miércoles, 9 de abril de 2014

ANNABELL MANJARRÉS FREYLE [11.502]


Annabell Manjarrés Freyle

Nació el 8 de octubre de 1985 en Santa Marta, Colombia. 
Comunicadora Social y Periodista egresada de la Universidad Sergio Arboleda seccional Santa Marta.  Se ha desempeñado como gestora cultural y Jefe de Prensa en varias instituciones. Actualmente, es reportera de la sección cultural del periódico Hoy Diario del Magdalena y coordinadora periodística de la revista dominical Macondo. También dicta talleres de Escritura Creativa. Posee dos poemarios inéditos ‘El Espejo Lunar Blanco’ y ´Óleo de una Mujer acosada por el tiempo’. Este último trabajo fue merecedor del primer lugar en el Concurso de Poesía y Cuento Joven 2013 de la Gobernación del Magdalena. En el mismo concurso, su cuento: ‘La Calle de las Guacamayas’, ocupó el segundo lugar.



Que me desgarre un ave 

A mi ángel 

Es preferible que me desgarre un ave, 
A que manos callosas solo 
busquen moldear mi forma. 
Que me desgarre un ave hasta sangrar, 
Y así ver el río púrpura que circula en mi interior. 
Que sus garras sean tan cristalinas como un grito iracundo, 
Y que en la profundidad de sus ojos 
posea el misterio de la creación. 
Que me desgarre un ave de plumas negras y reflejos violetas, 
Para que otorgue la forma original 
A este fondo inacabado. 





Premonición 

Incluso antes de esta historia 
De copas y espadas 
Anudada en mi garganta. 
En esos tiempos 
En el que parecíamos 
Ejemplo del amor 
Encarnado en la tierra. 
Yo, como Casandra 
En quien jamás creíste, 
Ya escribía poemas de desamor. 





El sonido del Viento 

El sonido del viento son las hojas secas 
Y aquel coro de ánimas que se escapa 
Por las grietas de las ventanas. 
¿Qué sería del libre sonido del viento sin obstáculos? 
Tal vez una quimera de sorda quietud. 






Autorretrato 

Soy el dedo que me señala, 
La que de las sombras 
Iluminada brota. 

Todo me atraviesa 
El agua, la luz, el viento, 
La esperanza, 
Mi hombre, 
Los sentimientos más oscuros 
Y los más clementes. 

Me voy con los días de silencio 
Y me quedo en ellos, 
Abrazo las espaldas de quienes 
Me las dan, 
Obligo a los parques 
a sacarme de la rutina 
Y es mi pelo la hierba herida 
Que pronuncia mi nombre. 

Voy a tientas tocando cuerpos 
De hombres y mujeres, 
Voy abanicándome 
Con mis soberanos matices. 

Y me lanzo. 
Óyeme como caigo 
de mis falsas ilusiones 
Junto a ese otro que 
me enseñó a volar. 







Sueños de neón 

Es el momento en el que la 
Palabrería pasada 
Tiene la forma 
De lo que ahora se es, 
El momento del espionaje, 
El camino bifurcado, 
La gran elección de los 
Veinticinco años. 

Es el acantilado bajo mis pies 
O las gavinas en el cielo. 
Son los delfines cruzando océanos 
O los relámpagos 
Encandilando los sueños. 

Es el momento de partir 
Y saludar al mismo mar 
En otra playa. 

¡Oh, dioses de tantas creencias! 
Cuando mis pies sientan 
El agua salada 
Me acostumbraré a decir 
Que la tierra 
Es mi habitación. 





Caballero de espadas

El debe tener el corazón roto
y helado de tanta lluvia…
Alguien tuvo que abrir la puerta misteriosa
y robar sus tesoros

“Ya no quiero volver a verla”,
decía entre dientes
Y mordiendo las palabras
se le agotó la mirada gélida

En la tierra, todos lo empezaron a ver
como el más común de los hombres
y tuvo que volver al mar
para arrojar sus escudos quebrados

“Sólo soy un hombre”, repetía
y mientras murmuraba
se sintió como ese recuerdo ridículo
de una mujer que lo amó.

Para el mar…
qué insignificante
resultaba su tragedia.





Último vuelo

A pesar del páramo
me suda todo.
Tengo un efecto moreno
en la transpiración.
Soy una silueta sin contorno que llora al mar
por todos lados.

No he visto a Bogotá con ojos
de palmera dorada,
el viento enamorado
puede estar rumorando
en Santa Marta
o en algún sueño doloroso
y recurrente.

Mi soledad es sólo de dos horas
en el aeropuerto. Sin dramas.
Mi pecho se oprime
intentando abrazarse a sí mismo.

Por mi parte ya me desvestí en esta ciudad de parabrisas
y ahora me arropo
con un escándalo de arena que traje,
desprevenida,
en mis zapatos;

con un acento que desentona al parafraseo
de las nubes que me acechan,
y estos ojos que ahora miran
distinto al rostro.

Cálida por dentro
y sin las mismas células que me conformaron
hace más de tres años,
descanso arropada sin misterios
y sin las nostalgias
de una letra capital
iniciando
mis más incisivos
recuerdos.





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