sábado, 15 de marzo de 2014

ALBERTO a. ARIAS [11.239]



Alberto Adrián Arias

Alberto Adrián Arias (*Argentina, 1954) es un poeta. Firma sus obras: "Alberto a. Arias"
Entre 1972 y 1977 participó en grupos teatrales y literarios. En julio-agosto de 1979 edita (con el pseudónimo Alberto Valdivia) el primer número de la revista Poddema. En ese año se forma el Grupo surrealista Signo Ascendente, que publica la revista del mismo nombre y que es uno de los primeros grupos culturales de militancia antidictatorial y de lucha por la aparición con vida de los desaparecidos en la década del ’80. En 1978 comienza el trabajo de recopilación y ordenamiento de los materiales (poemas, dibujos, etc.) del poeta Jacobo Fijman. Prepara la edición de las Obras (1923-69), de Jacobo Fijman. Ha publicado poemas y relatos en diarios y revistas, así como en plaquetas colectivas e individuales; ha participado en lecturas públicas y radiofónicas, en mesas redondas y en otros actos públicos. Entre febrero de 2001 y septiembre de 2003 publicó la columna «De poco un todo» en el mensuario Redes Norte. El 23 de junio de 2003 fundó el «Centro Jacobo Fijman (archivo, museo, casa virtual)». Realiza las publicaciones de Signos del Topo (creaciones / críticas / culturas) desde su inicio. Reúne el conjunto de su propia obra con el título general: Margen meridiano.
Libros y plaquetas publicados[editar]

Himnosis, 1 1985
Lo (19 poemas) 1987
Actas del Hoambre 1990
Primeros poemas (1974-79) 1993
Las muertes (relatos) 2003
Contra el Imperio de la Guerra 2003
Los ríos 2003
Arco voltaico y Sitio de cuatro vientos 2004
Los sueños 2006 con Luis Morado





Hirosaki, El tremendo putrema, y otros poemas

por Alberto a. Arias

Hirosaki
(ensueño antinuclear)

1.

Era la Hora de llevarse el primer pan a la boca,
era la Hora de entrar a las escuelas a reír o llorar, saber u olvidar,
era la buena Hora en que el retórico «Febo los campos dora»,
era la plena Hora de los crudos trabajos estropeantes, como premiando
       al Emperador por existir...

Ésa fue la Hora:
Ésa fue la Hora Detenida en su Reloj:
Ésa fue la Hora en que la Embajada voladora acercó su carga de oro
       desmedido:
Ésa fue la Hora en que arrojó su Huevo el Gayo Lane:
       una Bomba de todos los metales iridiscentes del universo:
       una adorada Bomba hecha toda de límpidos elementos sucios:
       una Bomba de puro dólar hiperdoloro:
       una Bomba de « ¡Hola, amigos - Mueran, perros! ».

El Gayo Lane actuó su Hora y su Momento
con suprema Ciencia
                               y con Pericia
                                                  y con Conciencia:

Y registrados quedaron para la Historia
Hora y Sitio
donde cayó su Huevo de Granmetal.


2.

Visité Hirosaki un día de otoño como en un ensueño:
décadas después del Momento aquel su viejo campanario aún
       retintineaba...
Y no era el suyo un sonido apto para oídos humanos proveniente de
       una lejana colina cavada en el suelo de piedra de un foso infinito
       harto de pelos y lenguas de donde emergía la luz vertical como un hongo:

Aquello
era el fin del Tiempo
datado en el principio de la luz.

Visité las parvas de incontados muertos hechos hálito de polvo.
Visité sus antitumbas labradas en los muros y en las sombras sin sol.
Visité a los fantasmas de los niños vagabundos entre las ruinas
       y los vi cavar con sus deditos por un mendrugo inexistente
       y los vi boquear hacia el pasado irredimible:
con los oídos manando sangre, llamaban a sus padres dibujados en el vacío.

Y a mí mismo me hallé y me vi, con los ojos vagarosos,
y era un anciano vagabundo entre los escombros, balbuceando
       «No iba a ocurrir, pero ocurrió. No debía pasar, pero pasó»...


3.


Y luego... este despertar mío, cargado de temblor y crispación...
Y esa bocina que aún emite:
«Lo/volveremos/ahacer - Lo/volveremos/ahacer - Lo/volveremos...»...
mientras despierto...

Ah, todo ha sido un sueño:
la Bomba de Hirosaki no ha ocurrido...

Sí es verdad que ocurrió en Hiroshima, en el año 45 del mil novecientos.
Y ocurrió también en Nagasaki, es verdad, apenas setenta horas después...
Y quedó registrado: Medio Millón de seres masacrados entrambas ciudades...

Ah, pero sólo en mis pesadillas
existe un sitio
llamado Hirosaki...

Claro que estos desparecidos cadáveres son Casi-Nada
ante el Número de 60.000.000 de Asesinados de las Dos Grandes Guerras...
Y es incluso Menos-Que-Nada la «Tormenta de fuego» aéreo de Entonces,
     arrasadora de Tokio y vida y natura...

Y es verdad que ocurrió, también, luego,
entre tantas horripilantes Obras otras — y a ésta la hemos Visto —
la Orgía de bombas y dioxinas y napalm sobre las landas de Vietnam...

Y es verdad verdadera — y a ésta recién la hemos Presenciado—
la Barbarie Imperial del siglo 21 sobre los montes del Líbano
     y sus repobladas neociudades arrasadas...

Todo eso es verdad, sí...
pero aún...  aún Hirosaki no ocurrió...
y mientras escribo y memoro aún Hirosaki no ocurrió...
y mientras escriba esto... Hirosaki no ocurre...
no ocurre Hirosaki... ni ocurrirá... mientras escribo...
mientras escriba y no me duerma...
y no ocurrirá...
si no me duermo...
y mientras escriba...
y memore...
y no duerma...
y si no... y si...
y no si... y no...


(set.-dic. 2006)

Posdata al poema Hirosaki:
Cuando escribí el poema «Hirosaki» no sabía que existía una ciudad japonesa con ese nombre. ¿De dónde tomé el de mi poema? De la sola idea de unir la primera parte de Hiroshima con la segunda de Nagasaki. Incluso en esos días fui, como suelo hacerlo en situaciones similares, a buscar y rebuscar en diccionarios y en la world wide web. Buscaba el significado en japonés de las dos partículas, pero no sé por qué no busqué, en ese momento, el nuevo nombre completo. Recién lo hice un mes después de haber terminado la versión definitiva del poema. Y, por supuesto, Hirosaki apareció en los buscadores con miles de entradas. Pude conocer entonces que Hirosaki es una importante ciudad japonesa. Antaño era la capital política y cultural de la norteña región de Tsugaru, durante el Periodo Edo. Hirosaki es hoy una de las ciudades culturalmente más ricas de la prefectura de Aomori (en la región de Tohoku), visitada regularmente por turistas de todo el mundo. Sobre las partículas en cuestión, no hay nada de interesante que pueda agregar ahora. En cuanto al nombre «Gayo Lane» que allí aparece: se trata de un anagrama de «Enola Gay», nombre que le dieron al bombardero norteamericano que arrojó la Bomba sobre Hiroshima en 1945. Gayo significa en castellano alegre, vistoso, etc.; Lane en inglés significa senda, derrotero. (A. a. Arias, marzo 2007.)


El muro


Decía en voz alta de este lado del muro:
« Mientras seres padezcan, como aquí ahora, a la intemperie,
la cárcel del hambre, heridos para siempre en su miseria,
no habrá paz ni placer sobre la tierra » —

                  Mas llegaban del revés del paredón
risitas, vozarrones, el tilín tilín de húmedos cristales,
hurras ampulosos, congratulaciones,
sonorosos aplausos que lo tapan todo y todo.


                                                                           (2006)



Anclado en la bahía


Anclado en la bahía
el sol es un animal salvaje
atrapado entre el mar, la tierra y el cielo.

Y derramado en su largor violáceo sobre la arena oscura
el crepúsculo nos da la bienvenida
al reino de lo no violado

por las lanchas de desembarco,
las minas, los cascos, los obuses,
las telas rasgadas, los huesos astillados,
las odiosas banderas en jirones...
la pólvora... el gas mostaza... la dioxina...
el fósforo... el sarín... el tabun... el napalm...

                                                                 (2007)


El tremendo putrema


1.

En el corazón de la tierra
ardemos en Experiencia :

las huestes de Bobolonia
arrancan aullidos
en Babilonia.

Otra vez,     y otra,     y otra
van por el  Orden Nuevo
del Jugo del Oro —

y dolarductos fluyentes
hacia Bancos de Próspero.


2.

Que No ! Que No !
Que No, No y No !

Que No ! Que No !
Que No, No y No !


3.

Eso que cae — eso que cae — oh que cae y cae —
Artes de Ciencia y Técnica que tan bien caen —
Que también caen las edades... y caen
las  libertas liberticidades —
y las Supermanidades
y las proclamidades,
putricidades
que caen...
y caen...
y caen


4.

Que No ! Que No !
Que No, No y No !

Que No ! Que No !
Que No, No y No !

5.

Kilotrones braman
cortándole cielo al aire.

Las bocas quemadas
en silencios arden.

Ojos que boquean.
Abismos en cada poro.

La humanidad entera
un niño solo.

6.

Que No ! Que No !
Que No, No y No !

Que No ! Que No !
Que No, No y No !

7.

Al tremendo putrema
una sólida cadena :
                           Revolución !

A semejante asechanza
una sola venganza :
                           Revolución !


                                       (Buenos Aires, Irak. — 1991-2003)


Alberto a. Arias

Noticia sobre estos poemas:
'Hirosaki (ensueño antinuclear)', 'El paredón' y "Anclado en la bahía" pertenecen a conjuntos inéditos y se publican por primera vez aquí. "El tremendo putrema" fue publicado antes en la plaqueta Contra el Imperio de la Guerra, en 2003. (•SdT, 22/3/07)








Y me gusta decir... palabras de serúmano

por Alberto a. Arias


Estos textos fueron leídos por el autor en Buenos Aires, el miércoles 10 de octubre de 2001, en el Ciclo «Julio Huasi» realizado en el bar La Maga. Luego, ambos se publicaron, junto a una selección de poemas de Julio Huasi, en la revista "Hojas del Caminador", Castelar, noviembre de 2005.


Y me gusta decir...


... Y me gusta decir que la poesía no acepta fronteras;
que donde las encuentra las derriba;

y que allí donde los idiomas hacen de tenaza
ella se alza como una nube poderosa de materia incandescente, inapresable;

y cuando la estupidez se ha puesto la corona
y flamea en el corazón de una enseña-patria bañada en sangre humana,
ella hace fluir una savia imaginaria más allá de los confines del sinfín;

y cuando las guerras barren continentes
y sus miles de millones de exeres colisionan,
ella lanza vómitos de fuego madrigal a su paso y arremolina océanos ardientes
para señalar con odio los pendones de dolor y desolación y muerte;

y cuando las patrias fabrican poetas nacionales
ella abandona las letras y todo se enmudece alrededor
en huecas salvas de Moral, Progreso, Fe y Nación;

y cuando es elogiada en palacios de endolar o en lujosos killing-rooms,
ella visita aldeas y villorios y bosques y espesuras y sabanas...

Y me gusta decir que hay días
en que ella asalta la ciudadela cordial con su violín de trompo
y en el fondín «La-Boca-de-Sombra»
      toca los no recordados sueños;

y que me gusta sentirme hermano y compañero de aquellos —
estén donde estaren — "serúmanos" sinnúmeros,
apátridas,              ateos,             amorales,
luces libres en l’inmensidad sin límites...

(en memoria de Julio Huasi)

(1999)


...palabras de serúmano


    Si he terminado con el poema que acabo de leer (cuyo título es Y me gusta decir...) ha sido con toda intención, porque incluye la palabra serúmanos, que ya es voz registrada del poeta Julio Huasi. Así rindo homenaje al autor de Yanquería y otros poemarios, quien por fin y no casualmente nos tiene aquí diciendo lo que nos gusta decir, en este Ciclo que es como una de sus casas, ya que lleva su nombre.
    Quienes amamos la vida, pero no nos gusta este mundo, estamos, sin duda, ante un problema grave. Me parece que es esto, entre otras cuestiones básicas, lo que muchos poetas compartimos y también demasiados serúmanos.
    A Julio Huasi lo conocí en 1985, en una librería donde yo trabajaba. No fueron muchas las ocasiones de gran charla, pero suficientes para simpatizar.
    Él llegaba y discutíamos rápida y cordialmente sobre las perspectivas de las opciones políticas de entonces, sobre internacionalismo y esas otras cuestiones poéticas que a algunos nos preocupan tanto como la palabra que nos falta cuando más la esperamos. Pero nunca concretamos el prometido encuentro en el bar de la esquina, para ir más profundo.
    Y él, que rebosa latinoamericanismo por donde se lo lea y oiga, no aceptaba del todo —aunque sonreía— mi absoluta falta de pertenencia patriótica. Eran algo así como discusiones entre su especial realismo lírico latinoamericanista y mi internacionalismo surrealista de entonces.
    Fue entonces cuando él manuscribió una dedicatoria en el ejemplar que me obsequió de su reciente libro tripartito Asesinaciones, matria mía azul, comparancias. Dice así: "para mi hermano alberto arias, poeta, argentino, latinoamericano y congénere, pa’ que no se nos olvide. con un abrazo, julio huasi. 8 julio 85, buenos aires".
    Julio Huasi ha quedado latinoamericanista de pe a pa y para siempre. Por mi parte, cada día que pasa, y cuanto más nos acosa la verdadera guerra de carne y hueso, más y más internacionalista me hago, si es que se puede serlo aun más y más hacia lo hondo ignoto del planeta.
    Han pasado estos veloces dieciséis años y aquí estamos aún discutiendo, ambos congéneres. Pero lo notable es que hoy lo hacemos en este Ciclo con su nombre como bandera. Con el nombre de quien en su poema Palestinos ha escrito: ‘‘o hay mundo para todos o no hay mundo para nadie’’.
    Y hoy aquí, hoy y como siempre, Julio, hermanos quedaremos, porque no me he olvidado; y menos ahora, que mercenarios y mercaderes están dispuestos más que nunca a arrasar con el derecho al pan y el derecho a la poesía.


(octubre 2001)

Alberto a. Arias






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