lunes, 31 de marzo de 2014

ALEJANDRO LORENZO [11.397]

7499.jpg


Alejandro Lorenzo 

La Habana, Cuba 1953
Cursó estudios de pintura en la Escuela de Arte San Alejandro, La Habana. 
Reside en Estados Unidos desde 1993. Trabajó como critico literario durante 3 años en la sección cultural de El Nuevo Herald, edición en Español del The Miami Herald. Ha sido editor del libro del dramaturgo cubano Rene Ariza, Cuentos Breves y Brevísimos. Ediciones Universal, 1998. 

Obras Publicadas:

La Cuerda Rota (Poesía) Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1991. 
Cuentos de Mateo ( Narrativa e Ilustraciones) Editorial Diferentes, Baja California, Mexico, 1992. 
La Piedra del Cielo ( Poesía) Colección La Torre de Papel, Coral Gables, Florida. 
Antes y Después del Mar (Poesía) Colección Opus, La Torre de Papel, 1999. Coral Gables, Florida. 
Mateo Progress/Jornadas de Mateo.2004 Editorial PurePlay Press. L.A. Cuentos ilustrados por el autor. 

Antologías:

Narrativa Cubana. R. Miyares. Ediciones Universal 1995 
Reunión de Ausentes. Antología de poetas cubanos en el exilio Editorial Término. 
Ha publicado poesía, narrativa, y critica literaria en revistas y periódicos de Estados Unidos y Europa.Destacamos: Linden Lane Magazine, Barquiana, y Éxito,Catalogo de Letras, Revista Hispano -Cubana, entre otras. 







EL ARREPENTIMIENTO 


Ciertos hombres tienen en lo profundo una bestia 
que los despierta en medio de la noche. 
Un buitre gestado en la oscuridad 
que se posa sobre el alero de su cama.
Serpiente que silba muy próxima a sus oídos.
Sombra de paso altivo 
que trata de enloquecerlo 
con fantasmales canciones. 

El Capitán decidió acudir a un templo 
porque ya no tenía ningún recurso 
que detuvieran aquellas malas visiones 
que se repetían cada noche. 
Para esa fecha Dios 
había dejado de ser un peligro, 
y antes de ir, 
el gendarme destruyó todas las condecoraciones 
que en tiempos pasados 
sus superiores le habían obsequiado. 
Sentía que con ese acto se deshacía 
para siempre de su pasado 
y desmontaba al gendarme inexorable, 
al interrogador que aplicaba a sus cautivos, 
con extrema precisión: 
El acoso,la humillación y las más variadas torturas. 

Las terribles visiones consistían 
en unos perros listos a saltar sobre él, 
unos perros color almendra, 
que querían comerle los ojos 
y que siempre iban acompañados de una muchacha, 
que en su juventud, 
pretendió ser duena dueña de su vida 
y él le colgó su corazón, 
como un carnicero lo hace 
con un pedazo de carne. 
La muchacha hacía mucho 
había dejado de existir 
y el Capitán llego a creer 
que ella desde el otro mundo, 
esperó su vejez y el asomo 
de los primeros remordimientos para vengarse. 

La muchacha resonaba dentro de su memoria 
como un tambor de infantería. 
Ella, solo ella y aquellos perros color almendra. 

El Capitán caminó por los pasillos del templo, 
luego fue a parar a una extensa huerta. 
Tomó asiento en una banca y esperó. 
Un fraile fue a su encuentro. 
Y el Capitán al verlo le dijo: 
¿Qué debo hacer? 
Siempre creí haber sido un ciudadano ejemplar. 
Es cierto que nunca dude 
con acabar con los que estaba convencido 
eran los enemigos del pueblo. 
¿Pero quién en un tiempo no lo hizo? 
¿Quién no fue un provocador, un confidente, 
uno de los tantos percusionista de esa gran orquesta 
que marchaba enceguecida hacia el abismo? 
Hoy mis amigos y hasta mi propia familia 
se averguenza de mi, 
diría que prefieren que hubiera muerto. 
Y para colmo, como en un ajuste de cuentas, 
vienen esas sombras. 

"No te desesperes" ,le aconsejo el fraile. 
"Contempla este campo y al sauce que tienes frente a ti 
Ese árbol nació y creció para cuando llegara 
en tu vida este momento. 
Recuesta tu cuerpo en su tronco 
y enlazate a su sombra. 
El te dará calor como si fueras tocado 
por la punta de una estrella. 
Bajo sus ramas y con la brisa 
que traza la tierra cuando respira, 
se desvanecerán las apariciones". 

El Capitán acató la sugerencia. 

¿Acaso este es el final en la historia de un verdugo? 
¿Podrá un campo y un sauce borrar toda la soberbia 
que habitaba en un hombre? 
¿Un campo y un sauce? ¿Tan solo eso? 


alejandrolorenzo1.jpg




DESDE LA TERRAZA 

Una vez vi a un grupo de estudiantes 
apedrear a su profesor. 
El hombre en el suelo los miraba 
como si lo que estaban haciendo 
aquellos muchachos no fuera cierto, 
luego clavó su mirada 
en la estatua de un héroe 
que mesiánico parecía distinguir 
en el horizonte nuevas batallas. 
No pude hacer nada por aquel hombre. 
Miedo, instinto de conservación, no lo sé. 
En otra ocasión, desde un tren en marcha, 
contemplé aterrado como unos cadetes 
aplastaban con sus botas 
el rostro de un muchacho indígena. 
Tampoco hice nada. Ni un comentario, 
ni tan siquiera una mirada de desagrado 
al compañero de viaje 
que también fue testigo de aquel acto salvaje. 

Ha pasado el tiempo de aquellos hechos 
y a veces pienso que la barbarie 
en la esencia de muchos hombres 
poco ha cambiado. 

En la terraza mi mujer toma el sol 
y oye la canción de un trovador de moda. 
A veces en esos días de reposo 
desearía trasmitirle sobre esa parte oscura 
que siempre ha transportado consigo la humanidad 
y que tanto me inquieta y me arranca el sueño. 
Pero al final solo le sugiero, con cierta cautela, 
el valor que tiene lo insignificante. 
Le propongo, incluso, como alternativa, 
vivir en un lugar anónimo y salvaje, 
lejos de esos grandes proyectos 
que en definitiva nos hacen cómplices. 
Pero ella no parece entender de qué hablo, 
me mira por un momento sorprendida 
y luego, indiferente, 
continúa con su baño de sol. 
Entonces no me cabe otra alternativa 
que imaginarme la vida en ese mítico paraje. 
Solo, desnudo, 
escuchando el lento chapoteo de una garza 
dentro de la rústica caja de agua. 
Y el aleteo del murciélago 
que cegado por el resplandor de una lámpara 
rompe de imprevisto la maleza 
que oculta su guarida 
e inevitablemente encuentra en su vuelo 
los designios misteriosos que tiende la noche. 








PAPELES EN LA BOCA 

a María Elena Cruz Varela 

Hubiera preferido ser acróbata 
en un circo de provincia. 
Un jardinero sin dientes 
de esos que salen 
en los documentales nacionales 
y cuando se le pregunta 
acerca de la guerra o la paz 
no sabe qué responder. 
Hubiera querido ser cualquier cosa 
antes de continuar 
con la mansedumbre y los aplausos. 
Por eso me fui de aquel banquete, 
no quería estar al lado 
de aquellos fabricantes de sospechas. 
Me dolía vivir, aun me duele vivir. 
No estoy preparado para llevar en la mano 
un sable y una mordaza, no, todavia no. 
Cuando repaso la historia de aquella mujer 
llego a la conclusión 
que cualquiera que haga una propuesta 
mas allá de los parámetros instaurados 
recibirá como recompensa una perfecta soledad. 
Y un buen dia las turbas hasta  le cortarán la espalda 
para que no pueda estar erguido, 
Le obligarán a tragar uno por uno sus papeles. 
Los que están en blanco y los que están escritos, 
los que cuidó con esmero 
y  aquellos que revelaban el testimonio 
de propias y ajenas crucifixiones. 
"Sí, ese que escribe  en silencio
y busca oscuras argumentaciones
contra el gran proyecto, es piligroso",- 
Acusan  esos jóvenes vigorosos
que estrechan el cerco 
y hacen retumbar sus tambores-. 
"Tragate tus papeles" vociferarán, "si trágatelos hasta que revientes". 









CORONAS DE RAMAS 

Las he visto en los cuatro puntos cardinales 
paradas en atención como si esperaran a Dios. 
He hurgado con pasión sus cuerpos, 
y he aprendido a diferenciarlas. 
He medido la intensidad de cada uno de sus delirios 
y estos me han ayudado a volver sonreír. 
He sido si se quiere con esas criaturas 
como el coleccionista 
obsesionado por la posibilidad 
de que ciertas mariposas y otros insectos exóticos 
que les falta por clasificar, 
estén a punto de desaparecer. 
Las he visto de todas las edades, 
frente a monumentos y jardines públicos, 
haciendo señas, moviendo sus caderas, 
saltando de esas limusinas 
que parecen blancos sarcófagos. 
He conversado con sus hijos 
que ellas amamantaron 
en el cuarto lóbrego de ciertos bares. 
He compartido con sus protectores, 
los que saben donde están 
las que llevan espléndidos atuendos 
y hacen un buen trabajo, si les regalas nardos, 
que luego, sentimentales y coquetas, 
colocan a la orilla de sus lechos. 

Sin embargo, hay una puta 
que no puedo dejar de olvidar. 
Es tan solo una imagen, solo eso. 
La recuerdo sentada 
en el rojo tejar de mi antigua casa, 
delicada como la cúpula barroca de una iglesia. 
Con una copa de vino húngaro en la mano, 
y una sonrisa incomparablemente limpia 
que me convocaba a ofrendarle todas mis canciones. 



alejandrolorenzo2.jpg




AL OTRO LADO DEL MUNDO 

Hemos arribado tarde a la otra orilla, 
hemos vuelto a nacer 
cuando la mayoría no quería 
que hubiéramos nacido. 
El débil y el fuerte, sobre este inmeso silencio, 
no saben como enfrentar 
tanta tierra por delante. 
El trompetista que confesó 
haber sido un delator 
espera nuevos aplausos. 
La actriz fugitiva,sin perspectivas de aparecer 
en un nuevo escenario presiente 
que ya nadie va admirar 
la fragancia de sus piernas. 
Y en una casita pobre del Oeste, 
se limita  ahora a remendar lo que ha quedado 
de sus tantos disfraces, 

Hemos quedado atrapados en otro castillo 
bajo el asecho de nuevas cámaras 
que detectan hasta la rebeldía de un ciervo. 

Qué ha quedado de mí en esta travesía. 
Quizás la satisfacción de saber 
que ha estallado la nave que parecía inmortal 
o la tristeza de enterarme 
que los queridos balcones de mi ciudad 
yacen en el suelo. 

A veces me preocupa lo que he dejado atrás, 
el destino del que todavía 
yace atrapado entre las cercas. 
Pero también pienso,como consuelo, 
que ningún encantamiento 
puede modificar lo que ya ha sucedido. 
Me digo a mí mismo: 
Quien extravió sus mejores versos 
tendrá que escribir otros 
aunque su propia sombra 
sea quien los lea. 
El hombre que  abandonó su casa, 
la piedra, el árbol de la infancia 
y la ilusión secreta de una tarde, 
solo le queda cuidar la barca 
que una vez lo transportó 
y restaurar, si quiere sobrevivir, 
lo que aun queda de sus manos laboriosas. 

¿Qué es el porvenir para ese hombre 
que le prohibieron ver enterrar a sus muertos? 
¿Qué significa para aquel muchacho de boina y zandalias
que en una madrugada, 
su lengua, su única lengua, clavaron en un muro?. 
¿Qué atroz precio posee esa palabra para quienes 
sus manos fueron encadenadas 
a la mesa de algún funcionario menor, 
con el animo de que no volvieran 
acariciar un verso peligroso, 
uno de esos profundos versos 
que siempre retornan a la memoria y nos despiertan?. 





II 

Acercate mas, 
y dime como fueron las últimas noches 
en aquella ínsula, 
a cuantos amigos perdiste 
y cuantos ahora son irreconocibles. 
Acercate, porque hay palabras 
que deben todavía ser dichas en tono bajo, 
como si se le hablara a un padre ya anciano 
y lleno de malos recuerdos. 
Acercate mas, que tu boca roce mi oreja, 
para que lo que digas 
no se evapore y entre en mi corazón 
como quien sigiloso anda 
por ese riachuelo que separa la vida de la muerte.





III

El viejo soldado camina cuadras y cuadras con un rifle de palo en sus brazos.
Los generales ya no lo convocaran a participar en nuevas batallas,
ni le dirán :Derrama tu sangre por nuestra causa, hijo,
entrega tus días, la casa de adobe, el jardín donde una mañana
cuando eras joven y salvaje sembraste cerezos.
Hoy ese combatiente es una sigla en el libro de las expediciones.
 un tipo con un par de medallas  en el pecho que se pierde y reaparece
Que cruza las fronteras  
y en los parques de las grandes ciudades 
 siempre con su rifle de palo, apunta y dispara. 
Porque sumido en  delirios,
imagina que los árboles y los niños  
son la  tropa enemiga que todavía  lo asedia.
El viejo soldado con los ojos desorbitados
va en busca de alguien que lo reconozca o le recuerde que una vez fue un héroe. 
Pólvora, metralla, es su mundo.
Apenas habla, y cuando lo hace susurra
sobre la ultima  montaña de soldados mutilados
que vio en una pradera.
Ese es su mundo,su único mundo posible
la del  viejo soldado que se ha extraviado en la peor de las derrotas,
estar muerto sin saberlo.






EL ARREPENTIMIENTO 

Ciertos hombres tienen en lo profundo una bestia 
que los despierta en medio de la noche. 
Un buitre gestado en la oscuridad 
que se posa sobre el alero de su cama.
Serpiente que silba muy próxima a sus oídos.
Sombra de paso altivo 
que trata de enloquecerlo 
con fantasmales canciones. 

El Capitán decidió acudir a un templo 
porque ya no tenía ningún recurso 
que detuvieran aquellas malas visiones 
que se repetían cada noche. 
Para esa fecha Dios 
había dejado de ser un peligro, 
y antes de ir, 
el gendarme destruyó todas las condecoraciones 
que en tiempos pasados 
sus superiores le habían obsequiado. 
Sentía que con ese acto se deshacía 
para siempre de su pasado 
y desmontaba al gendarme inexorable, 
al interrogador que aplicaba a sus cautivos, 
con extrema precisión: 
El acoso,la humillación y las más variadas torturas. 

Las terribles visiones consistían 
en unos perros listos a saltar sobre él, 
unos perros color almendra, 
que querían comerle los ojos 
y que siempre iban acompañados de una muchacha, 
que en su juventud, 
pretendió ser duena dueña de su vida 
y él le colgó su corazón, 
como un carnicero lo hace 
con un pedazo de carne. 
La muchacha hacía mucho 
había dejado de existir 
y el Capitán llego a creer 
que ella desde el otro mundo, 
esperó su vejez y el asomo 
de los primeros remordimientos para vengarse. 

La muchacha resonaba dentro de su memoria 
como un tambor de infantería. 
Ella, solo ella y aquellos perros color almendra. 

El Capitán caminó por los pasillos del templo, 
luego fue a parar a una extensa huerta. 
Tomó asiento en una banca y esperó. 
Un fraile fue a su encuentro. 
Y el Capitán al verlo le dijo: 
¿Qué debo hacer? 
Siempre creí haber sido un ciudadano ejemplar. 
Es cierto que nunca dude 
con acabar con los que estaba convencido 
eran los enemigos del pueblo. 
¿Pero quién en un tiempo no lo hizo? 
¿Quién no fue un provocador, un confidente, 
uno de los tantos percusionista de esa gran orquesta 
que marchaba enceguecida hacia el abismo? 
Hoy mis amigos y hasta mi propia familia 
se averguenza de mi, 
diría que prefieren que hubiera muerto. 
Y para colmo, como en un ajuste de cuentas, 
vienen esas sombras. 

"No te desesperes" ,le aconsejo el fraile. 
"Contempla este campo y al sauce que tienes frente a ti 
Ese árbol nació y creció para cuando llegara 
en tu vida este momento. 
Recuesta tu cuerpo en su tronco 
y enlazate a su sombra. 
El te dará calor como si fueras tocado 
por la punta de una estrella. 
Bajo sus ramas y con la brisa 
que traza la tierra cuando respira, 
se desvanecerán las apariciones". 

El Capitán acató la sugerencia. 

¿Acaso este es el final en la historia de un verdugo? 
¿Podrá un campo y un sauce borrar toda la soberbia 
que habitaba en un hombre? 
¿Un campo y un sauce? ¿Tan solo eso? 







DESDE LA TERRAZA 

Una vez vi a un grupo de estudiantes 
apedrear a su profesor. 
El hombre en el suelo los miraba 
como si lo que estaban haciendo 
aquellos muchachos no fuera cierto, 
luego clavó su mirada 
en la estatua de un héroe 
que mesiánico parecía distinguir 
en el horizonte nuevas batallas. 
No pude hacer nada por aquel hombre. 
Miedo, instinto de conservación, no lo sé. 
En otra ocasión, desde un tren en marcha, 
contemplé aterrado como unos cadetes 
aplastaban con sus botas 
el rostro de un muchacho indígena. 
Tampoco hice nada. Ni un comentario, 
ni tan siquiera una mirada de desagrado 
al compañero de viaje 
que también fue testigo de aquel acto salvaje. 

Ha pasado el tiempo de aquellos hechos 
y a veces pienso que la barbarie 
en la esencia de muchos hombres 
poco ha cambiado. 

En la terraza mi mujer toma el sol 
y oye la canción de un trovador de moda. 
A veces en esos días de reposo 
desearía trasmitirle sobre esa parte oscura 
que siempre ha transportado consigo la humanidad 
y que tanto me inquieta y me arranca el sueño. 
Pero al final solo le sugiero, con cierta cautela, 
el valor que tiene lo insignificante. 
Le propongo, incluso, como alternativa, 
vivir en un lugar anónimo y salvaje, 
lejos de esos grandes proyectos 
que en definitiva nos hacen cómplices. 
Pero ella no parece entender de qué hablo, 
me mira por un momento sorprendida 
y luego, indiferente, 
continúa con su baño de sol. 
Entonces no me cabe otra alternativa 
que imaginarme la vida en ese mítico paraje. 
Solo, desnudo, 
escuchando el lento chapoteo de una garza 
dentro de la rústica caja de agua. 
Y el aleteo del murciélago 
que cegado por el resplandor de una lámpara 
rompe de imprevisto la maleza 
que oculta su guarida 
e inevitablemente encuentra en su vuelo 
los designios misteriosos que tiende la noche. 







PAPELES EN LA BOCA 

a María Elena Cruz Varela 

Hubiera preferido ser acróbata 
en un circo de provincia. 
Un jardinero sin dientes 
de esos que salen 
en los documentales nacionales 
y cuando se le pregunta 
acerca de la guerra o la paz 
no sabe qué responder. 
Hubiera querido ser cualquier cosa 
antes de continuar 
con la mansedumbre y los aplausos. 
Por eso me fui de aquel banquete, 
no quería estar al lado 
de aquellos fabricantes de sospechas. 
Me dolía vivir, aun me duele vivir. 
No estoy preparado para llevar en la mano 
un sable y una mordaza, no, todavia no. 
Cuando repaso la historia de aquella mujer 
llego a la conclusión 
que cualquiera que haga una propuesta 
mas allá de los parámetros instaurados 
recibirá como recompensa una perfecta soledad. 
Y un buen dia las turbas hasta  le cortarán la espalda 
para que no pueda estar erguido, 
Le obligarán a tragar uno por uno sus papeles. 
Los que están en blanco y los que están escritos, 
los que cuidó con esmero 
y  aquellos que revelaban el testimonio 
de propias y ajenas crucifixiones. 
"Sí, ese que escribe  en silencio
y busca oscuras argumentaciones
contra el gran proyecto, es piligroso",- 
Acusan  esos jóvenes vigorosos
que estrechan el cerco 
y hacen retumbar sus tambores-. 
"Tragate tus papeles" vociferarán, "si trágatelos hasta que revientes". 







CORONAS DE RAMAS 

Las he visto en los cuatro puntos cardinales 
paradas en atención como si esperaran a Dios. 
He hurgado con pasión sus cuerpos, 
y he aprendido a diferenciarlas. 
He medido la intensidad de cada uno de sus delirios 
y estos me han ayudado a volver sonreír. 
He sido si se quiere con esas criaturas 
como el coleccionista 
obsesionado por la posibilidad 
de que ciertas mariposas y otros insectos exóticos 
que les falta por clasificar, 
estén a punto de desaparecer. 
Las he visto de todas las edades, 
frente a monumentos y jardines públicos, 
haciendo señas, moviendo sus caderas, 
saltando de esas limusinas 
que parecen blancos sarcófagos. 
He conversado con sus hijos 
que ellas amamantaron 
en el cuarto lóbrego de ciertos bares. 
He compartido con sus protectores, 
los que saben donde están 
las que llevan espléndidos atuendos 
y hacen un buen trabajo, si les regalas nardos, 
que luego, sentimentales y coquetas, 
colocan a la orilla de sus lechos. 

Sin embargo, hay una puta 
que no puedo dejar de olvidar. 
Es tan solo una imagen, solo eso. 
La recuerdo sentada 
en el rojo tejar de mi antigua casa, 
delicada como la cúpula barroca de una iglesia. 
Con una copa de vino húngaro en la mano, 
y una sonrisa incomparablemente limpia 
que me convocaba a ofrendarle todas mis canciones. 






AL OTRO LADO DEL MUNDO 

Hemos arribado tarde a la otra orilla, 
hemos vuelto a nacer 
cuando la mayoría no quería 
que hubiéramos nacido. 
El débil y el fuerte, sobre este inmeso silencio, 
no saben como enfrentar 
tanta tierra por delante. 
El trompetista que confesó 
haber sido un delator 
espera nuevos aplausos. 
La actriz fugitiva,sin perspectivas de aparecer 
en un nuevo escenario presiente 
que ya nadie va admirar 
la fragancia de sus piernas. 
Y en una casita pobre del Oeste, 
se limita  ahora a remendar lo que ha quedado 
de sus tantos disfraces, 

Hemos quedado atrapados en otro castillo 
bajo el asecho de nuevas cámaras 
que detectan hasta la rebeldía de un ciervo. 

Qué ha quedado de mí en esta travesía. 
Quizás la satisfacción de saber 
que ha estallado la nave que parecía inmortal 
o la tristeza de enterarme 
que los queridos balcones de mi ciudad 
yacen en el suelo. 

A veces me preocupa lo que he dejado atrás, 
el destino del que todavía 
yace atrapado entre las cercas. 
Pero también pienso,como consuelo, 
que ningún encantamiento 
puede modificar lo que ya ha sucedido. 
Me digo a mí mismo: 
Quien extravió sus mejores versos 
tendrá que escribir otros 
aunque su propia sombra 
sea quien los lea. 
El hombre que  abandonó su casa, 
la piedra, el árbol de la infancia 
y la ilusión secreta de una tarde, 
solo le queda cuidar la barca 
que una vez lo transportó 
y restaurar, si quiere sobrevivir, 
lo que aun queda de sus manos laboriosas. 

¿Qué es el porvenir para ese hombre 
que le prohibieron ver enterrar a sus muertos? 
¿Qué significa para aquel muchacho de boina y zandalias
que en una madrugada, 
su lengua, su única lengua, clavaron en un muro?. 
¿Qué atroz precio posee esa palabra para quienes 
sus manos fueron encadenadas 
a la mesa de algún funcionario menor, 
con el animo de que no volvieran 
acariciar un verso peligroso, 
uno de esos profundos versos 
que siempre retornan a la memoria y nos despiertan?. 



II 

Acercate mas, 
y dime como fueron las últimas noches 
en aquella ínsula, 
a cuantos amigos perdiste 
y cuantos ahora son irreconocibles. 
Acercate, porque hay palabras 
que deben todavía ser dichas en tono bajo, 
como si se le hablara a un padre ya anciano 
y lleno de malos recuerdos. 
Acercate mas, que tu boca roce mi oreja, 
para que lo que digas 
no se evapore y entre en mi corazón 
como quien sigiloso anda 
por ese riachuelo que separa la vida de la muerte.



III

El viejo soldado camina cuadras y cuadras con un rifle de palo en sus brazos.
Los generales ya no lo convocaran a participar en nuevas batallas,
ni le dirán :Derrama tu sangre por nuestra causa, hijo,
entrega tus días, la casa de adobe, el jardín donde una mañana
cuando eras joven y salvaje sembraste cerezos.
Hoy ese combatiente es una sigla en el libro de las expediciones.
 un tipo con un par de medallas  en el pecho que se pierde y reaparece
Que cruza las fronteras  
y en los parques de las grandes ciudades 
 siempre con su rifle de palo, apunta y dispara. 
Porque sumido en  delirios,
imagina que los árboles y los niños  
son la  tropa enemiga que todavía  lo asedia.
El viejo soldado con los ojos desorbitados
va en busca de alguien que lo reconozca o le recuerde que una vez fue un héroe. 
Pólvora, metralla, es su mundo.
Apenas habla, y cuando lo hace susurra
sobre la ultima  montaña de soldados mutilados
que vio en una pradera.
Ese es su mundo,su único mundo posible
la del  viejo soldado que se ha extraviado en la peor de las derrotas,
estar muerto sin saberlo.






CORRESPONDENCIA

Largas y tibias eran las piernas de nuestro amor. Negras sus trenzas que se hundían en el pasto de aquella llanura donde el ganado indomable solía correr. )Aún la recuerdas?   )Todavía logras rememorar el aroma a castaZo que nacía de su vientre? )Su lengua recorriendo mis muslos como un pincel sobre el lienzo? )La mirada serena, muy suya, adorando el punto azul de tus ojos? No sé si te ocurre lo mismo, pero en ciertas noches cuando el silencio irrumpe en la casa donde habito, me excito al pensar cuanto la amamos. 
Esto se hallaba escrito en el reverso de la foto que su cónyuge le cursó desde Paris. En sus manos se encontraba la imagen de aquella mujer esencial en el pasado de ambos. 
Posaba sentada en un banco de piedra. Una mujer algo encanecida, con un semblante melancólico o como el de una persona que algo o alguien le hubiera repentinamente anulado el resplandor de su existencia.                                                                 
La acompañaba un perrito que semejaba por su tamaño a una joya. )Quién fue el fotógrafo? )El amante de turno?  ¿Un amigo?  ¿Un transeúnte que caminaba por aquel parque y que ella le pidió de favor que la fotografiara?  Sea quien fuera el que estampó la foto, hubo de captar con exactitud el rumbo que en el presente llevaba su vida. 
En un tiempo, los tres compartieron la nausea y la gloria en una ciudad que hoy ha pasado al olvido. Como muchachos que inician el descubrimiento en el mapa de los grandes placeres, encontraron la felicidad en el cuerpo de esta mujer. Particularmente en sus redondas nalgas. Dos espejos, un par de lunas, unos círculos de nieve, siempre sobre el lecho en la espera de los tibios besos que ellos sabían ofrecerle.
Sin embargo el prisionero se sintió turbado. Por más que lo intentaba no alcanzaba a visualizar en su totalidad el rostro de aquella mujer en la época en que los tres eran jóvenes, incluso, ni de que hablaban cuando juntos iban de paseo. Ni de qué se reían, si es que en alguna ocasión hubo motivo para la risa. 
Posiblemente fueron muchas las razones por la cual él rompió aquella foto. Luego de haberlo hecho, transcurrió casi todo el día asomado a la ventana de su estrecha celda, donde lograba observar el vuelo apacible que cada otoño consuman las aves migratorias.






ESOS QUE DESCUBREN LA NOCHE

La bailarina y el poeta se dieron cuenta que las estrellas
podían ser iguales en cualquier parte.
Hay cielos grises que opacan su resplandor, es verdad,
cielos donde se puede ver el triangulo exacto de cada una,
sin llegar a enloquecer por tanta belleza amansada,
por tanta perfección del Eterno
que en un tiempo de júbilo 
las diseminó como quien tira al vacío un puñado de perlas.
Las estrellas están ahí, siempre,
como  también los animales nobles que corren por el firmamento
hasta convertirse en nubes de  fuego,
y las criaturas que una ves tuvieron vida
y hoy trazan con sus dedos el mapa de las constelaciones.

 La bailarina y el poeta huyeron de su sombría tierra
porque siempre huir fue su mejor vocación.

Cuando vivían en aquella sombría tierra
Que a veces  la añoran, que a veces quisieran tocarla,
solían cerrar las puertas y  ventanas,
para que la lava de la  insidia no entrara a su casa.
Nada de compromisos, esa era su postura, nada de palabras heroicas
que pusieran en peligro los pocos sueños guardados.
Así sobrevivieron hasta la hora de la estampida.
Ahora, a salvo, como un par de prófugos que se enfrentan al Inmenso silencio
La bailarina y el poeta
se han dado cuenta que las estrellas
como si estuvieran sometidas
a un código eternamente igualitario,
alumbran, siempre alumbran.
Tanto al hombre que no las mira
porque en su pecho yace encerrada la vileza.
Como al que viene de lejos y
transparente como un niño
goza de ese juego de luces
que perpetua la noche.


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