenidad mansa y clemente,
buen árbol otoñal que, indiferente,
te yergues sobre el polvo del camino



Yo recuerdo de niña, que sus poemas  eran muy conocidos, que se memorizaban y  recitaban.

Escribió y entregó letras para piezas de la trova tradicional cubana.

Muchas canciones se hicieron muy conocidas y las personas que las entonaban, no sabían siquiera quién era el autor de la letra.

Figuras trascendentales de la cultura cubana, como Enrique José Varona, José María Chacón y Calvo y  Salvador Salazar, entre otros, fueron sus amigos y valoraron sus empeños literarios.

Sus versos se agruparon en alrededor de veinte volúmenes. Su nombre aparece unido a figuras trascendentales de la música y el teatro cubanos. Escribió Sánchez Galarraga,  textos para boleros de Graciano Gómez y Eusebio Delfín, también con Anckerman  y de manera intensa, en binomio espectacular, con Ernesto Lecuona, con el que alcanzó éxitos que aún perduran.

Había nacido en el Cerro, en el año 1893. Procedente de una familia acomodada, estudió abogacía y escribía con una facilidad envidiable. Fue poeta, narrador, orador,  colaboró con  periódicos y revistas y se internó de lleno en la música y en el teatro.

La música lo apasionaba. Sufrió decepciones que siempre lamentó. Ni la familia lo comprendía muy bien. El crítico Rafael Esténger, que hallaba en Gustavo una evidente y espontánea frescura, expresaba, que mientras la prensa y los círculos sociales habaneros lo aclamaban de elogios, la generación nueva le negaba toda jerarquía.

Le señalaban, pobre léxico, emociones muy superficiales, descuidos y errores en la forma de sus versos.

El ser popular, claro y sencillo, le trajo muchas adversidades y tristezas:



No hay fulgor en las lóbregas alturas
que vierta  un rayo luminoso y puro.
se han desatado todas las negruras.

Imploro el corazón. La luz no llega
sombra, sombra no más.. Todo está oscuro.
¡Lumbre, Señor, para la noche ciega!



Guillermo Rodríguez Rivera, importante intelectual de nuestro país, en una muy interesante conferencia sobre la Poesía y la Literatura en la Trova cubana, expresó enfáticamente:

“Sánchez Galarraga escogió un código fundamentalmente comunicador, porque ya es conocido, porque contiene todas las redundancias que el receptor domina y que el poeta maneja a las mil maravillas, y se volcó en creaciones populares que le garantizaron una amplísima recepción. Son de su autoría los libretos y los textos de las canciones de algunas de las más importantes zarzuelas del maestro Ernesto Lecuona, como María la O y Rosa la China”.

¿Sabía usted que la letra de la famosa canción  Flor de Yumurí, de Anckerman, es de Sánchez Galarraga?

Teatros como el Alhambra, el Martí, el Payret, el Nacional, el Ateneo, vieron presentar las obras de este autor cubano. Obras dramáticas de su autoría fueron interpretadas por elencos españoles que nos visitaban. Sus creaciones fueron conocidas en otros países y una de sus obras, se estrenó en Nueva York.

Las compañías cubanas del arte lírico, aún disfrutan y hacen disfrutar a nuestro pueblo sus bellas creaciones.

La reapertura del Teatro Martí en La Habana de hoy,  así lo demostró. 

Obtuvo este poeta, reconocimientos nacionales e internacionales importantes, dictó conferencias, mostraba su inquietud por los obreros, por los humildes y su rechazo al dictador Machado. Era cristiano y filántropo. Era un bohemio empedernido y un cronista teatral. La gracia criolla, el humor cubano, afloraba en sus sainetes.

El Teatro cubano, le debe mucho a Galarraga, no solo por lo que escribió para exitosas presentaciones, sino por las importantes Instituciones que ayudó a fundar. Presidió en 1916 la Sociedad de Teatro Cubano y en 1934 la Sociedad Cubana de Autores Teatrales.

En una ocasión expresó:  “el teatro es, incuestionablemente, un centro de enseñanza de una influencia poderosísima, y nada más práctico para nuestra orientación futura, que el análisis de nuestras costumbres, y su exposición en obras teatrales, a la vez que, a fuerza de moraleja, la corrección de sus defectos”.

La música  culta y popular de nuestra Isla, no puede  prescindir del nombre de Gustavo Sánchez Galarraga.

Buena recordación en esta Jornada por la Cultura Nacional.

A ochenta años de su muerte, este promotor de las artes, sigue motivando, como un  ruiseñor de líricas escalas,  a muchos creadores, porque él supo dejar el alma de amor en cada cosa y encontrar en cada cosa,  un alma.





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