domingo, 24 de agosto de 2014

DAVID GUZMÁN JÁTIVA [13.012]


David Guzmán Játiva 

(Quito, ECUADOR   1980) es licenciado en Comunicación y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (2003) y magíster en Estudios de la Cultura, con mención en Literatura Hispanoamericana, por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, Quito (2007), con estudios de periodismo en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es becario del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Deusto (Bilbao, España). Es autor de las novelas breves Perrológico (El Conejo, 2006) y Rodríguez, el unicornio (Macshori Ruales, 2010) y del ensayo Leopoldo Benites, vida y obra (Comisión de Conmemoraciones Cívicas, 2005). Ha sido profesor en la Universidad San Francisco de Quito y la Universidad Central del Ecuador, coordinador de la revista Anaconda y colaborador de la revista Mundo Diners.




Quito,
me ha caminado
por tantos senderos,
ha repechado laderas,
jugado en mis parques,
se ha sentado a esperar autobuses,
ha visto amigos, gastado zapatos.
en mis calles serpentinas
se ha dividido al llegar a una esquina
y regresado después buscándose.
ha olvidado el nombre de mis direcciones.
a cada instante,
quito me encuentra por años de vivirme
y se pierde de nuevo entre la gente.
él me quiere tanto
que a veces
con su halo de gigante
me garabatea caballitos
para que entonces
yo
lo ande.







La luz del sol a veces atraviesa las frondas de los árboles
y deja charcos de luz sobre la calle, después la noche
cubre el tiempo y la tierra
y la luz empozada permanece, y de allí mi boca bebe.
Las paredes no paran y no tienen raíces.
Sólo los árboles, la tierra han sido viejos:
que importante es haber sido viejos.
La sangre es un bramido y los muros siempre fueron secos,
allí sólo hay silencio.
En la muerte nadie canta, en la muerte hay pétalos de piedra,
escozor y sal negra. No cierres las puertas de esa tarde:
entre caminos de polvo, soledad y piedras,
corre un arroyo de niños entre los olmos
y las tímidas higueras. Si Dios le hubiese dado alas al aire.
No se puede esconder tanta presencia: la cebada
al borde del camino, montañas, horizonte.
Seré la semilla de un árbol de limones.
Hojitas verdes, amarillas después
y azoradas de nostalgia. El aire se eleva. El suelo se ha caído,
nadie más que el tiempo que no existe lo puede levantar.
                       El suelo se ha caído.







qué es lo david,
sino lo tan roto y raído
y benévolamente arrinconado,
pálido como trágicamente o solamente,
un pan duro y hecho del polvo de la pena.

qué es lo david
malclaramente difuntado,
pobre del yo que me han parido
comido por las cáscaras
por los huesitos callados de las calamidades.

qué es lo david
sino lo trémulo de siempre
la flor que lleva una madre
y una mujer sin hijos, sin llanto, debajo de la lluvia.






El Zapato no poeta dice:

a Cachivache
soy zapato
El zapato poeta
canta:
yo soy pie





Descubrimiento de la ciudad

Al loco de la noche

I

Ciudad, locura en la que me pierdo
Corren las niñas hasta el autobús
Cruza a mi lado un ebrio
Suenan roncas trompetas
Suben los ascensores
Hasta el aire helado
Deambula un vendedor
El mundo pasa por la calle
de los cafés
Una bareta se consume
como una colegiala que crece.
Cae la noche
Mientras el loco poeta
dibuja
parejas enlazadas en la cama





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