domingo, 18 de mayo de 2014

CLEMENTE ANDRADE MARCHANT [11.727]

Clemente Andrade Marchant


Clemente Andrade Marchant

Chile (1905 - ¿?)
Clemente Andrade Marchant. Poeta vanguardista. Perteneció al "Runrunismo".   Su primer libro se tituló "Un montón de pájaros de humo".



MUELLE NÓRDICO

poetas de rodillas
                        las palabras
                                    cayeron fatigadas
las grúas sin laderas
                        estiran su entusiasmo
hasta los cerrojos de las nubes

LA SOMBRA TIENE MARCOS DE PUÑALES
cuanto ruido
            amarra los alambres en mis ojos
el muelle abandonado
iza banderas enlutadas en mi canto
pescadores silenciosos
            tienden hacia la noche
redes de niebla para cazar estrellas
en las sombras
            todos los barcos llenos de fantasmas
siguen al SOL
            que ha arriado su bandera
y los faros
            destrenzan insomnios
por las aguas

LA VELETA PEINA LA CABELLERA SILBADORA
DE LOS VIENTOS NÁUFRAGOS DEL NORTE



LA HORA DE LOS SAPOS

En el horizonte ardiendo las sombras
forjaron una espada
para decapitar el sol
la noche
agrietó su muralla
de luz
los sapos con su canto
atrajeron estrellas
hasta hacerlas caer
en los charcos.





Un montón de pájaros de humo
Autor: Clemente Andrade Marchant
Santiago de Chile: Run Run, 1928

CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1928-10-14. AUTOR: ALONE
Recibimos hace tiempo un “cartel run-rúnico”, manifiesto de una escuela literaria nueva, recién creada en Chile; estaba impreso en género de hilo blanco y no decía nada. Nosotros tampoco dijimos nada. ¿Y cómo hacerlo? En cambio, hoy nos llega este “Montón de pájaros de humo”, publicado por la editorial Run-Run y firmado por uno de los manifestantes del cartel, y ahora sí que no encontramos ninguna dificultad para hablar; porque dice algo y, aun, dice mucho…

Dice, desde luego, que existe un poeta más.

Un poeta juvenil, alegre y malicioso, con fina sensibilidad, sutil ingenio, don de imágenes vivas, inesperadas, que saltan a reunirse desde los cuatro puntos cardinales y forman una ronda endemoniada, una legítima fiesta de la primavera alrededor del planeta.

Clemente Andrade Marchant. He aquí un nombre que ya no olvidaremos y que se destaca de la turba terriblemente pareja, empeñada en sobresalir y saltar de su círculo.

Clemente Andrade tiene visión propia: ha subido al San Cristóbal y ha visto:



“Dromedario arrodillado
esperando que pase
este huracán de casas y de hombres
en tus faldas de abuelo
se ríen los micos del Zoo
de los otros
que bailan en el Roof
sobre tu cabellera verde”.



Ha pasado por el centro de la ciudad y ha visto:



“En la victrola de la Plaza
giran dos discos de sexos”.



Con esta imaginación lista (¡y cuánto bien hace poder hablar de escritores chilenos que no se limitan a observar la realidad y copiarla, como Ud., como yo, como cualquiera!); con esta imaginación rápida y embrujadora, el poeta sale fácilmente de la ciudad, del país, del continente.



“Fumo y de mi pipa
desembarcan negros de la Habana
un sindicato yank
estucará la gran muralla china
para hacerla pista de bicicletas
en París
la tour Eifell
dirige el tránsito de EUROPA
de paso por NEW YORK
con cinco rasca-cielos
se puede jugar al “cacho”.

EN EGIPTO
   LAS PIRÁMIDES
AMAMANTAN EL CIELO

ahora
frente a la torre de PISA
le grito militarmente

ATENCIÓN
FIR…!!”




Por primera vez no querríamos que todo esto se redujera a las formas tradicionales, tomara ritmo y entonara el canto de la rima; está bien así, se ve que ha nacido así, descoyuntado, caprichoso, sin darse importancia, haciendo piruetas naturales en el papel. Toda traba de métrica regular le quitaría agilidad y le apagaría la gracia de sus movimientos libres. El traje, por lo demás, es bastante amplio para adoptar todas las líneas y hasta insinuar una actitud casi romántica; el puro ingenio fantástico lleva al poeta, que es realmente poeta, hasta el linde mismo de la emoción más sencilla.

Clemente Andrade ha pasado por el campo y no solo ha visto; ha sentido, también, un poco y lo expresa levemente:



“en un remolino
toca un disco el viento
para que bailen las hojas secas
mientras la chimenea de la trilladora
eleva un montón de
Pájaros de humo”.

Bautizo rural, inteligible y pintoresco, lleno de una gracia propia.

Luego, otras sensaciones campestres, dadas con extrema livianura:




“los álamos
en filas
escuchan a los sapos
conferencias
sobre el atardecer
…y allá
en la pizarra de la carretera
dibujó herraduras
un
g a l o p e
l e n t o”.




Aquí hay música, melodía aérea, de la más fina; hay ojo que ha visto, y oído que ha escuchado ¡sin pesadez!



“los sapos
con su canto
atrajeron estrellas
hasta hacerlas caer
en los charcos…”




Cuando se dice que en Chile falta imaginación y sobran apuntes tomados de la realidad, que nuestra literatura necesita alas, no ruedas de carreta, un necio grave y de mala fe repite, desolado: ¡Cómo atacan a Mariano Latorre! Mariano Latorre no necesita esa defensa ofensiva. Tiene su género que agrada a unos y no complace enteramente a otros; tiene su público, sus admiradores y sus no admiradores; además de él, la literatura chilena existe, hay otros literatos y hay una tendencia dominante, mejor diríamos, aplastante, que le impide levantarse de la tierra para tomar su puesto junto a las demás. Ahora nos vamos libertando; unas tras otras surgen obras en que el principal elemento artístico, la divina fantasía, aparece y se alza del ras del suelo “como un montón de pájaros de humo”. Celebrémoslo y no queramos que esas aves de capricho y de juventud vuelvan pesadamente a caer, cargadas de pequeñeces personales, de largos detalles minuciosos, de anotaciones mezquinas, sin alegría.




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