domingo, 24 de agosto de 2014

MARTHA LIZARZABURU [13.010]


MARTHA LIZARZABURU 

(Quito,ECUADOR  1944). Ha publicado tres libros:

Aljibe (1964); Memorial de la sombra y la ternura (1973) y
Ataduras para el viento (1977).





ANTOLOGÍA DE
OCHO POETAS TANATICAS
DEL
ECUADOR

por
Rodrigo Pesántez Rodas





RECUENTO DE MI MUERTE PROFUNDA

Espiga, no me digas lo que guarda tu carne.

Yo quiero presentirte pan,
sonrisa, blandura entre los dientes.
Y agonizar en tu temblor secreto como una célula,
con el núcleo dorado por la magia
tranquila del silencio.

Recrear en mi ser tu cuerpo mínimo
mientras me habita aún la sangre del verano
y tu orilla menuda es todavía
mi propia orilla.

Espiga,
no me grites lo que guarda tu muerte.
Si he de morir tu misma sed...






ELEGÍA DE MI MUERTE INMEMORABLE

Anda mi muerte al paso por la esquina
y es árbol
y es silencio.

Rueda mi sombra en torno
como alguien que desoye su lamento.

Ya estoy con la alta estrella deslumbrada,
en su curva final de encantamiento.
Ya tengo -hielo antiguo-
las palabras cambiadas por retazos de viento.

Trueque de sangre y alma
por la frugalidad de agua en destierro,
mi muerte se detiene tras la esquina
para hacer de mí un árbol
dulce y ciego.





TIERRA

Parda cuna.
Le calientas la infancia
a la espiga
mientras cantas tu nana
fecunda.
Cada instante,
el andar de la hormiga
se te vuelve en la entraña
ternura.
Parda, amorosa cuna.
¡Que en silencio te mira la noche
con sus anchas pupilas
oscuras!





DELGADEZ DE LA MUERTE EN LA FATIGA

Vengo
de los recodos más oscuros
de mi propio cansancio.

El viento de la muerte ha escorado en mi boca
y ha fundido mis pasos.

Y soy un resquemor,
una maledicencia despojada de grito
y una atroz mordedura en el origen mismo
del dolor soterrado.





ULTIMA VOZ DE AUSENCIA

Y cesó de crecer sobre la tierra
tu hierba de milagro.

Sin voz,
sin esperanza qué traerte
para aplacar la noche en que naufragas,
me quedé como un árbol.
Roca extinta
en mitad del escombro y de la llaga.

Qué asombro tan antiguo el de mis manos
al palpar tu silencio.

Y qué sola mi sombra
en los charcos de angustia que la apagan.






PEQUEÑA HISTORIA

Un día
mis iluminaciones se volvieron palabras
y me empezó a crecer sobre los pies la
tierra.

Nevé mi nieve oscura
para que en las alondras se me ahuyentara
el alba.

De tierra el dulce harapo suspendido del
alma.

Y el dolor de las manos sobre el
viento : curvatura sonámbula.

Liana de piel en tránsito
anudada al silencio de la página.
A la armazón insólita de tiempo
a la hora sin cenizas y sin lágrimas.

Entonces
las alondras cruzaron ligaduras a
sus sombras delgadas, y me empezó a crecer
sobre la voz la niebla
y sobre el corazón
el camino hacia un cielo de paja.





MEMORIA DEL FUTURO SILENCIO

Es así como tengo que madurar mi muerte:
a pasos desolados.

Entre el hueso y la piel,
el ascua negra desbordará cansancio,
y quedará en silencio la tersura
de mi cuenco de tierra.

La sed.
Esta llovizna inconmovible
sobre el rostro.

Y mi muerte en sigilo
inventando sonidos en los charcos.







ANÁLISIS DE LA BRUMA

Ha crecido
en pie de soledad
la forma del guijarro mordido por
la noche.

Nada en la tierra puede recuperar tus pasos
pero asumo tus ecos en mi carne
como quien reconstruye la semilla del sueño.
Sé que puliste para nada
la piedra de ternura
y la orilla menuda de tu mundo sin hielo:

la huella del guijarro
se apaga de improviso entre la bruma.







ESA OTRA SOLEDAD MÁS DENSA TODAVÍA

Tiembla la soledad
avanzamos
hacia otra soledad más densa todavía.
Tu escombro entre mi sal.
El eco de tus manos.
Tu recuerdo alejándose por las nuevas orillas.

(Inútil toda llama secreta:
cada sueño es un árbol que muere de rodillas).
Cae la tarde.
Estamos con las sombras atadas
a esta otra soledad más densa todavía.






SOBRE EL BARRO DEL MUNDO

Mis pies caminan
sobre el barro del mundo.
Soy su misma dulzura que se enciende
en cada angustia con la misma verdad.

Ser terrestre,
ato la soledad a la esperanza.

Y me siento vivir en la vehemencia
del fruto amanecido.



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