jueves, 24 de julio de 2014

ADELBERT VON CHAMISSO [12.466] Poeta de Alemania


Adelbert von Chamisso

Adelbert von Chamisso de Boncourt (Louis Charles Adélaïde de Chamissot) (30 de enero de 1781 - 21 de agosto de 1838), poeta y botánico del romanticismo alemán.

Escribió La maravillosa historia de Peter Schlemihl, en la que un hombre vende su sombra al diablo. Algunos lieder de Robert Schumann tienen como texto poemas de Chamisso.

Era de origen francés. La Revolución lo dejó sin patria, ya que emigró con su familia a Prusia, donde vivieron en Berlín. En 1796, el joven Chamisso obtiene el puesto de paje de la reina y en 1798 entra en un regimiento de infantería prusiana, del que llegaría a ser oficial.

Aunque su familia fue autorizada a volver a Francia, Chamisso prefirió permanecer en Alemania y continuar su carrera militar; como ha recibido poca educación, consagra todos sus esfuerzos a estudiar asiduamente. Con Karl August Varnhagen von Ense (1785-1858) funda en 1803 el Berliner Musenalmanach, en el que aparecen sus primeros poemas. La empresa se interrumpe por el estallido de la guerra en 1806. Aunque esto, le permitió darse a conocer como joven poeta en los círculos literarios.

Teniente en 1801, en 1805 acompaña a su regimiento a Hamelín y contempla la capitulación del ejército prusiano al año siguiente. Liberado bajo palabra, vuelve a Francia, pero sus padres han muerto y retorna a Berlín en el otoño de 1807. Abandona el ejército a comienzos de 1808. Vive en Berlín sin alojamiento ni empleo, desilusionado y sin ganas de vivir hasta 1810, cuando, gracias a la intervención de un viejo amigo de su familia, vuelve a Francia tras la paz de Tilsit y obtiene un puesto de profesor en el Liceo de La Roche sur Yon (entonces llamado Napoléon-Vendée).

Frecuenta el circulo de Madame de Staël y la sigue a su exilio en Coppet, Suiza. Allí se consagra a la botánica y permanece cerca de dos años. En 1812 vuelve a Berlín, donde continúa sus investigaciones científicas. Durante el verano del movido año de 1813, escribe su novela Peter Schlemihl, historia de un hombre que perdió su sombra y que viaja por el mundo para recobrarla, su obra más célebre y traducida a numerosas lenguas. Chamisso la escribió para distraerse y divertir a los niños de su amigo Ferdinand Hitzig (1807-1875). En 1815, Chamisso fue nombrado botánico en el Buque ruso Rurik, y con Otto von Kotzebue (hijo del dramaturgo August von Kotzebue) comandó un viaje científico alrededor del mundo hasta 1818. Su diario de la expedición (Tagebuch, 1821) es un relato fascinante del viaje a través del Océano Pacífico y el Mar de Bering. Durante este viaje Chamisso describió un gran número de especies nuevas en loaque es el Área de la Bahía de San Francisco, muchas de las cuales, incluyendo la Eschscholzia californica, fueran clasificadas después por su amigo Johann Friedrich von Eschscholtz, entomólogo del Rurik. Incluso estuvo en la Isla Sala y Gómez, en la que pernoctó varios días.

Chamisso desarrolló una importante obra en colaboración con Diederich Franz Leonhard von Schlechtendal y describió muchos de los más importantes árboles de México, de 1830 a 1831. Entre sus obras literarias destaca también su Antología (1831), poemas líricos de gran pureza idiomática.

Obras

La extraña historia de Peter Schlemihl (1814)
Antología (1831)
Bemerkungen und Ansichten, en una forma incompleta en von Kotzebue Entdeckungsreise (Weimar, 1821) y mejor, en Chamisso Gesammelte Werke (1836)
Übersicht der nutzbarsten und schädlichsten Gewächse in Norddeutschland (1829), con un cuidadosísimo tratamiento de los temas.

Honores

Stamps of Germany (DDR) 1981, MiNr 2607.jpg
Premio Adelbert von Chamisso[editar]
Artículo principal: Premio Adelbert von Chamisso
Creado en 1985 por la fundación Robert Bosch, se concede anualmente a autores que, sin ser su lengua materna, escriban y publiquen en alemán. Entre los premiados se encuentran el húngaro György Dalos o la turca Emine Sevgi Özdamar.



Además de poeta y narrador de gran éxito -o, por atenernos mejor a la realidad de sus dotes-, más que poeta, Chamisso fue un extraordinario Botánico, a quien la ciencia debe una clasificación, entonces exhaustiva, de la vegetación de buena parte del mundo. 

Tal vez la imagen literaria que mejor habla del carácter romántico del poeta y de su vida, finalmente identificada con el territorio y la poesía alemana, la constituye su poema Das Schloß Boncourt, El Castillo de Boncourt, de 1827, inspirado en un viaje a Francia para visitar las antiguas tierras familiares que ya creía olvidadas desde su partida, en 1792 –a los once años–, aunque la propiedad había desaparecido después de la Revolución.


                    Ich träum als Kind mich zurücke,
                    Und schüttle mein greises Haupt;
                    Wie sucht ihr mich heim, ihr Bilder,
                    Die lang ich vergessen geglaubt?

          Vuelvo como en un sueño infantil
          e inclino mi cabeza encanecida;
          ¿qué buscáis en mí, imágenes
          que ya creía olvidadas?

          Un luminoso castillo se eleva
          por encima de los sombríos campos.
          reconozco las torres, las almenas,
          el puente de piedra, el portón…

          Los leones del blasón me acogen
          con miradas familiares;
          saludo a estos viejos conocidos
          y entro deprisa en el patio.

          Ahí está la esfinge de la fuente, 
          allí reverdece la higuera
          y tras esas ventanas
          soñé mi primer sueño.

          Entro en la capilla
          y busco la tumba de mis antepasados.
          Ahí está; sus viejas armas
          cuelgan de la gran columna.

          Pero los ojos, entre lágrimas
          aún no pueden leer sus epitafios,
          aunque una gran claridad
          traspasa los vitrales de colores.

          Así, castillo de mis mayores,
          permaneces en mí, piadosamente,
          aunque hayas abandonado esta tierra
          que ahora surca el arado.

          Para volver a encontrarme, iré
          con el laúd en la mano,
          a recorrer países lejanos
          cantando, de una tierra a otra.



Pero lo que le aportó a Chamisso la fama y el ascenso al Olimpo literario, no fue la poesía, sino un librito fantástico en prosa, que todavía resulta intenso y vital de principio a fin, tal vez porque se trata de un calco de su vida, trasladado a una historia inventada, pero con muchos reflejos biográficos.


Se trata de La maravillosa historia de Peter Schlemihl, escrita en 1813.

Chamisso trabajaba en estudios sobre botánica en las tierras de la familia Itzenplitz. Según él mismo contó, empezó a escribir su cuento para entretener a los hijos de su amigo Eduard Hitzig, aunque otros elementos influyeron en la gestación del argumento.

Durante un viaje perdí el sombrero, la manta de viaje, los guantes, el pañuelo de bolsillo, y todo lo que llevaba. Fouqué me preguntó si no había perdido también la sombra, y ambos nos representamos una desgracia semejante. En otra ocasión hojeé un libro de Lafontaine en el que un hombre complaciente, en medio de un grupo de personas, saca de su bolsa todos los objetos que le van pidiendo. Se me ocurrió que quizá si se le pedía de la forma conveniente, aquel hombre sería capaz de sacar de su bolsa un carruaje con sus caballos. Así quedó listo el Peter Schlemihl, y me puse a escribirlo en el campo, cuando el aburrimiento y el ocio me lo permitieron.

Wilhelm Rauischenbusch, otro amigo del poeta, que además publicó sus obras, explicó que a la creación de la fábula había contribuído decisivamente un paseo que Chamisso dio, también con Fouqué, por Nennhausen, una finca propiedad de este último.

El Sol proyectaba largas sombras, de modo que el bajito Fouqué, parecía casi tan alto como el alto Chamisso. 

-Oye, Fouqué, -dice Chamisso-, ¿qué pasaría si ahora enrollase tu sombra y tuvieras que caminar sin ella junto a mí? 

A Fouqué la pregunta le pareció fastidiosa, pero la idea animó a Chamisso a seguir alargando, con ánimo de broma, el asunto de la falta de sombra.

El resultado, una creación literaria inmortal, traducida en todo el mundo. Se dice que Hoffmann, no salía de su asombro y admiración mientras se la leían.

A pesar de su apariencia infantil, el cuento tiene demasiada profundidad como para considerarlo simplemente una fantasía y encierra, sin duda, algo de la profunda inquietud que ensombreció durante años la vida de su autor.

Un viajero cuya descripción encaja exactamente con la del propio Chamisso, le entrega a este un manuscrito en el que relata su terrible historia: no tiene sombra y esa carencia le está llevando a la desesperación, a pesar de que dispone de todos los bienes materiales que un ser humano puede desear. 

Otro hombre cuya apariencia no podía ser más común, finalmente reconocido como el diablo, tenía un bolsillo del que, como en la obra de Lafontaine, podía salir toda clase de objetos imposibles, había ofrecido al protagonista una bolsa sin fin, de la que se podía sacar todo lo que se deseara, sólo a cambio de su sombra. Schlemihl había aceptado sin apenas dudarlo, y el hombre se llevó su sombra guardada en el bolsillo sin fondo, después de despegarla del suelo y enrollarla cuidadosamente. 


El protagonista pronto se da cuenta de que todo el mundo le rechaza horrorizado en cuanto comprueba que no tiene sombra, algo que tiene, incluso cualquier perro y el fenómeno le lleva a vivir situaciones extremadamente angustiosas de las que sólo se verá libre, entregando su alma a cambio de la sombra que tan ligeramente había entregado.



Sobre el pergamino estaba escrito: Por esta firma doy mi alma al poseedor de este documento, después de su natural separación de mi cuerpo.



El hecho más interesante de la narración, probablemente en el que reside su genialidad, es que el autor nos hace creer angustiosamente de principio a fin en la realidad del caso; y en la forma en que la falta de sombra convierte de la vida del protagonista en una tragedia insoportable. 

Tal vez la maravilla consista en el ingenioso arte de trasladar a la historia, como causa de rechazo, un motivo tan absurdo, que quizás no lo es tanto si pensamos en otros motivos de rechazo entre los seres humanos, como, por ejemplo, en el caso de Chamisso, la carencia -involuntaria- de una nacionalidad definida, por cuya causa, en realidad no era francés en Francia, ni alemán en Alemania. La inestable línea fronteriza entre ambos reinos provocaría, con el tiempo, dramáticas situaciones a diversos personajes históricos.

Botánica, música, fantasía y poesía, conforman a uno de los autores más complejos e interesantes del romanticismo alemán, al que todavía podemos leer con interés y satisfacción.



A mi viejo amigo Peter Schlemihl

            Quisiera saber lo que es una sombra.
            ¡Cuántas veces me lo he preguntado! 
            ¿Es tan enormemente inapreciable,
            que el malvado Mundo no puede pasarse sin ella? 
            Esto es lo que sé
            después de haber pasado diecinueve mil días sobre mí
            acumulando sabiduría:
            los que hemos concedido un ser a la sombra,
            vemos ahora a la sombra disfrazarse de ser.

            Démonos la mano por encima de todo,
            Schlemihl.
            Sigamos avanzando
            y dejemos las cosas como están,
            por nada del Mundo
            nos preocupemos por tenerlas bien sujetas.
            Nos deslizamos ya cerca del fin.
            Que rían y cambien unos y otros; 
            nosotros,
            después de la tempestad,
            dormiremos tranquilos un sano sueño en el puerto.

                           Adelbert von Chamisso. Berlín, Agosto de 1834


[http://atenas-diariodeabordo.blogspot.com.es/2013/06/adelbert-von-chamisso.html]




Der Soldat 


Es geht bei gedämpfter Trommel Klang;
Wie weit noch die Stätte! der Weg wie lang!
O wär' er zur Ruh' und alles vorbei!
Ich glaub', es bricht mir das Herz entzwei!
Ich hab' in der Welt nur ihn geliebt,
Nur ihn, dem jetzt man den Tod doch gibt.
Bei klingendem Spiele wird paradiert,
Dazu bin auch ich kommandiert.
Nun schaut er auf zum letztenmal
In Gottes Sonne freudigen Strahl,
Nun binden sie ihm die Augen zu,
Dir schenke Gott die ewige Ruh'.
Es haben die Neun wohl angelegt,
Acht Kugeln haben vorbeigefegt;
Sie zitterten alle vor Jammer und Schmerz
Ich aber, ich traf ihn mitten ins Herz.






Es geht bei gedämpfter Trommel Klang

Es geht bei gedämpfter Trommel Klang; 
Wie weit noch die Stätte! der Weg wie lang! 
O wär er zur Ruh und alles vorbei! 
Ich glaub', es bricht mir das Herz entzwei! 

Ich hab' in der Welt nur ihn geliebt, 
Nur ihn, dem jetzt man den Tod doch gibt! 
Bei klingendem Spiele wird paradiert; 
Dazu bin auch ich kommandiert. 

Nun schaut er auf zum letzten Mal 
In Gottes Sonne freudigen Strahl; 
Nun binden sie ihm die Augen zu — 
Dir schenke Gott die ewige Ruh! 

Es haben die Neun wohl angelegt; 
Acht Kugeln haben vorbeigefegt. 
Sie zittern alle vor Jammer und Schmerz — 
Ich aber, ich traf ihn mitten in das Herz. 







An Fouqué

Kann nicht reden, kann nicht schreiben,
Kann nicht sagen, wie mir ist!
Mir ist wohl und bang im Herzen,
Kann nicht ernst sein, kann nicht scherzen,
Kann nicht wissen, wie mir ist.

Mit der Arbeit will's nicht vorwärts.
Wie so leer es um mich ist.
Wie so voll ist's mir im Herzen!
Kann nicht ernst sein, kann nicht scherzen,
Kann nicht wissen, wie mir ist.

Kann nur fühlen, kann nicht wissen,
Kann nicht sagen, was es ist,
Könnt ich singen, liebes Leben,
Würden Töne Kunde geben,
Wie es mir im Herzen ist. 






Das Schloß Boncourt

Ich träum' als Kind mich zurücke
Und schüttle mein greises Haupt;
Wie sucht ihr mich heim, ihr Bilder,
Die lang' ich vergessen geglaubt?

Hoch ragt aus schatt'gen Gehegen
Ein schimmerndes Schloß hervor,
Ich kenne die Türme, die Zinnen,
Die steinerne Brücke, das Thor.

Es schauen vom Wappenschilde
Die Löwen so traulich mich an,
Ich grüße die alten Bekannten
Und eile den Burghof hinan.

Dort liegt die Sphinx am Brunnen
Dort grünt der Feigenbaum,
Dort, hinter diesen Fenstern,
Verträumt' ich den ersten Traum.

Ich tret' in die Burgkapelle
Und suche des Ahnherrn Grab
Dort ist's, dort hängt vom Pfeiler
Das alte Gewaffen herab.

Noch lesen umflort die Augen
Die Züge der Inschrift nicht,
Wie hell durch die bunten Scheiben
Das Licht darüber auch bricht.

So stehst du, o Schloß meiner Väter,
Mir treu und fest in dem Sinn
Und bist von der Erde verschwunden,
Der Pflug geht über dich hin.

Sei fruchtbar, o teurer Boden,
Ich segne dich mild und gerührt
Und segn' ihn zwiefach, wer immer
Den Pflug nun über dich führt.

Ich aber will auf mich raffen,
Mein Saitenspiel in der Hand,
Die Weiten der Erde durchschweifen
Und singen von Land zu Land. 





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