jueves, 7 de agosto de 2014

DIANA MARÍA IVIZATE GONZÁLEZ [12.715]


Diana María Ivizate González

Diana María Ivizate González, (Pinar del Río, Cuba, 1972)
Filóloga y docente cubana. Reside en Valencia, España. Es licenciada en filología inglesa por la Universidad de La Habana (Cuba, 1995; título homologado por el Ministerio de Educación y Cultura de España, 2001) y doctora por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), Departamento de Comunicación Audiovisual, Documentación e Historia del Arte (2009). Se ha desempeñado como profesora en la UPV y en Youngstown State University (Ohio, EUA; 2008). Ha publicado, entre otros libros, Álbum de los amigos de José Lezama Lima (edición facsimilar, inéditos; coedición con Iván González Cruz; Valencia, 1999); La esencia de Eva o el universo de lo femenino (catálogo y comisariado; Valencia, 2000); Ocultas fragancias que golpean (Valencia, 2002); Albur, revista cultural cubana (Órbita) (edición crítica; selección y prólogo junto con Iván González Cruz; Valencia, 2002); Hallar el sitio (Miami, Florida, 2008); Paisajes de mujer (Womanlands) (edición bilingüe; Madrid, 2010); La generación Albur: el desafío a la Revolución (Valencia, 2011), y Virginia Woolf: la experiencia como cuerpo, lenguaje y conciencia (Valencia, 2013).


Muros

La Escuela de la Contención
tiene muros muy altos y un jardín 
donde se miran extasiados los contenidos.
Pero una tarde escapa por encima del muro
una palabra
y miran asustados la magia del idioma
y acuerdan defenderse de todos los mensajes,
hasta que el muro cede y desguarece.
Entonces esos seres, temerosos,
acarician el Verbo.



Espinas

Penélope y Calipso esperan a Odiseo
en el Monte de Espinas.
Ramas de olivo, 
plumas de pavo entre sus dedos.
Yacen
hasta que llega,
y Penélope exige una estrofa cantada,
y Calipso una queja.
Le despojan de todos sus temores,
las espinas ya son 
manto de seda.
Pide...
alguna historia en versos que no sabe.
Cuentan...
las dos, al tiempo que se agitan.
Una enjuga su frente
y él se deja.



Dolor

Perdida contra el límite
empujo y retrocedo. 
Le he seducido ya 
noches enteras 
sin que se mueva un ápice. 
Le he ofrecido mi alma en sacrificio, 
pero ni el aire pasa, 
ni el aire se percibe.
La noche anuncia lluvia contra el cemento,
contra el cristal y el miedo,
y el límite no cede.
La tempestad cerrada me sorprende 
abrazada a su espalda,
pidiéndole un deseo...
Relámpagos tenaces 
iluminan mi cuerpo
entre su marco estrecho.
Soy esa criatura
que tiembla socorrida 
por un trueno.



Conciencias

Escila ha sentado las cabezas.
Ya no se come a nadie, sólo reza
por que alguien coma de su mano.
Seis bocas, seis razonamientos, 
seis conciencias...
no fueron suficientes 
para cazar amor.
Y el monstruo sobresale ahora del abismo
que da pena,
recita poesías
mientras chocan las olas
con sus sextos sentidos.



Declarar(se)

[...] la sed de lo perdido.
Eliseo Diego

¿Con qué mirada helada me miran,
desde cuánta distancia
los poetas ausentes,
que fingen no saber?
¿Y cómo declararse en la barca de Dante,
con Virgilio a la espalda
calculando
las artes amatorias?
Culpable o inocente no son las únicas declaraciones 
que hacer a la deriva...
Y los poetas zarpan, 
minutos antes de escuchar.
Dejan versos sin réplica
que acariciamos lentos
en el agua,
con sed de lo perdido.








Con qué viva intensidad escribe Diana María Ivizate. Parece que una voz —grave, hermosa, modulada en lo hondo—rayara húmeda y sonoramente la página. Y uno tiene la posibilidad de tocar algo en el idioma que no son verbos ni adjetivos, sino un temblor cálido del alma que en el instante glorioso del poema nos saluda de pronto, diciéndonos imágenes que hemos visto en sueños. 

Entre la voz que habla y el alma de uno que oye en el silencio de la página se dibujan gestos, paisajes, reconditeces muy amadas, que dan dolor al ser expresadas porque se sienten como irremediablemente perdidas. Uno se da cuenta de lo que tiene y lo que no tiene al oír la voz profunda de Diana María Ivizate, y advierte una tierra evanescente, de carácter tantálico, que a ratos se acerca y se aleja como un soplo vital de la muerte.

Qué es la poesía si no es ese voltearse hacia el mundo interior y captar adentro de uno el paso fosforescente de uno mismo, en una asimilación póstuma de algo que se encuentra cálidamente vivo. Y no quedarse en ello -porque el acto de la poesía es darse- sino verter hacia el otro que nos oye, todos los vientos sobre las aguas que nos incordian y distancian. 

Los poemas de Diana María Ivizate son un triunfo de la expresión que tiene la utopía para alcanzar la sedimentación emocional de lo que hemos vivido. De esos sentimientos va brotando su verso, bajo la curva entonacional de una voz que no quiere perder más ya lo perdido y lo recupera a través de la captura inconsútil de la imagen poética.

(ROBERTO MANZANO)







FUERA DEL CANON

Supiste el gran secreto
de palpar el terciopelo
en las garras del tigre [...].

VIRGILIO PIÑERA

Los poetas que se van
no existen,
ni siquiera saben si esto que les pasa
es poesía.
Tienen primero que hacerse de papeles,
pasar del sueño aquel
a sueños mixtos
donde las avenidas de luz desconocida
desembocan en charcos y casitas de guano.
Después pasan las noches una a una,
ya jamás con estrellas,
nunca noches cerradas:
la noche abierta que enloquece con esa luz ficticia...
Santo Dios y de pronto,
te despiertas de un salto
después de tantos años en medio de la noche
y ya no hay tiempo.
Quieres palpar el terciopelo en las garras del tigre
y ya no hay tiempo.
Ni lo uno ni lo otro,
ni la seda más suave ni un rasguño,
ni una garra feroz puede alterar el paso
leve,
la gravedad perdida
de los poetas idos.







EN EL BORDE DEL MAPA

puse el pie la noche sin estrellas
y así, sin darme cuenta,
puse el grito en el cielo y heme aquí:
otra vez en el borde del mapa.
Pero un mapa que está en otro continente
y en el borde de ese continente y de ese mapa
puse otra vez el pie
y parece ser que mi destino es girar
de puntillas en el borde del mundo
hasta que la noche sin estrellas se haga estrellada
y de la luz plateada pasemos otra vez
a luz del día
y entonces yo no tenga el temor,
el terrible temor de mirar donde piso,
porque quiero caer de una vez en el centro del mapa, 
del mío,
besarlo de una vez como besó Colón 
y darme prisa,
porque del beso al rezo solo hay una oración 
que se me acaba 
y empiezo cada noche hasta caer 
sumida en ese sueño 
en que tropiezo 
con el borde del mapa.







POETA SIN LA ISLA

A Miguel Barnet

Ni ciudadana del mundo, 
ni raíces creciendo en mis entrañas, 
ni aquella tierra removiéndose en mí de un lado para otro, 
ni el paso de los años 
aniquila
este grito callado en medio de la noche, 
este regreso a tientas en lo oscuro, 
esta infinita habilidad para tejer los sueños 
donde vuelvo...
todavía en la edad de la inocencia, 
sin comprender por qué 
todos a mi alrededor ya son mayores, 
habitantes de un tiempo que me pierdo.







DOMAR LA BESTIA

En la linde entre el fuego y la ceniza,
más cerca del volcán y de la noche,
una mujer serenamente se reclina
a aceptar su destino.
Mientras pasan caballos azorados
que galopan
al sentir el latido
frenético en el pecho de la mujer paciente
que ve pasar las horas.
En la linde entre el fuego y el fuego
una mujer callada se apacigua
y reduce el galope de la bestia
que asustada reclina
la cabeza en el seno que la acoge
y así olvida.







LO INESPERADO

Ante el David de Miguel Ángel

Una mujer no puede detenerse
ante este hallazgo,
ni acariciar el mármol,
ni soñar.
Debe emprender la huida.
Apenas tiempo hay para pensar...
Una mujer que tiene ya su vida,
que debe postergarse a ser jamás,
¿cómo se atreve,
se queda detenida,
perdido ya el idioma y las palabras,
olvidadas la fuerza y la medida?
Cuando al mirar adentro ve tan hondo,
en el hombre de mármol la poesía.







NARCISO HUYE DEL FUEGO DE LAS AGUAS

Narciso se ha perdido
la pasión de su imagen en la fuente.
Mira y escapa por donde mismo vino,
pero se vuelve...
Y al volverse se espera que todo lo invisible
se revele
bajo el manto dorado
de la noche que acecha.
Pero se vuelve...
desconoce la sombra que aguarda,
la hoja que se desliza sobre la blanda hierba,
desconoce
que todo puede ser en este instante revelado
si la fuente se acerca.
No precisa mirarse sobre el agua,
pues si el agua le roza es el abismo.
Se aleja...
de toda destrucción, de todo cauce
que conduzca a las aguas cristalinas,
se aleja para siempre y se confunde
con un pájaro negro en lontananza,
un penacho de palma,
una llovizna.







ESA LUZ

Un poeta me habla desde el verso
donde el amor y el prójimo
confusos
son uno para él
y me convoca
al único lugar donde es posible hallarnos.
Y yo que por el prójimo me pierdo,
por el prójimo sufro y me abandono,
he empezado a soñar con el poeta,
en las noches lo añoro.
Pero es una añoranza intrascendente,
una añoranza efímera, furtiva,
pretender encontrarse en esta vida
con lo que permanece tras la muerte.
Valgámonos entonces de esa suerte
que el espíritu eleva en añoranza,
troquémonos en verso, en semejanza
con la imagen de Dios que repetimos,
pues solamente en verso conseguimos
palpar la claridad que nos traspasa.






ESCAPAR, ESCAPANDO

La belleza del físico mundo, 
los horrores del mundo moral.

JOSÉ MARÍA HEREDIA

No mira Dios al que tú sabes que eres [...]
sino la imagen tuya que prefieres [...].

FINA GARCÍA MARRUZ

Hay poemas a los que temo,
visiones de un futuro ya entrevisto,
o de un pasado que es anterior a mí.
Es de la poesía alucinada de donde huyo,
intentando llegar primero al sitio,
habitarlo yo antes que la imagen,
hacer posible que el curso de los hechos anunciados
se transforme
en poesía fiel acompañante,
en máscara del ser que se me impone
en los rostros que nublan el paisaje.
Pongámosle la máscara a esos hombres,
Dios disponga que sean mejorables.
Es del horror del mundo que escapamos,
inmoral habitando el mágico paisaje,
embrujado fulgor que se deshace
en las olas que lamen
la sabia orilla de la arena
que en códigos contiene cada paso,
portadora del límite
y del hallazgo.







LENGUAJE DE ERRANTES

Un pájaro y otro ya no tiemblan.

JOSÉ LEZAMA LIMA

Así sufrí, sentí dolor y soledad, 
aprendí la lección de ser humano.
Raúl Rivero
Recordaré siempre a aquellas personas
que me saludaban
no porque tuviera yo con ellas un negocio,
no porque fuésemos en la noche a alcanzar
un acuerdo sexual,
no porque fuese autóctona y local,
no porque fuese cubana,
ni tampoco porque mis paisanos
sean tan auténticos
que saben pasar hambre y dolor
sin dejar de tocar la tumbadora.
Sino a aquellos tan solos como yo
que al parecer veían en el fondo de mis ojos
algún abismo,
a mis alumnos extranjeros
que por venir de tan lejos me reconocían
entre una multitud,
haciéndome parecer persona importante,
a aquellos a los que esbozar una sonrisa
no les costó demasiado
y fue sincera y aromática
sencilla y perdurable
familiar y nostálgica
como el café recién colado,
a los que, saludándome habitualmente en privado,
vacilaron luego al encontrarme
en medio de alguna fiesta regional,
en esos días en que los niños lucen sus galas de comuniones; 
ya sé que esos merecerían ser olvidados, 
que no van con la lógica del poema, 
pero duelen y saltan a la superficie 
como los peces en verano. 
Recordaré
a los que nunca me han amado, 
pues por ustedes hice tantos poemas a favor del amor. 
Este pedazo de no vida, 
de existencia pasada por agua 
es difícilmente olvidable. 
Aunque tal vez más allá del olvido... 
Más allá de la línea del horizonte, 
cuando el olvido mismo ya no importa 
y un pájaro y otro ya no tiemblan.







LA CIUDAD DE LOS POETAS

A Ráfaga, presidiendo entre los vivos la ciudad de los poetas.

Tiene tierra profunda y grandes árboles...
Me iré, cuando no pueda dormir,
a la ciudad de los poetas,
donde habitan aquel que ve desde la buhardilla
las almas y las vísceras,
el del patio frondoso, leyendo himnos
bajo una mata de mangos,
el que quería otro siglo, otros hombres,
otra patria.
El rey auténtico de las trasmutaciones,
peregrino en los montes y en las artes.
Me voy allí, se estará bien,
escucharemos magníficos sonetos.
Habrá la paz que no se ve en ninguna parte.
Se escuchará la música divina...
Allí es posible ser y reencontrarse.







LAS TRISTEZAS INDÓMITAS

estuvieron aquí esta tarde,
un airecillo húmedo las precedió
se colgaron del techo y de la lámpara
lo registraron todo:
viejos muebles, canciones,
despertares soñados y limbos angustiosos;
le cortaron las alas a todo y descubrieron
aquella alegría muerta debajo del sofá.
Yo me quise esconder en el armario
y también me llevaron.







ADIÓS Y DESPEDIDA

A mi padre, de quien no pude despedirme

La última batalla sobre la tierra.

DON JUAN DE CASTAÑEDA

Por si mañana ya no estamos
siempre es bueno parar
y despedirse,
mirar las cosas todas como la última vez.
Yo me paso la vida despidiéndome
como si fuese esta mi última batalla sobre la tierra
y así, te digo adiós a ti
y, por si acaso, también le digo adiós a usted,
no vaya a ser que no nos tropecemos más nunca en esta esquina, 
que las gaviotas graznen esta noche 
hasta juntarse todas en la cúpula aquella que no vemos; 
por si mañana sus pies debajo de la cama 
tropiezan con el agua, 
adiós también.
Agote hoy todas sus compras, 
no sea que mañana acaben las rebajas 
y no vuelva usted a encontrarse 
con quien de un empujón le arrebató triunfal la última prenda. 
Cómase hoy las últimas castañas, 
que esa mujer con leña no está por gusto ahí, 
avivando el humo que presagia 
las mazorcas asadas. 
Tómese hoy el último café,
pues a eso de las cuatro ya lo apuran alegres
los que se van a trabajar a gusto
y los que no,
lo prueban para ver si en algo cambia
su percepción del día.
Escuche...
Escuche hoy la última música
y duérmase feliz,
pues si mañana el sol se apaga...
usted ya dijo adiós y despedida,
las únicas palabras que no podrán abandonarle.







LA ISLA CRECIDA

Cuando el barco no sea más nuestro símbolo
de rescate y huida,
cuando la tabla a la deriva y los delfines
no reflejen la muerte
y presencia de Dios,
y los grandes ausentes
que custodian la noche
puedan entrar incluso por Aduana,
siembra una palma en medio del océano:
esa será nuestra bandera verde.
Abre las puertas de los mausoleos,
que respiren los héroes...
y convoca al abrazo estremecido,
bandera verde,
de cuantos hijos pródigos regresen,
de los presentes,
de los que vuelven,
arrástrame hacia ti, Isla crecida,
bandera verde.











2 comentarios:

  1. Deseo agradecer a Fernando Sabido Sánchez por la publicación de mis poemas en su blog -un espacio poético que es para mí un placer habitar, junto a otros muchos poetas. Y por reproducir las bellas palabras que me dedicara el poeta Roberto Manzano en la revista Cuba Literaria. Un abrazo desde la poesía,
    Diana Ivizate

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