martes, 12 de agosto de 2014

CARMEN GARCÍA [12.835]



CARMEN GARCÍA

Carmen García (Santiago, Chile, 1979): Es socióloga de la Universidad Católica. Fundadora y editora de la revista Plagio. Ha participado en la organización de diversas actividades culturales, entre las cuales destacan el concurso de cuentos breves Santiago en 100 palabras, el ciclo de poesía escrita por mujeres Cita a ciegas con Neruda y el ciclo de poesía joven A-ttak. Durante el año 2000 es becaria de la Fundación Pablo Neruda. Ese mismo año recibió la beca de creación literaria para escritores noveles del Consejo Nacional del libro y la lectura por su libro La insistencia. ”, publicado el 2004 por Libros de la Elipse. El año 2005 es distinguida con una Beca Fulbright para estudios de postgrado en Estados Unidos. Desde agosto de 2006 y por un año reside en Nueva York. El 2007 gana la Beca de Creación Literaria del Consejo del Libro para escritores profesionales para la escritura de su segundo libro titulado El Libro de los Pájaros y Gotas sobre loza fría (Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2010).




Yo me pregunto quién es el que habla por las noches
con la sombra de quién habla el pájaro que tirita en mi cabeza
a quién conoce el silencio
hacia dónde vuela el corazón que llevo entre las manos
Tengo una cruz en la mitad del rostro
un abismo celeste que mira diminuto 
la ciudad oscura donde ya nadie habita
En poco tiempo, todo estará cubierto de agua
las casas, los niños dormidos, el vientre de las mujeres, 
las rosas enterradas
En pocas horas, abriremos un camino que nos conduce hacia nada
ahí dejaremos crecer la barba de los abuelos
tomaremos el té con los muertos de la familia
en ninguna parte hablaremos con dios el idioma de la lluvia
su dialecto que cruje abandonado
y veremos a las niñas pasear descalzas
con los pies rotos
con las muñecas quebradas
desenterrando el corazón de los pájaros.

(Aparecido en Sur·Sud. Siete poetas chilenos.
Antología realizada en el marco del Encuentro de poetas chilenos en París. Abril 2008.)







Alguien creyó que el metal de los huesos era blanco 
el esqueleto reconoce a los antepasados
repite sus nombres con una estela de vidrio
y sus nombres dejan un brillo que alguien sigue con la mirada
Si hubiese que desenterrar sus dedos para ver hacia donde indican
lo haríamos con las rodillas y la boca
a pesar de la lluvia
a pesar de la nada
plantaríamos semillas en los ojos de los muertos
para que el mito sea de los otros.







Mis hermanos se limaron las uñas con las piedras
descosieron su sangre y su sangre
fue veneno blanco en la boca del sin miedo 

Ya nadie camina por los jardines de crin
Nadie lleva la copa colgando de una oreja
Ninguno entiende la calma en medio de la noche 

Mis hermanos se rompieron los dedos con las piedras
en homenaje a alguno que tejió una mantilla para los insomnes 
y dejó la tierra cubierta de hilo negro
Entendiendo que dormir es un homenaje a los ciegos.






La Lengua del Animal es la Palabra

Quiero palabras grandes,
enormes caballos que beban de mis manos
Javier Bello


La lengua del animal es la palabra.
Un pájaro muere en el jardín
¿quiénes lo rodeamos en este último respiro?
¿quiénes los que habitamos este lugar?
Yo no quiero palabras que nos hagan olvidar el dolor de estar despiertos
quiero palabras que acompañen la belleza del último instante en que somos vida
que se nombren en la boca del miedo
en la sombra del animal que es el anuncio
que se tricen como porcelanas
y comprendan lo indecible en la noche de los monumentos.

Hay una espada que atraviesa los días
entonces los pájaros revientan y desaparecen
y el temor es uno y mismo para todos:
la palabra acabada
el ojo vencido.
Somos tres los invitados a este funeral.







Los Ojos de la Noche

Éste es el monstruo con el que soñaron las niñas
la habitación del silencio, los dientes del cangrejo
la rabia cuando orinábamos desnudas sobre la loza blanca
tras el suave parpadeo de los que nunca nos vieron.
Estuvimos ahí, las lombrices aparecían bajo tierra
y la jaula era ausencia en el fondo del jardín.
Estuvimos ahí
nos ocultamos por los rincones de la casa
tras los muebles, bajo los árboles.
Comimos la misma miel que los pájaros,
en conversación agitada con el viento
con las madres que piaban por sus hijos.
Nosotras, elegidas por una mano mayor
para cargar con los ojos de la noche
los huevos rotos de los pájaros.






El Llanto Sometido de los Espejos

La sonrisa de mi madre temblando en las esquinas
tosiendo el líquido amarillo
jugábamos con un revólver
aparecían mariposas desde mi vestido
nos enceguecíamos con el reflejo del sol
todo se iba quemando de a poco
las hojas, los insectos que caían en manos de niños con espejos
los ojos de mi padre se iban quemando
los habitaban cucarachas negras
el líquido amarillo que mi madre tosía
mi madre también era un bicho
temía a los espejos y a veces amanecía cubierta
hablaba a niños con espejos
la rodeaban y amanecía cubierta
aparecía en los espejos
con las manos ocupadas en las mariposas
ella derramaba la leche porque estaba amarilla
bebía agua salada y se iba secando de a poco
como las hojas o los insectos de niños con espejos
se iba secando
sobre la leche derramada
con los pechos salados
cucarachas en los pechos
negra la orina de mi madre
se quejaba al orinar
tosía el líquido amarillo, le dolía al orinar
mi madre amanecía cubierta de bichos
tenía espuma en la boca
y hablaba el lenguaje de los ciegos.






El Crimen de la Luz

Hay cuerpos en la laguna, helicópteros, hélices que cortan el viento como el dolor corta la respiración de mi madre. Es tarde y hace frío. Hay botes volcados en el agua, un viento siniestro que viene a destruirlo todo. Es tarde y hace frío. Nadie ha visto los zapatos de la niña. La niña baila ahora en otro lugar. Es de noche y la búsqueda no ha dado resultados. Sólo luces que alumbran fragmentos de la laguna, columnas que se alzan por sobre las aguas, columnas de luz que construyen el cementerio de las noches. Ese día, la luz que anunció tu muerte, fue una piedra oscura y pesada que cayó sobre nosotros.






Los Nombres del Vacío

En estas horas desoladas con perros gimiendo en el cuello de la noche, con perros que pasean entre la basura por el cuello de la noche, hay un ladrido que hace recordar, un ladrido que pasea solo por las estaciones y atraviesa los años como las cinematecas que huelen a orina. Ya no quedan vacíos sin nombrar, es lo que busca el perro de la noche. Éste es un conejo. Éste un gallo que camina ciego, que se asoma al pozo. Éste es un perro que pasea por la noche. Un perro en calles solitarias. Éste es el nombre del perro. El perro está en el cuello de la noche y dilata los ojos al mirar al pozo. El pozo está vacío y todos los vacíos están llenos de luna. El perro gime en el cuello de la noche con un ladrido mudo, una palabra que no reconoce oración ni dios.




Destierro

Este día se extiende como el andar de las víctimas con los ojos vendados. La imaginación del silencio y los ojos vendados. Bestias que no dejan de llorar miseria. No hubo funeral: tu cuerpo envuelto en  plástico negro reclama a los hijos que aguardan crucificados por la tarde. 







Gotas sobre loza fría
Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2010




Inserta en una tradición poco explorada en la poesía chilena, el último libro de Carmen García ‘Gotas sobre loza fría’, aborda con sutileza un mundo poblado de imágenes trascendentales, opina Pablo Torche.

Con un epígrafe famoso de Paul Celan, “Dice verdad quien dice sombras”, este libro se sitúa con fuerza en una tradición comparativamente poco explorada por la poesía chilena, como es la que trabaja al margen de referentes concretos y cotidianos, y que busca levantar su fuerza expresiva desde un escenario abstracto, por medio de la condensación de símbolos.

Si esta opción levanta sospechas, sin duda que lo hace aún más cuando es escrita por una mujer. A pesar de que se diga lo contrario, mi impresión es que el sujeto femenino despierta recelo, por no hablar abiertamente de rechazo, en el ámbito creativo o de recepción crítica. No se trata por supuesto únicamente de la figura autoral, de si los artículos terminan con “a” en vez de con “o”; se trata del tipo de sensibilidad abordada. En Chile, creo, se favorece una poesía masculina, una poesía que hable de un deseo masculino, de una melancolía masculina, incluso de un carrete masculino (si es que existe algo así). Cuando estos mismos elementos son explorados desde un sujeto femenino hay una propensión muy notoria a tildarlos de cursis, impostados o sensibleros.

Me parece que este es el escenario que enfrenta en parte la poesía de Carmen García, pero lo hace con solvencia, con prolijidad. Desde su primer libro (“La insistencia”), el propósito es buscar versos (muy pocos) que rescaten una sensibilidad profunda, escondida. En este sentido, ésta es indudablemente una poesía vertical, que busca ir hasta el fondo, no abarcar un territorio demasiado amplio.

La apertura de ‘Gotas sobre loza fría’ (Editorial Cuarto Propio, 2010) anuncia con fuerza el lugar del habla: “No hay puentes / solo caminos que conducen de rodillas a la memoria”. Este poemario versa sobre la memoria, una memoria en general dolorosa, atormentada, poblada por la figura de animales, sentimientos personificados, y la imagen deambulante del padre, que adquieren casi la dimensión de demiurgos, levantados para atormentar al hablante. A través de un lenguaje fragmentario, breve, a veces cortante, se busca sintetizar los sentidos de estas presencias fantasmagóricas que luchan por la supremacía. Para que este conjuro sea creíble, tiene que haber concentración, no exceso. Imágenes que trabajen como remolinos, que capturen un ámbito de resonancias más amplio, no que sean simplemente la edición de una cháchara recortada ex post. En este intento los poemas de este libro en general triunfan; pierden cuando se disgregan en demasiados símbolos (lo que ocurre a veces con animales, o colores), en cambio ganan cuando se destilan en torno a una atmósfera más definida:

Mi orina es el fuego
vuelve de tiza las paredes de esta casa
blancas paredes donde el té es el licor de las sombras
canto que es piedra
hueso de pájaro

El mundo de los recuerdos pervive en la memoria. En muchos rasgos es una infancia conceptualizada en términos de desamparo y soledad, pero en el fondo es el retorno a una pregunta espiritual, que parece ser la fuente de la que manan los poemas. Una pregunta insistente por el origen, que será también el final del viaje, y que se responde a través de un cuerpo surcado por imágenes trascendentales:

Me pregunto quién es el que habla por las noches
con la sombra de quién habla el pájaro que tirita en mi cabeza
a quién conoce el silencio
dónde vuela el corazón entre las manos
la cruz en la mitad del rostro
la ciudad oscura donde nadie habita.
En poco tiempo, todo estará cubierto de agua
las casas, los niños dormidos, el vientre de las mujeres
las rosas enterradas.

Brotan de esta fuente de origen, con la cual se busca retomar contacto, oraciones sueltas, o levemente entretejidas, que no se sabe si son frases o símbolos o plegarias. El libro avanza entonces como un ritual hacia ese momento trascendental del inicio. A veces se distrae con símbolos demasiado concretos, pero lo que vale es el atrevimiento para interpelar esos lugares deshabitados, buscando un imaginario para construirlos. Volver a las grietas de los mapas, de donde emergen muertes, surcos, pero sobre todo oraciones o secretos que hablan en murmullos y que es necesario leer lentamente para comprender.




Mis hermanos se limaron las uñas con las piedras
descosieron su sangre
y su sangre fue veneno blanco en la boca del sin miedo
Mis hermanos se rompieron los dedos con las piedras
alguno tejió una mantilla para insomnes
dejó la tierra cubierta de hilo negro
camina por los jardines de crin
con la copa colgando de una oreja
comprende
en medio de la noche
dormir es un homenaje a los ciegos.







Todo horizonte es una despedida
océanos abandonados
como huecos sobre los mapas
cordilleras abrazadas a países sombríos
En el horizonte de los mapas
se esconden los secretos de las migraciones
poemas peregrinos
la rima bajo las piedras
de las montañas dibujadas sobre los mapas.







Fui relámpago, óxido, nieve negra
el cuerpo tatuado de países en invierno
Quise decir quiero
quise decir amor amor
hablaré a los mares
a las rocas les diré mi noche
y estallará celeste la morada de piedra.

en Gotas sobre loza fría, 2010







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