jueves, 11 de septiembre de 2014

NATALIA ROMERO [13.274]


Natalia Romero 

Nació el 21 de Febrero de 1985 en Bahía Blanca, Argentina. Vive en Buenos Aires desde el 2004. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Sus poemas fueron publicados en varias antologías, revistas y blogs. Asistió al taller de Romina Freschi (2007-2013). En 2011 publicó su primer librito de poesía Elijo. Actualmente asiste al taller de Osvaldo Bossi. Dirige la librería virtual A Cien Metros de la Orilla. 




Aguacero

Cuando pasamos el río Sauce Grande
la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa.
Hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso 
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo. 
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los vi.
Había olor a mar. 





II

Ella camina adelante, él
se queda parado frente a un árbol
de flores recién brotadas.
Ella no se da vuelta para mirarlo, pero sabe
que se detuvo: no salta más la tierra
detrás suyo, haciendo nubes rojizas
no ruedan las piedritas del camino
con el arrastre de sus zapatillas de lona.
Él levanta la vista, ella está en el centro de la vía
y flamean los volados de su vestido azul.
Su figura se hace cada vez más chiquita,
pasa una camioneta con ovejas y cabras
y levanta todo el polvo de la ruta
hasta desdibujar las líneas que bordean el camino.





Película

El dique está casi vacío
este verano
y el sol me guía
por la marca que deja
sobre el agua, esos brillos
como chispas en la superficie
marcan la profundidad.
Me acuerdo
de la película que vi
la noche antes del viaje.
El actor contaba los años
que su hijo viviría
sin él
después de su muerte.
No quiero pensarlo
pero lo pienso:
cuántos son los años
que ya vivo sin vos
cuántos me quedan
sin nombrarte más.
Podríamos haber venido alguna vez
a esta casa.
A veces, hago como si habláramos
por teléfono.
Te cuento que te encantaría
cómo quedó la zona
tan arbolada
y tranquila en esta época.
Te cuento de los frutos nuevos
del ciruelo
del ceibo que se secó en la esquina.
Es extraño no recordar un tono
en la distancia de la voz.
El agua me llega a la cintura
me estiro, sumergida
todos los sonidos
forman un mismo cuerpo.





Casas

Al mudarnos
mi hermana y yo
dividimos las pertenencias.
Algunas cosas
pasan a ser necesarias
y otras imprescindibles
según nuestro estado de ánimo.
Nos mudamos ya muchas veces
más de las que hubiéramos querido.
No quiero el microondas
ni la cafetera ni los platos.
Quiero llevarme lo mínimo.
Tampoco el cuadrito de rosas bordadas
ni los candelabros.
Me gustan las velas
pero no los candelabros.
La casa que compartimos en Buenos Aires
se llenó de la casa que vaciamos
en Bahía, después de tu muerte.
Ahora vaciamos otra vez la casa
para mudarnos cada una sola.
Esta mañana
volví a mirar la puerta redonda del lavarropas.
Ese, que no terminaste de pagar
porque tu vida terminó antes.
Mamá
ahora, un día como hoy
en que decido no ir al trabajo
porque llueve
porque quiero dejarlo
al trabajo
a él.
Pienso
qué voy a hacer mamá
si me enamoro.
¿Habrá lugar algún día
en alguna de mis casas
para nuestros objetos
todos, bajo un mismo techo?
Los días pasan
y yo
rondo la punta de la pregunta.
Hoy,
por ejemplo
poder decir no, y hacer
un hueco de luz
adentro de la casa
que huele a mí
que se llena de las plantas verdes
que crecen
porque cuando estoy triste
trabajo con mis manos su tierra
y las dos nos transformamos
en un acto de iniciación.
Ahora
mientras las tostadas
crujen al calor
de la tostadora
que en la repartición fue mía
pienso en las tostadas que me hacías
pienso en tu felicidad
al comprar la tostadora eléctrica
la llegada de la tecnología
la promesa de la buena vida
que siempre esperaste
porque no supiste donde hallar.
Qué dirías mamá
si supieras que ya no tomo más café
ni como más carne
que lloro cada vez menos
que nunca volví al cementerio
que vivo sola con mi gata
que sufro por amor.
Que no estás para escuchar.
Que creo haber olvidado
tus olores.
Que sólo queda esa permanencia
sutil
en los objetos.






ahí está la foto
colgada en las olas
del mar azul
cuando todo es reflejo.


*
el primer beso tuyo me dejó en silencio.
estabas tan cerca
mi buzo blanco te reflejaba
mi pelo largo te toco las manos
me miraste
me temblaban los labios
la luz del pasillo se volvió más naranja
en el ascensor
ensayé alguna cara neutra
una vez en la vereda
me senté bajo el mástil
que alzaba la bandera celeste y blanca
la avenida Alem angostay tu pelo tan suave

*
entendí
que nos habíamos quedado dormimos.
que el invierno nos deja chochos
para amarnos lejos de la vereda
todo el sur y vos.
arrebatados
temprano
por la mañana
toda roja.

*
me como las cutículas.
no puedo dejarlas crecer.
son como pasto blanco
que me esconde las uñas.

a Matías
el amor es
despertarse
con los ojos pegados,
ese esfuerzo
de ver a través de la mañana
lavarnos la cara
con agua fría en invierno
dejarse caer
en la taza de café
compartir la última cuchara de mermelada


*
mecida por las mesetas
de tierra roja
entre las hojas de parra
y el viento de uvas
me hamaco en tus manos
que traen el jugo
color violeta.


*
la noche del jueves
me la guardé para mí
para mis berenjenas
y mi copa de vino
para fumar sola
para olerme desnuda.


*
mientras camino descalza
las suelas de mis pies se vuelven gordas,
se anchan mis tobillos
se me empanadan los dedos
se expanden los pliegues del arco.
veo mis pies y veo los tuyos mamá
estos pies regordetes cubiertos de escamas

*
en la meta
allá
los árboles.
al final de la ruta
rodea el olor del sauce.
pican las hojas,
quedo envuelta
de tanto sur azul.


*
enorme la entrada de tus ojos
cuando mi boca se escapa
para morderte entero.


*
escándalo el que suena
en los ritos de ayer
en cada paso somos otro.
uno mismo
el que va y viene
las luces nos llenan
el pelo de brillo
y somos otro.
nos vestimos del color
que mas nos gusta.
en cada espacio
entre los dos
nace lo nuestro.

*
si es verano
doy vueltas en la Pelopincho
el agua se redondea
me gusta pensar que son olas.
rodeo los ejes de mi pileta de lona
el remolino de agua me pasea.


*
mirando películas de amor
nos creímos ahí.
nos fuimos a la playa otra vez.
nos sentamos con los pies en la arena
y el agua nos mojaba hasta las manos.
nos nadamos como peces
entre medio de algas y olas
saliendo mareados, empapados,
me miro
y mis pies se enterraron en la arena.



*
adoro
el peso de tus manos
el valor del frío entre nuestros cachetes
lo caliente del roce de tus pies sobre mis medias
el valor de lo propio
de lo tuyo y yo ahí.
el valor de las horas
la mezcolanza
el queso y dulce
el mecenazgo de los cisnes al lago gris
lo que media
el desnudo vertical.
entre nosotros y la almohada
entre el paraguas
y el agua de los zapatos.


*
haciendo el amor
quisiera ver tus pies moverse
pararme frente a la cama
salirme de tu cuerpo
y espiar tus pies,
tus talones arrugados
tus dedos bailando
el arco cerrado
todos tus pies
a favor del amor.


*
me fui zambullida
mientras tu copa de vino
todavía estaba llena
me dormí de espaldas al techo. 



*
en el charco de invierno
juego a inventar la nieve
es temprano
y mi bufanda está mojada
rompo la escarcha
parece como si los lagos del sur
visitaran mi vereda.


*
entraste cuando caía polen
de los árboles de tronco blanco
me picaba la nariz
me raspaba la arena amarilla
me dejaste abeja
creyéndose reina entre tus manos.



*
chocha la piba
porque le dieron un beso
la sentaron en el banco de la plaza Rivadavia
la miraron a los ojos
después le puso sus labios directo en la boca
la lengua húmeda
le rozó áspera las comisuras
le dio cosquillas
se enamoró.


*
la historia se cuenta cuando explota.
si la voz no me alcanza para gritar,
entonces quiero tirar bien alto algún objeto grande
quiero romper algo que haga ruido
que sea pesado, grande grande.
tengo al lado un florero
el que inventamos con la ex botella de salsa de tomate,
el florero me vino al pelo.
lo exploté en el piso.
las yerberas felices se aplastaron,
y la rosa de tu vuelta quedo sin un pétalo.
nos quedamos sin florero ex botella de salsa de tomate.
y me quedé con ganas de más
la silla sobre la mesa
no, mejor la mesa sobre la silla.
el piso se llenó de agua de flor
todo pegoteado









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