martes, 10 de junio de 2014

JOSÉ SANTIAGO NAUD [11.888]


JOSÉ SANTIAGO NAUD

Nació el 24 de julio de 1930 en la región misionera, en la ciudad de Santiago,RS, Brasil. Poeta e ensayista. 

Formado em Letras Clássicas, em Porto Alegre, foi diretor do Instituto do Livr ; professor pioneiro do nível médio, quando se inaugurou a Nova Capital  (1960), e fundador da Universidade de Brasília (UNB), em 1962. Lecionou literatura luso-brasileira em Yale e na UCLA; pronunciou conferências sobre cultura em outras universidades norte-americanas e européias. 




Otro nombre del misterio: la poesía de José Santiago Naud

Por Floriano Martins

José Santiago Naud es tal vez el poeta de mejor convivencia con el espectro cósmico y mítico en los meandros de una lírica brasileña. Su poesía es intensamente religiosa y une lo sagrado al espíritu humano, asimilando diferencias, puliendo confluencias, convocando los elementos visibles e invisibles, nostálgicos y visionarios, dispares y consensuados a una fiesta de sentidos mucho más allá de la simplificación esquemática de nuestra tradición, que se satisface, en ciertos casos, en oponer Drummond a Cabral, para en seguida descartar al primero. Santiago Naud, al contrario, sabe bien del poder de la suma y también en esto nos da una gran lección. Su poesía hace surgir entre nosotros todos los nombres de La Musa, sus trucos de lenguaje, máscaras rituales y vestes íntimas del espíritu. No se le escapa nada  de nuestra memoria de testimonios poéticos. Recurre a todos los elementos a su disposición, sumergiéndose y trayendo a la superficie figuras inquietas de sueños y visiones. No como señal de conquista, sino guiado por la generosidad, por un rigor expansivo. 

Como él mismo dice en un poema del libro Oficio humano (1966), “Querer tener es avaricia”. Se trata de una poesía que elude los vicios de la posesión. Su excelencia está en la convivencia. Pero esa convivencia se fortalece justamente al mezclar ciclos, al poblar el poema de silencio y vocerío, ascetismo y sensualidad, dudas y  claridades. Incluso cuando dice de Jorge de Lima “probablemente, con Carlos Drummond de Andrade, es el poeta brasileño más presente en mis inquietudes poéticas”, incluso ahí, sabemos la fuerza del abarcamiento, por la propia profundidad del acto poético dado a la luz de nuestra lírica por ambos poetas. Y esa mención cumple además con la notable tarea de llamar la atención hacia la importancia de la obra de Jorge de Lima, una de las voces fundamentales de la poesía en lengua portuguesa, no sin violenta injusticia casi del todo olvidado por las nuevas generaciones brasileñas.

 Fernando PachecoEsta carencia de influencia orquestada por un silencio que une el descuido a lo intencional es algo que también se verifica en relación con la propia circulación de la obra de Santiago Naud. Escasa en gran parte por la falta de distribución fuera de Brasilia, ciudad donde sus libros vienen siendo editados en los últimos 30 años. Y agravada porque la mayor parte de esos libros están agotados y porque en el medio editorial brasileño  no se hallan algunos de sus títulos publicados en el exterior: Conhecimento a Oeste (Portugal, 1974), Dos nomes (Argentina, 1977), HB Promontorio milenario (Panamá, 1983) y Piedra Azteca (México, 1985). Este último, uno de esos ejemplos engrandecedores de cualquier tradición lírica y, sin embargo, totalmente desconocido por los lectores brasileños, sin olvidar que entre esos lectores se encuentran también nuestros poetas.

Piedra Azteca, con su arquitectura de cinco cantos o capítulos, su trébol de cinco hojas, encierra en sus nervaduras un interesante diálogo con Drummond, sucediéndolo en su convocación de los  mitos urgentes.

Diálogo ampliado en sorprendente dirección con otro poeta, el mejicano José Gorostiza, puertas abiertas a la altura y a la síntesis de dos poéticas entrañables, medulares y trascendentes, configurando un particular rito de convivencia entre dos culturas, afirmado por la residencia de Santiago Naud en México. 

El extenso poema que compone el libro –cuya superficie apunta en la dirección de una visita al mito o celebración del milagro de Guadalupe– refleja un dominio alquímico donde la Piedra de Roseta se transfigura en obsidiana, a la vez transmutándose, a cada canto, en navaja, puñal, hilo, lengua, mariposa, sin perder el espíritu mineral, pero adentrándose en círculos y profundidades en busca de nuevos contrarios que pueda rescatar unificándolos. Viaje pleno de las formas que se descubren y quedaron de esa intimidad. Viaje insolente de la resurrección tras cada sitio extraviado, “así como alguien pasa / después de perdido todo / y lleva el nombre cambiado”. La propia construcción del poema, al recurrir a una práctica de espirales en el tallado de palabras y sentidos, modula un instigador desafío entre el repetir y el reflejar, desdoblándose en múltiples sentidos alcanzados a partir de la acción de  un verbo en otro.

Piedra Azteca confirma la condición visionaria de la poética de Santiago Naud, enlazándose en el esplendor de sus imágenes con un libro que le es vecino en el tiempo, HB Promontorio milenario, luminoso coloquio con una pintura homónima del panameño  Adriano Herrerabarría. Acierta Mario Augusto Rodríguez, al decir que se trata de “una obra de alucinantes sensaciones interiores, que parece desafiar la interpretación del espectador, con el denso contenido de un pasado transido de valores culturales, en permanente rumbo al futuro”. [1] También aquí el tema definido y evocado se transfigura y genera nuevos matices. La densidad selvática de la pintura de Herrerabarría fructifica en la palabra de Santiago Naud, en la forma de una vegetación espiritual: “ese eterno secreto/ de los dobleces del tiempo, / la madera podrida goteando en convulsión / el semen despreciado, los odios resentidos // y el ritual engañando / a los libres, que no somos.” Una vez más se encuentra plenamente postulado el vértigo creativo señalado en Piedra Azteca, el episodio barroco del viaje de “un ojo dentro del ojo / de otro ojo / en el otro, original”.

 Fernando Pacheco

Tuve la oportunidad de conocer parte de la obra del panameño que, de alguna manera, esconde y descubre sustanciosa franja de la poética de Santiago Naud. Con todo, al destacar estos dos libros, lo hice menos movido por la intención de diferenciarlos de los demás que por la simple razón de que hasta ahora no han sido publicados en el Brasil.

Estoy de acuerdo con el poeta cuando afirma que no hay en su poesía reorientaciones o rupturas de sus inquietudes en términos esenciales. Sus transformaciones internas se conducen por el mito de las metamorfosis y no por la pérdida de guía, norte o solidez. Él mismo confirma: “Las lecturas posteriores, las experiencias vitales, la lectura de otros poetas y, principalmente, el estudio de la mitología universal me fueron revelando los símbolos que yo había fijado inconscientemente en versos y que pertenecen no a mi inconsciente, pues venían de algo más grande –¿un inconsciente colectivo? ¿quién sabe?” [2] En preciosa complementación, agrega: “La forma, la sintaxis y la lógica que busqué, al par que se comprometen con la línea histórica, con la poesía escrita en lengua portuguesa, enraízan en el primer libro y tratan, en los subsiguientes, de esclarecer la emoción que, subjetivamente, me justifica como conciencia individual o miembro específico del grupo al que pertenezco. Sería una actividad solar, busca de la luz que hace uno lo diverso o viceversa”. 

La obra de José Santiago Naud fue tejida en forma visionaria, obsesiva y profética. Toda ella transcurre siempre en busca de aquel que hasta hoy se configura como su libro esencial y misterioso, que jamás se mostró íntegramente, sabiendo guardarse parcialmente en misterio, idéntico misterio que el poeta volvió elemento ardiente e inestimable de su poética.  Me refiero a Cara de cão, en cuyas partes publicadas hasta ahora – Dos nomes (1977), Vez de Eros (1987), Memórias de signos (1994) y Os avessos do espelho (1996) – resuena la  intensa relación entre memoria y antevisión del mundo. Relación referida como un viaje incansable, donde un poeta se siente “Traspasado por el Verbo / y escupido por seres extraños”. De una orilla a otra del tiempo, hay toda una cosecha de imágenes que son residuos que se fueron acumulando a lo largo de la vida del propio poeta, lo que naturalmente incluye antecedentes y utopías, ancestralidades del ser humano y potencialidad de su errancia sobre la tierra.

Esos residuos se multiplican y se repiten, configurando el estilo, pero esencialmente aclarando un fundamento que no se limita al juego semántico, cuya advertencia caprichosa encontramos en un verso que dice: “toqué de nuevo el nombre / en el que todo otra vez se puede repetir”. Esta es la auténtica vibración alquímica de la poesía de Santiado Naud. No en vano el poeta aclara:

Para mí la poesía corporiza un acto supremo de ocio y trabajo. Es como dejarse llevar por la corriente de la vida, con todo su misterio de maravillas y horror, o labrar como el oro en las profundidades de la tierra, precipitación mineral de pureza máxima e inmune al tiempo, a las polillas o a la herrumbre. [3]

 Fernando PachecoLas asociaciones capturadas en esa profusión mineral de sonidos, imágenes, sentidos, entretejiéndose sin rechazar contradicciones, disonancias, desvaríos, encuentran en este poeta una rara expresión de grandeza que es, al mismo tiempo, el retrato más terrible de la condición humana.  Lo erótico entreverado con el vocerío encubierto de las calles y callejones, lo coloquial expuesto de forma ostensible, provocativo en su lujuria, pero jamás percibido como una vulgaridad. Disponerse al peligro magnífico de recordar a lo angelical su alcance terreno. Interconectar los contrarios por analogías arriesgadas. No limitarse a lo lírico. Sin dejar al mismo tiempo de ser profundamente lírico. Poesía compleja en la mecánica sinfónica en que está tejida, pero fluyente en la opción de su entrega. Sus códigos no son cerrados, indescifrables. La sucesión de misterios que la destaca no la vuelve incomunicable. Al contrario: alimenta el hambre del lector por impulsos de participación, aprendizaje, convivencia con este campo insondable que es tan tangible e intangible como la vida de cada uno de nosotros.

Al mezclar mundo prosaico y atmósfera fantástica (el mundo prodigioso de la imaginación),  Drummond alcanzó más que nadie en la poesía brasileña un grado de sensibilidad que nos permitió rever nuestras ideas acerca de lo real y su sospechoso estado contrario. Santiago Naud recogió bien la lección y le dio,  entremezclando secuencia y consecuencia, un sabor singular,  al borrar otra frontera, la que separa lo lírico de lo épico.  En Vez de Eros, libro que recuerda a un laberinto, uno de sus pasajes se inicia: “Pongo un dragón en tu vestido / Bajo la tela tu piel se eriza / y / se endurece, estremecida, / y va abriendo un poco / los abismos de la infancia”. En la forma de un  dragón allí está puesto lo real, lo imaginario, lo lírico y lo épico. La infancia provocada es la de la propia especie humana. La subjetividad es una fuente inestimable de acceso a lo colectivo. Todo este libro, por ejemplo, nos enseña que es totalmente posible romper las barreras entre los géneros sin necesidad de contestar ninguna tradición, y sin promover esa actitud a la condición de una vanguardia, ocasional como cualquier otra. El propio poeta gusta siempre de recordar que la improvisación de los repentistas fue el primer impulso que lo llevó a la escritura. Por allí sintió las primeras esencias de los huertos de la lengua, el portugués de una y otra margen del Atlántico. Muy pocos poetas, en el Brasil,  se entregan a este sumergirse en dos aguas con la intensidad con que lo hace Santiago Naud. No hay retórica en su diálogo con nuestra contradicción lingüística. La defino así, porque en la lengua es donde se encuentran las raíces de nuestras ambigüedades. En el fondo, tal vez no sea la cultura portuguesa que rechazamos sino la lengua. El rechazo aisladamente no construye una realidad.  La improvisación en Santiago Naud alcanza un particular sentido de entrega al misterio. Ella misma, con su organización nerviosa o su energía organizada, reconoce las estaciones rítmicas, semánticas, los planos de reconocimiento de lechos o estrategias de transposición de cursos, inquietudes, decepciones. Se trata de una poética caudalosa, pero consciente de su voluptuosidad, y con un enorme aprovechamiento estético de ese espíritu irrefrenable.

Recuerdo esto movido por una carta que en 1963 le envió Drummond. Allí decía: “Su poesía tiene ese don de extensibilidad; prolonga los temas y las visiones, no se satisface con el misterio captado.” La extensión del verso en Santiago Naud refleja la intensidad con que incorpora dominios y demonios del lenguaje. Es un refinamiento, no un descuido. El verso largo, por alguna inadvertencia, fue excomulgado en el Brasil como una herejía. En parte viene de allí el rechazo irreflexivo que nuestros poetas cultivan casi en sigilo hacia la poesía que se hace en la América hispana. No se puede oponer Celan a Rilke tomando como punto de comparación la extensión del verso. La síntesis, cuando es pregonada con un metro en las manos, puede expresar simplemente una falta de qué decir. El lenguaje, la forma de expresión, legítima o afectada, es independiente del metro.

Es un hecho que la poesía de Santiago Naud “prolonga los temas y las visiones”. De alguna manera recurre a una fuente barroca que es la misma que animaba la poesía de Drummond. O de Jorge de Lima. O de Murilo Mendes. No obstante le da tratamiento distinto a la fuente. Ya no le cabe ser deliberado o irrevocable en una instancia mítica o social, lúcida o delirante. No se siente cómodo con una sola estructura vigente. Quiere romper con la propia naturaleza humana y no solo con una parte de sus caprichos. He ahí la franca osadía de esta poesía. Por eso es que no importa –sinceramente no importa– oponer sus méritos o errores a los rumbos trazados por sus pares generacionales. Los poetas brasileños nacidos en la década del 30 constituyen –a mi entender– el más alto grado de nuestra perspectiva de entrada en un ambiente internacional insultado por el conocido ciclo de las vanguardias. Algunos de esos poetas corrigen con naturalidad los errores de nuestro Modernismo, y lo hacen con una propiedad aún hoy no considerada, cuya raíz es la misma de todas nuestras volubilidades.

 Fernando PachecoLa poesía de Santiago Naud nos dice que somos parte de algo. Que no avanzamos mientras no identificamos el origen. Que las mil cabezas del mito, cualquiera este sea, no pueden reflejar pura y simplemente una sujeción a la historia. Que tenemos que percibirla, recibirla de la manera como se presenta, pero con el espíritu  preparado para que salten dentro de nosotros, que se descubran en nosotros, que formen parte de nosotros nuestras mil cabezas, las nuestras. El verbo se lanza desnudo al espacio, expuesto a las variaciones y disidencias. Estamos todos en un gran salón. Hasta las ilusiones semánticas confidencian su fragilidad y siguen en la fiesta.  Estamos sin disfraz. Todos somos hijos de la misma urgencia. Los símbolos ganan un nuevo diapasón. Pero que nadie se engañe: el misterio tiene otro nombre. Siempre.













CANTARES DE NUESTRA SEÑORA

 (versión de Antonio Miranda, revisión final de Alma Sophia de San-Royal)



1.

Quiero hablarte de María.

María fue tan simple.
Es muy anterior a Eva
y está nocturnamente sola
en su roca de Piedad.


2.

Era preciso que Dios bajase
y en los desvanes de la carne celebrase
la alianza con lo eterno.
Mas debía venir desnudo,
                                           Dios,
sin una piedra donde apoyar su cabeza,
ni placentas, sumiso
y anclado en la plural generación.

Como en las largas peregrinaciones
en que el hombre equilibra
la partija y el ansia,
se te exigía lo máximo
de virgen y de madre.
Era preciso reunir
                             cual andarín,
en el mirar, todos los pueblos.

Y tú oíste el ángel.

Tú fuiste la casa y la flor,
el jardín y el hogar,
ayudando
                 para siempre
el espíritu en el tiempo.


3.

En secreto
un prado azul pendía
de los parajes celestes, vasto
de muchas flores. Venías por él
con las vestes vaporosas, y a tu lado
                                                            el toro
-          finos lo ijares y la frente poderosa.

Pastora de la bestia,
¡de albas manos abiertas
bajo los senos explícitos!
Caminas, pastoreando
mientras la lengua bruta,
áspera y sedienta,
fuerte y oscura
va pasando entre los belfos
                                             (salpicados
de rocío)
la hierba, tierna.
Olores de tierra suben como lluvia
la baba centelleante.

Simple, entre las más simples
veo tu mano descender
sobre el lomo salvaje
mientras los flancos tiemblan.
De severas escarpas
desciende la paloma,
                                   y aletea
en tu vientre la aspereza
portentosa del toro:
todas las flores que pasta
pasan a tu veste
                           y se quedan
vivo esplendor.

  





ORÍGENES

(traducción de Trina Quiñones y Sofía Vivo)    


Cuando aún no éramos
veíamos en toda dirección,
no obstante el Cielo
por sobre nosotros viese
la cabeza terrena.
Pero, ay, el terrible instante
en que ya no más
el ojo que viera se mantenía.
Todo, entonces, se pensó.
Y las nubes, el color
de las aguas azules que se entregaban
en flores sexuales, se bipartieron
abriendo a nuestro alrededor
los espacios del dolor.

Y, hélo aquí, nuestro día.








CABALLO MUERTO

(traducción Antonio Miranda)


Muerto.
Su cabeza tan bella,
otrora irrefrenable, allí está
entre gusanos. Su cuerpo
terso, enorme,
                        ahora innombrable,
pegándose en la tierra. Y la hierba
venciendo el asco
                             un color más nuevo.

Antes, era el uso. Ahora
memoria contrahecha. Signo
del tiempo. Meditación revuelta.
Podrida velocidad.

De sus patas ligeras
-          persistencia patética –
quedan los cascos,
restos no más de pelos oscuros.
Y encima,
el arcángel exterminador pasa
sombrío, amontonando
aquella descompuesta figura
con los silencios de su espada.
  






TOCADORA DE FLAUTA

(traducción de Trina Quiñones y Sofía Vivo)

Por los campos de Osuna
ella había de andar
por el mismo viento
que ondulaba el trigal.
                                    Y el mismo sol
que sacaba el manto al compañero
había de brillar sobre los dos,
hoy inmóviles.
Ah, virtudes de piedra
capaces de retener aquello
que sólo en el alma, el espíritu endurece
-          esa permanencia,
                                          brillo
huidizo, preso al hombre
                                         (para súbitamente volar)
cuando el sexo se eleva
o el hambre despierta
las esquinas de la muerte.

Auletris invocada, ahora
auletris te veo. Y digo
fervorosamente: tocadora de flauta.
                                                          Ven,
com tu canto de piedra,
dorso volcado hacia el compañero gastado
cuña de evocación.
                                Ven
con tu paso inmóvil.
Fíjate en mis ojos,
deja que los vientos de Osuna
soplen nuevamente lo remoto
y los campos doblen tu cintura ceñida
y el sol dore los racimos de tus cabellos
rodeados por la trenza de paja de sombrero.
Que el trino de tu flauta
                                       suba
los serpientes de los montes,
mientras que la capa ondée
                                             rígida
los rumores del pasado
y vuelva tu compañero a dirigir
sus pasos hacia ti.

En un instante
las noches primitivas están aquí.
                                                     Juntos,
cosemos las arrugas del tiempo,
reconstruimos el mundo.  Y el día
                                                       (íntegro)
se hace.
  






LA DAMA DE ELCHE

(traducción de Antonio Miranda)

Se quedaron sus ojos
ante el umbral. Mas la muerte
completa igual el misterio de la vida,
y esas almendras que sostiene
abiertas hacia la nada, anuncian
otro árbol en nosotros.

Su talla entera se concentra
donde los ojos no hablan. Antes
fuesen cerrados,
como los labios en su duro mentón,
y la ciencia o la razón que nos perturba
no abandonaran en el pinjante aguerrido
esa espantosa y gélida serenidad de amor.

Mujer-señora. ¿Madre?
                                       En los adornos
de la espera,, (es nuestra
duda) quédase la vida
y vibra, los abismos
que a la belleza flanquean. Hasta que pies
alados
despierten la princesa. Entonces,
Dios la recoge,
                         y roza
nuestras parcas medidas. Su muerte
desancora. Por la rígida
máscara inaccesible, escurre
como las lluvias
su íntimo trabajo de existir.  

Extraídos de Caminos de Integración; antologéa poética. Org. Sofía Vivo. Brasília: Thesaurus, 1993.  [edição trilingüe: português, espanhol, inglês].
   





DE LA MUERTE

(trad. de Saúl Ibargoyen)


La muerte en el descampado juega
su juego de dados
pero es en lo íntimo de nosotros
en la médula
donde los puntos cuentan.
Ella funda
                 en lo hondo de nosotros
su fecunda raíz –
en el vientre
como bicho hambriento
en el corazón
como casa sin nadie
en la mente
como causa de causas sin motivo.
Es nuestra compañera
                                     lejanamente
desde la cuna
y aún mucho más
pues cuando nos arrullaba
al dulce éxtasis de la madre
modulaba ya el antiquísimo
                                 canto
marcando el más seguro encuentro
con nosotros
para la miseria
o para la gloria.  

Extraído de Versos Comunicantes I – Poetas Iberoamericanos.  Coord. de José Ángel Leyva. México: Ed. Alforja, 2002.








MIENTRAS EL VIENTO RUEDA

(trad. de Saúl Ibargoyen)

Mientras el viento allá afuera rueda
y una hoja amarilla golpea la vidriera
la lámpara allá adentro fluye esa flor de luz
en torno a la mesa
y el chantre conversa con la esposa
en tanto compone su música. Tranquilidad
de hacer el pan para todos
sin estar de lámpara al revés
ni encendería para dejarla debajo de la cama.
Más afectuoso todavía, el perro
se enrosca en medio de sus piernas
y él deja estar así
un perro astuto
prisionero del sueño y del tiempo
como un ovillo. Dulce paz
y dorado instante
que duran mientras allá afuera se sueltan los vientos
y ruge la destrucción-convulsión del mundo
sin perro ni gato, ratón
royendo lo perfecto
en tanto la música armoniza las puras disonancias
y entre marido y mujer la lámpara
incendia el aquí
pero habita sin tiempo
el centro de la armonía.








EN LA CALLE SOLITARIA

(trad. de Saúl Ibargoyen)

En la calle solitaria
con el Sol de mediodía
una línea de oro se extiende
oscureciendo todo
y tiñendo las cosas.
Un haz de espanto
el grito del loco raya el cielo
azul
en línea opuesta a la sombra del árbol.
Al amparo materno del umbu
se parten paz y sosiego, la dulzura
y el punto justo
son de pronto un rayo en la desmesura del grito del loco
con su alma en andrajo en un lecho de llamas
que despedaza los ojos del niño
presos en el silencio de la plaza.
De la sensación quedó
el pavor dominado, aquel preciso instante
de la visión de un revoque rojo
en el muro desconchado,
los ladrillos a la vista
y la acera
dura,
asperezas,
fascinación,
audacia,
y el grito del loco
rayando de sangre el cielo azul.
Así también (oculta)
la cadena de la herencia espiralaza
la explicitud de las formas, apariencia pura
con el espíritu adentro desde los espacios abiertos,
un acto hecho en nosotros:
Dios
escribiendo la pieza que dijimos
con la memoria de las células
orden y miedo de cumplir
la hora prescrita,
el tiempo cierto de salir –
claro mandala.
Como remonta el salmón la corriente
para dejar a la suerte del río sus huevos
y allí
fluyendo
comenzar a morir, así
el loco grita
o nosotros, apoderados de la razón, retrocedemos.
Sólo un perro por compañía
que vuelva nuestros ojos hacia la luz
o en la tiniebla ajuste nuestros pasos.
Dentro de la gruta
espesa
nuestros nervios palpitan impacientes
y pasa de padre a hijo el relámpago de las madres.
De pronto
las ruinas circulares de los derrumbes fatales están allí
y son
como el grito del loco
en una línea de oro
el cuadrado de la plaza – un rayo
de saudade
ahora
aquí
total recordación,
fiel presencia
para siempre fatal
en su sombra iluminada.  

Extraídos de la revista Alforja, XIX, invierno 2001.  








CANTARES DE NOSSA SENHORA


1.

Quero te falar de Maria.

Maria foi tão simples.
É muito anterior a Eva
e está noturnamente sozinha
na sua roca de Piedade.


2.

Era preciso que Deus baixasse
e nos desvãos da carne celebrasse
a aliança com o eterno.
Mas devia vir nu,
                             Deus,
sem uma pedra que lhe amparasse a cabeça,
nem placentas, submisso
e ancorado na vária geração.

Como nas vastas peregrinações
em que o homem equilibra
e partilha e o anseio,
se te exigia o máximo,
de virgem e de mãe.
Era preciso reunir
                             como o andarilho,
no olhar, todos os povos.

E tu ouviste o anjo.

Tu foste a casa e a flor,
o jardim e a lareira,
ajudando
               para sempre
o espírito no tempo.  


3.

Em segredo,
um campo azul pendia
das paragens celestes, vasto
de muitas flores. E vinhas por ele
com as vestes vaporosas, ao lado
                                                      o touro
- de finas ilhargas e a frente poderosa.

Oh, Pastora da besta,
as alvas mãos aberta
sob os seios explícitos!
Caminhas, pastoreando
enquanto a língua bruta,
áspera e sedenta,
forte e obscura
vai passando entre os beiços
                                              (rorejados
de orvalho)
a grama, tenra.
Odores de terra sobem como chuva
a baba cintilante.

Simples, entre as mais simples
vejo a tua mão descer
sob o dorso selvagem
enquanto os flancos fremem.
Então, de rampa adusta
a pomba desce,
                          e adeja
no teu ventre a aspereza
portentosa do touro:
todas as flores que ele pasta
passam às tuas vestes
                                    e ficam
vivo esplendor.  





  
ORIGENS

Quando ainda não éramos,
víamos em toda a direção,
não obstante o Céu
por sobre nós conviesse
a cabeça terrena.
Mas, ai, o terrível instante
em que já não mais
o olho que vira se mantinha.
Tudo então se pensou.
E as nuvens, a cor
das águas azuis que se entregavam
em flores sexuais se entregavam
em flores sexuais se bipartiram
abrindo em volta de nós
os espaços da dor.

E eis nosso dia. 








CAVALO MORTO

Morto.
A cabeça tão bela,
outrora insofrenável, agora
ropousando nos vermes. O corpo
terso, enorme,
                        inominável já,
colando-se na terra. E a grama
vencendo a repugnância
ensaia terna
                     uma cor mais nova.

Antes, uso. Agora,
memória mal exposta. Signo
do tempo. Meditação confusa.
Velocidade podre.
Das patas ágeis
- persistência patética –
restam os cascos,
apenas restos de cabelos escuros.
Sobre,
o arcanjo da destruição passa
sombrio, e enfeixa
aquela descomposta figura
nos silêncios da espada.







TOCADORA DE FLAUTA

Pelos campos de Osuna
ela havia de andar
ao mesmo vento
que ondulava o trigal.
                                   E o mesmo sol
que tirava a capa ao companheiro
havia de brilhar sobre os dois,
hoje imóveis.
Ah, virtudes de pedra
capaz de reter quanto, só
na alma, o espírito endurece
- este permanecer,
                                brilho
fugidio preso no homem
                                        (para logo voar)
quando o sexo se alça
ou a fome abre
quinas de morte.

Auletriz chamada, agora
auletriz a vejo. E digo
mais vivamente: tocadora de flauta.
                                                          Vem,
com teu canto de pedra,
costas voltadas ao companheiro gasto,
cunha da evocação.
                                 Vem,
com teu passo imóvel.
Fixa nos meus olhos,
deixa que os ventos de Osuna
soprem de novo o remoto,
e os campos dobrem na tua cinta cingida,
e o sol doure o cacho dos cabelos
cintados pela trança de palha do chapéu.
Que o trilo da flauta
                                  suba
a serpente dos montes,
enquanto a capa ondeie
                                        rígida
os frêmitos passados
e volte o companheiro a convergir
os passos para ti.

Num instante
as noites primitivas estão aqui.
                                                  Juntos,
cosemos rugas do tempo, recompomos
o mundo. E o dia
                              (íntegro)
se faz.







A DAMA DE ELCHE

Seus olhos
pararam no limiar. Mas a morte
participa também do mistério da vida,
e essas amêndoas que mantém
explícitas ao nada, anunciam
outra árvore em nós.

Toda a feição já se concentra
no que os olhos não dizem. Antes
fossem fechados,
como os lábios na dureza do mento,
e a ciência ou a razão que nos perturba
não deixariam no berloque aguerrido
essa espantosa serenidade gélida de amor.

Mulher-senhora. Mãe?
                                     Nos adornos
da espera, (nossa
a dúvida) fica a vida
que freme, e os abismos
que a beleza flanqueiam. Até que os pés
alados
despertem a princesa. Então,
Deus a recolhe,
                          e roça
nossas parcas medidas.  A morte
desancora. Pela rigidez
da inacessível máscara, escorre
como as chuvas
o seu íntimo trabalho de existir.   

Extraídos de Caminhos de Integração; antologia poética. Org. Sofía Vivo. Brasília: Thesaurus, 1993.  [edição trilingüe: português, espanhol, inglês].








DA MORTE

A morte joga no descampado
o seu jogo de dados
mas é no íntimo de nós
no âmago
que os pontos contam.
Ela funda
                 no fundo de nós
sua raiz fecunda –
no ventre
como bicho faminto
no coração
como casa sem gente
na mente
como causa de causas sem motivo.
É a nossa companheira
                                       longinquamente
desde o berço
e muito antes ainda
pois quando nos embalava
ao doce enlevo da mãe
já modulava o canto
                                 antiqüíssimo
marcando o mais certo encontro conosco
para a miséria
ou para a glória.


Capas de alguns dos livros de José Santiago Naud: 
Ofício Humano (Rio de Janeiro: Livros de Portugal, 1966);  A Geometria das Águas - 1952-1956 ( Porto Alegre: Editora Globo, 1963); Os Avessos do Espelho ( Brasília: Thesaurus, 1996); O Olho Reverso.  Brasília: Thesaurus, 1993.   







I BIENAL INTERNACIONAL DE POESIA DE BRASÍLIA
3 a 7 de setembro de 2008
Poemas lidos pelo autor no evento.


CANTARES DE NOSSA SENHORA
(Inédito)
Livro I, 3

Era preciso que Deus baixasse
e nos desvão da carne celebrasse
a aliança com o eterno.
Mas devia vir nu, Deus,
sem uma pedra que lhe amparasse a cabeça,
nem placentas, submisso
e ancorado na vária geração.

Como nas vastas peregrinações
em que o homem equilibra
a partilha e o anseio,
se te exigia o máximo
de virgem e de mãe.
Era preciso reunir como o andarilho,
no olhar, todos os povos.

E tu ouviste o anjo.

Tu foste a casa e a flor,
o jardim e a lareira
ajudando, para sempre,
o espírito do tempo.







ROMANCE

Fruto de solidão
preso à fronde do vento,
lua, tu nos dás
a medida do eterno,
essa altura que jogas
contra o espaço celeste
em nós refere a terra,
que em nossa ânsia integras.
E ao nosso amor integras
tudo o que não sofremos,
tudo o que não tivemos
e apenas pressentimos,
em tua marcha sentimos
tudo o que não teremos
e tudo o que já viveram
corações noutros tempos.
Flanco de solidão,
maçã casta e sensual
presa ao ramo oscilante
entre a alma e o carnal,
em ti, suprema altura,
os olhos vão reunindo
as trilhas do abandono
e alguns ecos da infância.

Pata branca de touro
extraviada no azul.








CÃO DE PLUMAS

Em cima
             ou embaixo
trazemos sempre conosco
o chão das metáforas —
cão de plumas
cão de estrelas
Cão Maior
                 ou menor
na curvatura dos céus.

E, mais para lá,
a memória.





Capas de alguns outros  livros de José Santiago Naud: 
As Colunas do Templo (Brasília: Linha Gráfica Editora, 1988?);   20 Poemas escolhidos e um falso haikai. ( Brasília: Thesaurus, 2005); Antologia Pessoal ( Brasília: Thesaurus Editora, 2001);   Fábrica de Ritos ( Brasília: Thesaurus, 2008).    






É PRECISO VENCER QUAISQUER CORRENTES

É preciso vencer quaisquer correntes
e subir, como pomba no ar geleado.
É preciso afiar aspas reluzentes
e investir, como um cervo machucado.
É preciso lutar e ter lutado
sem ganas de vencer ou ser vencido.

E, entre as chamas ou lírios, contra o vento
é preciso também rir de si mesmo
e ser bom até ao fim no sacrifício.



CÍRCULO

Falo em amor,
tremo e grito.
Levanto no próprio grito
e caio em tremor
                        e grito.




MULHER DESNUDA

Não fora diferente
se duas luas viessem planar
nos flancos em repouso,
nem outro o vale mais oloroso seria
se pinheiros antigos
descessem a verde encosta
nas brancuras do ventre.
Um mundo se concentra
nesse pequeno território de membros.
E quando a carícia
num arrepio de queda d'água o perturba,
voz e cabelos
ao conturbado contorno estremecem
como rama nas auras
e todo o ser
para a fonte se inclina,
até o pássaro roçar indetido
as águas em delírio
que mágicas se espelham.



DOS ANJOS

Só os anjos consomem a própria sombra
quando fulgentes descem do azul
ao árido hostil.
Seu tempo
o frêmito das asas,
e o espaço que as vestes sulcam
é luz
          em redemoinho,
puro
tanquilo círculo
na vertical armado.
E quando baixam
                          invisíveis
ao nosso precário, escuro saber
o espírito silva as muralhas da mágica
e o sol esplêndido sobre as coisas
a mão do Senhor
                            teúrgica
toca de novo
suavemente por eles
o real.



POEMAS DO MALAMOR

Amor imarcescível
que renasce
na morte que gerou
e se projeta
noutra morte em que a vida se acalanta.

Amor - pássaro atroz
que se endereça
ao fogo do subir
e bica o tempo
no tempo em que a memória se confunde.

Amor
beijo perdido em boca esquiva
renúncia de não ser
certeza ativa
sede de eterno,
e força de afeição
que a altura prende
um pouco se detém
pois como a água
torna à terra e escorre
e sobe ainda.




LEVAREI PARA A TUMBA

Levarei para a tumba,
                     incomunicável,
míseras destrezas e o convívio do mito.
Só o acessório, o visto, o definível
logrei realizar em torno do essencial
e assim me comuniquei
ou me dei.
Julguei amar, às vezes
pensei que dei amor.
                          Não dei,
pobre ilusão humanitária!
O amor não se dá,
amor não é mercadoria nem moeda,
ou ordem.
Existe a água e os seus murmúrios,
o fogo, devorador,
e o grande silêncio das árvores na noite.
Talvez exista também a singeleza de colher beijos
como se colhe uma flor. O amor
talvez seja isso, nisso
existe amor.

Levarei para a tumba
esse tal inexistente amor.
Deixo-vos
              (pois dei)
o acessório
o visto em torno do essencial
quanto existe
e insiste
e subsiste.
Amor, talvez.



CAVALO MORTO

Morto
sua cabeça tão bela
outrora insofrenável
repousando entre vermes.
O corpo
          terso,
enorme
inominável já
colando-se na terra. E a grama
vencida a repugnância
a ensaiar
terna
uma cor mais nova.
Antes, utilidade
e agora, memória mal exposta
signo do tempo
constituição confusa
velocidade podre.

Das patas ágeis
restam
- persistência patética -
os cascos
e um resto apenas de cabelos escuros.
Sobre -
o arcanjo da destruição passa
sombrio
e enfeixa
aquela descomposta figura
nos silêncios da espada.




PIEDRA AZTECA


A ILUSÃO DO POEMA

Digo-me ser
porque do parcel negro
no mar
já faço a imagem.
E à sua natureza de ser
forte e inerte nas águas
somo a fonte da minha explicação
- fonte aquém e remota
à ventura dos meus olhos fitando
canto
feito à aventura do olhar.

Sou a voz que o anima
com efeito
mero pretexto.
E como a rocha nas águas
chego
aonde os olhos param
e o poema se faz
esta ave pairando sobre o abismo
as asas grandes
soltas
nos suportes do nada.



APOLO

Contorno claro
passo seguro
entre os frutos do inverno,
                                              o olhar
límpido
atravessa o campo dos sentidos - luminoso e fecundo.

Firme e exato
transita do útil ao gratuito
em eterno repouso
                              os pés
de hecatombe orvalhados
atravessam as teias da névoa
devassam
todo o futuro. 

Ainda o real
nas escamas escuras da aparência
oculta a sua forma
                             repleta.
E à voz do silêncio
ao toque
leve do amor
sempre mais fundo
ele irrompe.
Anjo
e sexo alteado
para o tempo
eternamente
sua beleza flutua.



COMO O PRINCÍPE

Como o princípe
que atravessou a sebe de espinhos
para descobrir que não havia princesa
transposto o muro da ilusão
vejo que sequer há muro
e me acho noutro sítio
face ao espelho
sem luz
e observo meu ritmo
no tambor que algém esqueceu de me tirar.
Mas não encontro nele a pele esticada.
Deus meu!
Não encontro
sequer a pele!



O FALSO HAI-KAI

céu e sexo
              a boca
com nexo
              reluz
e o grilo
        diz
vibrações vermelhas
os plexos da alma
                             um peixe
na carne
              feliz




CONSOLAÇÃO

Aquieta-te, coração. A própria morte
é novo nascimento.
No mar da vida,
                        um barco apenas
chegarás seguro
(a)portando as claridades do obscuro.

E serás aquele que some
                                     no limite
a solidão imensa das vastidões do mar.






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