jueves, 24 de julio de 2014

CLEMENS BRENTANO [12.465] Poeta de Alemania


Clemens Brentano

Clemens Maria Brentano (Ehrembreiststein, 9 de octubre de 1778 – Aschaffenburg, 28 de julio de 1842) fue un escritor en prosa y verso, perteneciente al Romanticismo alemán.

Fue "un improvisador genial, el más inquieto, diverso y dotado para la fantasía de los poetas del segundo Romanticismo", fase en que los intereses filosóficos, más propios del primer periodo romántico, cedieron ante el impulso de "dar nueva vida al tesoro de la canción, la leyenda y el arte popular". Clemens Brentano, quien publicó sus obras más tempranas con el seudónimo de Maria, formó parte del círculo intelectual de Christoph Wieland, Johann Gottfried Herder, Goethe, los hermanos Schlegel, Johann Gottlieb Fichte y Johann Ludwig Tieck. Sus escritos se caracterizan por la abundancia de imágenes fantásticas, así como por su búsqueda de modos de expresión que sorprendieran al lector.

Brentano era nieto de la novelista Sophie von La Roche e hijo del matrimonio compuesto por el comerciante de Frankfurt Antonio Pedro Brentano, originario de Tremezzo (Como), y Maximiliana von La Roche, en sus años jóvenes amada por Goethe. Fue asimismo tío del sacerdote católico, psicólogo e influyente filósofo Franz Brentano.

Clemens tuvo una formación irregular a causa de su carácter fogoso e inestable. "Desde la juventud" -escribió sobre sí mismo- "yo soy arrebatado en todo. Cuando me sirvo un vaso de agua, lo lleno tanto que se desborda". Refractario a la vocación comercial de su padre, trató de estudiar Derecho en Halle, donde conoció a Carl Joachim von Arnim (1781-1831), que será su inseparable amigo y asimismo marido de su hermana Bettina, famosa por su Correspondencia de Goethe con una niña. Achim von Arnim, perteneciente a una familia de antigua nobleza, "humanamente superior a su amigo por su firme y resuelta virilidad, por su libertad de opinión y su voluntad, es, en cambio, inferior a él como escritor, pese a tener parecida riqueza de fantasía y sensibilidad y análogas inclinaciones."

En 1798, Brentano pasó a Jena, centro por entonces del primer grupo romántico alemán. Participó con entusiasmo en las polémicas antirracionalistas y asombró a sus propios compañeros con lo que él mismo calificaba como una "novela vuelta salvaje": Godwi (1799-1801), inspirada en el Wilhelm Meister de Goethe y en la que la inacabada historia del héroe da pretexto a deliciosas fantasías y a muchas composiciones líricas, gran número de las cuales figuran entre las joyas de la lírica alemana, como es el caso de la "Balada de Loreley". En esta temprana obra, Brentano se describe a él y a sus amigos como decididos a "no dejarse oprimir ni violentar por la moral, la religión o la ley, sino gozar de la vida y saborearla a placer en todas sus circunstancias y situaciones", exhibiendo un "sentimiento desbordante [que] se yuxtapone a una ironía que se consuma en la propia parodia; pero las canciones intercaladas anuncian al gran lírico"  que Brentano fue. En 1801, por una apuesta que le propuso Goethe, escribió la comedia Ponce de León, que "en un lenguaje lleno de ingenio y vivacidad, complica a cuatro parejas de enamorados en un torbellino de intrigas, disfraces y enredos, hasta desembarcarlas a todas en el puerto del matrimonio."

El impulso creador de Brentano solía nacer de sus experiencias amorosas. Se casó en 1803 con Sophie Mereau, escritora divorciada de 30 años de edad, cuyo libro de poesías (1800-1802) contó con una introducción en verso de Schiller. Brentano la había conocido en Jena cuando él contaba 21 años, y de ella le nacieron y murieron tres hijos en tres años, el último fallecido junto con su madre. Muy afectado, recurrió a la amistad de Von Arnim, con quien publicó en Heidelberg la famosa refundición en 3 tomos de cantos de la Edad Media alemana La cornucopia del muchacho (1806-1808), que los dos amigos dedicaron a Goethe. En la mencionada ciudad trabó relación con los hermanos Grimm, cuya influencia le llevaría "a un tipo de cuento muy distinto del de Novalis".

Escribió artículos que idealizaban la Edad Media en la revista Zeitung für Einsiedler (Diario de los eremitas), lanzada en 1808 por Von Arnim, en la que también participaron activamente J. Joseph Görres y Jakob Grimm. Dicha revista "representó al círculo romántico de Heidelberg como el 'Athenäum' representara al de Jena".6 Brentano compuso asimismo relatos sobre temas populares reelaborados por él, que reunió en sus obras Cuentos italianos y Cuentos renanos, que empezó a redactar hacia 1820, pero no se publicaron sino póstumamente. En 1810 había interrumpido en el romance número veinte, dejando el argumento solo en esbozo, los poemas asonantados que componen su Romancero del Rosario, obra en que vincula a esta devoción la redención de una familia de la Bolonia medieval, oprimida por una culpa milenaria (la acción narrada se prolonga 12 siglos).

El segundo matrimonio de Brentano, con Augusta Bussmann, de 17 años, parienta de Cosima Wagner y sobrina del banquero Bethmann, de Frankfurt, fue disuelto tras un año de convivencia desdichadísima.

Brentano buscó refugio en sus amigos: marchó a Landhut junto con su cuñado Savigny, y a Berlín junto con Von Arnim y Kleist, y participó en sus actividades de agitación política. En Bohemia compuso un complicado drama histórico en verso, que dejó incompleto: La fundación de Praga (1812). También estuvo en Viena participando como poeta en la última fase de la lucha contra Napoleón. Ya de nuevo en Berlín, compuso algunos de sus más famosos cuentos, como Historia del bravo Gaspar y la bella Anita, su obra más conocida, "que le sitúa a la altura de Jung-Stilling y de Pestalozzi, los grandes maestros del cuento campesino. Las narraciones de Brentano, a diferencia de los cuentos populares, evocan con gracia el ambiente aristocrático".8 También elaboró relatos legendarios, como Crónica de un estudiante vagabundo, que, una vez más, quedó inacabada y hubo de ser dificultosamente rehecha para publicarse después. Al tiempo que desarrollaba estos escritos, el autor hizo examen del carácter improvisado, fragmentario y disperso tanto de su poesía como de su existencia.

Brentano conoció en la capital alemana, en 1816, a la muy joven poetisa Luise Hensel, su último amor, aún protestante y más tarde católica, "a la que dedicó una serie de canciones que figuran entre las más hermosas que compuso",9 como su poema He atravesado el desierto. El poeta pidió su mano, siendo rechazado. La "nostalgia" del cristianismo que hacia 1817 devolvería a Brentano al catolicismo de sus primeros años, puede ya rastrearse en el poema de 1810 Mirada retrospectiva a los años de la niñez.

"La desenfrenada aventura de esta juventud de poeta condujo rápidamente a la modorra que sigue a la borrachera y acabó en la desnuda celda de una monja estigmatizada. (...) Solo la huida a la Iglesia y la maldición de la hechicera Poesía lo podían salvar de su demonio. (...) Quien se ría de la conversión de Brentano no estima debidamente el peligro bajo el cual nacieron sus más brillantes versos. Ahora escribió a Hoffmann que tenía horror a toda poesía que se refleje a sí misma y no a Dios. (...) Se había salvado, pero ya no era poeta."

Brentano ingresó en el monasterio de Dülmen (Westfalia), donde vivió en régimen de clausura como secretario de la beata Anna Katharina Emmerich (1774-1824), religiosa agustina, de la que afirmó que en 12 años no se había alimentado más que de la Sagrada Forma (hostia consagrada), ni había bebido nada excepto agua. Brentano la visitó durante cinco años en su lecho de enferma en Dülmen, para escribir al dictado sus visiones, que publicó después de su muerte, tras un trabajo de organización que se prolongó nueve años, con el título La dolorosa pasión de Nuestro Señor Jesucristo en las meditaciones de la beata Catalina Enmerich. Melchor von Diepenbrock, que sería nombrado cardenal en 1850 por el papa Pío IX, y Apolonia von Diepenbrock, a los que Brentano dirigió cartas llenas de religiosidad, acudían a Dülmen, así como Luise Hensel y Christian Brentano, autor de una edición póstuma en 9 volúmenes de los escritos de su hermano Clemens, edición que comenzó a ver la luz en 1851 y fue completada después de la muerte del propio Christian por la esposa de este, Emilia.

La última parte de la vida de Clemens Brentano transcurrió entre Ratisbona, Frankfurt y Munich, como activo proselitista a favor de la Iglesia Católica, al tiempo que colaboraba con su cuñado Von Arnim en la recopilación de canciones populares, importante colección del folklore alemán.




Una reflexión de CLEMENS BRENTANO

Cualquier ser humano tiene poesía en el cuerpo, al igual que tiene cerebro, corazón, estómago, bazo, hígado y similares; pero quien sobrealimenta, empacha o ceba alguno de estos órganos, centrándose en él por encima de todos, o incluso hace de ello una profesión, tendría que avergonzarse ante todos los demás hombres. Alguien que viva de la poesía es alguien que ha perdido el equilibrio, y, por muy bueno que esté, un hígado sobredimensionado de ganso presupone siempre un ganso enfermo

CLEMENS BRENTANO, Geschichte vom braven Kasperl und dem schönen Annerl (1817), en Werke, II, p. 782, recogido por Rosa Sala Rose en El misterioso caso alemán, Alba Editorial, Barcelona, 2007, pág. 117



Romancero del rosario (fragmento)

Han cantado tanto canto, 
y una sola es su canción: 
la red mágica, el encanto, 
y la gracia, el corazón.
Nada oí, oí tan sólo 
tu pecho infantil latir; 
y sobre él soñaba dulce 
mi alma, abierta sólo á ti.
Sólo oí de mirto ondeante, 
y del sonreírme el lis, 
de celajes por la luna, 
de astros mirándome á mí.
Sólo oí: «Dulce es la tilia; 
leve, el corzo; el pez, cristal; 
juega almita dentro al niño: 
ondina en el fontanal.»
Lo que mece la armonía; 
lo que anhela y vuela allí, 
es amor que blando halaga, 
del momento en el asir.
Toda esa armonía inmensa 
toda teje un sólo son: 
«Dulce es dulce amor: no hay nada 
como esa palabra amor.»
Es en él lo feo, bello; 
la pobreza es rica en él; 
ciérnese esa alma de niño 
que á besar alienta en él.
Cómo esa visión tan pura, 
fina, cándida, hoy, se ve: 
sílfide sobre los prados; 
una rosa es su broquel. 



Es sang vor langen Jahren

Es sang vor langen Jahren 
Wohl auch die Nachtigall; 
Das war wohl süßer Schall, 
Da wir zusammen waren. 

Ich sing und kann nicht weinen 
Und spinne so allein 
Den Faden klar und rein, 
Solang der Mond wird scheinen. 

Da wir zusammen waren, 
Da sang die Nachtigall; 
Nun mahnet mich ihr Schall, 
Daß du von mir gefahren. 

So oft der Mond mag scheinen, 
Gedenk ich dein allein; 
Mein Herz ist klar und rein, 
Gott wolle uns vereinen! 

Seit du von mir gefahren, 
Singt stets die Nachtigall; 
Ich denk bei ihrem Schall, 
Wie wir zusammen waren. 

Gott wolle uns vereinen, 
Hier spinn ich so allein; 
Der Mond scheint klar und rein, 
Ich sing und möchte weinen! 





O Mutter, halte dein Kindlein warm

O Mutter, halte dein Kindlein warm, 
Die Welt ist kalt und helle, 
Und trag es fromm in deinem Arm 
An deines Herzens Schwelle. 

Leg still es, wo dein Busen bebt, 
Und, leis herab gebücket, 
Harr liebvoll, bis es die äuglein hebt, 
Zum Himmel selig blicket.-
Und weck ich dich mit Tränen nicht, 
So weck ich dich mit Küssen; 
Aus deinem Aug mein Tag anbricht, 
Sonn, Mond dir weichen müssen, 

O du unschuldger Himmel du! 
Du lachst aus Kindesblicken, 
O Engelsehen, o selge Ruh, 
In dich mich zu entzücken! 

Ich schau zu dir so Tag als Nacht, 
Muß ewig zu dir schauen, 
Und wenn mein Himmel träumend lacht, 
Wächst Hoffnung und Vertrauen. 

Komm her, komm her, trink meine Brust, 
Leben von meinem Leben; 
O, könnt ich alle fromme Lust 
Aus meiner Brust dir geben! 

Nur Lust, nur Lust, und gar kein Weh, 
Ach, du trinkst auch die Schmerzen; 
So stärke Gott in Himmelshöh 
Dich Herz aus meinem Herzen! 

Vater unser, der du im Himmel bist, 
Unser täglich Brot gib uns heute, 
Getreuer Gott, Herr Jesus Christ, 
Tränk uns aus deiner Seite.-
Du strahlender Augenhimmel du, 
Du taust aus Mutteraugen, 
Ach Herzenspochen, ach Lust, ach Ruh, 
An deinen Brüsten saugen! 

Ich schau zu dir so Tag als Nacht, 
Muß ewig zu dir schauen; 
Du mußt mir, die mich zur Welt gebracht, 
Auch nun die Wiege bauen. 

Um meine Wiege laß Seide nicht, 
Laß deinen Arm sich schlingen, 
Und nur deiner milden Augen Licht 
Laß zu mir niederdringen. 

Und in deines keuschen Schoßes Hut 
Sollst du deine Kindlein schaukeln, 
Daß deine Kinder, so lieb, so gut, 
Wie Träume mich umgaukeln. 

Da träumt mir, wie ich so ganz allein 
Gewohnt dir unterm Herzen; 
Da waren die Freuden, die Leiden dein 
Mir Freuden auch und Schmerzen. 

Und ward dir dein Herz ja allzu groß, 
Und hattest nicht, wem klagen, 
Und weintest du still in deinen Schoß, 
Half ich dein Herz dir tragen. 

Da rief ich: Komm, lieb Mutter, komm! 
Kühl dich in Liebeswogen! 
Da fühltest du dich so still, so fromm 
In dich hinabgezogen. 

So mutterselig ganz allein 
In deiner Lust berauschet, 
Hab ich die klare Seele dein, 
Du reines Herz, belauschet. 

Was heilig in dir zu aller Stund, 
Das bin ich all gewesen; 
Nun küß mich, süßer Mund, gesund, 
Weil du an mir genesen. 

O selig, selig ohne Schuld, 
Wie konnt ich mit dir beten; 
O wunderbare Ungeduld, 
Ans scharfe Licht zu treten! 

O Mutter, halte dein Kindlein warm, 
Die Welt ist kalt und helle, 
Und trag es fromm, bist du zu arm, 
Hin an des Grabes Schwelle. 

Leg es in Linnen, die du gewebt, 
Zu Blumen, die du gepflücket, 
Stirb mit, daß, wenn es die äuglein hebt, 
Im Himmel es dich erblicket. 

So lallt zu dir ein frommes Herz, 
Und nimmer lernt es sprechen, 
Blickt ewig zu dir, blickt himmelwärts 
Und will in Freuden brechen. 

Brichts nicht in Freud, brichts doch in Leid, 
Bricht es uns allen beiden. 
Ach, Wiedersehen geht fern und weit, 
Und nahe geht das Scheiden! 





Lore Lay

Zu Bacharach am Rheine
Wohnt' eine Zauberin
Sie war so schön und feine
Und riß viel Herzen hin.
Und brachte viel zu Schanden
Der Männer ringsumher;
Aus ihren Liebesbanden
War keine Rettung mehr.
Der Bischof ließ sie laden
Vor geistliche Gewalt
Und mußte sie begnaden,
So schön war ihr' Gestalt.
Er sprach zu ihr gerühret:
'Du arme Lore Lay!
Wer hat dich denn verführet
Zu böser Zauberei?' -
'Herr Bischof, laßt mich sterben!
Ich bin des Lebens müd,
Weil jeder muß verderben,
Der meine Augen sieht!
Die Augen sind zwei Flammen,
Mein Arm ein Zauberstab -
O legt mich in die Flammen,
O brechet mir den Stab!' -
'Ich kann dich nicht verdammen,
Bis du mir erst bekennt
Warum in deinen Flammen
Mein eignes Herz schon brennt.
Den Stab kann ich nicht brechen
Du schöne Lore Lay!
Ich müßte denn zerbrechen
Mein eigen Herz entzwei!'
'Herr Bischof, mit mir Armen
Treibt nicht so bösen Spott
Und bittet um Erbarmen
Für mich den lieben Gott!
Ich darf nicht länger leben,
Ich liebe keinen mehr. -
Den Tod sollt Ihr mir geben,
Drum kam ich zu Euch her!
Mein Schatz hat mich betrogen,
Hat sich von mir gewandt,
Ist fort von mir gezogen,
Fort in ein fremdes Land.
Die Augen sanft und wilde,
Die Wangen rot und weiß,
Die Worte still und milde,
Das ist mein Zauberkreis.
Ich selbst muß drin verderben,
Das Herz tut mir so weh;
Vor Schmerzen möcht ich sterben,
Wenn ich mein Bildnis seh.
Drum laßt mein Recht mich finden,
Mich sterben wie ein Christ,
Denn alles muß verschwinden,
Weil er nicht bei mir ist! '
Drei Ritter läßt er holen:
'Bringt sie ins Kloster hin!
Geh, Lore! - Gott befohlen
Sei dein berückter Sinn!
Du sollst ein Nönnchen werden,
Ein Nönnchen schwarz und weiß,
Bereite dich auf Erden
Zu deines Todes Reis'!'
Zum Kloster sie nun ritten,
Die Ritter alle drei,
Und traurig in der Mitten
Die schöne Lore Lay.
'O Ritter, laßt mich gehen
Auf diesen Felsen groß,
Ich will noch einmal sehen
Nach meines Lieben Schloß.
Ich will noch einmal sehen
Wohl in den tiefen Rhein
Und dann ins Kloster gehen
Und Gottes Jungfrau sein.'
Der Felsen ist so jähe,
So steil ist seine Wand,
Doch klimmt sie in die Höhe,
Bis daß sie oben stand.
Es binden die drei Reiter
Die Rosse unten an
Und klettern immer weiter
Zum Felsen auch hinan.
Die Jungfrau sprach: 'Da gehet
Ein Schifflein auf dem Rhein;
Der in dem Schifflein stehet,
Der soll mein Liebster sein!
Mein Herz wird mir so munter,
Er muß mein Liebster sein!' -
Da lehnt sie sich hinunter
Und stürzet in den Rhein.
Die Ritter mußten sterben,
Sie konnten nicht hinab;
Sie mußten all verderben
Ohn Priester und ohn Grab.
Wer hat dies Lied gesungen?
Ein Schiffer auf dem Rhein,
Und immer hat's geklungen
Von dem Dreiritterstein:
Lore Lay! Lore Lay! Lore Lay!
Als wären es meiner drei. 





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