martes, 3 de septiembre de 2013

TRISTÁN ALTAGRACIA [10.440]


Tristán Altagracia

(Punitaqui, Chile, 1941  -  La Serena, 2006)

Nace en El alba de Los Mantos de Punitaqui el 20 de Agosto de 1941. 
Muere en el año 2006 en la ciudad de La Serena.

Su verdadero nombre era Bernardo Araya Pérez, y nació en los Mantos de Punitaqui, Provincia de Limarí. 
Realizó sus estudios en Punitaqui y Ovalle, y después, en Valparaíso y Santiago, donde siguió la carrera de Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Se le considera miembro de la generación literaria conocida como "Veteranos del 70". 
En los años 80 desarrolló una fructífera carrera literaria en Santiago. Al respecto la escritora Carmen Gaete Nieto del Río declaró en una entrevista por María Teresa Pérez: "En los ’80 quiero destacar sí, que a mí me gustó mucho un poeta de la Serena, Tristán Altagracia. Nos hicimos amigos y él me visitaba mucho en los años 1987 y 1988 hasta que nos perdimos de vista. Un gran poeta, no dejes de mencionarlo por favor". 
Sus últimas actividades estaban dedicadas a colaborar con la gestión cultural de la Municipalidad de La Serena. 
El poeta fue quien dirigió el encuentro cultural, en dependencias del edificio consistorial, con la exhibición del video denominado “Versos para las flores mágicas”, escritos de su autoría que además adornan las gráficas de la escultora Federica Matta, que el municipio de La Serena sacó a la luz pública. 
Pocos días antes de su fallecimiento participó en el lanzamiento de las “Postales mágicas de La Serena”, tertulia literaria que contó con varios creadores de la zona. 
Parte de su obra, además, figura en un gran número de antologías poéticas nacionales. 

Obras

Santiago espiritual en el nuevo extremo de la vida
Taxi Nocturno
El Atelier del Poeta
Limeta Topacio
Norte profundo






PLEGARIA EN EL VALLE DE LOS HUESOS SECOS

Al salir yo una mañana maldiciendo a los muertos que no pueden defenderse y después sentir un olor a viejas lluvias, escuché que alguien me dijo: 
¡Oye!, ¿Te importaría dejar de mirarme con ojos de ángel ciego?, ya que si continúas buscando a tu pueblo perdido y no te agregas al dolor de su sueño, todos los que moran en este valle sin tener voz, te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. 
—No sabes cómo lo lamento, pero aquí no hay gran cosa que ver, le contesté— entonces sus ojos se volvieron de humo y nunca se le vio el resto del cuerpo, al ir volando en contra del Río Atascadero. 
Me imagino que debió creer que yo le mentiría, porque a la distancia, desde su extraño resplandor, dejándose ir en el viento -agregó-: "Hazme caso, si lo haces, yo te dejaré aparecer en mis sueños, siempre que me permitas aparecer en los tuyos. Debes saber ahora, en este valle tan vivos como tú y yo están nuestros huesos". 
Cuando al Alba decidí echar un vistazo, en un estado de blancura permanecían los huesos y eran nuestros verdaderos huesos, los que se habían secado al sol. Se secaron hasta que la palabra vida entró en ellos. Hubo allí entonces un gran ruido y los huesos se juntaron cuando el caserón de vidrios chorreantes vino desde los cuatro vientos del desierto, y nuestras caras se cubrieron de brotes y subimos y rodamos hasta que se abrieron las flores en las cuencas vacías donde antes habían estado nuestros ojos. Así tu alma y la mía despertaron con el terral diciéndole a los caminos: "Voy a lo que voy". 
Y entonces la ventolera dijo: "Estos hombres se hicieron de aire hace mucho tiempo, y así como se eleva el cielo sobre la tierra, se elevarán los caminos, y las aguas del Pacífico arderán en llamas y sus huesos reverdecerán como la yerba. 
De ahí viene el que yo me preguntara: ¿Puede acaso una palabra de mi boca decirle a estos huesos que mañana estarán vivos?. ¿Puede mi fuerza, aunque se hayan hecho polvo, desde la tierra levantarlos?. ¿Quién de todos estos huesos desea besarte madre?. ¿Cuál de todos será el que implorando averigüe si es él o son ellos los que de alegría están locos?. 
Poder ser tú, que no te mata la muerte, le dije con mi voz trémula al intentar impresionarlo. Vuelto de espaldas con sus ojos de humo metido entre las zarzas, continuó diciendo: ¿Por qué tiemblas en la oscuridad?. ¿Acaso no conoces bien tu propia patria?. Por lo tanto, no hay que excitarse ni te preguntes de qué manera pondré carne sobre tus huesos. Ponte a la luz y sana tus roturas, fue lo último que le escuché decir al ir encumbrándose hasta donde nace el aire. 
Sé que allí respiré hondo antes de salirme de la vida vieja gritando: ¡Devuélvanme otra vez la juventud!. Y entonces me vi correr a campo traviesa, sin zapatos, sin camisa, pintado de colores en medio del esplendor del viento y del espejismo que somos; barro con ojos iluminados por una conexión misteriosa, hallada y perdida entre la palabra y el mundo, donde voy desde este mismísimo instante a vivirme.

Publicado en Punitaqui y el Desierto Florido (Lectura de poesía y Video, Sala de las Américas - Biblioteca Nacional) 
Santiago, viernes 19 de junio de 1998.





Poemas de Cielo Sur

II

Nadie ignora que el Sur empieza del otro lado de las
nubes luminosas.
Quien atraviesa esas nubes entra en un mundo más
antiguo y más firme.
Todo hombre que llame a su propio corazón ha de
encontrar:
- a manera de palabra mágica-
la resurrección de todos los seres y las cosas que se
aman cuando se regresa al Sur.







Vía Láctea

Donde ázucar granulada
yace desparramada sobre el mantel
crees ver la Vía Láctea. Tú Poeta,
ebrio de volar de grano en grano
buscando a Dios.
Lo escuchas decir: estoy distante,
! pero ve, ven!
También te ando buscando
en la blancura nevada del ázucar.
Sólo pídele a la estrella del alcohol te alumbre
Tristán Altagracia,
mientras el tiempo va cayendo
en el falso universo de las palabras.
Ellas sienten un doloroso aullido al mirar la Cruz del Sur,
es el aullido vibrante del cielo que hizo parir
a las vírgenes.
El aullido que aún dice
desde la Cruz iluminada:
! Padre, Padre! ¿ Por qué me has abandonado?.






Poética del Mataró

Para llegar a Mataró se recomienda:
que sea sólo la Palabra tu cuerpo y tu alma.
Todo brilla en Mataró como en un sueño
que jamás cesa de asaltar el cielo.
Pero si llegas por azar a Mataró
ten cuidado en trasponer los umbrales de las puertas,
ya que dentro como fuera de las casas cae una lluvia verde y fragante;
que hace escuchar por el aire
la música de un circo remoto.
Por su murmullo secreto notarás
que allí se ocultan las penas de los hombres
y sus historias
o adivinarás la tristeza del bufón que todavía rasca
su áspera viola.
En la medida de lo posible no te atrevas a hurgetear
en la lejanía
de ciertas ventanas empañadas
aunque sea grande la dicha que te provoquen
los candelabros de oro que alli arden
encendidos al término de la misteriosa fiesta,
ni por pensar el cielo se te ocurra
acercarte a las cruces del camino.
Para llegar a Mataró siempre hay tantos caminos
como cruces
ellas también arden al anochecer.
Y mientras aumenta la luminosidad de los edificios
del poema
se escamotea la realidad. La adultera
hasta el extremo
de hacer gemir la luz.
Sé precavido en cuanto puedan sobrevenirte recuerdos
de un mar feliz
imágenes de colinas nunc olvidadas
que se mejen la sonrisa de un rostro amado.
Todos esos espejos de la imaginación
resultan ser criminales,
por cuanto ellos seducen
a su víctima y en los sueños la reclaman con dulzura.
Entonces sé cauteloso al asistir a la fiesta
imaginaria:
no sea que te extravíen aquellos juegos fatuos
y sólo cuando sea preciso di tu palabra.

No olvides que de ahí parte el poema
donde las cosas como ellas son.
"La poesía está en las cosas o es tan sólo un
espejismo del espíritu"
Afirma Leautremont y luego agrega:
" La poesía puede
ser hecha por todos".
Por lo tanto en Mataró sólo tu palabra ha de ser
tu cuerpo y tu alma.
Mientras más lejos de Mataró te encuentres
los nuevos tiempos continuarán levantando sus
muros fronterizos.
Sus naturales recompensas y castigos e incluso
sus destrozos de todo aquello
que otros ingenuamente llaman felicidad.
Y aunque todo parezca estar cayendo.
Todo perdiendo su centro de equilibrio
y viniéndose hacia abajo:
siempre habrá mejores
sitios donde morir.
Sólo que necesitas más velocidad en la sangre
y por supuesto,
menos asco,
para que aterrorizado como todo el mundo veas
el farándula del nuevo circo
las cosas que ya no quieres ver.






Vladimir Ilich Ulianov Lenin

Se me han helado los párpados.
Alguien golpea con un cincel para abrirlos.
Quiero que no me hieran los globos de los ojos.
El cincel penetra más y más.
Una linterna eléctrica me alumbra la cara
de piedra o de cemento.
Ya ninguna vida es encantada.
No sé estar en paz (y estar en paz es mi mayor deseo).
En mi cabeza escucho una canción sentimental
que pertenece a la era de los primeros
gramófonos.
Mientras afuera nevando
se empieza a tomar Petrogrado otra vez:
luces y voces relumbran
sobre mujeres y hombres.
Ahora inicio el día con mi alma en caos.
Palpo el vidrio de la urna donde duermo
deshecho como el agua de una brillante cascada.
El Kremlin se llena de relámpagos, centellas y rayos.
Entonces digo esperanza con una cara muy larga
(sabes a qué me refiero).
La juventud me derriba y caigo sobre nieve.
Mi otrora enérgico dedo índice
parece señalar algo
que a nadie le interesa ver en el cielo.
En la Plaza Roja, ojos de niños miran
volar hacia el Oeste cohetes de artificio.
A través de dos agujeros de papel
observo una infancia premiada, fuera de la Historia.
La nieve se ha derretido
y desde el fondo del hielo
me doy cuenta
que no hay nadie en el mundo.

en Antología Tierra Incógnita, 2012







Cacería virtual 

Mala soy de guardar –me dice- en estos versos, 
que no sé de qué manera han sido escritos por el aire. 
Rondan en mi cabeza. 
Imágenes flotantes 
asoman desde la roca, 
pintada por un anónimo Miguel Ángel 
en esta Capilla Sextina prehistórica, 
donde no soy yo quien llega hasta la caverna planetaria 
con el cuello en llamas. 
Ni tú eres el único cazador dibujado allí, 
donde todos somos los nuevos bisontes 
que huimos en tropel: 
perseguidos por nuestras propias flechas. 






Postal de Chile 

¡Epa! zapateando, pedazos de cielo 
que caen lechos de aire 
      al océano Pacífico 
ven 
y levántalo ante tus ojos, 
      hazlo transparente 
hasta donde alcanza la vista 
      nádalo 
      bajo 
      el agua 
Como si fueras un pájaro: 
Llevando todo el tiempo del mundo 
entre sus alas 
Tendrás que ver ese mismo cielo 
para escribirlo como una gran página. 
Y aunque también oruga de mariposa lunar 
      es este Chile de las nieves 
a pleno sol 
      derrítele su blancura 
tragándotela 
para que los continentes salgan arrancando 
      desde las hojas del atlas 
hacia la Vía Láctea. 
Luego regrésalo contigo a la secreta paciencia 
de la Luz 
      descubriéndolo 
      cualquier día de estos; siempre 
que no sea tarde por la mañana 
      para soñarlo feliz, 
en la lenta nieve de la memoria, 
      cuyas desmayadas sábanas 
una bella mujer echa hacia atrás 
al levantarse, diciéndote una vez más: 
¡Soy todo lo que te ama! 






Sintonía con el lejano País de la Radio 

Cada mirada que robo en la calle -me dijo- el guitarrista 
le añade un día a mi vida. 
y luego musitando en voz baja entonó 
su canción preferida: 
"Nunca los celajes del poema. Tampoco los vientos, 
concedieron aguas como aquellas lágrimas 
que al verlas descalzas contigo 
hacia el Edén remaron". 
Sepan ustedes: él, es un poeta joven que surge de la calle. 
Contento, me confiesa "que la radio es su amiga". 
Se siente emparentado no tanto con la música 
como con la voz de la radio. 
Es una voz sublime -continúa diciéndome- pero, ¡épa! 
¡Cuidado! no hay que confundirla con las voces 
que salen de ella. 
Este joven poeta -pienso- 
ama 
la capacidad que la radio tiene, 
para transmitir la ilusión de personas a largas distancias. 
Por eso agrega: 
"Todas las noches duermo con la radio prendida". 
Lo cierto es que él cree, en un Lejano País de la Radio. 
Cree además: 
que jamás encontrará ese país 
de modo que se conforma sólo con escucharlo. 
Cree 
haber sido expulsado del País de la Radio 
y que está condenado a rondar eternamente 
tras las ondas que cruzan el éter 
a través del espacio. 
Se siente condenado a continuar buscando 
una emisora mágica 
que le devuelva la herencia perdida. 
Ahora bien, resulta que ese joven poeta 
padece de esquizofrenia y él es además: 
mi hijo 
a quién le digo que un día de estos 
nos veremos nosotros mismos 
embellecidos por la música. 
Cuando vayamos amaneciendo para siempre 
en el cielo inmenso 
del mágico y Lejano País de la Radio. 
¿Cuándo sucederá? -me dice- parando la oreja 
Le digo: cuando tú y yo seamos soñados por la luz 
que viene aún viajando 
desde las estrellas de Mataró. 
Pero no logro convencerlo 
Eso nunca pasará -me replica-. 
Luego rascándose la cabeza 
mira el cielo y me sentencia: 
No te equivoques poeta 
Eso será más arriba de las estrellas nuevas 
Las estrellas del País del Dolor 
y sólo podrá ocurrir 
cuando ya no haya nadie 
con quien poder hablar sobre la Tierra. 











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