viernes, 27 de junio de 2014

BERNARDO BAYTELMAN [12.068]


Bernardo Baytelman

Bernardo Baytelman (Rancagua, CHILE – México, 1982). Poeta, conocido entre sus amigos como "Beco". Publicó en 1947 su libro “Vengo”. Inmediatamente ocurrido el golpe de Estado de 1973, tuvo que salir exiliado, primero a Venezuela, para luego recalar en México. En este país desarrolló su labor como investigador de la medicina tradicional latinoamericana, ayudando en la fundación del jardín Etnobotánico de Cuernavaca. 

Murió en 1982 aquejado de un enfisema pulmonar. Fuente: En el volcan: Corriente crítica de trabajadores de la cultura en el estado de Morelos.



Exilio  número  tres

Hoy nací  comiéndome  las  manos.
Y, abierto el molino de la angustia,
trituro  sueños, aviento  los veranos
dando y dándole vueltas a la piedra
de que estamos más presos que en la cárcel
en este farallón de  los caminos.
De que nuestros trigos ya están vanos.
Y que esta harina de este tal molino
no alimenta la luz de  mis  hermanos.
Con pequeños  rencores cotidianos
vamos royendo  el corazón del trigo,
pequeña división iconoclasta,
la voz existencial sembrando vientos
mientras el barco se hunde y nos aplasta.
Hoy en día el futuro no es como antes.
Nos han desparramado por caminos
pequeños, sucios, delirantes,
divididos en clases, pergaminos,
buscando en egocéntricos destinos
el equilibrio fácil, tolerante.
Hoy  nací comiéndome las manos.
Soy estatua de sal, miro el pasado
con Sodoma y Gomorra tan cercanos
y la herida que no ha cicatrizado.
Hay que ensillar urgente a Rocinante,
montarlo luego y preparar las lanzas.
No se puede esperar detrás del  vidrio.
Para  fundamentar  las esperanzas
hay  que saber el ancho del peligro.

Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/





CONJURO PARA MATAR A LA MUERTE

Soy el hombre que se hizo a si mismo, 
dueño del cielo y de la tierra. 
Domador del espacio, 
equilibrista victorioso del gran circo. 
Maté en Corea, en Chile y en Viet Nam, 
y siempre he sido el triunfador, 
el conquistador inteligente, 
el inmortal. 
No conozco el odio ni el frío 
ni el amor. 
Sólo el miedo a dejar de ser el triunfador. 
Sólo el miedo a la muerte 
me mantiene vivo, 
y nada más,





ENSALMO DE LA IDENTIDAD

¿Y si no fuere el que fuere? 
¿Si la unidad de los contrarios 
no fuese mas que una forma de equilibrio? 
¿Dónde estás entonces para pedirte cuentas? 
Debo ensalzar tu ubicuidad entonces, 
tu aquel dejarnos solos 
en medio de la arena 
y que nos coma el león 
después de los aplausos de los yankis. 
Soy el que soy. 
Aún. 
Apenas. 



Vengo
Autor: Bernardo Baytelman
Santiago de Chile: Tipografía chilena, 1947


CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1947-09-21. AUTOR: ANÓNIMO
Ha dividido el autor su libro en dos partes: la primera representa, a nuestro parecer, un intento de hacer lírica pura, de escribir una poesía de-secularizada, en que la realidad externa se pierda en la interior avalancha del poeta; en la segunda, Baytelman ha poetizado sobre lo externo, no ha tratado en su íntimo laboratorio, de recrear esa realidad, de asignarle valores personales. Ha hecho, en suma, poesía social.

Creemos que toda la parte puramente lírica se encuentra sustentada en un sentimiento de hallazgo de la circunstancia exterior a través de la mujer. Ella ocupa un lugar de privilegio en esta primera zona de la obra que comentamos. Y por el hecho de ser un descubrimiento del mundo lo que ha sucedido a Baytelman, [es] por lo que esta poesía no logra arribar a cumbre alguna. Es que no ha habido tiempo de trabajar estas primeras impresiones. No se ha logrado transmutar su esencia. Todavía huelen demasiado a común experiencia de adolescente. Son los poemas aquí comprendidos, simples narraciones de cosas que suceden a todo el mundo narradas como todo el mundo lo hace.

No hay creación. Hay simple repetición y variaciones sobre estados anímicos directos. De esto, resulta que la poesía de esta primera sección aparece pequeña, ocasional, nimia, trivial, inválida y como temerosa del mundo exterior que puede dañarla y descolocarla.

En síntesis, lo que Baytelman nos ha dado en esta primera parte es prematuro, y por lo tanto, pobre. Tal vez más tarde, y cuando logre asesorar esa [etapa] de descubridor con más ricas experiencias, nos brinde una cosecha lírica de frutos más opimos.

Veamos ahora la segunda parte, dedicada a la poesía social.

Muy distinto es el juicio que nos merece el autor de “Vengo” en estos poemas. Lo tenemos adherido férreamente a la realidad circundante. No dice cosas cuyas sobre sentimientos suyos. No transmuta nada. Pero canta con fuerza, con energía, como un bandolero en medio de las montañas. Baytelman ve que el mundo está mal. Siente que no hay justicia. Ha vislumbrado existencias mejores. Y como es honrado, lo grita, lo lanza sobre la multitud. Toma actitudes de profeta hebreo, borracho de locura. Y dice verdades. Ha realizado cuál es el contenido mollar de la poesía social. Lo ha sentido y lo ha expresado. En su alarido “Poema sin metáforas” y al clamar:



“No tiene metáforas
este poema:
tiene burla y llanto
por mi época negra…”



hace una poética de lo que es esta poesía. Burla y llanto por una época que se siente caduca y que, no obstante, aún resiste el embate de la nueva vida.

Luego, y en el poema “1º de Mayo”, glosa la Internacional. Y nos brinda un autorretrato interno:



“Te traigo mi corazón áspero
y mi voz violenta”


diciendo luego las armas de que se valdrá, como poeta, para liberarse de lo que le rodea:



“Yo quiero que rompamos
con un grito enorme
las cadenas enmohecidas”.



Y llorará, más adelante, con blalikiana (1) excelsitud, el dolor de su pueblo, el pueblo judío.

De toda esta sombra, de toda esta angustia, de todo este macabro entrechocar de podredumbre que nos entrega Baytelman, se desprende al final un como rayo de pura luz. Dirá –alcanzando la mayor altura […] de su obra-:




“…un día llegaremos
con estos mismos ojos
y este canto rebelde
a cosechar la siembra
que brota de los labios
floreciendo…”


Y nos deja en las parcelas interiores una sensación de descanso y de tranquilidad.

Santiago, septiembre de 1947.
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(1) Se refiere el autor, al utilizar este “adjetivo”, a la poesía del escritor nacido en Ucrania Hayim Nahman Bialik. (N. del ed.)







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