martes, 11 de noviembre de 2014

FERNANDO SÁNCHEZ SORONDO [13.973] Poeta de Argentina


Fernando Sánchez Sorondo

Nació en Buenos Aires en 1943. A los 20 años de edad publicó el libro de cuentos “Por orden de Azar” con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura, convirtiéndose en el escritor argentino más joven en ganar este certamen. Como creativo publicitario trabajó en las principales agencias multinacionales y fue enviado a Perú y a los Estados Unidos, país donde dicto seminarios de creatividad en la agencia publicitaria Ayer. Publicó 21 volúmenes en los géneros de novela, cuento y poesía. Su obra fue incluida en numerosas antologías y diccionarios, traducida al portugués, por Santiago Kovadloff; al inglés, por Norman di Giovanni –traductor de Jorge Luis Borges– y al francés, por Horacio Salas. Algunos de sus cuentos fueron adaptados al teatro y al género musical, en Nueva York.

Fue invitado a charlas y congresos en diversas capitales y universidades del mundo, especialmente en Latinoamérica y la India, país al que desde 1990 viaja con regularidad, y al cual fuera invitado por primera vez, a través del Gobierno Indio, para dictar conferencias en la universidad Jaharal Nehru, de Nueva Delhi, en ocasión del centenario de Victoria Ocampo. Fue Director del fondo Nacional de las artes, y es crítico literario en los suplementos culturales de los diarios “La Nación” de Buenos Aires y “La Gaceta” de Tucumán. Dirigió la Guía Cultural de la Ciudad de Buenos Aires y su continuación, la revista Fervor de Buenos Aires: órganos de difusión cultural del Gobierno Autónomo de la Ciudad. Fue miembro del “Club de los trece”, institución compuesta por escritores que premiaba la obra de colegas.

Y ha participado como jurado en concursos locales e internacionales de literatura. En la actualidad, su escritura literaria se concentra en el género poético, y coordina talleres literarios con distintas orientaciones, que abarcan los diversos géneros.



Casa sin dueño

Como en la casa al día siguiente
De una fiesta, te busco, Dios
Y sólo encuentro tu resaca:
Labios de rouge en las copas,
El arrugado almidón del hilo blanco,
Restos de risas pringosas,
La devoción fermentada,
El azúcar en lugar de la dulzura,
La acidez de la alegría en la boca.
Mis pensamientos erran buscando
Sus viejas moradas
Y sólo encuentran ruinas.
Mi casa, sin vos, es una casa sin dueño.





Diario de un hombre

En la mañana nueva como un regalo,
Entre pensamientos a tientas todavía,
Siempre te encuentro, Dios,
Más cerca de mí que las palabras,
Más yo que yo mismo.
El día aún no preguntó por nadie,
La historia no pasó lista,
Los sueños no hicieron memoria,
El bien y el mal no existen todavía.

Pero las horas van creciendo a mis expensas
Como un chico en el vientre de su madre.
Sin escarmiento de nuevo me devora
El antojo del mundo
El dragón del deseo
Camino para atrás
Equivoco andenes,
Me llego tarde,
Enciendo alarmas mudas,
Fumo:
La confusión me entiende
Me debilito, tengo sueño
La duda cabecea conmigo.





SI LA VOZ ES HÁLITO DE UN MANDATO CABAL

Entre espacios en fuga y muros errantes,
la omisión de un sol que brilla en otro reino.
El lado de la sombra.  

Aquí, recibes el bautismo bajo un signo amputado,
la liturgia del humo y de lo inútil,
el diezmo por mitades
con denarios de una sola cara.

Y siempre la duda de ser caída
o de ser siempre cayendo.

Si el habla no acierta en la frente
y el ardor se extravía en el cuño de la espada,
si pesa una maldición sobre el día séptimo
y su progenie,

y aún, la sed abjura de la sangre
y la voz es hálito de un mandato cabal,

queda la palabra,
ave migratoria persistente
en la estación del sol
y el lugar del cenit.

La avidez del ala y de los labios
que cite al pedernal, la mies
y la pupila esclarecida,

la palabra del encuentro imposible,
la grafía del fuego
que remonte la siempre caída
en vuelo hacia lo alto.





LA GRACIA DE ESTAR VIVO

la gracia de estar vivo
y de jazmines
el apuro
la urgencia
la incoherencia
divina
de que seas

acabo de nacer
a los setenta

apenas
el comienzo
no sé nada

los ojos nuevos
las palabras
todavía
sin abrir

la víspera
auspiciosa
la cáscara de Dios
en el cuerpo tibio

el cordón sagrado
y umbilical
unido al misterio

y  a vos





NO PUEDO CEER TANTOS OJOS

no puedo creer tantos ojos
su piel su risa
el beso de Dios
en sus labios
su voz
en la de ella

el milagro
del día a día
entre viandas
y facturas
la fiesta del lavarropas

la vida
por fin
tal como es
próspera
abundante
buena

los planes
los huéspedes
los llamados

la alegría
porque sí y porque ella

los amigos
contentos

tanta mujer
toda junta y de golpe




UN DÍA EN BLANCO

un día en blanco
todavía
aliviatorio
nonato
puro
vírgen
(aún quedan)

no llamado
no escrito
no nada

ni propósitos
ni idiomas

anterior
a toda
palabra
idea
pensamiento
bautismo
nombres
categoría
sexo

éxitos
pálidas
expectativas

un día
krishnamurtiano
sin krishnamurti

divino
sin dioses

anónimo

polizón
de la historia











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