lunes, 19 de mayo de 2014

ESCILDA GREVE [11.739]


Escilda Greve

Escilda Greve (Arica, CHILE   1906 – Santiago, 1990). Poeta. Publicó diez libros de poesía. Entre los que destacan “Guijarros de color” (1942), “Espejos en el aire” (1960) e “Imán verde” (1964). Escribió dos novelas: “Ella” y “Entre sollozos”. Su último libro publicado fue “Tres mujeres en la poesía chilena” (1983). Fuente: “Remembranzas de una mujer nada de tonta”.




MULTITUDES 

Eran las diez en los relojes
de las constelaciones ignoradas
y en el revés del tiempo
fluían sombras devorantes
llevando la dulzura ametrallada
de penetrante mordedura.

Eran las diez en punto y el mundo andaba ausente
con sus astros, sus mares,
y con sus multitudes
tratando de lavar la sangre de la historia.

Cuando estaban sin vida sobre su propia vida,
cuando estaban crecidos del odio bajo su odio
cuando tenían lástima de su yo junto al llanto.

Cuando sentían sed, cuando acosaba el frío,
cuando el horror tomara como albergue sus ojos,
supieron que no estaban nacidos, sino armados.

Siendo las diez, el temporal rompió la esfera
de todos los relojes, para esconder la angustia
y en el revés del tiempo, las sombras se esfumaron.




Almas al desnudo
Autor: Escilda Greve
Santiago de Chile: Cóndor, 1948


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1948-11-28. AUTOR: MISAEL CORREA PASTENE
Los poemas de Escilda Greve, “Almas al desnudo”, no entran en esa vorágine en que se ahogan la razón y el idioma. Su modernismo está en el lirismo reconcentrado, ensimismado, que hurga en las entretelas del corazón, ajena al mundo y borda sus sueños, sus ansias, sus recuerdos, y sufre el influjo del lirismo de hoy que busca la expresión enérgica en el atisbo de una imagen sugerente, apenas insinuada. Pero, Escilda Greve escribe aún en el idioma que hablamos y entendemos:



“Me retuerzo, me enrosco, me asimilo a un deseo,
triturando los huesos del corcel de mi ensueño;
me deslizo en la vida como sombra en las sombras,
y me arrastro en la tierra reteniendo el aliento.
Me golpean las sienes con rencor las ideas,
me martillan las venas los espasmos del vértigo;
y abrazada frenética a un anhelo imposible,
me pregunto amargada, ¿para qué estoy viviendo?”



Esto está dicho en cristiano, Escilda Greve ahonda en la sensación de la vida con el alma y el estilo de una persona que vive, recuerda, añora y espera, aun cuando la silueta fugitiva de la muerte pasa ante ella:



“Yo siento que me llamas con tus manos de garfios.
Yo siento que me miras con las cuencas vacías;
y ya crujen mis huesos entre tus brazos ávidos
y a tu fría caricia se estremecen mis nervios”.



Así, con frase clara y con hondo sentir se expresa en las veinte composiciones, generalmente breves, que componen el libro de sus poemas. Su musa es melancólica, pero esperanzada. Si en los “Muelles del silencio” recuerda las larvas que gestan en la tierra, dirá:



“¿Qué importa que en sus ojos no vibre la armonía
si hay dos alas viscosas que asomaran un día?
Y estas son los dictados del cosmos imponente:
la plenitud del fuego las cenizas dormidas;
las heridas que sangran, cicatrices de olvido:
los amores que duelen, por otro amor perdidos”.




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