lunes, 18 de agosto de 2014

EDUARDO LEYTON-PÉREZ [12.909]


(la fotografía de El Poeta Negro pertenece al maestro de la fotografía Héctor Labarca Rocco)


EDUARDO LEYTON-PÉREZ


EL GRAN POETA NEGRO
Eduardo Leyton-Pérez, (Curicó, Chile, 1976) es hoy por hoy, no nos vayamos por las ramas, uno de los mejores poetas de Chile. 

Eduardo Leyton-Pérez es el Poeta Negro, sí, como el poema de Antonin Artaud. Es bueno, y no es pirueta de don Azar, que se crucen, que se imbriquen más bien, Leyton-Poeta Negro-Artaud: algo se esconde y algo más brilla en tal aquelarre. 

Leyton, el Poeta Negro, también Conde de Montmartre, tiene la responsabilidad escritural del oficio de años y las ganas a cuero vivo de la juventud. Esa responsabilidad ante la escritura y esas ganas las conservará por siempre, estoy seguro. Pablo De Rokha es constantemente homenajeado en sus versos; hay una escuela de construcción de imágenes a la que El Poeta Negro no sólo sigue, sino que aporta, con originalidad. Hay, en la poesía de este poeta, una mirada crítica de Chile y América Latina, pero sobre todo de Chile, país a ratos soberbio como pocos en esta era de la soberbia fundada en el dinero, el mercado, el consumismo, el chauvinismo, etc., y Leyton sabe capturar y dar forma a este dato a través de imágenes de una potencia que va de lo coloquial a lo solemne, en un manejo juguetón e inteligente de los distintos registros. La palabra desborda significados. Poesía de la buena, como el buen vino tinto de la zona del Maule o como una camiseta mundial del Curicó Unido (nuestro querido Curicunío, un club presente del fútbol del futuro).

Acá presentamos un poema porno-erótico-social-individual-púb(l)ico-íntimo: El Paisaje de la Gata, perteneciente a su segundo libro, El Deseo de Caronte, que será presentado en noviembre en la hermana (sí, hermana) Bolivia. 
K. Ramone





EL PAISAJE DE LA GATA

La recuerdo en la pereza del post sexo
Cuando se le venía el coito inmemorial por los ojos
Y sus lágrimas que lubricaban la preocupación de cerrar la puerta
Eran como sus piernas aladas sumergidas en el orujo
Una rata le entraba y salía por la velluda cocina del mundo
Fijándome yo en los cartílagos de lo nefasto
Acomodándome para ver la película porno de su intención y su palabra.

Miles de horas
Cientos de países
Caterva de kilómetros le dura el recuerdo mientras recoge
Los pedazos de la vida que se comió en las uñas
De sus dedos sebosos
Jugando con éstos en círculos ante el eréctil estado ruinoso
De su tierra calentada al rojo por el soplete de su mano.

Arando su tiempo y su época
Distarían unos veinte años cuando fue tocada por la serpiente urbana
Ella dice que su aliento primigenio se lo llevó un buzo estelar de Pichilemu
Como si quisiera creerse una Afrodita.

Pero la espuma no le hace nacer sino que la vomita
Los perros acuden a pelearse esas bocanadas de maldad
Para llevársela a jugar en los cerros tan altos como los coturnos que calza.

Cuando yo besaba su masturbación de la mañana
Ella se retorcía asfixiando su clítoris en extremaunción
Condenado éste por el pecado de la privación
Por engañar a mi deseo que era ajeno.

Creo comparar su pornografía a los “cadenazos” de un 11 de septiembre
Con los vestidos de harapienta porque era pobre y triste esa noche.

Detenida por sospecha en un escaño de la plaza que se le fugaba del embrión
Llevaba un aborto en la boca y en la palabra
Comprándome una botella del mejor vino
Me incitaba a beberlo en su cuerpo.

Los aniversarios patrios del recuerdo que ya estarán en lo post-pretérito
Me acongojan me sangran me perforan.

No desprendían fragancias sus axilas tras la batea del post-sexo
Sólo asomaban de sus porosidades la madera bien quemada
Larvas infames y arañas ausentes de mi tiempo
Como la picazón que se viene escandalosa en los buses
Piojento me hago heridas en el casco derretido
Perdiéndose en las distancias de la 5 Sur y la concesión internacional de la uSUrA.

Ni siquiera sus cartas me llevan otra vez
Al orgasmo elevado en el soliloquio
Como un padrenuestro lascivo y sufriente
Único piojo superviviente incluso a las nieves.




EL INICIO ESTÁ CERRADO

“Esta será ya lo veo tu última imagen:
nuestra despedida en el poema en la estación terminal.”
Enrique Lihn


Todo fragor de bombas se viene al mundo en calidad de robo
En el penal de Talca aúlla una horda de sifilíticos
Que en las tardes de calor ponen a secar sus zapatos
Sobre los pastos de la alameda que olvidan.

Una vieja madama hincha sus pechos y se le desbocan las palomas.

Se encogen los hombros de la chicuela desvirgada
Por los poetas del norte
Y dándole de chupar los dedos de la amanecida
Refunfuñan toda la cocaína de los salares
Por ello fueron olvidados
Por ello por ellos y en ellos
Los convocan al mar y se devuelven en las botellas que aman.

Qué fuego anormal se estaciona en sus ciudades
Donde las casas de “huifas”  tienen en sus salones
Grandiosos desiertos de mujeres adornando la nada
De los transeúntes sin dinero
Traficando la nostalgia de saberse perdidas
Pues sueñan con irse al sur -a La Serena, dicen-
Para cabalgar sobre amantes que viven en las nubes
Y cuya decrepitud urbana incineran en los automóviles fiscales.

Yo les doy esta romanza de arenales
Es triste la cacatúa de Lihn y no se imagina volar bajo soles
Que no conformes con horadar la tarde a esas ciudades
Socavan el mar desalinizando el temor.

Son urbes machacadas contra los cerros inertes por la mar-océano
Pero sus ladrones
Que siguen lavando calcetines hediondos a sueño herido
Escriben poemas en las cárceles del sur.

Sueñan con una poeta del norte algo negra y de pómulos partidos
Que se asome por las ventanas del tren escondido en los bolsillos
Se masturban con Dios
Porque éste hizo a la poeta a su imagen y semejanza
Para que les sirva un shop como en Calama
Y lanzan el semen así como sus excrementos
A la nada de la línea de fuego.

Ellos son novios borrachos
Recitan libros de poesía con la memoria partida
Esperan que en la visita del domingo
Alguna poeta le susurre en la carpa
Los versos que invoquen el espíritu de los cerros
Penetrados por la pala del capital
Se imaginan una vagina de mesera chorreando minerales
Y que ella bese la espalda tatuada con vidrio de botella
Para que sus falos se conviertan en plumas
Y puedan viajar noche a noche
Más seguido que en la misma infancia
A su tierra querida y chamuscada.

Se adormecerán pensando en la fábula
Contada por el abuelo vencido en toda guerra
Dilatando sus pupilas quemadas
Planificando el delito más dulce y hermoso:
Robar las estrellas una a una
Para poder llevarlas en una bolsa del “LÍDER” 
A la casa de cambio
Reduciéndolas por flores que como siempre estarán secas
Plantarán sus pétalos para revivir la matanza
Para mortificar otra vez el martillo
Se creen Cristos amortajados
Pues a ellos como al pacifista borracho aquel
Un martillo
También los clavó en la sala de algún juzgado de pueblo chico.

Ya habrá poemas que corran como caballos desbocados
Por la cancha
La poeta del norte que trae arena entre los dedos de los pies
Saboreará el enigma de las pieles brillantes
Será una mina
Será una mina
Será una mina
Será una mina y la nacionalizarán para todos en el penal
Pues nunca habrá más que por exceso no se harte.

Será una mina.





COLTRANE’S WOMAN BLUES K


I

Ascensión

Vino entre sus propias manos y escapa de las montañas
Que pudieron ofrecerle el placer inundado
Su pecho estuvo tapizado de alondras
El himen roto que mostraba sus intenciones
Aplazaba las 14:00 hrs. en toda la pobre ciudad existencial
Con nombre de santo y de rey
Su deseo era el ateísmo de los cuerpos
Ángel descarriado y vencido por la maldad que heredó
La familia que cobijaba sus pecados eran los árboles del invierno
Y su desnudez en las casas ajenas maltrecha
Lasciva de ríos y puentes colgantes para ciclistas
Evacuaba a toda esa ciudad con nombre de santo y de rey
Una ciudad a la que se le caían las babas
En el solo instante de robarle sus aceras.

El sortilegio del límite no es su cátedra inicial
Reprueba la incitación de pieles y cuerpos pesados
Metales cuelgan de sus muslos
Y las joyas salen porosas de su lengua abisal
Esta se sumergía en el foso de la evocación
Traslucían el pubis los trastos de bazar citadino
Pues este         su tercer mundo       la tiene encadenada a su ansiedad
En el estiércol de la planta rasa
Humea el miedo de sus ojos
Entonces su sangre de 21 días
Remata el río degradado que baña su casa
Lento tránsito en su bípedo transporte de círculos universales.

La llaga del lamento y del recuerdo
Le brota en cada paso y en cada peldaño de la palabra
No tiene idioma para acercarse al pecado cometido
El pecado es consciente pero los zapatos le molestan en el día
Dándoselos de comer a las abejas que lavan su cabello terroso.

No tiene que ser madre para creer que lo acontecido ES
 pero  la culpa es de los hijos.

Se cae el silencio de tanta evocación.

Todo el ancestro está húmedo.



II

A love supreme

La historia es cierta
Y no le compete a la libertad suelta en el cajón del anti-ansiolítico.
Quiero hablar de la metralla del enojo
De lo deshonesto de obligarla
Y de la enfermedad vertiginosa de cada tarde
La pila agotada del estilo del amor y sus formas
Que son más rápidas con el mal de altura
Que no se detienen cuando el oxígeno anuncia volcán
Donde todo el que tiene pulmones de timbre
Baila para el fuego de lo olvidado
Cuando las mujeres cocinan solo para sí mismas
La carne del hombre muerto quejándose no haberlo engañado
En las ausencias del orgasmo
El amor está apunado en la pampa y el poeta Arturo Volantines
Lo declara loco atacameño y revolucionario.
No repetir
No detener
No delatar
No ordenar
No maniatar
No castrar
Así y cansados de repetir
Lo que no se enarbola en los edificios públicos
Así vamos nosotros hermana y mujer
Vamos contando los días y sus respectivas noches
Para descontar los siglos
Que el enemigo nos tiene al debe
Para querer parecerse a nosotros cuando comemos.

AEZ-46 se llama el tren estacionado en plena concesionada 5 Sur
En medio de la conmoción de una postal de la ciudad nevada
Los turistas  comen las uñas de cada libro que visitan
Interrogando a los ladrones del pasquín de turno
Sobre si el maquinista estaba señalado en algún bando de “Omero”
Mientras Aquiles masónico se hace el desentendido
Puliendo su vigorosa espada
Como ahora es perro se llama “Laiko”
Y sueña con las estrellas del intendente.

Adiós a las carabinas
Muerto el edecán de Rommel cercano al Ancoa de los ríos
El titular querrá decir en la mañana de los “churrascos”
Si valdrá la pena visitar las tumbas del cementerio de Ciudad Ninguna.
Adiós a las carabinas
Adiós a los héroes y adiós a las termitas que resuellan
Carcomiéndose el edificio del pasquín
Cuyos muros penden del teatro derruido
Que aguantó el terremoto del ’85
Pero que se le cayeron los dientes
Cuando el sexo dejó sus condones en la letrina de la “galucha”.



III

Alabama Blues

El hombre
Solo se estrella contra el espejo abrupto de sus incapacidades
Observa el filo de la navaja matutina
Calcula el recurso hídrico de sus ojos
Emprendiendo rumbo a los Andes.

Genuflexo enfrentase a sus dioses antiguos de lana
Danza como en malabares sobre el remo de su bote
Desafía al tiempo
Que se le aparece en la esquina de su casa partida.

No hay versos ni en sus pies ni en sus uñas
Estas se le encarnaron una tarde cuando quiso robar
Las flores del jardín del deseo oculto de sus vecinos
Pero entonces le sangró el oído medio
Por lo que la sordera que ostenta voluntaria
Sirve a sus placeres sólo de recuerdos.

Elige el hombre su soledad antártica y desenreda sus huesos
Para ponerse vigilante sobre la brújula que construye
Todos sus indicadores
Van hacia la ciudad con nombre de rey y de nada
Pretendiendo encontrarse
Con la cabellera que fue roja y que está perdida
Vagando por el ramal “vaporino” de las uvas inmemoriales.

¿Con cuáles dados jugará su piel?
Apuestas de cigarrillos y botellas
Que regresan vacías del licor de la palabra
¿Qué encuentra el hombre perdido cuando corta su respiración?
¿Qué cordilleras quiere alcanzar preguntándose por las materias
Por los escombros       por el asfalto y por el silencio?
¿Cuáles son sus apuestas en el casino de la memoria?
¿Con cuáles monedas se sirve para tocar de la siringa del espíritu?.



IV

Stardust

¿Quién pone tus manos  sobre el mantra de tus senos?
¿Quién muerde tus pezones como el último demente de la ciudad?
Podrías responder y echarte a volar por el pantano aciago
De la inquietud y de las altas temperaturas
Recuerdo el fuego        ese fuego negro que se hace premisa
En la madrugada del total vacío del sueño
Que víctimas de la laceración
Del combate que libran las concavidades
Cuando el cenit se sumerge e ilumina el mundo
Como los cátodos que mueve a través de las dunas
El frenético tren que ahora será un río de sal
Vestigio de lágrimas infortunadas
Como infortunadas que son los latidos del ámbar
Lubricándonos el sexo pueril bestial y contestatario.

No volverás a ser reina de esa ciudad con nombre de santo
Ni te asustarán los terrores del sol
Cada vez que te arrepientas mujer
La curva que redestaca por sobre toda la ciudad
Seguirá siendo el tobogán
Por el que bajan a pastar los elefantes
Y por donde surgen las columnas
Debes seguir mirando las iglesias y sus construcciones de tiempo
Pues él se te escapa por el bolsón diario de tu alimentación
Amas el tercer mundo aún cuando te piden y te regalan el cuarto
Y crees que tu sexo es tan perfecto
Que el Demonio también te puede poseer.

Adiós a las carabinas
Adiós a la muchachada que sale de su casa
Para no aburrir a sus padres
Que son los parias del HOY

Adiós a los héroes sin remedio
Adiós a los mártires de un socialismo pervertido con clase
Adiós a tu extremo que va desde tu nariz
Hasta el dominio absoluto del mundo. 






EXHALACIÓN Y ENROSTRAMIENTO AL DIABLO

Soy el príncipe de la ciudad
El  violador de matrias y destructor de patrias
El que apuesta por quemar
Las bodegas de los puertos en la ortodoxia de la muerte.

Soy el príncipe de la ciudad.

Yo soy el príncipe fundador de la ciudad.

El ojo bueno que me queda
Está atento a la palmada de la escarcha cuando cruzo sus calles
En la “chancha” de lo propio que cuesta la moneda del hastío
Y se me agita el designio del año rebautizando las calles
Que toman el color de la fiebre al estar vacías
Entrando en pánico en medio de los colectivos
Que suben y bajan a Dios-culebra
Situándose la pluma religiosa como las lágrimas del Manto de Eva.

Infecto aristócrata en el feudo de los lobos
La gangrena del idioma moderno
Me botó del éter para entregarme el cetro de la ciudad
Siempre estuvo en llamas y no gustaba que se eligieran nombres
Entonces recojo la miseria de la arrocera
Y recuerdo la hambruna en Somalia
Con una hermana que pierde su virginidad
Escondiendo los anticonceptivos en el cajón del “papel lustre”
Para alimentar el incesto que se acurrucaba en mí
Deseándola en las tardes del cometa Halley.

Dejé descansar mi religión a la temprana edad de las bicicletas
Pero se me subía el impulso descarnado
Por el arrebol de los espejos y siendo dueño de la ciudad
El príncipe fundador de la ciudad
Oliendo a tango entre el gentío inútil del domingo
Rocé despierto con mis sudores
El relámpago de acariciarme sobre el talle de la repugnancia.

Yo soy el príncipe de la ciudad

El vendedor de hojas
El afilador de cuchillos que destiempla su dentadura
Comiéndose los trastos de las ollas rotas
Que fumiga sus pilchas contra la sarna de las envidias estéticas
Y elimina de un peinetazo las liendres de la bazofia inmaterial
Mi recuerdo del ser y la angustia del ser
Tienen en la boca un jolgorio de escupos al aire
Mientras se bebe y se goza cuando las callosidades del vino
Decoran el tumulto que brota en mis mejillas.

Soy el príncipe de la ciudad
El príncipe fundador de esta ciudad
De linajes llamados por exhorto al juicio de los injustos
Soy quien recoge los despojos de la desmesura.






J-60 HIGHWAY BRIDGE’S

 El puente es un pedazo de cielo roído
Que sirve de escalera a  los hombres.

Tal es el acertijo tal el enigma de las cosas sin límite
De la baraja del naipe de la creación del mundo
Abierto como la profundidad inclemente de la mujer más absoluta
Que está en la ebriedad del pan
Agita sus brazos como remos desde el sur del Mataquito
Impone sus fauces de hembra destinada al sacrificio de la ferocidad
De costumbres que ya van perdidas
Inexorablemente hasta lo absoluto tal cual Dios.



El puente

Ese es el puente: un arco de triunfo donde la derrota de la muerte
Se descorazona llorando para que inunde el discurso de Bergson
Las lágrimas obedecen a los deshielos del pensamiento
Serán recolectadas en emergencia
Por el helicóptero recién llegado de Vietnam
Precedido de todos los Apocalipsis.

El mar abandonó muchos años la costa del sueño
Dejó los arenales de Putú como celadores del ancla de la noche
Esta reposa mejor que en cualquier otra comarca
Pues sus dedos índices
Son los morrillos que confunden al automóvil
Indicando que el destino al puerto está más lejos de lo que se debe.

Ninguna consideración
Debieron tener los fundadores de ciudades y de estrellas
Al pasar por el puente que sirve de escalera a los hombres y que es
Un pedazo de cielo descascarado
Golpeado por los avatares emocionales del mar
Porque a las locas del Open Door
Se les soltaron las trenzas en el lugar
Declarando orgasmos a sus terapeutas con sólo quemarle
Los dedos de los pies
 meta cigarros
A las “machos caneras”
Se les transformaron por fin en penes sus lenguas
Y el Súper Manolo Power
Desolló viva a la Tamara a vista y paciencia de todos.

Yo resumo la insatisfacción de los paganos
En sus nombres
Que regulan el tránsito del fluido del ethos
Que indican la exactitud del error
Que ostentan las joyas
Y la sonajera del camino del alacrán retorcido en su isla
Todo lo antes señalado puede pasar perfectamente por el puente.



Hombres y mujeres

Niños y niñas: doncellas malvadas y torpes efebos
Mendigos de la  pantalla
Enfermos catalépticos de engaño nacional
Los que gozan de eternidad mirando la intención de suicidio
Acodados en las barandas crípticas del puente
Os lanzarán al deshielo con sus lágrimas
Entendiendo la santificación de la maldad
Que declara Rodolfo de los Reyes
Cuando se santigua desnudo frente al ceño de Gabriela Mistral
Violándola en el acto sensitivo de la palabra y de Zarathustra.



El puente

Todo puente
Todos los puentes que se cruzan por debajo del mar
Son las intenciones del cielo
Que alguna vez fue el caos devenido en sociedad
En estado que nunca el proletariado santificó como hambre
Todos los puentes que se vuelven escaleras
Tocan con sus puntas el infierno y  con sus bases
Los testículos del abismo y le arrancan al cielo los sesos de mono
Que comen en Sikkim los niños
Tal cual dieta de príncipes.

Todos los puentes por escaleras que son
Todas las escaleras por hermafroditas que son sus peldaños
Todos los puentes que se quemaron
Con el sexo retenido de “Los Puentes de Madison”
Todos los puentes posibles de la infraestructura de la pena
O todos los puentes que se demoran en sus sueños los andinistas.

Todos los puentes de la memoria
Todos los puentes de la memoria parida entre puentes
Todos los puentes sobre todos los puentes
Todos los puentes nacidos entre los puentes.

Todos los puentes que son las escaleras de los hombres
Para ir y venir del Infierno.






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