lunes, 23 de junio de 2014

MATÍAS RAFIDE [12.003]


Matías Rafide 

(Curepto, CHILE  1929). Poeta, ensayista y crítico literario. Profesor de Castellano (Universidad Católica de Chile) . Doctor en Filosofía y Letras Universidad Computense de Madrid, Profesor en diversas universidades de Chile, América y Egipto.

Fue Agregado Cultural de la Embajada de Chile en El Cairo (1990-1994). Director de las revistas “Panorama Universitario”, “Maule U.C”, “Embachile”. Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Autor de más de 30 libros. Entre ellos: “Poetas españoles contemporáneos”, “La novela hispanoamericana actual”, “Escritores chilenos de origen árabe”, “Presagios: poemas bilingües”, “Nueva Antología poética del Maule” (en colaboración con Enrique Villablanca).

Ha Sido representante de la SECH ante el Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1999-2001). Actual vicepresidente del Ateneo de Santiago. Autor de más de 30 libro. Entre ellos: Poetas españoles contemporáneos, La novela hispanoamericana actual, Escritores chilenos de origen árabe, Presagios: poemas bilingües. Acaba de publicar Nueva Antología poética del Maule (en colaboración con Enrique Villablanca). Es Hijo Ilustre de Curepto, su ciudad natal. Una de las salas de la Biblioteca Municipal de su pueblo lleva su nombre.






Navidad en Belén.

A medianoche
furiosa lluvia oscurece
el valle, las colinas.
Un niño sin baúles
ni abalorios en cuna
de palmas y martirios.
Afuera la soledad, el viento...
los pastores custodian las estrellas.
Amor al desamor
como la espuma o la sombra
de un sonrisa puerto.
Dios con nosotros.
¡Qué difícil desarraigar
nostalgias en tiempos de
olivos y cipreses





Curepto

Navego una isla
anclada en breve territorio
Calles que naufragan
en un mar de silencio.
Aún es posible escuchar
rumores de la infancia. Cimbreantes
penumbras y quimeras.
Los día desvanecen
rostros de la lluvia. Una mirada
En sombras estremece las aguas
del río tañedor de historias
subterráneas.
¿ A dónde huyeron celestes
aerolitos? ¿Volantines perdidos
en lomas de la niebla? 
La plaza es una estampa
de un antiguo paraíso.
Sueños de ayer que aún
revoletean en el aire.
Campanario que atrapas
el cielo con tus fugaces
ángeles.
La ciudad de somnolientos
transeúntes nos aguardan con
sus muertos en paz.
Mientras soñamos el último
poema sonriéndole a un azar
indescifrable.





La noria
Autor: Matías Rafide
Santiago de Chile: Morales Ramos, Editor, 1950


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1950-11-05. AUTOR: MISAEL CORREA PASTENE

Es un folleto de unas cincuenta páginas, y el autor lo dedica a sus padres “inmigrantes de una tierra lejana”.

Debe ser de ascendencia árabe. Es, sin duda, poeta, pero no posee la técnica del verso, y sus poesías son breves, y se expresan como aforismos, en imágenes sensibles y perceptibles a todo lector, pero sin complicaciones. Diríase que es un pensador que pone sus observaciones en renglones cortos.

Por ejemplo, “El Cansancio”, (página 43):


“De una lejana isla abandonada
los buitres han llegado
para morder los gajos de mi cuerpo
ya muerto de cansancio.

Mis huesos han sentido
como espinas el viento de la noche
y veo vacilar la escalinata
de los tronos caídos de aquel bosque.

Es la carcoma que taladra el tiempo.
Solo queda una música tan triste
como hoja perdida en el otoño.
Mi corazón inquieto, triste niño
se columpia en los árboles sin rostro”.






Itinerario del olvido
Autor: Matías Rafide
Santiago de Chile: Cultura, 1955


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1955-03-20. AUTOR: CARLOS RENÉ CORREA

Sin duda que Matías Rafide es un poeta incansable. En breve plazo ha publicado ya tres libros de poemas: “La Noria”, “Ritual de soledad”, y el que comentamos. Rafide, que nació en Curepto, un pueblo colonial y amurallado de soledad, tiene en su verso cierto aire recoleto que le viene, sin duda. El poeta Juvencio Valle escribió para este libro una hermosa página a manera de pórtico en la que asegura que la poesía de Rafide “es como su pueblo: se nos presenta abandonada y sin geometría”. Hay en estos poemas un anhelo de originalidad, a veces logrados con éxito; el idioma es rico y las imágenes fluyen con naturalidad. Por lo general los poemas están delineados a grandes rasgos y falta la unidad; el poeta se diluye en ciertos llantos y nieblas interiores que desvirtúan la poesía, que solo es lograda en algunos versos aislados.

El amor, la muerte y la soledad son temas preferidos por Rafide; se repite a veces con desmedro, mas suele lograr momentos felices, como en “Atardecer”, que dice:


“Vino la tarde en una proa de silencio.
Y en el umbral del agua
una música sonámbula y una sonrisa lenta.
Traía una palmera vagabunda
y una red tornasol entre la bruma.
Desnudo entre los juncos mi oscuro campanario.
Mi corazón regresa de una isla lejana.
Una luna marina extravió las agujas
–pensativas viajeras- de un navío sin anclas”.



Matías Rafide es un poeta, no cabe duda, por lo mismo tiene la obligación de buscar una poesía más honda, sugestiva, de vigorosa novedad.



El corazón transparente
Autor: Matías Rafide
Antofagasta, Chile: Hacia, 1960

CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 1961-08-20. AUTOR: ALFREDO ARANDA

“La poesía no está ciertamente en las cosas. La poesía no está en ninguna parte, porque ella puede estar en todo y en todas partes. Pero nada se opera sin una verdadera transmutación de los valores. ¿Qué es la aurora? ¿Sujeto poético eminentemente? No. La aurora es la misma noche o el preludio en camino hacia la aparición del sol en el horizonte. Eso es todo. Pero, cuando el poeta dice: ‘La aurora de los dedos de rosa’, ahí ha intervenido la poesía. Ahí se ha realizado la operación de su espíritu, expresando las vibraciones de su ser, sensible al contacto de la realidad. Entre el color de rosa de los dedos y los colores de la aurora hay una gran distancia, tanto más grande cuando ninguna forma interviene como sustento”.

Tales consideraciones las hizo el gran poeta francés Pierre Reverdy, muerto recientemente.

Circunstancias de la poesía que no envejecen. Que no contrarían la realidad poética de todas las tendencias a través de las épocas. Sino, por el contrario, vienen a evidenciar la presencia poética dondequiera que ella se encuentre.

Matías Rafide, poeta chileno, nos entregó este mensaje en su reciente libro “El corazón transparente”, editado por las Colecciones “Hacia”, de Antofagasta. He aquí un breve conjunto de poemas. Breve como las estampas de las colecciones que los han acogido; pero en tal brevedad hay belleza estructural en formas expresivas y ágiles. Se habla de amor. Y diríamos, es todo como un sueño, como si el poeta fuera persiguiendo un camino señalado por el ritmo del corazón. No vacila, ni se detiene, acaso, ni para palpar las sombras del contorno. Pero la sombra viene y la percibe como es:


“Helada sombra retrasaba el día
al fondo del pozo abandonado.
Pero tú traías entre la brisa
desnuda y fresca una bandada
de pájaros de ámbar”.


Se afirmaría que Matías Rafide ha avanzado por los claros senderos, esos que ya fueron anticipados por los cultores de un modernismo simbolista y subjetivo. Precisamente, a nuestro modo de ver, en este trance está su mérito. Desprendido de las formas rigurosas de moldes alejados, Rafide surca con precisión las riberas del símbolo, para llegar a las márgenes que le van dando, en el contorno estilizado de su acento, un paso que igualmente se acentúa de diáfanos perfiles. Sus ojos ansiosos han mirado ese río, han visto la luminosidad del mundo. Y en el centro han encontrado el objetivo. ¿Cuál es este objetivo? El poeta lo ha venido buscando a través de una labor que se inicia en 1952 con sus poemas encerrados en “La Noria”. Y que ha avanzado en nueve años hasta “El corazón transparente”. Y ahora Matías Rafide se define. Hay una pausa, hay un paréntesis de nuevos perfiles y de nuevos matices hechos de luz poética, deslizaba a través de versos diáfanos, delicados e impregnados de emoción, de emoción transparente que se trasunta en el poema porque:


“Tu sonrisa adolescente atraviesa la noche.
Y una delgada luz humedece el pasado
en leve tristeza.
Una mirada azul rueda en mis ojos lentamente”.


En esta lentitud es, precisamente, donde hemos encontrado el ritmo de versos modulados, de delicada estructura, como para ser dichos en el encuentro del objeto amado. Se nos argüiría que hay en todo un sentimentalismo que se acentúa con irisaciones románticas. A lo que responderíamos que la estructura no vacila para saltar los moldes desvanecidos de cualquiera forma de romanticismo, hasta ir a alcanzar las notas definidas de un canto que tiene como un rito ligeramente misterioso y como el diáfano desprenderse de fronteras, que lo hacen ir más allá de un simbolismo como para tocar suavemente los linderos de una transparencia. Y la transparencia misma que rueda en torno de la obra del joven autor chileno.

Es evidente que el comienzo y el proseguir del poeta no le han entregado aún la plenitud del caudal que ha buscado a través de sus versos. Hay un camino que recorrer. Hay que desvanecer aún ciertas formas socorridas que podrían rozar la vulgaridad. Pero en todo encontramos una cosecha ya lograda, merced a un sentimiento definido, a una emoción cristalizada en sinceridad, llena a veces de tristeza, plena de formas sutiles y a la vez precisas. Y es evidente que la voz del poeta se ha desprendido ya, y el mismo lo asevera al decirnos:


“Ahora se desprende mi voz, ¡oh tan honda campana!
En círculos lejanos hacia una país de ausentes,
mientras dibuja el aire un rostro nuevo”.


Clara promesa establecida a través de “La Noria”, “Ritual de soledad”, “Itinerario del olvido”, “Fugitivo cielo” y “El corazón transparente”. Matías Rafide ha sabido definirla situándose en la poesía chilena de avanzada. Su mensaje nos viene entre el tumulto ensombrecido por tantos afanes no logrados. El poeta y maestro chileno ha entregado en sus versos este mensaje: el de su sensibilidad, de la que hemos disfrutado como viendo, al trasluz de iluminados cristales, su corazón transparente.



Tiempo ardiente
Autor: Matías Rafide
1962


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1962-08-26. AUTOR: JAIME MARTÍNEZ WILLIAMS

El autor de “El corazón transparente” y de “Fugitivo cielo”, maestro y poeta de profundo bien decir, nos hace llegar bajo el nombre de “Tiempo ardiente” un pequeño libro de poesías, impreso en Madrid y que en su breve dedicatoria a “Ricardo Emilio, en su muerte” constituye una ofrenda lírica, sentida y honda, dedicada al hijo que la muerte le ha arrebatado, puro que sigue siendo para su corazón de padre y de poeta:


“sueño como relámpago caído
que bogara en la niebla a la deriva...
Ansia de amor feliz, restituido,
polvo de Dios en aire, sin cadena”.


La plenitud de estos versos, clásicos en su forma, con una dulzura interior en su espíritu, leídos en estos momentos en los que frecuentemente se hace de la poesía un ser distorsionado y ambiguo, otorgan verdadero placer, como si se bebiera un vaso de agua clara despúes de una jornada agotadora.

Los poemas –sonetos en su mayoría- son de una calculada brevedad. Su descripción de Toledo, entre tantas que se han hecho, tiene capacidad de síntesis y aliento de profunda simpatía como para no olvidarla fácilmente:


“Toledo es una torre encadenada,
sueño de ayer perenne en roca viva.
Águila prisionera de una oliva,
isla de amor, acacia enamorada”.


Ciertas imágenes y hasta ciertas frases se reiteran a través de estas breves creaciones afianzando la unidad de la obra y delineando la personalidad de su autor. La sombra, el río, el paso solitario hacen de este tiempo ardiente una hoguera secreta e íntima, sin alardes ni bullicios.

Además de poeta verdadero, Rafide es un enamorado del bien decir. Su sentido creador claro y preciso lo vierte en un translúcido cristal castellano. Al construir sus versos, evita todo rebuscamiento y prefiere, en cambio, la musicalidad simple del idioma. Tal vez, podría reprochársele una cierta pobreza y repetición en las asonancias, pero de todo ello resulta una impresión total serena y discreta aún cuando se acerca a temas de evidente tensión interior.

En su apariencia más externa, Matías Rafide prefiere, como hemos dicho, el soneto. A veces, suelta un poco su rigor y lo usa con rimas asonantes suaves y fáciles; pero cuando se ajusta a las estrictas normas tradicionales no fuerza tampoco su vena espontánea ni persigue raras consonancias, sino que peca más bien de esa pobreza a que aludíamos. En otras composiciones cambia de acento con cierta brusquedad, como en las dos mitades de este breve poema:


“Yo soy un hombre antiguo
que ha perdido sus últimos recuerdos.
La lluvia multiplica
la sima de los sueños.
Mis islas van por el río,
densa noche, cielo adentro.
Sereno perfil del agua
curva su sombra en silencio”.


Tomado en su conjunto, “Tiempo ardiente” muestra una cercana presencia de rasgos muy vivos de la lírica española de este siglo. Más que la descripción de Toledo o el hecho físico de la impresión del libro en Madrid, hay cierta afinidad en el uso de determinados elementos descriptivos que evocan voces muy conocidas y ambientes típicamente peninsulares:



“El niño nació entre chopos
de nieve y viento”.
......................................................

“Cielo salino a puerto de blancura,
en ruta de balandro y caracolas.
Alga de luz marina en alta bruma”.
.......................................................

“Toda mi muerte, apenas un quebranto
en la sombra de Dios como una herida”.



Desde fuentes muy distintas, pero fácilmente reconocibles llega hasta estos poemas el espíritu de grandes autores contemporáneos españoles. Otras veces, en algún soneto, nos sorprende el eco de nuestro Pedro Prado. Al decirlo, no pensamos que ello disminuya en nada sustancial el aliento creador de Rafide, pero sí lo anotamos para subrayar el hecho de que el autor de “Tiempo ardiente” no ha logrado aún imponer definitivamente su propia voz sobre las de sus antepasados líricos. El proceso que se realiza en su poesía es lógico y en cierta medida necesario; solo quisiéramos agregar que todavía no llega a su culminación. La obra próxima del poeta dirá su triunfo o su derrota en ese paso decisivo a la voz auténtica y personalísima, al canto enraizado, pero libre, que en cada uno de sus libros nos parecen más ciertos y próximos.


MEDIO SIGLO POETIZANDO. 
HORIZONTES Y SUEÑOS, DE MATÍAS RAFIDE1

Andrés Gallardo* 
Universidad de Concepción*, Departamento de Español, Concepción, Chile.

Dirección para correspondencia

Matías Rafide Batarce ha sido una presencia vital y perseverante en nuestro medio cultural, especialmente en el ámbito literario, por más de cincuenta años. Desde la sala de clases, desde las columnas de los diarios, desde los textos de estudio y de interpretación crítica, desde la gestión diplomática, desde el diálogo siempre amistoso, ha enriquecido a generaciones enteras con su saber bien asentado y les ha contagiado su entusiasmo por la actividad literaria, sobre todo, en lengua castellana y, de modo muy especial, por la actividad literaria chilena. Paralelamente a su trabajo docente y a su labor de crítico y difusor de las letras, ha proyectado su propio decir de poeta fino y austero centrado en la búsqueda del sentido del existir individual en el entorno de una identidad cultural bien decantada y bien definida.

La noria (Santiago: Cultura, 1950), el primer poemario de Matías Rafide, ha cumplido ya la edad respetable de 57 años y, desde entonces, una docena de libros han ido indagando nuevos sentidos, ahondando en los sentidos viejos y expresando siempre todos los sentidos con la verdad llana de la palabra que sabe de dónde procede y a quién se dirige. No siempre los títulos de los libros testimonian la naturaleza del trabajo de un escritor, como sí sucede en este caso. A partir de La noria, aparecieron Ritual de soledad (Santiago: Cultura, 1952), Itinerario del olvido (Santiago: Cultura, 1955), Fugitivo cielo (Madrid, 1957), El corazón transparente (Antofagasta: Colecciones Hacia, 1960), Tiempo ardiente (1962), El huésped (Santiago: La Gratitud Nacional, 1970), Antevíspera (Santiago: Imprenta Santiago, 1981), Presagios (Edición bilingüe árabe-español, Madrid: Dos Mundos, 1994), textos que jalonan esta dedicación constante al ejercicio poético y van dando fe de una creciente evolución por una senda de crecimiento interno que se asienta en la conciencia del propio oficio afincado en una tradición poética que se asume y se quiere enriquecer. Estamos frente a un autor y a una obra 
que son verdaderos exponentes de una ética del trabajo literario. Como acertadamente lo ha calificado uno de sus críticos, “Matías Rafide es, sin duda alguna, el último de una generación de la consistencia, junto a Efraín Barquero, Emma Jauch y Mesa Seco” (Metzdorf, 2005).

En el año cervantino de 2005, y en plena madurez, Matías Rafide nos ha entregado sus Horizontes y Sueños, que quieren presentarse como una “antología esencial” y que, en poco más de setenta poemas, seleccionados con gusto y tino por Ernesto Livacic, recorre todo el camino de su producción como en una retrospectiva serena que, sin apuro, se va remansando en cada una de las cuerdas que el poeta ha pulsado durante su vida, que son variadas en sentido y en intención, según expresa René Ibacache (2005):

Aquí están las realidades cercanas, como “esta es mi casa”, donde moran siempre los padres, vivos o muertos; o la soledad, siempre “tan dura”…; o la “dichosa memoria” que de nuevo se fortalece en la soledad y el silencio.




Matías Rafide Batarce nació en 1929, en la ilustre villa de Curepto, en el corazón de la Región del Maule, lo que consigna en el poema del mismo nombre. Allí:


la plaza es una estampa 
de un antiguo paraíso.

Sueños ayer que aún 
revolotean en el aire. 
… … 
La ciudad de somnolientos 
transeúntes nos aguarda con 
sus muertos en paz. 
Mientras soñamos el último 
poema sonriéndole a un azar indescifrable (167-168)


Estudió, cómo no, Pedagogía en Castellano, carrera que hoy muchos persisten en llamar “lenguaje y comunicación” para enfatizar una actitud que insiste en que hemos de formar técnicos de la lengua y no conocedores y amantes de sus fibras más íntimas y de su asentada tradición. Matías, sin desdeñar el componente técnico de cualquier enfoque del lenguaje, ha privilegiado, desde sus comienzos, la dimensión cultural y, específicamente, poética. Y así fue madurando su carrera. Luego de titularse de profesor, se doctoró en Madrid; volvió a Chile y ha ejercido, además del oficio poético, la docencia y la crítica literaria en Antofagasta, en Talca y en Santiago. En todos esos lugares ha quedado impresa la huella de su bonhomía, ahondando las raíces de la buena amistad centrada en el saber sin prepotencia y en la capacidad interminable de escuchar.

Paralela a su labor docente, y en permanente coordinación con ella, la difusión de las letras nacionales ha sido una constante en la carrera intelectual de Matías Rafide. Así, en su paso por Antofagasta se ocupó de dar a conocer al resto del país los valores literarios del Norte Grande. Entre otros, sus estudios acerca del poeta y narrador Andrés Sabella han alcanzado el rango de clásicos necesarios. Es, sin embargo, en su propia tierra maulina donde su labor ha afincado con mayor hondura. Los escritores maulinos lo llaman, con justicia, uno de los suyos, una referencia sólida que los proyecta al resto del país. Así es como, de cien maneras diferentes, ha contribuido con su experien-cia y con su entusiasmo al desarrollo de la literatura del Maule. Clases, conferencias, mesas redondas, talleres, concursos literarios, libros, artículos, conversaciones e innumerables cartas testimonian su labor incansable. Uno de sus últimos trabajos en este campo es una obra de aliento mayor: Nueva Antología del Maule. Cien años de poesía (Talca: Mataquito Editores, 2001), compilada en colaboración con Enrique Villablanca. En este conjunto generoso, sobresalen nombres notables como Pedro Antonio González, Pablo de Rokha, Pablo Neruda (nacido de refilón en Parral, que también de refilón, ha sido adscrito a la Región del Maule), Eduardo Anguita y los más cercanos Emma Jauch y Manuel Francisco Mesa Seco.

Otro aspecto relevante de la labor de difusión cultural de Matías Rafide tiene relación con sus ancestros árabes que, por cierto, también tienen presencia apasionada en su labor de poeta. En diversas publicaciones, nos ha entregado semblanzas y páginas escogidas de escritores chilenos de ascendencia árabe que han enriquecido nuestra literatura a partir de esta venerada y venerable tradición, revitalizada en esta tierra que acogió a sus mayores. El Estudio y antología de escritores chilenos de origen árabe (Santiago: Universitaria, 1989) es casi un clásico, y en su colección de ensayos Retratos literarios. 40 escritores chilenos contemporáneos (Santiago: Rumbos, 2003) las semblanzas de escritores de raíz árabe son verdaderamente entrañables. Durante su gestión como Agregado Cultural en Egipto –durante el gobierno de don Patricio Aylwin– M. Rafide llevó adelante una política incansable de difusión de las letras chilenas (y de otros aspectos de nuestra cultura) del todo desconocidas en Egipto y, del mismo modo, proyectó aspectos importantes de las letras egipcias contemporáneas, del todo desconocidas en Chile. Una revista bilingüe hispano-árabe –Embachile– fue uno de los testimonios visibles de esta poco cacareada pero sustanciosa actividad de acercamiento mutuo.

Aun cuando valoramos como es debido los méritos académicos, críticos y sociales de la obra de Matías Rafide, lo que concita mi atención es la obra de Matías Rafide poeta, según se van desplegando en la ya citada “antología esencial” que recoge sus horizontes y sus sueños, entregando una bien acotada y nítida visión de conjunto de su trayectoria y de su mundo poético. En efecto, la poesía de Matías Rafide, según lo muestra el compilador de estos poemas, es:

proteica y coherente, es decir, signada siempre por un impulso de renovación, pero no por eso errática o meramente experimental sino dotada de una identidad sustancial que se mantiene y robustece a través de sus variantes (Lívacic 2005:7-8).

Los textos que constituyen Horizontes y sueños no se ordenan siguiendo la cronología de los libros donde aparecieron, sino, según los grandes motivos que articulan la identidad poética de Matías. Los mismos nombres que dio el antologador a las secciones son suficientemente ilustrativos: 

- Corriente de la sangre, centrada en la evocación de la raíz árabe y en el entorno lárico (preferentemente, la cuna maulina); 

- Soledad y amor, donde el tema erótico asume –como señala el subtítulo– los motivos que han encarrilado y seguirán encarrilando la producción de todo poeta; 

- Existencias y misterio, donde el poeta se enfrenta a esos grandes problemas persistentes que superan las inquietudes personales inmediatas; 

- Fe, apartado donde se congregan textos que, de modo persistente reflejan las iluminaciones y certezas que han acompañado al escritor en sus enfrentamientos con lo trascendente, con aquello que tantas veces ‘no conocemos y apenas sospechamos’, según dejó dicho Rubén Darío, y

- Seres y parajes, sección final que congrega las experiencias personales del poeta en sus pasos por entornos diversos y en sus tratos con personas, más que con personajes, con los cuales la vida, voluntaria o involuntariamente, lo ha hecho entrar en contacto.

Uno de los motivos más persistentes en la obra poética de Matías Rafide es el ahondamiento en los componentes fundantes de su identidad personal y social. Esta vena lárica es, quizás, la que ha dado los frutos más sazonados de la obra que nos ocupa.

Entre todos los aspectos de esta corriente se destaca la exploración y el rescate de la raíz árabe, reformulada sin contradicción interna al hallar un sentido nuevo de hondura en la tierra chilena. De hecho, como ha señalado Ostria (1996) este proceso de recuperación de sus ancestros adquiere una dimensión nueva y dramática, como expresión de una identidad, al contraponerse a la “extranjería inevitable” de la condición latinoamericana del 
escritor. Ya en el poema “Cabalgan por la ruta de mi sangre” (La noria), dedicado a sus padres, Salomón y Emilia, se asiste al encuentro fértil de raíces viejas y nuevas, como sucede en la evocación de sus progenitores:



Cabalgan por la ruta de mi sangre 
cien generaciones de invisibles camelleros.

Y siento que el Oriente gravita en mis entrañas, 
y se asoma a mis ojos la angustia del desierto.

Me hieren sus arenas desnudas y salobres 
y un ritmo misterioso acompasa mis sueños.

El laúd se despierta sollozando por mis venas 
y diluye en el río infinito su lamento.

Las palmeras alargan sus umbelas de sombra 
como estandartes puros sobre mi campo yermo (25).


Si al comienzo, esta evocación de las raíces era más bien dolorosa y algo difusa por la lejanía, en la madurez personal y literaria –y muy especialmente en concomitancia con la experiencia de haber vivido directamente la realidad egipcia– se fue asentando con ellas una plenitud de identidad asumida sin quiebres. Lo que era un seudo recuerdo, mediado por la palabra emocionada de los padres, se fue convirtiendo en una vivencia íntima de la presencia real de ese mundo antes sólo soñado. La actitud poética sufre un cambio radical. Así por ejemplo, la vivencia directa del río Nilo hace que sus aguas se fundan con la mitología familiar, pues ahora “el río pasa con mi infancia a nado” según se dice en Presagios (18). En la antología que nos ocupa se recoge otro texto del libro Presagios –“No sé si soy mi antepasado planetario”– donde se funden aquellos recuerdos familiares llamados y mediados con la realidad envolvente del Egipto inmediato en “un mismo nombre” que obliga a reformular, ahondándola, la propia identidad:



Hijos del sol y de la 
noche volverán desde el silencio. 
Idénticas 
sombras descolgarán balcones 
argonautas.

Paisaje familiares 
transgreden la memoria. Un mismo 
nombre esboza antiguos gestos.

No sé si soy mi antepasado 
planetario o un nuevo y solitario 
transeúnte (39).



En la vertiente erótica de su expresión lírica, el poeta ha optado de preferencia por canalizar las pasiones por la vía del entramado rígido del soneto, como un modo (no siempre exitoso) de generar una contención en un río que se desborda por todas sus riberas. De este modo, muchas veces la intolerante inmutabilidad del orden métrico se resquebraja –tratando, eso sí, de no abandonar del todo las formalidades– y deja al desarrollo, pudores aparte, los ardores. Baste con el siguiente fragmento del poema “Qué dura soledad” incluido El corazón transparente:



¡Oh, qué tenaz empeño el de tenerte! 
Furioso llanto al borde del suplicio. 
Arcilla modelada en arduo oficio 
para luego en mis manos deshacerte.

Tanto inútil desvelo en la frontera 
del sueño y del olvido que perdura. 
Solo testigo de ansiedad primera (53).


En otras ocasiones, el encuentro erótico es, apenas, una pincelada fina, un toque certero y breve que, en su simpleza misma, procura esconder el mundo de una historia larga de afectos y pasiones. Así en “Fábula de amor”, leemos:



Gestos sonámbulos 
me fingen remotos 
paraísos. Pero tu fábula 
de amor es el sonido 
del agua que inventa 
innumerables islas (59).


Del encuentro, o enfrentamiento, con lo trascendente, ya sea lo desconocido, lo sospechado o lo descifrado con el dedo de la fe, surgen poemas variados en sentido y en estrategia expresiva que ahondan en las zonas más innombrables –si bien inevitables– de la experiencia, como son la vida y la muerte, el hombre y Dios, el hombre y su destino. La forma como ello ocurre suele ser mediante la presentación de escenarios muy concretos, por metafóricos que puedan aparecer como, por ejemplo, el hombre en el desierto, el hombre entre los demás hombres, el hombre en medio del mar sin cercanías. Todo ello se va fundiendo –más que con afirmaciones– con preguntas y con simples comprobaciones que no necesariamente constituyen respuestas. En última instancia, se trata del mero poeta enfrentado, una y otra vez, consigo mismo a lo largo de un camino que no necesariamente lleva a parte alguna; mientras, el lenguaje del poema se simplifica, cual paisaje árido, al mismo tiempo que la hondura del sentir se acrecienta, en una síntesis potente, como en el poema “Horizontes sin nadie”:



Revolotea 
el camino. 
Cielo-charco 
sin memoria.

No hay viajero 
sin paisaje. 
Sólo horizontes 
sin nadie (95).



Por esa razón, el poeta se mira y se vuelve a mirar, para sólo hallar una comprobación tan contundente, tan apabullante que no deja espacio para la lamentación, para el asombro o para la queja. No hay historia que valga pues, de algún modo todo, ya está dicho y hecho o es inevitable. En “No sé quién soy” leemos:

No sé quién soy. 
… … 
Oh triste y pavorosa 
historia del que aún sueña 
que no han de partir al mar 
las carabelas (105).


Lo que sucede, en último término, es bastante simple. Es que el misterio nos envuelve y nos domina pero, al mismo tiempo, es tan real como la más descarnada de las evidencias. Así lo consigna en “No logro ver el mar”, uno de los pocos poemas inéditos recogido en Horizontes y sueños:

Oh, Dios, a veces refunfuño 
sin recato. Brillan mis ojos 
cielos apocalípticos, ángeles 
sin dueño.

Ancianos pusilánimes 
alargan el otoño de los parques.

Huyo de noche sin estrellas. 
Me asustan hasta el delirio 
las ratas vespertinas, 
los graznidos anónimos.

Oh, Dios, imposible tu ausencia 
en este viaje sin bosques ni 
praderas (123).

“Seres y parajes”, la última sección de esta antología, recoge una miscelánea de visiones y vivencias de lugares que van desde espacios de abrumadora carga histórica como Alejandría y el río Nilo, a lares de tibieza como Curepto o entornos brumosamente entre reales y soñados como el lago Lleu-Lleu; desde celebraciones, enmarcadas en la brevedad del haiku, del colibrí o del aromo, a sombras de mujeres misteriosas, apenas entrevistas. Entre estos textos, sobresalen por su hondura emotiva y por su cercanía tan irrepetible, los recuerdos emocionados de la amistad sólida cuajada en la raíz maulina, donde la emoción personal se entrevera con la presencia concreta de paisajes familiares, con la tradición poética y con las inquietudes permanentes del escritor. Así sucede en “Del sur viene la ausencia”, signado por el recuerdo doloroso y cálidamente vivo de Pedro Olmos y de Manuel Francisco Mesa Seco, donde al final flota como una claridad apenas visible la tenue brisa de una esperanza:

“Huelo a color de luto en estos días”. 
Del sur viene la ausencia para crear 
nuevos silencios. Manuel Francisco 
regresa a sus faluchos y a su carro 
de fuego. Pedro Olmos se asoma entre 
centauros, cabalgando entre huasos 
y Cristos de eternidad visible.

Flotan voces de esquivos 
transeúntes en el río sin nombre. 
Bajo la luna roja nos vamos 
hacia el improperio de la nada. 
Tal vez hacia otro tiempo 
en que ya no seremos huéspedes 
de un día (135).


En resolución, así como Horizontes y sueños da una idea bastante acertada de la vasta trayectoria poética de Matías Rafide, de sus motivos recurrentes, de sus inquietudes apremiantes y de sus muchos hallazgos poéticos, en estas notas sólo se ha querido dar una idea muy general del contenido y significación de su trabajo. Desde la sólida amistad, esto es, desde el afecto que inunda el respeto y el conocimiento, se ha pretendido dar cuenta 
de un libro bien fundado y bien editado. El crítico literario y el estudioso de nuestras letras han dicho lo suyo en más de una ocasión y, sin duda alguna, sabrán seguir haciéndolo, pues, hay aquí un capítulo sano del desarrollo de la poesía chilena. Por ahora, bastante habrá si el lector ha aceptado compartir la experiencia de la alegría de viajar por estos horizontes generosos y por estos sueños saludablemente interminables, una poesía que Rosa Cruchaga de Walker (2005) ha resumido con hondura y certeza:

Para nuestra pesimista poética, casi toda escrita junto a la helada corriente de Humboldt o junto a los plañideros ríos que caen de boca al mar, la poesía de Matías Rafide es una inyección de fe y vitalidad.


NOTAS

1 Versión escrita de la presentación Horizontes y sueños. Antología esencial de Matías Rafide. Santiago: Ediciones Ala Antigua, 2005, hecha en la Academia Chilena de la Lengua, el 20 de junio de 2005. Se han conservado algunos rasgos propios de este origen oral. Citaremos por esta edición. 

BIBLIOGRAFÍA

CRUCHAGA de Walker, Rosa. “Horizontes y sueños. Antología”, en El Valle. San Felipe, (23 de marzo de 2005).
IBACACHE, Carlos René. “Horizontes y sueños”, en La Discusión. Chillán, (15 de mayo de 2005).
LIVACIC, Ernesto. “Exploraciones por una poesía vital, lograda y atrayente”. Prólogo a la selección de M. Rafide Horizontes y sueños. Santiago: Ala Antigua, 2005.
METZDORF, Hugo. “Un cureptano representando a Chile”, en El Centro. Talca, (26 de junio de 2005).
OSTRIA, Mauricio. 1996. “Los Presagios de Matías Rafide”, en La Mañana. Talca, (17 de marzo de 1996). 


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