lunes, 16 de junio de 2014

CARLOS POBLETE [11.932]


Carlos Poblete

Carlos Poblete (Temuco, 1914 - ¿?). Poeta. Vivió más de una década en Buenos Aires, también residió en Montevideo y Cuba. Participó en la revista "Ecran". En 1933 publicó "Paisaje del sexo" (1933), y "Fulgor del hombre" (1964).



FULGOR DEL HOMBRE

Desnudo estoy, desnudo y mal herido.
Sobre mi corazón rebota el mundo.
Pero mi otoño viene florecido.
Presiento ya su palpitar profundo.
Ando por mis raíces de centella,
buscando deshacer un largo encanto.
La vida es bella, inmunda, pero bella,
inmundamente bella hasta el espanto.

Vivo de pan. Me rasgo las entrañas
para vivir. Mi llanto es mi bebida.
Vivo de luz, de cosas harto exrañas:
de cuidar una rosa, de acariciar la vida.
Espero hallar en mi, la luz del hombre,
rayo y fulgor que crucen mi costado.
El que mire a mi alma no se asombre:
¡en ella estoy como un jazmón airado!




Paisaje del sexo
Autor: Carlos Poblete
Santiago de Chile: Zig-Zag, 1933


CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1933-12-24. AUTOR: ALONE
No engaña el título: todos los versos giran como agujas orientadas hacia el mismo punto.

El interés principal de este breve cuaderno, tan bien impreso, alargado, elegante, nos parece la claridad que proyecta sobre Pablo Neruda. Tiene todos sus elementos, sin los que en el otro deslumbran los ojos y marean la cabeza, aun cabezas firmes… Al fondo, el encarnizamiento del goce material, obsesionante y único, Maelstrom que atrae, envuelve, mueve y no deja moverse la fantasía dentro de su círculo dantesco. Luego, la tristeza de la misma canción eterna, sordamente repetida, de disco inacabable. Para variar estos componentes demasiado simples, o causar la impresión de que varían, la mezcla de imágenes concretas y de líneas abstractas; de palabras comunes que se renuevan al chocar en frases oscuras; de ideas lógicas hasta la mitad y, de pronto, revueltas o esfumadas en complicaciones conceptistas, sin sentido. Una poesía que quisiera volar y cae en la prosa; una prosa con alas insuficientes y que se cubre de poesía, sin conseguir disimularse. De tiempo en tiempo, gerundios y el golpe de tambor de los admirativos.




“me recuerdo que siempre llorabas en mis brazos,
surgía tu tristeza
-formaba en suaves sueños-
con su liviano eclipse de anilladas caricias,
recorrías mi alma en un vuelo lentísimo
para saber de dónde venía mi ternura
¡oh abandono de ola crucificada!
…me parece que una lloró siempre en mis brazos,
no sé por qué lloraba ni por qué me quería,
solo recuerdo ahora
a través de la noche
que era un sexo infinito contribuyendo asombro”.




El maestro puede escapar al análisis y defenderse entre sus algas oscuras, sus astros, sus corrientes siderales. El joven discípulo, que lo repite hasta la parodia, es un pez cogido en la red y chorreando todavía el agua marina.







Fulgor del hombre
Autor: Carlos Poblete
Santiago de Chile: Numen, 1963


CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1964-03-15. AUTOR: RICARDO LATCHAM
Con “Fulgor del hombre (Poemas de amor y de combate)” vuelve a surgir el nombre de Carlos Poblete, autor nacido en Temuco, en enero de 1914. Ha vivido largos años fuera de Chile y su experiencia humana es amplia. Ha residido once años en Buenos Aires, donde publicó una antología de la poesía chilena. Después ha pasado temporadas en Montevideo y en Cuba, en cuyo medio intelectual se vinculó a varios escritores. Es Poblete un poeta de ideas avanzadas, pero que conserva un gran apego a la tradición del buen estilo y de la corrección métrica. No ha podido desprenderse de un residuo libertario que impregna sus versos y  aparece como saturación de las metáforas anarquistas que prevalecieron en la generación de 1920.

No señalo esto con designio peyorativo, sino para descifrar el carácter diverso que presenta “Fulgor del hombre”. En sus mejores momentos ostenta una fuerza verbal que se impone por encima de metáforas desacostumbradas y fermentos románticos que no destruyó el postmodernismo, a cuya influencia tuvo que estar sometido Poblete cuando se inició literariamente.

En “Fulgor del hombre”, poema que da el título a la colección, existe como una definición de la curiosa personalidad de Poblete, bastante desconocida por las nuevas generaciones de líricos:



“Desnudo estoy, desnudo y mal herido.
Sobre mi corazón rebota el mundo.
Pero mi otoño viene florecido
Presiento ya su palpitar profundo.

Ando por mis raíces de centella,
buscando deshacer un largo encanto.
La vida es bella hasta el espanto”.



En otras oportunidades, Poblete construye poemas políticos un poco ocasionales e inspirados en algún acontecimiento social que ha estremecido al país o al continente. No ha logrado en ese campo imponerse, por hallarse mejor cuando excava en la vida a través de su dura experiencia, que le proporciona motivos más hondos en que resplandece “la pura y secreta alegría” derramada en “El hombre renacido”, con frenético sentimiento.



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