miércoles, 28 de mayo de 2014

JUAN CRUZ HERRADOR [11.841]


Juan Cruz Herrador

Abogado y escritor . 23/03/1988.
Provincia de Córdoba, Argentina. Actualmente, columnista de Política Internacional en:
   www.cordobatimes.com  
(Portal Digital de Noticias de Córdoba, Argentina) y columnista de Arte y Literatura en Accesoglobal.info (Primer Medio de Comunicación Digital con Financiamiento Colectivo de América Latina).




UNO

Nuestros recuerdos no compartidos,
íntimos; son esos quienes regresan
a nuestra memoria en tardes grises.
Nos apremian de soledad
y nos inducen en lo trágico de la existencia,
 el tiempo.
Verdades que perecieron,
vividas y ciertas entonces,
para no haber jamás existido.
En vano intento evocar,
la veracidad de los hechos,
la aurora de mi vida fue
como hoy la recuerdo.
Las mañanas en Leartes,
la voz de mi madre y el amor de Azul
morirán conmigo cuando yo muera.





FE

Bebí de la párvula soberbia, 
sentencié con severidad excesiva tu sabiduría y
arremetí la improvisación de notas para un treno
que ante ti entonaría.
Tal vez me urgió 
la sed de los días del fútil caminar
como peregrino errante que en aguas 
busca saciar.






CONTIENDA

Se rinde el día,
huye a lo lejos ya,
por últimos horizontes.
Desvaneciendo,
deja entrever
brumas violetas,
la insignia triunfante
del último abatido.
Con él descienden
las acólitas figuras
del amanecer,
el bálsamo cantar
de la calandria,
el pesar del intervalo véspero.
El día se ha perdido
y los ojos de los caminantes lo buscan.
Vence la ubicua sombra
entre sueños y redadas,
indolente al paso
cubre con sus profusos brazos
el rostro eterno de las cosas.
Yo, que prodigué
laberintos de soledades,
aguardo entre el álgido
hierro de sus muros,
la incesante victoria.






TESTIGO

Las ventanas esperan,
 del derramado óleo 
que desliza sobre el lienzo, 
la leve forma de una figura.
Filtran a través de la textura del cristal,
reflejos del calmo atardecer. 
La sala esta vacía,
el impasible mármol ladera 
el caoba de los muebles y
 la quietud de los retratos 
acusan cierta lejanía,
retienen en aquel silencio, 
la soledad.
Sereno el áureo declina,
El día se consume en su propia luz, 
mientras yo aguardo el cielo crepuscular,
aguardo, la otra caricia del pincel.





A

Una mañana estival
en un jardín de blancos lirios
nos abandonamos de confianza
entre la prisa y el delirio.

Aguarda por las tardes, 
entre las hojas de un poema,
indiferente y desolado,
un pétalo de tu azucena.

Todas estas cosas no son
mas que desvarío solitario; 
que labra y desata en los sueños, 
el arte de lo imaginario.

Mas llega ya la noche,
Y la soledad me lleva consigo
Al desconcierto de las horas
Al saberme no merecido.





JUVENTUD

¡Escuchad el son de las campanas!
¡Os traen el nuevo día!
¡Todo crece y se enamora!
¡Oh, las aves coronan con laureles tu alma, y el sol
corre detrás de ti!
¡Escuchad! ¡Despliegan el sonido primigenio!
¡Oh, cuanta belleza fiada!
La brisa viste de presagio y en su mano deja caer arena frente a ti,
lentamente, aún lo ignoras.
Preguntaré: ¡Aventurero!
¿Queréis saciar el espíritu en aquella fuente?
Entonces diré:
¡Mirad tu semblante en el agua y no olvides,
jamás reflejará tu rostro más joven!






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