martes, 30 de septiembre de 2014

JUAN EGAÑA [13.508]


Juan Egaña

Juan Egaña Risco (Lima, 31 de octubre de 1769 - Santiago, 20 de abril de 1836) fue un político, jurista y escritor chileno-peruano de gran prestigio en los primeros años de la República de Chile, redactor de la Constitución de 1823.

Fue hijo del chileno Gabriel José de Egaña Marin y de la peruana Josefa Risco. Nació y estudió en Lima, donde se graduó de Bachillerato en cánones y leyes por la Universidad San Marcos en 1791. Ese mismo año viajó con su padre a Chile, país en el que obtuvo el título de abogado en la Universidad de San Felipe En esta casa de estudios fue profesor de latín y retórica. Dos años después contrajo matrimonio con la chilena Victoria Fabres González de la Rivera.

Participó en el proceso de la Independencia desde sus inicios. Diputado por Melipilla en el primer Congreso Nacional (1811), colaboró con Camilo Henríquez en la Aurora de Chile, redactó un reglamento constitucional, miembro y presidente del Senado de 1812, y fue el principal impulsor de la creación del Instituto Nacional en 1813. Miembro de la Junta de Gobierno de 1813, en 1814 fue desterrado, por Casimiro Marcó del Pont durante la reconquista española, al archipiélago Juan Fernández, donde permaneció hasta 1817 junto con su hijo Mariano Egaña. Ahí escribió su célebre libro Filosofía Religiosa (título completo: El chileno consolado en los presidios o filosofía de la religión: Memorias de mis trabajos y reflexiones escritas en el acto de padecer y de pensar), donde explica sus pensamientos de la independencia y cuenta la dura vida en el exilio en Juan Fernández. En 1826 este libro fue publicado en Londres en la Imprenta Española de M. Calero. En 1928 aparecen sus Obras Completas.

Juan Egaña fue además un escritor de ficción: entre 1819 y 1820 publica en 12 entregas periodísticas: Cartas Pehuenches, o, Correspondencia de dos indios naturales del Pire-Mapu, ó sea la Quarta Thetrarquía en los Andes, el uno residente en Santiago, y el otro en las Cordillerras Pehuenches. El escritor Braulio Arenas –seguido por varios críticos- verá en esta obra la primera manifestación de ficción chilena , aunque la primera intención de su autor parece haber sido poner los cimientos valóricos del naciente Chile. Otros críticos señalan la influencia de las Cartas persas (1721) del escritor francés Montesquieu.

En 1829 publica en Londres Ocios Filosóficos y Poéticos en la Quinta de las Delicias, obra que reúne tres escritos diferentes: los diálogos, Conversaciones Filosóficas; el melodrama, Al amor Vence el Deber y los poemas, Poesías Fugitivas. En los diferentes diálogos de Conversaciones Filosóficas analiza los problemas de su tiempo usando el futuro imaginado como una crítica social al presente.

La Quinta de las Delicias a la que alude el título de la obra anterior es la casa de la Hacienda de Peñalolén, propiedad de la familia Egaña.

Tras la caída del gobierno de Bernardo O'Higgins, fue el principal redactor de la Constitución de 1823, texto caracterizado por sus ideas conservadoras y que fue reemplazado por otro 3 años más tarde. A partir de 1824 ocupó escaños en la Cámara de Diputados y en el Senado, desempeñando hasta su muerte una destacado papel en la política chilena, llegando a ser presidente del senado en 1827.

Obras

"Proyecto de Constitución para el Estado de Chile" (1811); Escrito por el Senador Juan Egaña y presentado en el Congreso Nacional de Chile ; Imprenta del Gobierno, 1813.
"Memorial Político acerca de la Libertad de Culto en Chile" . Lima: Imprenta de la Libertad, 1817 ". Santiago: Imprenta de Gobierno, 1819-1820. Disponible en Memoria Chilena
"Constitución Política y Permanente del Estado de Chile de 1823": promulgada el 29 de diciembre. Santiago de Chile : Impr. Nacional, 1823. Disponible en Memoria Chilena
"El chileno consolado en los presidios o filosofía de la religión; Memorias de mis Trabajos y reflexiones Escritas en el acto de padecer y de Pensar", Londres: Imprenta Española de M. Calero, 1826. 2 v. Disponible en Memoria Chilena
Colección de algunos escritos políticos, morales, poéticos y filosóficos. Londres: s.n., 1826-1830. 2 v.
Escritos y servicios del ciudadano Juan Egaña. Santiago: Imprenta de R. Renjifo, 1828.
Ocios filosóficos y poéticos en la Quinta de las Delicias. Londres: Impreso por D. Manuel Celero, 1829.
Alegato del Dr. Juan Egaña en el año 1810 dado a la prensa por D. Estanislao Portales Larraín. Santiago, Chile, Imprenta de la Independencia, 1838. Disponible en Memoria Chilena
Cartas de don Juan Egaña a su hijo Mariano: 1824-1828; introducción de Alfonso Bulnes. Santiago: Sociedad de Bibliófilos Chilenos, 1946.
Escritos inéditos y dispersos; edición al cuidado de Raúl Silva Castro. Santiago: Imprenta Universitaria, 1949.
Cartas de don Juan Egaña. 1832-1833; compilado por Raúl Silva Castro. Santiago: Imprenta Universitaria, 1951.




Los responsos sentimentales

No lo busques, que ha muerto ahogado entre tus manos,
sin alcanzar hasta tus labios.

¿Se enredó acaso a tu alma el perfume del muerto,
blando perfume a sangre y a recuerdo...?

Siempre es grato el sabor de las cosas lejanas,
únicamente es bello es ayer y el mañana...

Sólo quedan cenizas de aquel fuego, y al fin
volarán por mi espíritu, tiñéndolo de gris...

Suele decirse “Amor” sólo una vez; porque el 
corazón da las mismas flores sólo una vez....

... Que cuando tú ahogaste mi amor entre tus manos
el alma hecha una sombra se escapó de mis labios...






Visión

Tristeza vaga, inquieta, suave...
penas que nunca hemos tenido... 
añoranzas... ¿de qué?... Dios sabe... 
tristeza vaga, inquieta, suave... 
penas que nunca se han sentido... 

Nostalgia, desorientación, 
conciencia de no saber nada... 
resignación de ciego, helada; 
ciega, brutal resignación... 
¿se habrá podrido el corazón 
en la mitad de la jornada...?

Más nuestro espíritu no ignora 
lo que somos y adonde vamos... 
hay largos siglos hasta la hora 
de llegar a lo que ignoramos...

Tristeza vaga, inquietud suave, 
presentimiento de algo grande: 
apóstol, genio, sombra, ave, 
(arcano, clave) 
cerebro autómata que arde...

Mientras vivamos sin motivo; 
sigamos, sin saber por qué. 
Yo sé que hay algo eterno y vivo, 
sigamos mientras, sin motivo: 
yo sé...






Y vagar

Naces, entre dolores
para dar a la muerte un nuevo cuerpo
que llevas a la nada,
seguir entre quimeras,
para alcanzar hasta los desengaños;
amar sin ser amado
para saber de las desolaciones
y conocer entonces
que la grandeza del alma es una horrible
ironía de Dios...

Y tener un cerebro que nos haga 
saber serenamente
que nuestro propio mal a nadie importa;
y, al fin de la jornada,
abandonar el cuerpo a los gusanos
y seguir caminando.





Abandono

He medido en tus ojos, mudamente
todo el mal de mi horrible
desamparo de amor. No me has querido
nunca, y no me querrás. Ya no me vale
buscarte en otros ojos de mujer.
Yo te he perdido para siempre cuando
he sentido vibrar sobre tus labios
el asco de tu espíritu al besarme
No me has querido tú, que me comprendes
no me has querido tú, que eres tan buena,
no me vale buscarte en las demás...
Seguiremos tú y yo, pues que lo quieres, 
por esa senda que te mostré un día
blanca de luna y de serenidad.
Yo, más triste que nunca con mi muerte
y midiendo en tus ojos 
todo el mal de mi horrible desamparo...
Tú estarás pensativa,
y yo adivinaré tus pensamientos
por el alcance que me dan los míos:
“No lo he querido. Yo que lo comprendo,
no lo he querido a él, a quién debiera 
haber querido siempre...
no le he querido a él... ya no me vale
buscarle en los demás...”
Seguiremos, meditativamente:
tú, pensando en las cosas de la vida,
yo, pensando en tu vida y en mi muerte.
Seguiremos, meditativamente
por los campos desiertos...
(No habrá luna en el cielo... más la senda
estará siempre blanca. ¿No son blancas
las lágrimas del alma...?)






AMOR

Vendrá una hora blanda, y yo le diré: “vamos”;
Y ella, sus manos dulcemente me tenderá...
Nadie nos verá ir por el blanco sendero...
Y nos alejaremos, para no volver más...

Y en la paz de sus ojos se copiará el camino
Todo lleno de luna y de serenidad,
la noche elevará vibraciones lejanas... 
y nuestros labios, juntos, nunca se saciarán.

Y correrán los días tranquilos y callados;
Y una tarde muy lejos de la torpe ciudad, 
donde no pesará la ausencia del hermano, 
nuestras espaldas beatamente se curvarán...

Pero siempre serán sus palabras amigas 
y sus manos tendrán la misma suavidad
para posarse sobre mis ojos afiebrados... 
mis ojos, los que un día le enseñaron a amar...

Será una tarde plácida... ¡tiene cosas la vida!
Llamará muchas veces... ¿quién le responderá?
Y entibiarán mis carnes gratamente sus lágrimas,
Y mi espíritu, triste, mirándola, se irá...






EL CANSANCIO ETERNO

Finalizó en silencio mi poema de amor,
y no hubo ni ruegos, ni desconsolación,
¿Por qué?... Me está sonando a hueco el corazón.

Sólo quedó en mi espíritu, enfermo de dolor,
El eco agonizante, suspenso, de una voz
Que se fue modulando esa suave oración
Que reza por el alma de aquello que pasó...

Voy sintiendo como, de nuevo, mi cadáver
Torna a ser el paciente conductor de mi carne.
Mi carne que, cansada de errar, no puede más
Con el peso espantosos de mi conformidad.
(Oh, las rutas eternas... oh, el martirio obediente
de llevarme yo mismo, de sentir que soy alguien)

el alma sabe como va agonizando el alma,
porque a través de sus calles imaginarias
mira hacia atrás hacerle muecas la juventud
riendo sobre la tapa negra de su ataúd...

¡Oh, el daño de la terca lentitud con que marcha
la procesión de las cosas que se va a la nada...!

Adoro el frío trágico que brota de mí mismo;
Y en tanto caminando voy por el laberinto
Silencioso y sombrío de mi mundo interior, 
Gozo escuchando atento el ruido macabro
Con que van derrumbándose, en feliz descalabro,
Las virtudes que en mi alma puso, irónico, Dios...






LA HORA CIEGA

Sé que no es mi destino el que me lleva 
a desoír las voces interiores 
que a muchos nada dicen. Sé que hay algo 
en mí, que tiene aquella efervescencia 
de los fuegos internos. Inquietudes 
de locura que estalla. Palpitantes
angustias de corrientes subterráneas, 
y a veces, fugitivas claridades 
que alcanzan hasta el labio...

Pero la vida está sobre el espíritu, 
y el amor, que adormece los cerebros 
con sus horas internas, y esa íntima 
musicalización que nos arrastra 
irremisiblemente, hacia las bellas 
trivialidades de horas blancas....

Ese tranquilo sino de agua clara 
de las aguas que pasan por la vida 
saturada de enseñanzas, en puntillas 
sobre su alba certeza de hojarasca;

Ese blando soñar despreocupado 
tiene más armonía con sus ansias
Humildes, de encontrar en este mundo 
sólo aquello que duerme, sueña o canta...

Mi espíritu cansado, no apetece 
la efímera fruición de los arcanos, 
y quiere abandonarse en el remanso 
en que flotan, durmiendo, las sencillas 
ventanas de las almas entreabiertas...

Es la alegría santa de su alma, 
es su aureola de paz, es ese efluvio 
de apacible y serena bienandanza 
que surte de sus ojos...

Que cuando ya la carne se resista 
a seguir con nosotros, para esa 
inquieta ebullición habrá una ruta...

Y será éste un paréntesis de oro 
en la futura ebullición suprema 
del átomo a la luz... hasta la hora 
de la enorme victoria, en que, vencidas, 
las sombras se desprendan de los ojos 
para dejarnos ir serenamente 
cara a cara al arcano...




Letanías enfermas

Alma romántica, alma inquieta ,
Deja tus sueños sin hilar;
Deja tus sueños... su silueta
Ya no da sueños que soñar.

Alma, despierta, y sé discreta
Y sé secreta en tu llorar...

Amor, que como en fatuo fuego
Me iluminaste el corazón
Y me llevaste como a un ciego
Por tus senderos de ilusión...
Único ideal... ¿por qué tan luego
Te fuiste de mi corazón...?

Heroica lágrima perlina
Que de dolor se consumió;
Suprema lágrima divina
Que iba a caer y no cayó;
Tú, que hubiste de deslizarte
Por mis tesoros de interior,
Tú, que has sabido deslizarte...
Engárzate en mi corazón.

Alma, despierta y sé secreta
Y se poeta en tu llorar
Porque tus sueños... su silueta
No irradia sueños que soñar...

Corazón, alma, llanto heroico
Que pudo caer y no cayó,
Formad vosotros el estoico,
El grande alcázar de mi yo.
Oculto dentro, en lo profundo,
Haremos vida sin igual:
Descubriremos otro mundo
Y otro motivo, y otro ideal.
Haré un altar de primaveras 
muertas, y de desintención; 
y entre cenizas de quimeras 
pondré a dormir el corazón.



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