miércoles, 30 de julio de 2014

MICHELLE VILLARROEL [12.580]


Michelle Villarroel 

(Santiago, CHILE   1992)
Lleva por segundo nombre Paz aunque ha visto más guerras desde su ombligo al exterior. Estudia en colegios fachos siempre católicos, aunque termina en uno peor: Liceo 1 de niñas. Hace tres años voló hasta el Pedagógico, entre Kant, Marx y Foucault anida en Filosofía. Entre baile, circo, gimnasia, libros, huertos y humor negro, comienza a escribir.

Su poesía surge de una simbiosis peligrosa de inmoralidad y sentimentalismo, manifiesto de contraposiciones entre lo que se espera y lo que es, el deber y el querer, la mujer-pura y la mujer-perra. Ha participado en diversas lecturas de poesía en bares, universidades y centros culturales. Actualmente trabajando en su primer libro, próximo a publicar. 



Némesis 

Estos ojos no son un país
la marea succionó el oxígeno          
nos rajó el cuerpo  de punta a punta 
en cada extremo una cima de fango
sumergir la cara 
advertir la geografía en ruinas
esmeradas en tejer la carne putrefacta
revocamos el destino de quienes nacemos abiertas
las  esquirlas  de la terra patris 
nos dejó sin madre  sin tierra 
fecundas de Edipo nuestra mina a tajo abierto





Piñon Fixie

Como un  poema tatuado en el resorte  - a orilla -  del  colchón 
una  ciudad pigmentada se adhiere 
a  lo que transita    al
territorio  de los fluidos 
En la ciclo vía de Matta
la proximidad se desprende de tus hombros





“No hay poema que no se abra como una herida, pero también que no sea hiriente”  (Jacques Derridá)

Este poema  se suscribe a los kilómetros en el borde del zapato
a la inversión de nuestro viaje                                        dejó nos itinerario el 
                                                                                             -un país llamado Julio nos dejó-
 y tampoco hubo despedida
La mudanza nos apaga recetas y cartas
vemos de reojo el descuartizado comedor 
la antesala de nuestro femicidio 
amotinadas entre el pasillo y el baño
mientras el té derrama las tazas 
las hojas son el césped que crece en la ventana

Anotamos consejos diarios para el viaje 
una bitácora lo de mi vientre 
la perdí de vista

Partir es solo treparse al bus 
ajustar el cinturón para evitar bajar corriendo
distraerse en el pasillo

Charcos en cada esquina 
se desprenden de tu brazo   de mi espalda 
sonamos de agua al respirar         - es que llevamos el pacífico dentro-
somos el cerdo muerto
junto a la casa de nuestros padres
un día de verano  cuando niñas
Partir es así 
como picar los charcos
con varillas de madera





I

Esperar el regreso arrastro nuestros versos a la cama  abrigas mi día de pájaro dices  que me ahogo y no vuelo   no sabes que llevas la calle en las uñas  que despierto con un par de ojos distintos. Quema todas las letras tejo con retazos de nido   de algún otro nido. 





II

Perdimos las hojas buscando un sitio donde llegar   los párpados con raíces   las perdimos de vista con afán de tenernos    me tienes te digo   mis pies se acalambran el torso a la pared ahí   vacila el verano en cáscaras   que trisan el techo al caer.







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