domingo, 23 de febrero de 2014

ANA MARÍA VILCHEZ [11.059]


Ana María Vilchez

Talca,  CHILE    1968.
En el año 2004 ingresa al Taller de Poesía de la UTALCA, dirigido por la poeta Marcela Albornoz Dachelet. A fines de ese año participa como coautora del libro “Laberinto”; en el 2005 es coautora de “Subterráneo” y el 2006 coautora de “Del otro lado de la página”, todos editados por el Taller de Poesía.
Terminando el 2005, obtiene “Mención Honrosa” en el concurso “Entre Vates” de la Región del Maule.
En mayo del año 2006 publica “Duelo”, bajo el sello de Editorial Mosquito.
A fines de 2007 es seleccionada para participar en un videoarte del proyecto “Canal San Carlos – Poesía a la Vena”, de los audiovisualistas Darinka Guevara y Yordi Lloret, siendo parte de su obra transmitida en el compacto “Arcoiris”, por UCV televisión.





Si seguimos queriéndonos así
a la luz encendiéndose tras la Cordillera de los Andes,
esa luz tan de los dos,
jamás se apagará este amor
insolente y obsesivo
crucificado por
nuestras pulcras bocas
a la saliva que disimulamos
cuando la lengua es incapaz de callar el beso
que se ahoga cuando el sol se esconde.

Nos conocemos demasiado
en las palabras
que redundan
debajo de la ropa
y el impulso reprimido se escapa
como si el cuerpo fuera mi propia escritura.








No hay nada que acalle las lenguas de áspid
sobre tanta pared adolorida
de esta gente hablando estupideces
en mi trasnoche mal escogido.
No lo soporto.

La ira me sobrepasa cuando
el vaso, la botella y el barman
se licuan en varios piscos sours.
Mi amargura va más allá
del sabor a limón de pica.

Me descubre el yo idiota
en el espejo del baño
y se retrata lúcido
si se quiebran los segundos como cristales híbridos.
Y lamentablemente sé:
que aunque desaparezca de aquí
me empine una coca light,
y me fume los dos Kent que me quedan,
no podré olvidar
que me has dejado
una infame locura y hasta los cigarrillos vacíos.








Ahora que desayunamos
en este café sin apellido
con nuestros nombres verdaderos
inscritos en una servilleta,
pareciera que el destino gritara
que el amor
no está en las palabras que leemos,
sino en el silencio que escribimos.

Por ahí frente al Parque Forestal,
tendiendo sus brazos a la primavera,
entre las calles del barrio Lastarria;
interrumpo tu voz soliviantada con un cálido beso
y áspera tu boca se somete
como si algunas hojas perennes
se hubieran quedado en los cercos de tu mentón.

Sin embargo, es la barba de dos días -agregas-
para que sepas que este también soy yo.









De aquí a la esquizofrenia

Cuando te vas
la entelequia destempla mis dientes
y enloquecidas las palabras
me olvidan
mientras muerdo
tus verdes sábanas de fuego.


Sin tiempo

Te fuiste
y no alcancé
a terminar de amarte.

Duelo (Edit. Mosquito, 2006)






Kuchen de frambuesas - De Nocturlandia

Y fuiste por mí al Chancho Seis
después de romperme
los tímpanos
con palabras de amor,
y haber llenado de mensajes
mi narcizo celular
para convertir mis espacios
duplicados
en un Kuchen de frambuesas.

Las berries esa noche
hicieron de las suyas
pintándome los labios
del color de la vida
y la vida te besó tanto
que no quedó un solo espacio
para olvidar
y ni para volver a cubrir
tu cama de sangre
como la mía.







To Wait - De Poemas para una camioneta

El después se quedó cortado

en una maldita correa de distribución
así como cuando el amor
se rompe en pedacitos
y la soledad hace cenizas
mi vaso de agua.

Las velas no alcanzaron a prenderse
para continuar su fulgor
bajo las sábanas verdes.

Deberé comer arroz con carne
tres días seguidos
para que no me persiga
esta inapetencia rebuscada
y este estar conmigo agobiante.

Mi cabello sigue liso como un papel
y crespo como un árbol perenne
porque la ducha fría
no me quita las ondas,
ni la ira, ni los ojos llorosos
ni mi hermoso vestido
ni mis encajes blancos
y menos la puta soberbia
que me vuelve tu soberana. 





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